Cartas a Rebelión
Cartas de la 1 a la 10 de un total de 1048 cartas.


26/06/2016
El futuro ha llegado

Soy “anarquista” desde que me colé con 16 añitos en un ateneo de CNT atraído por los libros; soy “demócrata” desde que Sócrates me hizo las preguntas clave desde las obras de Platón; soy “comunista” desde que el campesino Olmo Dalcó me hipnotizó desde la pantalla allá por el año Novecento; soy “pacifista” desde que me planté en una comandancia de Cádiz a devolver mi cartilla militar; soy “revolucionario” desde que el párrafo final de Lo que está mal en el mundo escrito, aunque parezca mentira, por Chesterton, me dejó literalmente cuajado: “con el pelo rojo de una golfilla del arroyo prenderé fuego a toda la civilización moderna”; soy antisistema desde que la sangre de Carlo Giuliani llegó al teclado de mi ordenador; soy “zapatista” desde que los “hijos de mil derrotas se lanzaron a reescribir la historia”; soy “socialista” desde que la revolución bolivariana comenzó a cambiar el mapa político de una latinoamérica llena de cicatrices de las terribles heridas infligidas por Europa y Estados Unidos; soy “populista” desde que Carlos Fernández Liria empezó a pincharnos para recuperar las instituciones ilustradas secuestradas por el capitalismo...

Cada una de esas etiquetas se sumó a las anteriores mientras por debajo cada estrato ha ido aportándome su aliento de rebeldía: contra el poder, contra los terratenientes, contra los ejércitos, contra el capitalismo, contra el colonialismo, contra el imperialismo... con Agustín García Calvo —que fue a dar sus últimas arengas al campamento del 15M en Sol— aprendí que los descontentos, los desobedientes, los de abajo, solo podemos vivir a la contra.

Dicho de otro modo, eso supone ir a las raíces, que tienen que ver con las estrategias de control que constituyen elementos centrales de la dinámica del poder, no del poder político, institucional, sino del poder de siempre y para siempre, del poder que se ejerce desde el comienzo de la civilización, de las estructuras de carácter que aseguran la servidumbre de las mayorías, de los mecanismos que perpetúan esas estructuras a través de nacimientos traumáticos medicalizados, de una crianza que viola la autorregulación de las criaturas, de una educación para el sometimiento que desborda los límites de la escuela.

Constantemente, los que se ponen nerviosos si no clasifican bien a la gente, los que por encima de todo necesitan un refugio seguro, un clavo ardiendo por mucho que les queme, un rebaño en el que confundirse para no pensar, me han interpelado con vehemencia: ¿pero tú eres anarquista o eres comunista? ¿en qué quedamos, eres anticapitalista o socialista? ¿eres tal o eres cual?... aclárate de una buena vez!

Lo peor de todo es que esta gente empeñada en etiquetar y etiquetarse, ni siquiera se da cuenta de que las propias etiquetas están llenas de contradicciones.

Y es que los seres humanos somos así, contradictorios. Salvo quien se empeña en negarse a sí mismo esa cualidad compleja y maravillosa, esa cualidad que permite sacar jugo a la vida.

Algunos se niegan a votar para no legitimar el Sistema; otros no votan porque saben que las instituciones que van a contribuir a conformar no son el verdadero poder; otros permanecen atrapados en el hastío que la clase política ha venido favoreciendo desde tiempo inmemorial... yo mismo estuve ahí durante muchos años —lo proclaman mis etiquetas— y una parte de mí continúa estando ahí.

Pero he tenido hijos, y nietos. Quiero seguir luchando, quiero seguir viviendo a la contra, quiero seguir alimentando mis sueños... y los de ellos. Pero mientras tanto, quiero hacerlo —y que ellos lo hagan— en un mundo un poquito menos injusto, un poquito menos infame, un poquito más armónico, un poquito más feliz.

Guardo aún un ejemplar de la revista Posible dedicado a las elecciones del 77. El programa del PSOE de Felipe González, Enrique Múgica, Nicolás Redondo y Alfonso Guerra se abría con este “Objetivo último: la conquista del poder político por la clase trabajadora y la radical transformación de la sociedad capitalista en sociedad socialista, sin clases”. En fin, nos ahorra todo comentario sobre la deriva de nuestro contexto sociopolítico. Un contexto en el que no nos queda más remedio que irrumpir con un mínimo de dignidad, de sensibilidad con los que sufren, de propuestas para garantizar las verdaderas líneas rojas: los derechos de la mayoría aplastada por malhechores de toda calaña.

Claro que actuar sobre las causas profundas es mucho más difícil, más laborioso, menos gratificante, pero cualitativamente más importante si queremos transformar la sociedad. Sin embargo, algo me dice que en estos momentos puede hacerse lo uno y lo otro: sí, ya sé que algunos me dirán que es una contradicción. Pero me atengo a lo dicho: asumo mis contradicciones.

Escribió Jesús Ibáñez que la derecha pura y dura está escondida en el pasado, moviendo los hilos de los poderes fácticos, y que la izquierda pura y dura está escondida en el futuro: “son los que sepan interpretar el deseo de cambio de que está preñado el mundo”. Eso fue en 1987; el futuro ha llegado, y tengo muy claro quién ha sabido interpretar ese deseo. Voy a dejarme arrebatar por ellos, pero sin entregárselo todo, reservándome esa parte de mí que, entre abrazo y abrazo, continuará exigiéndoles, interrogándolos, dándoles qué pensar, ofreciendo también posibles respuestas, posibles caminos que conecten lo que aquí y ahora es posible con las batallas del futuro.

Noche de brujas, 2016.


Jesús García Blanca
26/06/2016

La honradez intachable de Almagro

El 23 de junio de 2016 Luis Almagro, en insistente intromisión en asuntos venezolanos, instó a que el gobierno de Venezuela “debería expresarse respecto a los presos políticos y los persistentes informes de tortura. Debería apoyar la voluntad del pueblo venezolano en su solicitud de un referendo revocatorio. El Consejo Permanente debe mantenerse del lado correcto de la historia y defender a un pueblo que necesita voz. Sólo volviendo a un ejercicio legítimo y responsable del poder, podrá Venezuela volver a la senda de la paz y de la prosperidad”.

La actitud de este uruguayo no dista de la de Jorge Pacheco Areco, presidente de Uruguay (1967-1972), responsable intelectual del asesinato de los estudiantes universitarios Líber Arce, Susana Pintos y Hugo de los Santos; y de la censura del periódico Época que dirigía Eduardo Galeano. Pero lo peor no fueron estos hechos: en 1969 le dio la bienvenida al agente de la CIA Dan Mitrione.

Eran tiempos de agitación social debido al deterioro económico. En Washington temían una posible victoria de izquierda en las elecciones del 28 de noviembre de 1971. Estados Unidos venía colaborando con la policía uruguaya desde 1965, suministrando armas, entrenamiento y paramilitares. Mitrione era un científico de la tortura. Con ésta deseaba desmembrar a los Tupamaros. Era un estudioso de la anatomía, del funcionamiento del sistema nervioso humano, de la psicología del prófugo y del detenido. Aplicaba electricidad en los genitales. Su lema era "el dolor exacto en el lugar exacto en la cantidad exacta para lograr el efecto deseado". Mitrione usaba pordioseros como experimento docente. Cada clase era pedagogía repulsiva del horror. Mitrione exigía aseo. Era meticuloso en los detalles, exacto en los movimientos. Durante su rutina solía hacer exámenes médicos ya que la muerte del torturado implica la derrota del torturador.

El 10 de agosto de 1972, Mitrione fue encontrado sin vida. Fue ajusticiado por los Tupamaros. Jorge Pacheco Areco decretó duelo nacional. El gobierno uruguayo manifestó su reverencia "ante los restos mortales de este héroe silencioso que actuando con la mayor dignidad en cometidos en pro de la pacífica convivencia entre hombres y naciones representó con honradez intachable al hermano país en el seno de nuestra patria”. ¡Almagro aún lo llora!



Alí Ramón Rojas Olaya

23/06/2016

¿Lazarillos o quijotes?

Siempre he creído en la gente de este país. Con nuestras luces y sombras, claro, pero no más que cualquier otro. Somos el país de Belén Esteban, del cazo y del pelotazo, sí, pero también el que se movilizó para quitar escombros tras el terremoto de Lorca o Haití; el que tomó las costas de Galicia llegado desde todos los puntos de España para ayudar con aquel chapapote de la vergüenza. O el de Angrois cuyos vecinos, sin pensarlo, vencieron al horror de aquella curva maldita bajando mantas, socorro y aliento a las víctimas del Alvia. Escuché decir a socorristas de Zarautz que acudieron a Grecia a rescatar familias sirias: “parecía España. No había más que voluntarios españoles ayudando por todas partes”. Orgullo. Orgullo de gente.

El país que más ayuda económica donó a Ruanda durante el genocidio tutsi y eso cuando apenas sabíamos ni colocarlo en el mapa. Nosotros, un país en el que los salarios no son, ni de lejos, de los más altos de esta Europa desalmada. Pero en el que podemos dar lecciones de dignidad a cualquiera de esos países ‘modelo’ con los que nos comparamos constantemente. Y siempre para mal: nosotros peor; este país peor. Niego la mayor. Aquí nos ‘pone a mil’ hablar de lo malos, envidiosos y ladrones que somos. Todo lo demás lo obviamos. Eso no cuenta. Nos va el rollo masoca. Y flagelarnos con el Lazarillo de Tormes. Con que somos así; que es nuestra cultura; que somos latinos y que no vamos a cambiar. Pero ¿y todo lo demás?, ¿acaso no somos también Quijote? Vivimos tiempos inciertos. Rodeados de molinos de viento. Hay que superar complejos. Y recuperar el orgullo. Y volver a querernos.  Lo necesitamos.



César Fernández Rollán
17/06/2016

Estamos perdidos a base de abandonar nuestro camino

No estamos perdidos porque el final del camino que seguíamos haya cambiado, estamos perdidos porque hemos abandonado ese camino y aún no nos hemos dado cuenta de ello.

El régimen de Estado de Derecho y Estado social del que tan orgullosos nos sentimos los países de Europa occidental, se logró con un camino de lucha contra los privilegiados de los sistemas censitarios que impedían avanzar o vivir en dignidad a la mayoría.

Los excluidos por ese sistema se reivindicaban, salían al espacio público reivindicándose y exigiendo un sistema diferente, tomando como guías otros principios y valores que no permitieran los privilegios ni la exclusión.

Seguían el impulso de unos valores superiores: la creencia en la democracia, el valor del trabajo, los derechos humanos, la solidaridad, los servicios públicos como elementos de justicia y no de limosna, etc... La Europa de la que nos sentimos orgullosos se construyó con estas creencias. La Europa que nos avergüenza está hecha a base de renuncias a estos principios.

Hemos desandado los pasos, cambiado nuestro camino y ya no vamos hacia el futuro que esperábamos y al nosotros que soñábamos ser, sino a algo cada vez más terrible. Nos estamos convirtiendo en sociedades de cuyas actuaciones nos avergonzamos cada día más.

Hemos abandonado los valores de los derechos y la democracia ¿qué nos cabe esperar?. Lo hemos vendido o sacrificado todos.

Parece que ni siquiera nos hemos dado cuenta de cómo se han ido abandonado esos valores que construyeron un camino contra los privilegios de una minoría. Los pasos que andamos hoy van hacia otro lugar diferente donde esos privilegios parecen renacer.

Y nos sentimos perdidos porque no entendemos qué está pasando, por qué el proyecto de vida que teníamos y las aspiraciones que teníamos como colectividad no están al final de nuestros pasos, ¿dónde se ha ido nuestro norte?

Nos dicen que ha cambiado, que esa sociedad que queríamos y esos proyectos de vida ya no están en su sitio, que seguramente, nunca estuvieron porque no son posible. Pero no es así, nos han pervertido los pasosi, nos han llevado por un camino muy distinto, de hecho casi el camino contrario. Y nosotros lo hemos seguido, claro.

Hemos olvidado los principios y los valores que construyeron lo mejor del mundo que hemos heredado. Hemos olvidado reivindicarlos, los hemos vendido por promesas de bienes rápidos o los hemos aparcado por amenazas de miedos inmensos.

Los derechos humanos han caído por la seguridad. La democracia por la eficiencia. El camino del pleno empleo por el castigo y la inversión. La solidaridad por el crédito y la superación. Lo público es despreciado por la iniciativa privada. El trabajo ya no es considerado un valor, sino la inversión financiera...

Hemos dejado de valorar la democracia y no la defendemos, ¿cómo no vamos a perderla?. Aceptamos alegremente que las organizaciones internacionales sean profundamente antidemocráticas y desde allí se tomen las decisiones más importantes sobre nuestras vidas.

Hay muchas personas que dentro de poco votarán a los partidos que han apoyado que se apruebe y negocie en secreto, y sin garantías democráticas un acuerdo de modificación del régimen judicial y político de defensa de los derechos de las personas imponiendo un régimen privilegiado a los derechos del capital sobre los derechos humanos (el TTIP y el CETA). Otros muchos votarán a partidos que van a mantener las leyes mordazas, la criminalización de la protesta.

Hemos dejado de valorar y defender la democracia por miedo, por antagonismo y porque nos hemos creído el cuento de la “eficacia” de lo antidemocrático. Por lo que sea, pero hemos dejado de exigir democracia.

Hemos dejado de creer en los Derechos Humanos como valores primeros de la humanidad, y aceptamos la destrucción de derechos humanos cuando nos presentan cuentas de ventajas e inconvenientes. La destrucción de los derechos por una supuesta ventaja económica, normalmente por el miedo a las mentiras con las que nos asustan. Me refiero a aceptar la anulación de la justicia universal para beneficiar a los socios comerciales de las élites españolas, a defender el expolio de los recursos del pueblo saharaui invadido por Marruecos, a la violación del derecho de asilo de los refugiados contando cuál es el supuesto coste de sus derechos...

Hemos dejado de creer en el trabajo y no defendemos su valor y los derechos de quien trabaja. Destruimos el trabajo pensando que la economía se levantará a base de crédito e inversión y no del hacer de las personas. Despreciamos el valor del trabajo y permitimos que se arrebaten los derechos al trabajador para beneficiar a la inversión financiera.

El trabajo se percibe o se piensa como algo que solo tiene valor si es movido por la inversión. Inversión o “emprendimiento” que son los valores sacrosantos de la moral neoliberal, considerando que es la inversión la que activa el trabajo, y no el trabajo el que sustenta el beneficio de la inversión. Parece que la vieja moral señorial, que ya desde Aristóteles creía que el trabajo manual y de esclavos solo era valioso si era dirigido por una mente desde arriba, ha encontrado una versión 2000.0

El trabajo se presenta como un costo social, un costo para esa inversión que nos va a dar todo. Para que la economía progrese, se dice que es necesario liberar al inversor de un costo excesivo del trabajo, y en caso de crisis, el trabajo y los derechos de los trabajadores deben ser sacrificados para potenciar la inversión.

En general, los derechos, no solo laborales, y los servicios públicos que satisfacen derechos humanos, son presentados como costos. Estamos creando un sistema de privilegio de los derechos del capital a base de destruir los derechos humanos. Los derechos de uno son los límites de los derechos de otros, por lo que los derechos de capital se absolutizan como privilegios con cada destrucción de los derechos humanos, y a eso lo llamamos “beneficio”, o aumento de la productividad.

Creemos en el crédito y la inversión, y no en el trabajo, los derechos y la democracia. Todo lo que beneficie al crédito y la inversión es lo adecuado (hasta cambiar la Constitución o amenazar con incumplir el deber constitucional de mantener un sistema público de pensiones), aunque suponga destruir derechos, apoyar dictadores, hacer la vista gorda a torturas, renunciar a la democracia, regalar millones de euros públicos con subvenciones y rescates, decretar indultos y amnistías fiscales, expulsar inmigrantes, acabar con las garantías judiciales, o abolir los derechos básicos de las personas trabajadores y las familias.

Todo lo que pueda suponer un perjuicio a la inversión financiera o un límite a sus privilegios es presentado como un costo: los servicios públicos, los impuestos progresivos, los derechos de las personas en general, cualquier derecho laboral, etc...

Todo lo que beneficie a la gran inversión financiera es valorado positivamente.

En lugar de ser personas que se identifican en solidaridad con los excluidos, y se enfrentan a los privilegiados con la voz de los de abajo; hemos acabado por asimilar la obediencia, la injusticia, hemos caído en defender la especulación, los privilegios. Estamos arrastrándonos por el lodo fascista de culpar el pobre, al excluido, al de afuera.

No estamos perdidos, ¿Perdidos? No. Constantemente nos dicen que la meta que perseguíamos es imposible, que ya no está o nunca estuvo. Y como no la vemos al final del camino que estamos andando, creemos que puede ser verdad y estamos perdidos. Pero no. Es que nos han cambiado los pasos.

Hemos abandonado tanto el camino que lo hemos olvidado. Democracia, derechos humanos, valor del trabajo, servicios públicos y solidaridad.

Necesitamos recuperar la creencia en esos valores y la identidad que nos guiaba. ¿Sabéis qué tiene en común todos aquellas ideas? Es creer en el valor de las personas de a pie.

La defensa de los derechos humanos efectivos y plenos para todos es creer en la dignidad de todas las personas y sus formas de vida, y se enfrenta a los privilegios de las élites y a sus regímenes absolutos.

La democracia implica creer en que todas las personas deben ser parte en las decisiones y en la construcción de conocimiento para el saber detrás de esas decisiones, mientras la tutela implica la creencia en que una minoría debe decidir por los demás, que necesitan un pastor.

Creer en los derechos del trabajo implica reconocer el valor del trabajo de toda persona y no despreciarlo como se hacía con el trabajo de los esclavos y (se sigue haciendo) con el de las mujeres, como algo que no vale nada sin la dirección de unos señores.

Creer en el valor de la acción colectiva y la cooperación como personas plenas en democracia se opone al individualismo egoísta de la tradición señorial, a que lo colectivo sea señorío de uno solo.

Creíamos en nosotros, nos reivindicábamos a nosotros contra los de arriba, contra los privilegiados, contra los que ostentan el poder, creíamos que había que bajar de su pedestal a los que se coronan a sí mismos como pastores, para lo que nos rebajan a nosotros y nosotras como ovejas o rebaño.

Ser la sociedad que soñábamos y no la que escupe vallas y alambradas de odio, depende de que reivindiquemos los valores que nos hacen lo que queremos ser y que son los ladrillos de la sociedad y el futuro que esperábamos de nosotros mismos.

Volver a creer en nosotros, volver a creer en lo que siempre quisimos creer, volver a andar el camino que nos lleve al futuro que queríamos construir, a ser lo que esperábamos llegar a ser, pasa por levantarnos y reivindicarnos. Contra su desprecio, contra el menosprecio al inmigrante, a la familia ahogada por una deuda hipotecaria, a los trabajadores, a quienes luchan por sus derechos, necesitamos reivindicarnos, decirnos como personas plenas, gritar nuestra dignidad. Los de abajo, los que se ponen en pie sin subirse sobre la explotación de otros y otras nadies. Como Quijotes, mirarnos con unos ojos no contaminados que sepan ver lo que de verdad somos y el valor que hay en nosotros y nosotras.

i Por supuesto, el futuro no es lo que era porque el pasado nos lo han cambiado. Ahora resulta que los derechos y la democracia que se lograron en el siglo XX se lograron por el comercio (sic) que puso las condiciones económicas para que nacieran los derechos y por una especie de consenso pacífico en el que todos buscaban el bien común, no por la lucha contra una minoría privilegiada por los derechos de los oprimidos, no por el levantamiento de esas personas que eran las personas como nadies que servían de púlpito para los privilegios (mujeres, minorías raciales, trabajadores, pueblos colonizados, pueblos indígenas...)



Diego Hidalgo Morgado
12/06/2016
“Medio mundo reforma su cocina, y el otro medio se muere de hambre”

Esa es una frase del escritor norteamericano Don DeLillo. Aunque, desde luego, es mucha menos la gente que puede reformar su cocina. Siendo generoso, puede que solamente un cuarto de los habitantes de este planeta pueda reformar su cocina, porque las otras tres cuartas partes, o tiene hambre, o carece de una casa digna, o no tiene trabajo, o no tiene acceso al agua potable o a educación o a medicinas… El mundo arde en la hoguera de la insolidaridad y, particularmente, de intereses comerciales inhumanos y homicidas. El cambio bioclimático es una prueba de hasta dónde puede llegar la peligrosa irresponsabilidad del ciego sistema de mercado en que vivimos.

Hay quien ha escrito: “En el año 2050 el 50% de los europeos tendrá más de 50 años y se necesitarán más de 50 millones de inmigrantes para mantener el nivel de vida actual”. Otros añaden: “España es uno de los principales países exportadores de armamento del mundo (dependiendo del año, se sitúa entre el sexto y el séptimo lugar). En 2013 se exportaron 3.908 millones de euros en material de guerra, mientras que en 2014 la cifra alcanzó los 3.203 millones de euros. Durante el primer semestre de 2015 se exportó armamento por valor de 1.727 millones de euros…”

En fin, no entretengo más a los lectores y voy al grano: yo votaré a Unidos Podemos porque es la única opción real que tenemos para potenciar políticas de paz y de solidaridad internacional al menos en el ámbito mediterráneo. Así, me opondré a un bipartidismo que amplió las bases, permitió el escudo antimisiles, participó en todas las guerras, gastó miles de millones de euros en programas de armamento inútiles, y olvidó la Educación para la Paz, olvidó acoger a los refugiados, olvidó la Paz y se entregó a la OTAN.

Los derechos sociales, la profundización en la democracia, el respeto al medio ambiente, la escuela pública de calidad, no a la sociedad patriarcal, las leyes electorales justas, la seguridad de nuestro sistema de pensiones, etc., votaré en favor de todo eso, pero también a favor de la Solidaridad y el Desarme.

Cristóbal Orellana
01/06/2016
Realizar la memoria democrática, no marginarla

Afortunadamente, en Cádiz se acaba de aprobar, aparte de otras importantes iniciativas sobre memoria histórica, una moción de pleno -apoyada por el PSOE y el partido gobernante- por la que el Ayuntamiento de Cádiz se adhiere a la llamada querella argentina, es decir, una denuncia internacional -ya que la justicia española, de orden del gobierno, quiere eximirse del caso- por la que se insta al estado español a que no mire a otro lado respecto a las muchas decenas de miles de españoles y españolas que yacen en cunetas, descampados, cruces de caminos, hoyancas y fosas comunes mientras personas como Queipo de Llano duermen dulcemente, en este caso el sueño de los injustos, pero con todos los honores, en la más importante basílica de la capital de Andalucía.

En Jerez mataron, que sepamos documentadamente, a casi 400 personas, aunque todos creemos que fueron bastantes más. Entre otros asesinatos, el comandante Arizón Mejías dio su visto bueno, o muy probablemente una orden concreta y expresa, de fusilar vilmente a 17 concejales y al alcalde de Jerez, Antonio Oliver Villanueva. La masacre, un crimen de lesa humanidad que aún no ha sido juzgado por nadie y que dejó muy honda huella en Jerez, no puede ser olvidada por varias razones. La primera de ellas, y la principal, porque si olvidamos y pasamos página recurriendo a la no objetiva teoría de que “los dos bandos” tenían culpa, entonces la dignidad humana de las víctimas y sus descendientes, y también nuestra propia dignidad humana, sería nada, una peligrosa nada donde la puerta de la posible repetición de los hechos quedaría abierta. Que la justicia no actúe, que el estado español mire para otro lado, es un peligro y una indignidad muy hiriente.

Pienso que en nuestra ciudad, como ha señalado numerosas veces la Plataforma por la Memoria Democrática de Jerez, es necesario avanzar muchísimo más [y muchísimo más rápido] en lo que se refiere a memoria histórica. Concretamente se podrían hacer, entre otras cosas, las siguientes:
1º) una Oficina Municipal de Memoria Democrática,
2º) una denuncia ante los juzgados, con el apoyo decidido de la alcaldesa de Jerez y su equipo de gobierno, para que se busquen los cuerpos de los fusilados en Jerez y de adhesión a la llamada querella argentina,
3º) una instrucción rápida y eficaz de los expedientes de derogación de honores y distinciones a las personalidades del franquismo que aún gozan –según los documentos municipales de la época– de aquellas insignias que en su día Jerez les concedió,
4º) inmediata retirada de símbolos y nombres franquistas del viario de Jerez que aún subsisten,
5º) constitución, aparte de esa Oficina municipal mencionada, de un Consejo Local de Memoria Democrática,
6º) colocación de un monumento digno, visible, céntrico, de homenaje a las víctimas del franquismo y a los valores democráticos, y no ese monolito arrinconado que está en la Alameda Vieja,
7º) que el Ayuntamiento acuda al Registro Civil de Jerez a solicitar la inscripción de aquellos a quienes se les aplicó el bando de guerra y así consta documentalmente.

Por justicia, por dignidad, por compromiso con los valores democráticos, por sentido de la libertad y la solidaridad humanas, y no solamente por defender el modelo de estado de la República que Franco abatió a tiros, es necesario en Jerez realzar la memoria histórica, no marginarla. Quitar a Pemán del Villamarta era una medida necesaria, pero insuficiente.
Cristóbal Orellana González
23/05/2016

Sr. Iglesias, al Senado no Podemos

Sr. Iglesias, le votáramos o no, hemos soportado las consecuencias de sus dos grandes errores antes del 20D: la negativa a un acuerdo con IU y el rechazo a impulsar una coalición al Senado, propuesta que le enviamos en varias ocasiones a partir de mayo de 2015. Sin tales errores, probablemente tendríamos gobierno.

El segundo error no ha querido corregirlo, porque nadie propone honestamente una coalición al socio necesario tres días antes de que finalice el plazo establecido. Como este nuevo error ha sido exclusivamente suyo, pues ha querido protagonizarlo personalmente, no le queda más remedio que pagar las consecuencias si quiere ser coherente con sus palabras cuando afirma que sin el PSOE no podrá gobernar.

Por tanto, conscientes de que al Senado la concentración del voto es imprescindible, le requerimos para que reconozca su error, ordene retirar las candidaturas al Senado de Podemos y solicite el voto para las del PSOE. Nos guste o no, usted ha elegido ese partido como socio y ahora es el único que puede evitar que el PP siga bloqueando los cambios desde el Senado. 

Solo reparando los daños causados se arreglan los errores cometidos.

Firman: Alfredo Barón, Benet Bohigas, Isaac García del Río, Margarita Gómez, Horacio Saínz, Félix Santatecla, Carmen Sanz y Domingo Sanz.



Varios autores
22/05/2016

Gotas de humildad


Aprisa me resguardo, el primer aguacero del año cae sorpresivo en el cruce de la calle treinta y siete de la avenida “Nachi Cocom” de la doblemente blanca ciudad de Mérida, el cielo oscurecido de la tarde deja saber que serán varios minutos los que dure la lluvia. Una vez adentro, me sirvo un café en esas maquinas que van desligando al humano de la producción sin erradicar la explotación, el café es malo, no hay Oxxo que lo comercialice en calidad, secándome un poco el cabello me siento frente a la ventana, puedo apreciar las gotas apaciguar el calor, celebro en primer momento el pronto reverdecer de los montes.

Al cabo de unos sorbos, giro a la izquierda y veo a través del cristal, me sacude una descarga de realidad, un humilde hombre de canas avanzadas se resguarda junto al bote de la basura a un costado de la entrada del comercio, visiblemente mojado y con su mochila en el piso, espera en silencio el fin de la borrasca, desconcertado me pregunto ¿por que no entra a resguardarse como todos hemos hecho? La verdad es que no lo intenta sabedor de que será expulsado por la discriminación imperecedera en nuestra sociedad, irónicamente, el obelisco dedicado al “Mártir del Proletaria Nacional”, la honra del “Apóstol de los Mayas”, atestigua pasivamente la injusticia. ¿Qué diferencia existe entre nosotros? ¿Por que yo pude entrar sin problemas y él ni si quiera puede intentarlo? ¿Cómo permitimos que el prejuicio elimine lo humano? La perpetuidad de la ignominia está tatuada en la hipócrita moral de la soberbia. La humanidad agoniza y somos sus sepultureros.

La vida se rige por lo material, estamos enajenados por los parámetros del valor, no de los valores, vamos despojándonos de lo humano, los derechos de la humanidad no son tema cotidiano, se juzga a la ligera, medimos la dignidad por el costo de las marcas que vestimos, se nos olvida que la mayor pobreza proviene de quien más posee, nada material sustituye al Ser humano, sin embargo, equivocadamente, solemos dejarnos llevar por la marea del desprecio, es más fácil resguardarnos del temporal que mojarnos junto a los desposeídos. La humidad suele presumirse olvidando practicarse. Quien de humildad habla suele carecer de ella.

Hay situaciones y condiciones en la sociedad, que nos guste o no, terminamos aceptando al permanecer inmóviles, la discriminación y el racismo expresan lo injusto de este mundo, si sólo miramos, o peor aún, si volteamos tratando de negar lo que vemos, al fin de cuentas, terminamos siendo cómplices, hay cosas que no pueden aceptar la imparcialidad, la pobreza es una de ellas, el hecho de que unos tengan mucho y otros nada es inaceptable, la condición de superioridad que se agudiza cada día requiere del esfuerzo común para terminarla, nombrar las cosas es un inicio, pero transformarlas necesita de la voluntad conjunta.

Minutos después, la lluvia se profundiza con los truenos que la acompañan, entre la basura busca un poco de comida, algo que pueda ayudarle a apaciguar el hambre, esa plaga mayor que desde tiempos del génesis deambula por el mundo, nuestras calles también las ocupa, no importan los discursos ni las campañas paliativas, hasta que no erradiquemos la inequidad, seguirá recorriendo los senderos del desprecio y la soberbia, mientras practiquemos el silencio, nuestras avenidas del progreso seguirán atestiguando como estatuas el paso desolado de la indiferencia.

Al fin cesa el torrente que sorprende, aplaca el trueno en el sonido de la tarde, las aves vuelven a cantar y, él, recompone la postura, toma la mochila empapada y comienza a caminar. ¿Adónde irá la dignidad vestida de penuria? ¿Qué hogar habita la desdicha de lo injusto? ¿Podrán los monumentos volver a mirar igual la lluvia en la avenida sin memoria? El hombre humilde de avanzadas canas, se retira del mismo modo en que llegó, en silencio apacible de quien el mundo posee. Por mi parte, comienzo a pensar estas líneas, para perpetuar en papel, las gotas de humildad que de su rostro caen.


Cristóbal León Campos
22/05/2016
El desprestigio de la política es utilizado para implementar políticas de derecha.

Los gobiernos son elegidos en función de consideraciones políticas e ideológicas por mas que la derecha machaque la idea de que está mal subordinar lo jurídico a lo político o lo económico a lo ideológico. 
¡Como si lo jurídico y lo económico no fuera político e ideológico!

Por el contrario, la ideología de la derecha (representantes políticos de la burguesía) está formada con las justificaciones que permiten que el 1% de la población acapare el 40% de toda la riqueza (materias primas, tierra, agua, productos manufacturados, etc) y el 42% de todas las acciones e instrumentos bancarios que generan dinero.

Y la casi totalidad de las leyes (salvo las arrancadas por la lucha popular) son la garantía de ese saqueo.

Desde siempre los explotadores buscan presentar su "derecho" a explotar como "natural", pareciera que las leyes crecieran de un árbol y que nada tuvieran que ver con decisiones políticas impuestas a punta de fusil.

Nin Novoa, en representación de TODO el gobierno vuelve a sostener que "vamos a priorizar lo jurídico sobre lo político", esta vez para apoyar el golpe de estado en Brasil, ya se deslizaron también los "intereses económicos" que están en juego.

Y en definitiva TODO el gobierno se justifica y se distancia de la fuerza política en una especie de juego bipolar.

El Frente Amplio, la fuerza política mas importante que crearon lxs trabajadorxs organizadxs en Uruguay está gravemente herido.

Sus militantes se revuelven entre la frustración, la rabia, la apatía, la confortable ignorancia o la asimilación. Es que a diferencia de procesos como el de Brasil, no pierde el gobierno por los ataques desde fuera, lo pierde desde dentro, de la mano de los mismos dirigentes que puso en su representación.

El empate técnico en que se encontraba la correlación de fuerzas entre las clases en América del Sur parece haber llegado a su fin.

El progresismo se esforzó por fortalecer una burguesía que estaba desprestigiada y que ahora, envalentonada, vuelve a ir por todo, incluso por las migajas.

Las fuerzas populares están confundidas, sus dirigentes cooptados, las bases desconcertadas o indignadas.

Pero la memoria histórica de las luchas no fue borrada, apenas empañada y en breve, cuando la derecha pise un poco mas a fondo el acelerador, esa acumulación va a volver a brotar.
La lucha de clases no termina mientras existan las clases, empezaremos desde mas atrás, con mas o menos exito, retomaremos caminos olvidados o crearemos nuevos pero mientras haya explotación lxs explotadxs nos levantaremos.


Gustavo Manfredi
20/05/2016

Me lo contó Irma ayer durante el almuerzo, y no he podido sacármelo de la cabeza.

Me contó que tenía diecisiete añitos, y que era hermosa. Me la imagino esbelta, de largo pelo negro tensionado fuertemente hacia atrás, ampliando aún más su holgada frente y realzando sus gruesas y elegantes cejas. Seguramente se llamaba María Guadalupe, y tenía la piel del color de la jícama recién desenterrada de esta dolida tierra.

Necesitaba los miserables cincuenta o sesenta pesitos, así que estaba parada en el semáforo de una esquina poblana agitando la bandera azul del candidato de los patrones de esa misma tierra.

María Guadalupe seguramente ignora completamente quién es ese señor, y jamás en la vida tuvo la oportunidad de comprender que hay otra manera de concebir la política.

Pero necesitaba los miserables cincuenta o sesenta pesitos.

Necesitaba los miserables cincuenta o sesenta pesitos porque tuvo que dejar los estudios en la prepa.

La madre de María Guadalupe estaba también parada en la esquina de ese semáforo poblano, silenciosamente retirada de las corruptas banderas azules. Observaba a los jóvenenes/niños que se ganaban los miserables cincuenta o sesenta pesitos con la serena mirada de los que están acostumbrados a la resignación.

En sus brazos de abuela sostenía y arropaba exageradamente la tierna razón por la cual María Guadalupe tuvo que dejar la prepa y necesitar los miserables cincuenta o sesenta pesitos.

El producto de ese indeseado embarazo adolescente debería llamarse Libertad, para que crezca sin tener, jamás en la vida, que agitar banderas patronales azules y corruptas en esquinas poblanas por cincuenta o sesenta miserables pesitos.


Rolando "el negro" Gómez
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