Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-02-2010

El conflicto en Palestina, reflejado en una casa

Buenaventura Vidal
Alternative Information Centre


Lo que est ocurriendo en la casa de la familia Al-Kurd, en el barrio de Sheikh Jarrah de Jerusaln Este, entre sus paredes, en su pequeo jardn y en la acera de enfrente, parece una representacin en miniatura de lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo en la tierra que va desde el Mediterrneo hasta el ro Jordn. Su situacin ilustra las claves del conflicto en la Palestina histrica.

La casa

A la izquierda, la seccin de la casa Al-Kurd tomada por los colonos. A la derecha, la carpa utilizada como entrada a la seccin trasera de la casa donde aun vive la familia. (foto tomada por ISM Palestine)

A mitades de febrero del 2009, un grupo de colonos judos irrumpi en la casa y ocup una parte de la misma. Los colonos alegan que la casa les pertenece. Poseen unos antiguos documentos otomanos que, supuestamente, muestran que en esta zona existan propiedades judas antes de 1948. Estos documentos, sin embargo, no aparecen registrados en los archivos otomanos investigados en Ankara, lo que hace dudar de su autenticidad. Los colonos, adems, creen que la tumba de "Simn el Bondadoso" se encuentra en el barrio.

En 1948, cuando se declar el estado de Israel en una tierra en la que aproximadamente el 70% de la poblacin era rabe-palestina, los argumentos fueron similares. Combinaban historia y religin: los judos haban estado viviendo all hasta haca 2000 aos, en ella se hallaban sus lugares religiosos ms importantes y era la tierra que Dios les haba prometido.

La particin de Palestina y la expansin continua de Israel.

En ambos casos, un grupo de personas reclama el derecho a la propiedad de una tierra sin tener la ms mnima relacin de parentesco, incluso remoto, con los que anteriormente habitaban la zona, basndose nicamente en compartir la misma religin. En efecto, los actuales colonos en la casa Al-Kurd no tienen conexin alguna con los supuestos antiguos habitantes del barrio, ms all de que tambin eran judos. Tampoco los inmigrantes venidos de las Amricas, Europa, el Medio Oriente y frica, que consolidaron el carcter exclusivamente judo del estado, pueden justificar parentesco alguno con los que vivan en los antiguos reinos de Israel y de Juda.

La particin de la casa Al-Kurd, dividida por un tabique, es una metfora de la dolorosa particin de Palestina y replica las mismas dinmicas de violencia, dominacin y expolio. Para empezar, la particin es solo la primera etapa en un proceso de expansin y expulsin. Los colonos estn ocupando actualmente una parte de la casa que se considera una extensin "ilegal" del edificio original (la municipalidad de Jerusaln prcticamente no da permisos de construccin a sus habitantes rabes, lo que les obliga con frecuencia a construir "ilegalmente" para poder proveer espacio de vivienda a las nuevas generaciones). Adems, han intentado tomar el resto de la casa en varias ocasiones, aunque de momento sin xito gracias a la resistencia de la familia, los vecinos y la solidaridad de activistas. Sin embargo, estn a la espera de que se resuelva el proceso judicial para poder ocupar el resto de la casa y expulsar a la familia definitivamente. De una forma similar, la particin original de Palestina fue el principio de un proceso de expansin del estado de Israel, que continua hasta hoy con la paulatina judaizacin de Jerusaln y la construccin imparable de asentamientos en Cisjordania.

La casa Al-Kurd y sus alrededores es un hervidero de tensin y de enfrentamientos. En una situacin de ocupacin, la convivencia entre vecinos es imposible. Los Al-Kurd y sus vecinos rabes son vctimas frecuentes de pedradas y agresiones fsicas por parte de los colonos y las protestas que se organizan contra los desalojos son reprimidas violentamente por la polica y el ejrcito. El barrio est siempre fuertemente vigilado, los coches patrulla y las rondas de vigilancia aseguran que el status quo se mantenga a favor de los colonos. La "matriz de control" sobre la poblacin palestina, un laberinto de leyes, ordenes miliares, burocracia kafkiana, obstculos al libre movimiento y guerra de baja intensidad, especialmente visual en Cisjordania con un enorme muro y un sinfn de puestos de control, es la frmula utilizada para imponer una situacin injusta. El odio y sufrimiento generado en Sheikh Jarrah es un microcosmo de lo que ha generado el proyecto sionista y la ocupacin de Palestina.

La familia

La tienda de campaa de la familia Al-Ghawi (foto tomada por ISM Palestine)

Los Al-Kurd son originarios de Haifa, de donde huyeron ante los avances del ejercito judo en 1948, refugindose tras la lnea de armisticio, en Jerusaln Este. Posteriormente se beneficiaron de un programa de la UNRWA (Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina) y el gobierno jordano, que les cedi terrenos en Sheikh Jarrah a ellos y a otras 27 familias para construir sus casas. Desde entonces, los Al-Kurd y el resto de las familias del vecindario rehicieron su vida en la ciudad . Ahora estn a punto de quedarse nuevamente sin casa y de convertirse en refugiados por segunda vez.

El programa de las Naciones Unidas y el gobierno jordano no les ha garantizado la seguridad jurdica sobre sus casas y se han quedado al margen del nefasto desenlace. El papel de la comunidad internacional y de las Naciones Unidas en el conflicto se ha caracterizado precisamente por las desastrosas consecuencias que ha tenido para los palestinos. Desde el plan de particin de la ONU en 1947, hasta la inactividad ante las constantes violaciones de los derechos humanos por parte del estado de Israel, su parte de responsabilidad en la creacin y sostenimiento del conflicto es ineludible.

Ms directa es la intervencin de Estados Unidos, que proporciona cuantiosa ayuda econmica y militar a Israel, y de la Unin Europa, que mantiene una relacin de comercio preferencial con este pas. La intervencin de los regmenes rabes tampoco se ha caracterizado por un esfuerzo genuino para luchar por los derechos del pueblo palestino, sino que ms bien se ha guiado interesadamente por razones geo-polticas.

En Sheikh Jarrah, 4 familias ya han sido expulsadas de sus casas y 24 familias ms estn en peligro de desalojo. Este proceso de limpieza tnica de la poblacin palestina del barrio, es una continuacin a pequea escala del Naqba, el xodo forzado de ms de 750,000 palestinos de sus casas y tierras con el que se forj el estado de Israel. La tienda de campaa situada en la acera de enfrente, que habita la familia vecina Al-Ghawi despus de haber sido desalojada de su hogar en agosto, trae recuerdos de los campamentos de refugiados surgidos en 1948. Entonces la expulsin se realiz con ataques y avances militares. Hoy en da, en Jerusaln, se lleva a cabo mediante un entramado de polticas y de leyes discriminatorias y con los colonos como punta de lanza, reforzados por la polica y el ejrcito. A travs de la historia personal de los Al-Kurd se pueden trazar las diversas modalidades del expansionismo sionista en Palestina.


Un campamento de refugiados de 1948.

Los colonos

En 1972, las organizaciones colonas Comit Knesset Israel y el Comit de la Comunidad Sefard lograron fraudulentamente que 28 casas del barrio se registrasen a su nombre. Las familias palestinas se han negado a reconocer este supuesto cambio de propiedad y a pagar alquiler. Las ltimas dcadas se han caracterizados por continuos procedimientos judiciales, investigaciones y apelaciones, que los tribunales israeles han ido resolviendo a favor de las organizaciones colonas. Los desalojos de las familias palestinas se producen bajo la justificacin de que los inquilinos no estn pagando alquiler. Una empresa de construccin colona americana, Nahlat Shimon International, ha presentado ya un plan para cuando la zona se haya desalojado por completo: derruir las viviendas actuales para dar paso a unos 200 apartamentos que se convertirn en un nuevo asentamiento judo.

Los colonos de la casa Al-Kurd son mayoritariamente jvenes religiosos y ortodoxos nacionalistas radicales. Son voluntarios y viven el proceso con un entusiasmo ciego. Su profunda ideologizacin ha acabado deshumanizando su visin de los palestinos y les permite obviar el sufrimiento que han ocasionado a la familia.

Las organizaciones colonas cuentan con apoyo tanto pblico como privado. Sus fondos provienen de aportaciones de capital judo de Israel y del extranjero, y de discretas operaciones gubernamentales administradas por varios ministerios bajo nombres confusos. El estado adems cubre frecuentemente los costes de su seguridad privada. Las estrechas conexiones entre estas organizaciones y el estado han desembocado en una relacin simbitica donde se fraguan las decisiones territoriales estratgicas de Israel. Como declara una organizacin colona, Ateret Cohanim, en su pgina web: "Determinacin y colaboracin con las autoridades han probado ser el viejo mtodo del sionismo, es el asentamiento judo el que determina las fronteras del estado!". La poltica de hechos consumados expande de facto las fronteras de Israel, independientemente de que estn reconocidas internacionalmente o no.

En el caso de Jerusaln, la meta es crear las condiciones materiales para realizar el sueo sionista de una ciudad unificada y exclusivamente juda. El ayuntamiento ha presentado recientemente el Plan Maestro Jerusaln 2030, que va abiertamente encaminado en esa direccin y pone en peligro inminente a las poblaciones de los barrios palestinos cntricos de la ciudad.

El desenlace

A travs de un anlisis de los actores involucrados en la debacle de la casa Al-Kurd y de la observacin de ciertos paralelismos histricos generales, surgen los componentes principales que avivan el conflicto: la esencia excluyente del proyecto sionista y el respaldo explcito e implcito del exterior articulado por entes privados, actores estatales y organizaciones internacionales. En la casa Al-Kurd estn en juego todas las fuerzas del expansionismo colonial sionista, y todava est por ver si el movimiento de protesta que recientemente ha surgido en la zona, y la renovada batalla judicial, podrn ponerle freno. En este caso, sera preferible no mirar atrs y luchar para que la historia no se vuelva a repetir.



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