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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-03-2010

Australia, bienvenidos a la primera "murdocracia" del mundo

John Pilger
Sin Permiso


Adelaida es una ciudad de festivales. Ahora est en marcha su festival de las artes. Debates educados, esttica y vinos de alto octanaje se ocupan de resolver los problemas del mundo. Con una excepcin. Adelaida es el sitio del que arranc el imperio de Rupert Murdoch. La senda voraz parte de all. No le han dedicado estatuas; la suya es una presencia espectral que controla el nico diario impreso y hasta las imprentas. En el conjunto de Australia, posee cerca del 70% de la prensa urbana y el nico diario de tirada nacional, as como Sky Television, y mucho ms. Bienvenidos a la primera murdocracia del mundo.

Qu es una murdocracia? Es un lugar en el que la fidelidad y las reverencias de los editores y directivos de Murdoch proceden sin disimulo, una inspiracin para su coro heptacontinental, en el que hasta sus competidores cantan acordes y en el que los polticos que saben de qu va la cosa no dejan de prestar atencin al murdochismo: Qu ser? Un titular por da o un cubo de mierda cada da?.

Aunque la veracidad literal de esta clebre sentencia que se le atribuye se ponga a veces en duda, su espritu nadie lo discute. Postrado en cama atacado por una neumona, el anterior primer ministro australiano, Jon Howard, forz su salida del lecho hospitalario para prestar obediencia al hombre al que tena que agradecer tantos cubos vacos de mierda. Su sucesor, Kevin Rudd, acudi a toda leche a una reunin con Murdoch en Nueva York antes de su eleccin. Una pauta de alcance planetario. Antes de asumir el poder, Tony Blair vol a una isla aledaa de Queensland para participar en una reunin de la News Corporation y jurar por el thatcherismo y las desregulacin del sector de los medios de comunicacin ante la jocunda figura situada en la fila de enfrente. Al da siguiente, el diario sensacionalista Sun alababa a Blair como un hombre con visin y que habla nuestro lenguaje en lo tocante a moralidad y vida familiar.

Murdoch conoce lo poco que separa a los partidos polticos principales en Australia, Gran Bretaa y los EEUU. Y elige a su hombre. En 1972, respald en Australia a Gough Whitlam, que se revel un reformista radical que amenazaba incluso con denunciar las bases de espionaje norteamericano. Un Murdoch enfurecido lanz a sus diarios contra Whitlam con historias tan ultrajantemente distorsionadas, que un grupo de periodistas rebeldes en The Australian quemaron su propio peridico en la calle. Nunca ms se ha repetido algo semejante.

Los temas dominantes en la murdocracia australiana, aparte del deporte y el cotilleo de celebridades, son la promocin de la guerra y la xenofobia, de la poltica exterior norteamericana, de Israel y del paternalismo en relacin con los aborgenes, la poblacin ms depauperada entre los pueblos indgenas, segn la ONU. Este anticuado belicismo fro no es, por supuesto, monopolio de la prensa de Murdoch, pero l marca el guin. Cuando el tirano indonesio Suharto estaba a punto de ser derrocado por su propio pueblo, el director de The Australian, Paul Kelly, envi a una delegacin de directores del grueso de los principales peridicos australianos a Yakarta. Con Kelly a su lado, el asesino en masa que los peridicos de Murdoch promovan como un moderado, acept el tributo que vena a rendirle la crema de los gacetilleros australianos.

El siervo ms desvergonzado, aun si entretenido, de Murdoch es Greg Sheridan, jefe de la seccin de exteriores del Australian. En uno de esos viajes que le encantan a los EEUU, sede del cuartel general de Murdoch, Sheridan escribi: Los EEUU constituyen el mejor argumento posible a favor de la desregulacin de los medios de comunicacin. Cada maana, voy de la Fox, a la CNN y a la MSNBC mientras desayuno mis cereales Por qu estamos tardando tanto en Australia en tener televisin de pago?. Como guiado por el instinto, se estaba refiriendo a la empresa de televisin de pago propiedad de su amo, Foxtel. En lo tocante al terrorismo, Sheridan responsabiliza al chomskysmo pilgerista de dar combustible a los secuaces de Osama bin Lenin, perdn, Laden.

Una de las campaas ms eficaces de la murdocracia australiana ha sido un blanqueo del sangriento pasado colonial que ha incluido ataques en serie al distinguido estudioso y cronista del genocidio aborigen Henry Reynolds y al director del National Museum australiano, Dawn Casey, por haber osado presentar la verdad sobre el sufrimiento indgena. El gran historiador inconformista australiano Manning Clark fue tachado por el correo de Murdoch como un agente rojo, y luego como un fraude, con un estilo muy parecido a la campaa difamatoria emprendida por el London Sunday Times, asimismo propiedad de Murdoch, contra el diputado laborista britnico Michael Foot, tachado de agente sovitico.

Algo parecido aguarda a quienes cuestionen la manipulacin de la memoria del sangriento sacrificio australiano en el altar del imperialismo, viejo y nuevo. Dirigido a los jvenes, un lacrimoso nuevo patriotismo llega a su clmax anual el 25 de abril, el aniversario del desastre de la I Guerra Mundial en Galpoli conocido como Anzac. El mensaje es un militarismo sin rebozo y la promocin de la invasin de Afganistn e Irak. Y as, el primer ministro Rudd puede absurdamente decir que la vocacin australiana ms elevada es la militar.

Esas falsas banderas tremolan sin desmayo por Israel en una Australia que cuenta con un nutrido grupo de periodistas patrocinados y pagados por grupos sionistas. El resultado son informaciones apologticas de acciones mortferas que no dejan de hurgar en la ingenuidad [ante el expansionismo hitleriano; n.T.] de los grandes pacificadores de los aos 30, como Geofrey Dawson, el entonces director del Times de Londres. El debate sobre los crmenes blicos de Estado no ha conseguido hacer pie en Australia. Que un antiguo primer ministro britnico y otro actualmente en el cargo hayan tenido que testificar ante la comisin Chilcot en Londres se ve con perplejidad: nada parecido podra ocurrir aqu. Sin embargo, John Howard, que tambin invadi Irak, detenta algo parecido a un rcord al haber declarado no menos de 30 veces en un discurso que saba de buena tinta que Saddam Hussein tena un programa masivo de armas de destruccin masiva.

La televisin de mbito nacional, la Australian Broadcasting Corporation (ABC), viene siendo intimidada desde hace mucho por la prensa de Murdoch de una manera obsesiva que recuerda a la campaa que esa prensa lanz en Gran Bretaa contra la BBC. Financiada pblicamente, la ABC carece completamente de la independencia nominal y de la proteccin del sistema britnico de una televisin concebida como recurso para a emisin pblica. El ao pasado, se le concedi a HarperCollins, propiedad de Murdoch, una lucrativa participacin en el sector de publicaciones de la ABC, ABC Books.

En 1983 50 grandes corporaciones empresariales dominaban el mundo de los medios de comunicacin. En 2002, su nmero se haba reducido a 9. Rupert Murdoch dice que terminarn siendo 3, incluyendo la suya. Si le tomamos la palabra, medios de comunicacin y control de la informacin llegarn a ser una y la misma cosa, y todos nosotros seremos sbditos de una murdocracia.

John Pilger , nacido en 1939 en Australia, es uno de los ms prestigiosos documentalistas y corresponsales de guerra del mundo anglosajn. Particularmente renombrados son sus trabajos sobre Vietnam, Birmania y Timor, adems de los realizados sobre Camboya, como Year Zero: The Silent Death of Cambodia y Cambodia: The Betrayal.

Traduccin para www.sinpermiso.info : Casiopea Altisench
Fuente original: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3172


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