Portada :: Cuba
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-04-2010

Violacin de los derechos humanos en Cuba
Una estrategia ideolgica promovida desde el Departamento de Estado norteamericano

Hernn Montecinos
Rebelin


Dejmonos de hipocresas. De un modo general, en todos los pases del mundo se violan los derechos humanos. Claro que, en algunos, ms, y en otros menos. Sin embargo, cualquiera sea el juicio que tengamos sobre el tema, lo cierto es que recurriendo a las fuentes ms fidedignas, las ms prestigiadas y especializadas, -incluyendo las de los organismos dependientes de las propias Naciones Unidas- queda en evidencia que los pases que ms muestran preocupacin por los derechos humanos de sus ciudadanos, son Cuba y los pases nrdicos, entre muy pocos otros.

Como contrapartida, -es lo que pretendo demostrar- Estados Unidos es el mayor violador de los derechos humanos a escala planetaria. Para afirmar esto, parto de un anlisis global del problema y no de un hecho o incidente aislado que, tomado unilateralmente pueda ser manipulado para inducir a error en el imaginario social.

De ello una historia llena de intervenciones en nuestra regin, que se expresan desde el despojo a Mxico de ms de la mitad de su territorio, a mediados del siglo XIX, y sus intervenciones militares en Nicaragua, Cuba y Santo Domingo, hasta la anexin de Puerto Rico y su intervencin militar en Granada y Panam, entre otros. Tambin sus recientes intervenciones en Iraq, Afganistn Y Pakistn dan cuenta de cientos de miles de civiles, mujeres, ancianos y nios, asesinados por el lanzamiento indiscriminado de bombas sobre vastos sectores de la poblacin civil. Las torturas en las crceles de Guantnamo, Abu Garib y las clandestinas esparcidas por varios pases de Europa, son otro dato de la causa por todos conocidos sin olvidar, por cierto, su intervencin y concomitancia con las dictaduras militares instaladas en nuestra regin en las dcadas de los 70-80. Su persistente negacin, en las Cumbres Internacionales que tratan sobre el medio ambiente, ha impedido llegar a acuerdos para la disminucin de gases que producen el calentamiento global del planeta. En fin, a pesar de estos y otros tantos hechos, una retrica absurda sigue golpendonos con la falsa imagen de Estados Unidos como pas campen en materia de respeto a los derechos humanos en el mundo.

Ms all de la imagen cruenta de asesinatos y torturas, bien sabemos que la violacin de los derechos humanos, no slo se restringen a este tipo de hechos, sino tambin a otro tipo de atentados de las ms diversa especie, cuyas garantas se han ido incorporando, gradualmente, a la declaracin fundacional de la Declaracin Universal sobre los derechos humanos, promulgada el 10 de Diciembre de 1948.

En efecto, los derechos humanos ya no son ni uno, ni dos, ni tres, sino el compendio de una extensa lista de varios tipos de derechos. En su origen se consagraron slo 30 derechos, los llamados de primera generacin; derechos individuales (civiles y polticos). Slo el ao 1976 se vienen a incorporar los llamados derechos de segunda generacin (social, econmica y cultural.) Ms tardamente, se vienen a reconocer los derechos de tercera generacin, que son los derivados de la relacin entre los seres vivos con el medio ambiente (conservacin de flora y fauna, derechos ecolgicos).

A partir de este punto hago presente que mi anlisis sobre el tema lo har considerando a los derechos humanos como un todo, en todas sus variables, fundamentalmente, -cuestin que considero ms importante para nuestra subcontinente- los derechos de segunda generacin (salud, educacin, cultura, etc.). Sin duda, de stos Cuba es el que exhibe mayores avances. No son pelos en la cola que la atencin de los derechos a la salud y la educacin son gratuitos en la isla, caso nico, no superado en el mundo. Ya se quisiera nuestro pas, y el resto de los pases darse este lujito. Tampoco son pelos en la cola que ms de 30.000.000 de personas se encuentran viviendo bajo los lmites de la pobreza en los propios Estados Unidos. Un gigante con pies de barro, que exhibe una insultante riqueza gracias a la ms vergonzante de las desigualdades entre sus ciudadanos.

Por eso, si se quiere hacer un anlisis objetivo de la situacin de los derechos humanos en cualquier pas o regin este anlisis, para ser objetivo, tiene necesariamente que hacerse tomando todas sus variables y elementos. Quien pretenda reducir el anlisis a uno slo de sus elementos, o peor an, a partir de un solo caso especfico, como lo ha sido el caso del preso cubano, recientemente fallecido tras una huelga de hambre, querr decir que dicho anlisis quedar trunco perdiendo toda credibilidad. Tomar una parte por el todo es un ejercicio que se encuentra muy desprestigiado dentro del mundo de las ciencias sociales.

Ahora bien, con la influencia y poder que han adquirido los actuales medios de comunicacin, a cualquier pas se le puede imputar cualquier cosa. Para ello, basta y sobra que estos medios hagan la debida operacin meditica para lograr tales fines. La ocupacin de Iraq por las fuerzas invasoras norteamericanas ha sido un fiel reflejo de ello. Como no haba motivos para intervenir, estas se inventaron. Ahora ya sabemos que las terrorficas armas qumicas letales y la supuesta alianza con la red terrorista de Al Qaeda, razones que motivaron la invasin y posterior ocupacin, fueron falsedades. Los medios de comunicacin se prestaron, una vez ms, para hacer el trabajo sucio (siempre coincidentemente a favor de los intereses del imperio), y las consecuencias posteriores ya las sabemos: tomar el control militar y geopoltico de una rica regin, en donde el inters por el petrleo constituy la orden del da para los norteamericanos.

Por eso, no ha sido casualidad que mientras al caso del preso cubano se le ha exagerado en su connotacin, de otro lado se haya invisibilizado otro caso paralelo, con igual o mayor connotacin, el de la huelga de hambre que mantienen desde el 18 de Marzo 5 presos saharauis, defensores de los derechos humanos, encarcelados en la prisin marroqu de Sal. Fueron arrestados el 8 de octubre del ao pasado y acusados de traicin, con la amenaza de ser condenados a pena de muerte. Sin embargo, este ltimo hecho, a diferencia de lo que sucede con el de Cuba, no ha dado motivo para producir ningn escndalo comunicacional en el mundo.

Sin duda, esta desigual forma de tratamiento meditico para medir hechos de una misma significacin se debe a que los gobiernos de Estados Unidos, y los intelectuales orgnicos a su proyecto de dominacin, han hecho del campo de los derechos humanos un motivo de manipulacin poltica e ideolgica, permitindose dictaminar de acuerdo a sus particulares intereses, arbitrariamente, qu pas es "democrtico" (lase "buen aliado suyo") y cul es "violador de los derechos humanos.

Desde hace dcadas, como parte de su estrategia de dominacin global, los Estados Unidos han montado una cruzada universal haciendo una burda utilizacin de los derechos humanos. Cualquier proyecto que obstaculice sus intereses puede ser considerado "violador de los derechos humanos", y por tanto "obstculo para la democracia y la paz mundial", es decir, susceptibles de ser invadidos, agredidos, chantajeados, presionados o cualquier otra forma de intromisin que ayude a corregir esas "violaciones", que atenten contra los intereses de Washington.

Ahora bien, si esto es as, porque de cuando en vez una fuerte red meditica a travs del mundo pretende demostrar todo lo contrario, queriendo dar la impresin de que es Estados Unidos el defensor de los derechos humanos y en Cuba se estaran violando fuertemente los derechos humanos de sus ciudadanos? A decir verdad existen razones de larga data y de races muy profundas que vienen a explicar esta flagrante contradiccin.

De por medio, existen propsitos ideolgicos bien definidos, por parte de Estados Unidos pas que, desde un comienzo de la Revolucin Cubana, empez a planificar estrategias en el orden econmico, poltico y militar para hacer abortar tal proceso, tal como lo hicieron aqu en Chile, en contubernio con las fuerzas polticas de derecha y la democracia cristiana, para derrocar el gobierno popular de Salvador Allende. Ms de 50 aos despus, y fracasados todos los intentos para aplastar la revolucin Cubana, incluido ms de 44 intentos de asesinato contra Fidel Castro, y el apoyo logstico y militar para efectuar dos intervenciones militares directas Playa Girn y Baha Cochinos), Estados Unidos en concomitancia con la gusanera cubana de Miami, y grupos muy reducidos y minoritarios internos en Cuba, persisten en esta intencin de derrocamiento del rgimen.

Recientemente, fuentes emanadas de la embajada cubana, han dado a conocer declaraciones y documentos que entran a explicar la gnesis desde donde proviene la gran orquestacin de tamaa falacia. Apunto slo algunas, provenientes, todas ellas, de documentos oficiales desclasificados de EE.UU:

-Segn revel el General Kirkpatrick, quien fuera Inspector General de la CIA, la esencia del programa Cuba de la agencia es, fabricar una oposicin dentro de Cuba alimentada con asistencia clandestina externa y organizar una oposicin desde el exterior que sirva de cobertura a las actividades de la Agencia ( Inspector Generals Survey of the Cuban operation and associated documents, october 1961. CIA, february 1969)

- la mayora de los cubanos apoyan a Castro el nico modo previsible de restarle apoyo interno es a travs del desencanto y la insatisfaccin que surjan del malestar econmico y las dificultades materialeshay que emplear todos los medios posibles para debilitar la vida econmica de Cuba negarle dinero y suministros, provocar el hambre y la desesperacin y el derrocamiento del gobierno (Documento del Departamento de Estado -6 abril 1960- que incluye aprobacin firmada por su jefatura)

-Documento de la Oficina del Secretario de Defensa bajo el ttulo: "Pretextos para Justificar la Intervencin Militar de los Estados Unidos en Cuba", (9 de marzo 1962). Se somete a la consideracin de la Junta de Jefes de Estado Mayor un paquete de medidas de hostigamiento que tenan por objetivo crear las condiciones para justificar la intervencin militar en Cuba. Entre las medidas consideradas estaban las siguientes:

"Una serie de incidentes bien coordinados se planificaran para que ocurriesen en [la base naval de] Guantnamo o sus alrededores, a fin de crear una apariencia verosmil de que fueron realizados por fuerzas cubanas hostiles."

"Los Estados Unidos responderan con la ejecucin de operaciones ofensivas destinadas a asegurar los suministros de agua y energa, destruyendo los emplazamientos de artillera y morteros que amenazan a la base. Comenzaran operaciones militares norteamericanas en gran escala."

"Pudiramos hacer volar un barco norteamericano en la baha de Guantnamo y culpar a Cuba."

"Pudiramos desarrollar una campaa terrorista cubano-comunista en el rea de Miami, en otras ciudades de la Florida y en Washington. La campaa de terror podra estar encaminada contra los refugiados cubanos que buscan asilo en los Estados Unidos."

 

"Pudiramos hundir una embarcacin llena de cubanos en ruta hacia la Florida (real o simulada)."

"Pudiramos promover intentos contra las vidas de los refugiados cubanos en los Estados Unidos, incluso hasta el punto de herir a algunos de ellos en casos que seran ampliamente divulgados."

"Hacer explotar unas cuantas bombas de plstico en lugares cuidadosamente escogidos, y dar a la publicidad documentos preparados que fundamenten el comprometimiento cubano

"Pudiera simularse una expedicin `desde territorio cubano y apoyada por Castro' contra una nacin caribea vecina de Cuba.". "El uso de aviones tipo MIG tripulados por pilotos norteamericanos pudiera ofrecer causas adicionales de provocacin."

"El hostigamiento de aeronaves civiles, los ataques contra barcos y la destruccin de aeronaves militares norteamericanas no tripuladas por aviones tipo MIG, pudieran ser acciones complementarias tiles."

 

El documento es mucho ms largo y contina con otras ideas o propuestas similares

Ahora bien, ms all de hechos y documentos que refieren casos especficos, en esta nota es mi inters dar una visin global del modo como se ha presentado el problema de los derechos humanos en nuestro subcontinente, y tambin el modo de enfrentarlos y superarlos:

Empezar diciendo que Amrica Latina es un mosaico de naciones con diversos niveles de educacin y desarrollo, distintos grados de modernizacin, distintas nacionalidades, diversidad de costumbres, tradiciones, etc. No obstante, sus diferencias, subsisten problemas comunes: dependencia poltica, econmica, social y cultural respecto de los pases altamente desarrollados, explotacin sistemtica del trabajo de nuestros trabajadores y un abismo social cada vez ms marcado entre ricos y pobres. Por lo dems, si exceptuamos algunos pocos pases (Cuba, Argentina, Uruguay y Costa Rica), el resto presenta un racismo y biclasismo irritante, respecto de su poblacin negra, indgena y mestiza.

Un legado de poco ms de 500 aos de historia de dominacin, una historia plagada de conflictos y contradicciones, en que lo nico que ha cambiado ha sido el carcter de los dominadores, los que han perpetuado la pobreza marginalidad de la mayor parte de nuestra poblacin, tendencia que hasta hoy se reproduce y profundizado bajo nuevas modalidades.

De poco ms de 500 aos de historia, los pases de Amrica Latina bien han sabido lo que significa la palabra Derechos Humanos (DDHH) y Autodeterminacin de los Pueblos en boca de los pases ms ricos y desarrollados, fundamentalmente, del norteamericano. Ha tenido que sufrir una interminable serie de intervenciones directas o veladas. De ello, una historia plagada de intervenciones de los EEUU en nuestra regin se encuentra bien documentada.

Hablar de la prdida de la soberana poltica en Amrica Latina es hablar de la prdida de nuestras riquezas materiales, porque la violencia dominadora estuvo, como siempre en la historia, al servicio de la apropiacin de nuestros recursos ms vitales. Esta fue la lgica que trajo a los conquistadores europeos, en siglos pasados, y lo que atrae hoy al moderno conquistador norteamericano. No obstante, hoy, el colonialismo no tiene razn de ser, pues las intervenciones operan de otro modo: a travs de la ciencia y tecnologa, la comunicacin, la ideologa, la cultura, etc., que como mtodos de sometimiento han resultado ser ms eficaces que los modos coloniales tradicionales.

En este cuadro, los EEUU nos ha trasladado, no slo sus sistemas de operacin mercantiles y la imposicin de su sistema poltico (binominalismo), sino tambin, los productos ideolgicos propios de una sociedad del capitalismo avanzado. Esta exportacin ha sido sumamente exitosa, del momento en que no hay otro ejemplo, en que la dominacin y control cultural de un pas imperialista, sobre una zona del mundo, se haya desarrollado tan bien entre estos dos polos.

Por eso, no ha sido suficiente, como se pensaba, que una vez terminadas las dictaduras militares pudiramos haber llegado a un estado feliz respecto de la situacin de los DDHH, puesto que, en las nuevas condiciones impuestas por la fase econmica neoliberal, las dictaduras se han hecho innecesarias para aquellos que las impulsaron: el gran capital financiero y el nuevo ideologismo venido desde los estados imperiales. Por eso, se habla mucho de los DDHH en nuestro subcontinente sin tenerse una nocin muy clara de la amplitud de su significado.

En efecto, el comn de la gente acostumbra a asociar los DDHH exclusivamente con aquellos hechos que afectan la vida y las libertades individuales, emplazando el problema en su variable puramente civil y poltica. La mayora de las agrupaciones que defienden estos derechos no han sido capaces de plantearse en trminos de las estructuras que dan lugar a esos males. Por ello, el debate del tema en nuestra regin ha sido muy limitado, estacionndoselo en aproximaciones muy superficiales que slo tocan las manifestaciones finales del problema sin entrar a profundizar en las estructuras del sistema que dan origen a nuestros males. De all, que se hace necesario devolver al fenmenos de los DDHH toda su amplitud y su realidad ms profunda y general.

En primer lugar, decir que las violaciones de los DDHH en nuestra regin encuentran su fundamento en la imposicin de una poltica y una ideologa proveniente, fundamentalmente, del Departamento de Estado norteamericano y sus organismos afines, quienes a caballo de las dictaduras militares lograron una frrea imposicin de las nuevas prcticas polticas e ideolgicas para dar sustento a un brutal neoliberalismo econmico. En nuestro pas, por ejemplo, el hecho mismo del golpe militar slo constituy la puntada final, el ltimo eslabn de toda una trama anterior previamente concertada por grupos econmicos nacionales y extranjeros. Es decir, que el golpe militar y la consecuente ruptura del orden institucional y democrtico, slo fueron el efecto, el resultado ltimo de una causa original, en donde los poderes imperiales decidieron abortar el proceso de cambios que se vena generando en las estructuras de la sociedad chilena. Por ello, en el nuevo cuadro geopoltico, debemos tener presente que con o sin dictadura nuestros derechos nos seguirn siendo negados, en tanto sigamos siendo pases dependientes y el neoliberalismo despiadado siga acentuando su fase depredadora y explotadora con ms vigor que antes.

En este cuadro, resulta una gran contradiccin que la Declaracin Universal encargue al Estado el papel de mediador para asegurar el cumplimiento de los derechos declarados. Porque bien sabemos lo que significa el Estado, en tanto su naturaleza clasista lo lleva a atender los derechos de la clase dominada slo en forma derivada y subalterna, no logrando universalizar la prctica efectiva de stos. Ello, por cuanto estos derechos se encuentran estructuralmente violentados por la forma en que el Estado organiza la sociedad clasista: privilegio del capital sobre el trabajo, macroeconoma sobre la microeconoma, explotadores sobre explotados, etc. Y no podra ser de otro modo, porque el componente bsico del Estado lo constituye el poder. Quin tiene el poder controla el Estado. Y en nuestras sociedades capitalistas el poder siempre ha estado en manos de la clase minoritaria, dueos de los medios de produccin, productores de su propia ideologa.

As, el Estado, en ltimo trmino, no es otra cosa que la expresin del Poder de una clase social sobre otra para generar tales o cuales derechos. Es decir, que explotados y explotadores son portadores de sus propios derechos, colmados para los ltimos y negados para los primeros. Si a ello agregamos que nuestros documentos constitucionales, en su origen, slo fueron copias de la constitucin norteamericana y de los principios de la Revolucin Francesa, se comprende mejor el por qu la defensa del individuo y de la propiedad privada logran ocupar un lugar de privilegio. De esta realidad cabe preguntarse si las estructuras legales heredadas han servido o no a nuestros pueblos. Por cierto, en su primer momento su utilidad queda fuera de toda duda, mas en las actuales condiciones estas se muestran insuficientes y, ms an, causa de muchos de nuestros males. Documentos producto de elucubraciones de las lites criollas, que se preocuparon por reglamentar los cambios, pero cuidndose de salvaguardar sus privilegios.

Por ello se hace necesario levantar una nueva alternativa para los DDHH cuyo fundamento no sea el asistencialismo liberal, sino un conjunto de sistemas y modalidades que permitan un real proceso de liberacin para los pueblos de nuestra regin. Quizs, en esta ltima idea sea alentador constatar el hecho que desde el ao 1992, en adelante, se han estado realizando reuniones de los jefes de Estados de los pases miembros, en las llamadas "Cumbres Iberoamericanas". Este hecho aparece relevante, porque nunca antes nuestros pases pudieron sentarse a tratar sus problemas sin dejar de tener la presencia y presin del gobierno norteamericano. Desde la primera reunin en Guadalajara (1992), y las siguientes, el tema de los DDHH no ha dejado de estar presente en sus declaraciones, insertndose prrafos especficos en la perspectiva de comprometerse en el respeto de los mismos tomando las medidas necesarias para optimizar su preservamiento.

Sin embargo, debemos reconocer, estos intentos han sido ms formales que reales. La globalizacin de la poltica y el comercio, entre otros, han terminado por despojarnos de las ltimas defensas que nos quedaban en resguardo de nuestras autonomas nacionales. Con la intervencin de instituciones como el FMI, OMC, Banco Mundial, BID, Grupo de los Siete, la misma Naciones Unidas y los nuevos tratados comerciales, toda posibilidad de preservar nuestras mnimas soberanas han terminado por esfumarse. Si a ello, agregamos, la intervencin indirecta y velada de las multinacionales, el cuadro se presenta ms desolador an.

Sin duda, los nuevos fenmenos de globalizacin, han debilitado los DDHH en nuestra regin, lo que llev, en su oportunidad, a que 33 ONGs vinculadas con la promocin de los mismos, enviaran el ao 1994 una carta a los jefes de Estado participantes en la Cumbre de Cartagena de Indias, en Colombia, para denunciar el incumplimiento de los acuerdos sobre DDHH acordadas en cumbres anteriores. Hacen presente que no se han tomado los debidos resguardos para evitar flagrantes violaciones a los DDHH en sus ms distintas manifestaciones. No slo se denuncia de que junto a la cada de las dictaduras militares, persisten en la regin situaciones que atentan contra la dignidad humana y la democracia, cometidas por Gobiernos reconocidos como democrticos. Ms que eso, se trata tambin de que la dinmica del proceso econmico vigente no puede reducirse a la creacin de reas de libre comercio y zonas de libre inversin que slo benefician a grupos minoritarios de poder econmico. Solicitan aplicar las normas internacionales sobre derechos econmicos, sociales y culturales en la formulacin y ejecucin de las polticas y acuerdos econmicos regionales. Expresan tambin su rechazo a la "violacin del derecho a la autodeterminacin de los pueblos y de los principios de igualdad soberana de los Estados y de no injerencia de un Estado en los asuntos internos de otro, que se expresa en la agresin militar, la invasin y la ocupacin territorial, la prctica de la presin econmica y los bloqueos financieros, comerciales y econmicos para imponer la voluntad de un pas sobre otro y provocar cambios en el interior de ste". Estas mismas denuncias han seguido hacindose en las Cumbres Sociales Alternativas paralelas a las de jefes de Estado.

Estas acciones tienen el mrito de poner al descubierto un hecho que generalmente pasa desapercibido, esto es, que la defensa a ultranza de polticas que tienen a la vista el preservamiento del modelo neoliberal, privilegiando por encima de cualquier cosa las relaciones puramente mercantiles y de negocios, implica un severo revs para la aplicacin de principios y derechos establecidas en la Declaracin Universal.

As entonces, la historia de nuestra Amrica Latina se ha contado ya muchas veces bajo el mismo libreto y el mismo escenario, slo han cambiado los sujetos que ejercen el poder. Estaremos condenados a que esto se siga repitiendo? No podramos asegurarlo. S podemos asegurar, de que todo lo hecho en nuestra regin, ha sido copia y calco de polticas impuestas desde otros lugares. Tanto el liberalismo como el neoliberalismo no han sido invenciones nuestras y, an, los dbiles y efmeros intentos socialistas, no han sido otra cosa que malas copias de experiencias extradas tambin de otros lugares. Con la sola excepcin de nuestros libertadores, no hemos sido capaces de pensar por nosotros mismos para crearnos modelos propios de Progreso; modelos verdaderamente conscientes con lo que hemos sido, con lo que somos y lo que queremos ser.

Parecemos no darnos cuenta que as como hemos tenido una poltica balcanizada, fracturada, sistemas econmicos fallidos y enormes desigualdades sociales, al mismo tiempo, hemos logrado conservar una asombrosa continuidad cultural que se ha logrado mantener en pie an en medio de la debacle generalizada de nuestro sistema. Un punto de referencia concreto a partir del cual podemos ser capaces, no slo de crear una poltica y una economa consecuente con nuestra propia idiosincrasia, sino que tambin, una poltica sobre DDHH que sea fiel expresin de las mismas. Para ello tenemos de todo: obreros, campesinos, profesionales, empresarios, intelectuales, organizaciones femeninas, comunidades cientficas, federaciones sindicales, Universidades, y sobre todo, una gran variedad de recursos y riqueza naturales que nos dejan en inmejorable posicin para plasmar polticas propias que sean autnticamente nacionales. En fin!...todo un mosaico capaz de convertirse en los protagonistas activos de nuestra historia. Ya no slo el Estado, la lite poltica, la Iglesia, o el ejrcito ordenndolo todo desde arriba, sino el conjunto de la sociedad participando y actuando desde abajo.

Ello requerir de parte nuestra de un compromiso geopoltico, que tenga presente que la causa de los DDHH es la causa y la lucha por los pueblos oprimidos que en la organizacin actual del mundo tienen una posicin subordinada a los dictados de los pases imperiales. Y que esta subordinacin se ejerce ahora en forma ms hipcrita y velada. Se trata, de la intervencin econmica, que impone polticas que nos obligan a producir ms para obtener menos retornos. Como ejemplo, ah estn el comercio desigual, polticas arancelarias desfavorables, polticas de cambios, sistemas de dumping, fugas de capitales, lavados de dinero, sistemas de prstamos, bloqueos econmicos, imposiciones del FMI, del Banco Mundial, etc.

Un compromiso geopoltico que nos permita comprender que, en las actuales circunstancias, la dependencia y explotacin y la vida gris y miserable de muchos millones de seres que pueblan nuestra regin, conforman todava parte de la trama sombra y lacerante de nuestro continente. En fin, comprender tambin que hablar de los DDHH en nuestra regin debe mantener como referencia obligada la situacin de relacin y dependencia de nuestros pases respecto de los pases del Primer Mundo y lo que significa el neoliberalismo impuesto a nuestro continente.

Por ello, todo anlisis que pretenda mediatizar el problema de los DDHH sin tomar en cuenta el marco de relacin y de dependencia a que hemos estado sometidos desde siempre, querr decir que slo est eludiendo el problema de base, lo cual implica, que el problema en si no se aborda seriamente.

Pero, este compromiso geopoltico, para que se haga real y efectivo, tiene que comprometer a su vez, una accin revolucionaria. Opcin revolucionaria, entendida, no en el sentido tradicional, sino como un profundo cuestionamiento que debemos hacernos de la organizacin que impera en nuestro continente. Opcin revolucionaria en el sentido de tomar partido por una lucha, pero no cualquier lucha, ni cuestionamientos slo de algunos u otros aspectos de la sociedad, sino de su estructura fundamental.

Subversin en fin, en un doble sentido, esto es, por una parte, una lucha contra el tutelaje extranjero que atenta contra nuestra libre determinacin y soberana y, por otra, una lucha que implique el propsito de cambiar las estructuras del sistema capitalista. Es decir, tener presente que un sistema que caracteriza a la sociedad por disensiones profundas y desgarradoras, que mantiene en pie instituciones represoras mltiples y diversas, es en si misma negadora de derechos fundamentales. Entonces, necesidad de revolucin, en tanto la subversin consista en desenmascarar las tantas codificaciones que operan en las complejas estructuras de la sociedad, y sientan la base para inspirar procesos que busquen una nueva expresin transformadora que lleven a una nueva posicin histrica a los Derechos Humanos.

Si han habido muchas revoluciones en el mundo, ello no invalida que para las nuevas condiciones imperantes sea necesario una nueva revolucin social, que cambie drsticamente las condiciones de vida del pueblo, de una nueva revolucin poltica, que modifique las estructuras del poder, de una nueva revolucin material y econmica que permita la distribucin de la riqueza social en forma ms proporcional y justa y, en definitiva y, sobre todo, una revolucin humana que pueda crear sus propios paradigmas en reemplazo de los decadentes valores actuales. Es decir, como lo dijo Leonardo Boff: "necesitamos una revolucin mundial en nuestras mentes, una revolucin mundial en nuestros hbitos, una revolucin mundial en nuestras sociedades, para que este clamor sea efectivamente odo y entendido".

Est claro, que para poder lograrlo en esta parte del mundo debemos dejar atrs el capitalismo. Y si es esa la meta, aceptar el reto de poder algn da disear un nuevo pensamiento programtico que traspase el horizonte capitalista y anticipe los rasgos y contornos principales de una sociedad superior y posterior al capitalismo que sea vlido para nuestra regin. Muchos debemos confesar que, a esa alternativa diferente, la continuamos llamando socialismo. Desde luego, el modelo del socialismo derrumbado no es la alternativa.

Por ltimo, hacerse carne del consejo de Jos Saramago, quien en una de sus ultimas entrevistas en Espaa, en lo tocante al tema de de los DDHH ha dicho: Te doy una respuesta ms larga. Le dira a los partidos de izquierda que todo lo que se le puede proponer a la gente est contenido en un documento burgus que se llama Declaracin de los Derechos Humanos, aprobado en el ao 1948 en Nueva York. No se casen con ms propuestas. No se casen con ms programas. Todo est dicho all. Hganlo. Cmplanlo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter