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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-05-2010

Europa, crisis y fin?

tienne Balibar
Mediapart

Traducido para Rebelin por Caty R.


Para reflexin y debate, ofrezco aqu algunas tesis sobre la situacin europea inspiradas por los acontecimientos del mes pasado -hasta el 21 de mayo de 2010.

1. La crisis no ha hecho ms que empezar

En pocas semanas hemos visto la revelacin de la deuda griega que el Gobierno haba ocultado con la ayuda de Goldmann Sachs, el anuncio del Gobierno de Papandreu de la posibilidad de un fallo en el pago de los nuevos intereses sobre su deuda, brutalmente multiplicados, la imposicin a Grecia de un plan de austeridad salvaje en contrapartida del prstamo europeo; despus la rebaja de la calificacin de Espaa y Portugal, la amenaza del estallido del euro, la creacin del fondo de ayuda europeo de 750.000 millones de dlares (a peticin, especialmente, de Estados Unidos), la decisin del Banco Central Europeo (contraria a sus estatutos) de rescatar las deudas soberanas, y la adopcin de polticas rigurosas en una decena de pases. Esto no es ms que el principio, ya que estos nuevos episodios de una crisis que se abri hace dos aos por el hundimiento del crdito inmobiliario estadounidense, anuncian otros. Se demuestra que el riesgo de crac persiste, e incluso aumenta, alimentado por la existencia de una enorme masa de bonos basura acumulada durante el decenio anterior por el consumo a crdito, la titulizacin de los seguros y la conversin de los credit default swaps en productos financieros objetos de especulacin a corto plazo. La mona (1) de los crditos dudosos sigue circulando y los Estados corren tras ella. La especulacin se dirige ahora a las monedas y a las deudas pblicas. Pero el euro constituye actualmente el eslabn dbil de la cadena, y con l Europa. Las consecuencias sern devastadoras.

2. Los griegos tienen razn para rebelarse

El primer efecto de la crisis y del remedio que se ha aplicado es la clera de la poblacin griega. sta tiene razn al rechazar sus responsabilidades? Tiene razn cuando denuncia un castigo colectivo? Independientemente las provocaciones criminales que la han empaado, esa clera est justificada al menos por tres razones: La imposicin de la austeridad viene acompaada de una estigmatizacin delirante del pueblo griego, considerado culpable de la corrupcin y las mentiras de su clase poltica la cual (como en otras partes) beneficia ampliamente a los ms ricos (en especial en forma de evasin fiscal). Ha pasado otra vez (Una vez ms!) por la revocacin de los compromisos electorales del Gobierno al margen de cualquier debate democrtico. Finalmente ha visto que Europa aplica, en su propio seno, no los procedimientos solidarios, sino las reglas leoninas del FMI cuyo objetivo es proteger los crditos de los bancos pero anuncia una recesin en el pas sin un final previsible. Los economistas se ponen de acuerdo en pronosticar, sobre esas bases, un fallo seguro del tesoro griego, el contagio de la crisis y una explosin de la tasa de desempleo, sobre todo si se aplican las mismas reglas a los dems pases virtualmente en quiebra segn las calificaciones del mercado, como reclaman escandalosamente los partidarios de la ortodoxia.

3. La poltica que no dice su nombre

En el salvamento de la moneda comn del que los griegos han sido las primeras vctimas (pero no sern las ltimas), las modalidades que prevalecen hasta hoy (impuestas especialmente por Alemania) ponen en primer lugar la generalizacin del rigor presupuestario (inscrito en los tratados, pero nunca realmente aplicado) y secundariamente la necesidad de una regulacin muy moderada- de la especulacin y la libertad de los edge funds (que ya se evoc tras la crisis de las subprimes y las bancarrotas bancarias de 2008). Los economistas neokeynesianos aaden a esas exigencias la de un avance hacia el gobierno econmico europeo (especialmente la unificacin de las polticas fiscales) e incluso planes de inversin elaborados en comn, sin los cuales el mantenimiento de una moneda nica ser imposible.

stas son, obviamente, propuestas ntegramente polticas (no tcnicas). Se inscriben en las alternativas a debatir por los ciudadanos, ya que sus consecuencias sern irreversibles para la colectividad. Pero el debate est sesgado por la ocultacin de tres datos esenciales:

- La defensa de una moneda y su utilizacin coyuntural (apoyo, devaluacin) conllevan bien un sometimiento de las polticas econmicas y sociales a la omnipotencia de los mercados financieros (con sus calificaciones autorrealizadoras y sus veredictos presuntamente inapelables), o bien un aumento de la capacidad de los Estados (y ms generalmente del poder pblico) para limitar su inestabilidad y privilegiar los intereses a largo plazo sobre los beneficios especulativos. Una cosa u otra.

- Con el pretexto de una relativa armonizacin de las instituciones y de una garanta de algunos derechos fundamentales, la construccin europea en su forma actual, con las fuerzas que la dirigen, no ha dejado de favorecer la divergencia de las economas nacionales que tericamente deba acercar en una zona de prosperidad compartida: unos dominan a otros, bien en cuanto a las partes del mercado, bien en trminos de concentracin bancaria, o convirtindolos en subcontratistas. Los intereses de las naciones, cuando no los de las poblaciones, se vuelven contradictorios.

- El tercer pilar de una poltica keynesiana generadora de confianza, adems de la moneda y la fiscalidad, a saber, la poltica social, la bsqueda del pleno empleo y la extensin de la demanda por el consumo popular, se pasa sistemticamente en silencio, incluso por los reformadores. Sin duda a propsito.

4. A qu tiende la globalizacin?

Despus de todo, para qu reflexionar y debatir sobre el futuro de Europa o de su moneda (de la que varios pases han tomado distancia: Gran Bretaa, Polonia, Suecia), si no tenemos en cuenta las autnticas tendencias de la globalizacin? La crisis financiera, aunque su gestin poltica permanece fuera del alcance de las poblaciones y los Gobiernos a los que concierne, les va a aportar una tremenda aceleracin. De qu se trata? En primer lugar del paso de una forma de competencia a otra: los capitalismos productivos de los territorios nacionales en los que cada uno, a golpe de exenciones fiscales y abaratamiento del valor del trabajo, intenta atraer ms capitales flotantes que su vecino. Es obvio que el futuro poltico, social y cultural de Europa, y de cada pas en particular, depende de la cuestin de saber si Europa constituye un mecanismo de solidaridad y de defensa colectiva de sus poblaciones contra el riesgo sistmico o bien, por el contrario (con el apoyo de ciertos Estados momentneamente dominantes y de sus opiniones pblicas), un marco jurdico para intensificar la competencia entre sus miembros y entre sus ciudadanos. Pero se trata tambin, ms generalmente, de la forma en que la globalizacin est modificando la divisin del trabajo y la reparticin de los empleos en el mundo: en esta reestructuracin que invierte el Norte y el Sur, el Oeste y el Este, un nuevo incremento de las desigualdades y las exclusiones en Europa, la reduccin de las clases medias, la disminucin de los empleos cualificados y de las actividades productivas desprotegidas, la de los derechos sociales, as como la de las industrias culturales y la de los servicios pblicos universales ya estn, por as decirlo, programadas. Las resistencias a la integracin poltica con el pretexto de defensa de la soberana nacional slo pueden agravar las consecuencias para la mayora de las naciones y precipitar el regreso (ya muy avanzado) de los antagonismos raciales que Europa pretenda haber superado definitivamente. Pero, a la inversa, est claro que no habr integracin europea desde arriba por un mandato burocrtico sin un progreso democrtico en cada pas y en todo el continente.

5. Nacionalismo, populismo, democracia: Dnde est el peligro?, Dnde el recurso?

Se trata, pues, del fin de la Unin Europea, esta construccin cuya historia comenz hace 50 aos sobre la base de una vieja utopa y cuyas promesas no se han cumplido? No tengamos miedo de confesarlo: s, inevitablemente, antes o despus y no sin algunas violentas sacudidas previsibles, Europa morir como proyecto poltico a menos que consiga refundarse sobre nuevas bases. Su estallido entregara, todava ms, a los pueblos que la componen en la actualidad a los riesgos de la globalizacin, como despojos que lleva la corriente. Su refundacin no garantiza nada, pero le da algunas oportunidades de ejercer una fuerza geopoltica, en su beneficio y en el de los dems, a condicin de atreverse a afrontar los enormes retos de un federalismo de nuevo tipo. Dichos retos tienen nombres: poder pblico comunitario (diferente al mismo tiempo de un Estado y de un simple gobierno de polticos y expertos), igualdad entre las naciones (al contrario de los nacionalismos reactivos, tanto los de los fuertes como los de los dbiles) y renovacin de la democracia en el espacio europeo (en contra de la desdemocratizacin actual favorecida por el neoliberalismo y por el estatismo sin Estado de los gobiernos europeos colonizados por la casta burocrtica que est tambin, en gran medida, en el origen de la corrupcin pblica).

Hace mucho tiempo que se tendra que haber admitido esta evidencia: no se avanzar hacia el federalismo que se nos reclama ahora y que efectivamente es deseable sin un avance de la democracia ms all de sus formas actuales, y especialmente una intensificacin de la intervencin popular en las instituciones supranacionales. Es decir, que para revertir el curso de la historia, sacudir los vicios de una construccin sin resuello, hace falta ahora algo como un populismo europeo, un movimiento convergente de las masas o una insurreccin pacfica donde se expresen a la vez la ira de las vctimas de la crisis contra quienes se aprovechan de ella (e incluso la mantienen) y la exigencia de un control desde abajo de las transacciones entre las finanzas, los mercados y la poltica de los Estados? S, sin duda, porque no hay otro nombre para la politizacin del pueblo, pero a condicin si queremos conjurar otras catstrofes- de que se instituyan rigurosos controles constitucionales y de que renazcan las fuerzas polticas a escala europea que hagan prevalecer dentro de ese populismo postnacional una cultura, un imaginario e ideales democrticos firmes. Existe un riesgo, pero es menor que el de dejar va libre a los diversos nacionalismos.

6. La Izquierda en Europa? Qu izquierda?

Esas fuerzas constituyen lo que tradicionalmente, en este continente, se llama La Izquierda. Pero tambin sta se halla en estado de bancarrota poltica: nacional e internacionalmente. En el espacio que cuenta ahora, atravesando las fronteras, la izquierda ha perdido cualquier capacidad de representacin de las luchas sociales o de organizacin de movimientos de emancipacin; en general la izquierda estalineada con los dogmas y los razonamientos del neoliberalismo. En consecuencia se ha desintegrado ideolgicamente. Los que la encarnan, de nombre, slo son espectadores y, faltos de audiencia popular, comentaristas impotentes de una crisis a la que no proponen ninguna respuesta propia colectiva: nada tras el choque financiero de 2008, nada tras la aplicacin a Grecia de las recetas del FMI (que sin embargo se denunciaron vigorosamente en otros lugares y en otros tiempos), nada para salvar al euro de otra forma que sobre las espaldas de los trabajadores y de los consumidores, nada para realanzar el debate sobre la posibilidad y los objetivos de una Europa solidaria

Qu ocurrir, en estas condiciones, cuando entremos en las nuevas fases de la crisis que todava tienen que llegar? Cuando las polticas nacionales cada vez ms centradas en la seguridad se vacen de su contenido (o de su excusa) social? Movimientos de protesta, sin duda, pero aislados, eventualmente desviados hacia la violencia o recuperados por la xenofobia y el racismo, ya galopantes, que finalmente producen ms impotencia y ms desesperacin. Y sin embargo la derecha capitalista y nacionalista, si no permanece inactiva, potencialmente est dividida entre estrategias contradictorias: lo hemos visto a propsito de los dficits pblicos y de los planes de reactivacin, y lo veremos todava ms cuando est en juego la existencia de las instituciones europeas (como lo anuncia quiz la evolucin britnica). Entonces habr una oportunidad que hay que aprovechar, un resquicio. Esbozar y debatir lo que podra ser -lo que debera ser- una poltica anticrisis a escala europea, definida democrticamente, que camine sobre sus dos piernas (el gobierno econmico y la poltica social), capaz de eliminar la corrupcin y de reducir las desigualdades que la mantienen, de reestructurar las deudas y de promover los objetivos comunes que justifiquen los intercambios entre naciones solidarias entre s. sta es, en cualquier caso, la funcin de los intelectuales progresistas europeos, se declaren revolucionarios o reformistas. Y no tienen excusas para zafarse.

Nota de la traductora:

(1) Juego de cartas en el que se reparte un nmero impar de naipes con los que hay que formar parejas. Quien se queda al final con la carta impar pierde el juego.

Fuente: http://www.mediapart.fr/club/blog/etienne-balibar/240510/europe-crise-et-fin



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