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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-08-2010

Las mentiras de Hiroshima son las mentiras de hoy

John Pilger
Johnpilger.com


Cuando fui por primera vez a Hiroshima en 1967, an estaba all la sombra sobre los escalones. Era una impresin casi perfecta de un ser humano relajado: piernas separadas, espalda inclinada, una mano en el costado mientras esperaba sentada a que abriera el banco. A las ocho y cuarto de la maana del 6 de Agosto, su silueta y ella fueron lanzadas ardiendo contra el granito. Estuve mirando la sombra fijamente durante una hora o ms, luego baj andando hacia el ro y conoc a un hombre llamado Yukio, en cuyo pecho todava estaba grabado el dibujo de la camisa que llevaba cuando se lanz la bomba atmica.

l y su familia todava vivan en una casucha construida rpido y mal entre el polvo de un desierto atmico. En su descripcin hablaba de un relmpago enorme cayendo sobre la ciudad, una luz azulada, algo as como un cortocircuito, tras el cual el viento sopl como un tornado y cay una lluvia negra. "Fui lanzado al suelo y observ que slo quedaban los tallos de mis flores. Todo estaba quieto y en silencio, y cuando me levant, haba gente desnuda sin articular palabra. Algunos de ellos haban perdido la piel o el pelo. Supe con certeza que estaba muerto. Nueve aos despus, cuando volv a buscarle, haba muerto de leucemia.

En el periodo que sigui al lanzamiento de la bomba, las autoridades de ocupacin aliadas prohibieron toda mencin del envenenamiento por radiacin e insistieron en que las muertes o heridas fueron consecuencia slo del estallido de la bomba. sta fue la primera gran mentira. No hay radiactividad en la destruida Hiroshima deca la portada del New York Times, un clsico de la desinformacin y la abdicacin de los medios, que el periodista australiano Wilfred Burchett incluy como primicia del siglo. Escribo esto como advertencia a todo el mundo, informaba Burchett en el Daily Express, despus de llegar a Hiroshima tras un viaje peligroso. Fue el primer corresponsal que se atrevi. Describi salas de hospital llenas de gente sin heridas visibles, pero que estaba muriendo, de lo que l llam una epidemia atmica. Por contar esta verdad, le retiraron su acreditacin de prensa, fue expuesto pblicamente y difamado y justificado.

El uso de la bomba atmica en Hiroshima y Nagasaki fue un acto criminal de dimensiones picas. Fue un asesinato masivo premeditado que dio rienda suelta a un arma de criminalidad intrnseca. Por esa razn sus defensores han buscado refugio en la mitologa de la reciente guerra buena, cuyo bao (de sangre) tico, como Richard Drayton lo calific, ha permitido a Occidente no slo expiar su sangriento pasado imperialista, sino poner en marcha 60 aos de guerra voraz, siempre bajo la sombra de La bomba atmica.

La mentira ms perdurable es la de que la bomba atmica se lanz para acabar con la guerra en el Pacfico y salvar vidas. Incluso sin los ataques de la bomba atmica, conclua el informe estadounidense sobre armas nucleares de 1946, la supremaca area sobre Japn poda haber ejercido la suficiente presin para provocar una rendicin incondicional y obviar la necesidad de una invasin. Basndose en una investigacin detallada de todos los hechos, y respaldados por el testimonio de lderes japoneses supervivientes, el informe defiende que Japn se habra rendido aunque las bombas atmicas no se hubieran lanzado, aunque Rusia no hubiera entrado en la guerra y aunque no se hubiera planificado o contemplado invasin alguna

Ya en 1943 los archivos nacionales de Washington contienen documentos del gobierno estadounidense que recogen propuestas de paz japonesas. No se abord ninguna. Un cable enviado el 5 de Mayo de 1945 por el embajador alemn en Tokio e interceptado por EEUU despeja cualquier duda sobre el hecho de que los japoneses estuvieran desesperados por pedir la paz, incluso la capitulacin, aunque los trminos de la misma fueran duros. En cambio, el secretario de guerra estadounidense, Henry Stimson, dijo al presidente Truman que tema que la fuerza area estadounidense arrasara de tal manera Japn que esta nueva arma no pudiera mostrar su potencia. Despus admiti que no se hizo ningn esfuerzo ni se consider seriamente conseguir la rendicin de los japoneses por el mero hecho de no tener que usar la bomba. Sus compaeros en poltica exterior estaban ansiosos por intimidar a los rusos con la bomba que tan ostentosamente llevbamos en las caderas. El General Leslie Groves, director del proyecto Manhattan que fabric la bomba, testific: Nunca tuve la impresin de que Rusia fuera nuestro enemigo, ni de que el proyecto se basara en esas premisas. El da que Hiroshima fue arrasada, el presidente Truman expres su satisfaccin calificando el experimento como xito abrumador.

Desde 1945 se cree que EEUU ha estado a punto de usar armas nucleares al menos en tres ocasiones. Haciendo su falsa guerra contra el terror, los gobiernos actuales de Washington y Londres han declarado que estn preparados para realizar ataques nucleares preventivos contra Estados no nucleares. A medida que suenan las campanadas de medianoche de un Armagedn nuclear, las mentiras para justificar posibles ataques se vuelven ms escandalosas. La amenaza actual es Irn. Sin embargo, Irn no dispone de armas nucleares y la informacin errnea sobre su arsenal nuclear en proyecto procede en buena parte de un grupo de oposicin iran desacreditado financiado por la CIA, el MEK -al igual que las mentiras sobre las armas de destruccin masiva de Sadam Hussein procedentes del Congreso nacional iraqu, erigidas por Washington.

El papel desempeado por el periodismo occidental en erigir a este hombre de paja es crucial. Que la estimacin de la Inteligencia de Defensa de EEUU dice con gran confianza que Irn abandon su programa de armas nucleares en el 2003, eso se ha colocado en un lugar olvidado de la memoria. Que el presidente de Irn Mahmoud Ahmadinejad no ha amenazado nunca con borrar a Israel del mapa tampoco es de inters.

Esta sucesin de mentiras nos ha reportado una de las crisis nucleares ms peligrosas desde 1945, porque la amenaza real no se menciona en los crculos del sistema occidental ni en los medios. Hay slo una potencia nuclear desenfrenada en Oriente Medio, yes Israel. El heroico Mordechai Vanunu intent advertir al mundo en 1986 cuando obtuvo en secreto pruebas de que Israel estaba construyendo nada menos que 200 cabezas nucleares. Desafiando las resoluciones de las Naciones Unidas, Israel est claramente impaciente por atacar Irn, con el temor de que una nueva administracin estadounidense pudiera llevar a cabo autnticas negociaciones con una nacin que Occidente lleva profanando desde que Gran Bretaa y Amrica derrocaron la democracia iran en 1953.

En el New York Times del 18 de Julio, el historiador israel Benny Morris, una vez considerado liberal y ahora un asesor del sistema poltico y militar de su pas, amenaz con un Irn convertido en un desierto nuclear. Esto sera una masacre. Para un judo, resulta escandalosamente irnico.

Y nos debemos preguntar: vamos a convertirnos en meros testigos, argumentando, como hicieron los buenos alemanes, que no tenamos conocimiento? Nos escondemos cada vez ms detrs de lo que Richard Falk ha denominado una pantalla legal/ moral, en un slo sentido, con pretensiones de superioridad moral [con] imgenes positivas de los valores occidentales donde la inocencia se representa amenazada, dando validez a una campaa de violencia incontrolada? Capturar criminales de guerra vuelve a estar de moda. Radovan Karadzic est en el banquillo de los acusados, pero Sharon y Olmert, Bush y Blair no. Por qu no? La memoria de Hiroshima necesita una respuesta.

Traducido por Rosa Moya para la Agenda Roja

Fuente: http://www.johnpilger.com/page.asp?partid=499

rCR



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