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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-09-2010

Por qu hay que proteger a Wikileaks

John Pilger
New Estatesman

En su ltima columna publicada en el semanario britnico New Statesman, John Pilger describe la importancia de Wikileaks como una nueva e intrpida forma de periodismo de investigacin que amenaza tanto a los belicistas como a sus apologistas, especialmente a los periodistas que no son ms que taqugrafos del Estado.


El 26 de julio Wikileaks public miles de archivos militares secretos norteamericanos sobre la guerra de Afganistn, en los que se documentaban operaciones de encubrimiento, una unidad secreta de asesinatos y la muerte de civiles. Archivo tras archivo, las brutalidades resuenan con eco colonial. De Malaya y Vietnam al Domingo Sangriento [en Derry, en Irlanda del norte] y Basora, poco ha cambiado. La diferencia estriba en que hoy hay un modo extraordinario de saber de qu modo se hacen en nuestro nombre estragos en lejanos pases a modo de rutina. Wikileaks ha conseguido los registros de seis aos de asesinatos de civiles tanto en Afganistn como en Irak, de los cuales lo publicado en The Guardian, Der Spiegel y el New York Times no son ms que una pequea porcin.

Como es comprensible, hay una histeria sonada que exige que se d caza y se ponga a disposicin al fundador de Wikileaks, Julian Assange. En Washington entrevist a un alto funcionario del Departamento de Defensa y le pregunt: Puede usted garantizarme que los editores de Wikileaks su editor en jefe, que no es norteamericano, no se vern sometidos a la caza del hombre sobre la que leemos en la prensa? Respondi: No es ocupacin ma dar garantas de nada. Me remiti a la investigacin criminal en curso sobre un soldado norteamericano, Bradley Manning, presunto filtrador. En una nacin que arguye que su constitucin protege a los que dicen la verdad, el gobierno de Obama persigue y procesa a ms filtradores que cualquiera de sus modernos antecesores. Un documento del Pentgono declara sin rodeos que la inteligencia norteamericana tiene la intencin de marginar mortalmente a Wikileaks. La tctica preferida consiste en la calumnia, con los periodistas empresariales siempre dispuestos a desempear su papel. [1]

El 31 de julio, la clebre reportera norteamericana Christiane Amanapour entrevist al Secretario de Defensa, Robert Gates, en la cadena ABC. Invit a Gates a que diera a los espectadores una idea de su enojo a causa de Wikileaks. Se haca eco as de la lnea del Pentgono segn la cual esta filtracin tiene las manos manchadas de sangre, dando as pie a Gates para que encontrase a Wikileaks reo de culpabilidad moral. Tal hipocresa proveniente de un rgimen empapado de la sangre del pueblo de Afganistn e Irak como dejan claro sus propios archivos no es aparentemente razn para la investigacin periodstica. Apenas si resulta sorprendente hoy que una nueva e intrpida forma de sealar responsabilidades pblicas, como la que representa Wikileaks, amenace no slo a los belicistas sino a sus apologistas. Su actual propaganda estriba en decir que Wikileaks es irresponsable. Este mismo ao, antes de dar publicidad al video tomado desde la cabina de un helicptero de combate norteamericano Apache, en el que se mostraba a diecinueve civiles muertos en Irak entre los que se contaban periodistas y nios, Wikileaks envi gente a Bagdad para dar con las familias a fin de tenerlas preparadas. Antes de la publicacin el mes pasado de los archivos concernientes a la guerra de Afganistn, Wikileaks escribi a la Casa Blanca pidiendo que identificaran aquellos nombres que pudieran sufrir represalias. Quedaron sin publicar ms de 15.000 archivos y no lo sern, afirma Assange, hasta que hayan sido examinados rengln por rengln para borrar los nombres de quienes pudieran estar en peligro.

La presin sobre Assange parece implacable. En su pas natal, la responsable de poltica exterior de la oposicin, Julie Bishop, ha declarado que si su coalicin derechista gana las elecciones el 21 de agosto, [2] se proceder a las acciones apropiadas en caso de que un ciudadano australiano haya llevado a cabo deliberadamente una actividad que pudiera poner en riesgo las vidas de las fuerzas australianas en Afganistn o socavar nuestras operaciones de cualquier modo. El papel de Australia en Afganistn, efectivamente de mercenario al servicio de Washington, ha tenido dos sorprendentes resultados: la matanza de cinco nios en una aldea de la provincia de Oruzgan y la abrumadora desaprobacin de la mayora de los australianos.

En mayo pasado, tras la publicacin de la filmacin del Apache, Assange vio cmo le confiscaban temporalmente su pasaporte australiano al volver a su pas. El gobierno laborista de Canberra niega haber recibido la peticin de Washington de detenerle y espiar a la red de Wikileaks. El gobierno de Cameron niega tambin lo mismo. Pero seran capaces, verdad? Assange, que vino a Londres el mes pasado para trabajar en la revelacin de los archivos blicos de Afganistn, ha tenido que abandonar Gran Bretaa apresuradamente en busca, tal como l dice, de climas ms seguros.

El 16 de agosto, el diario The Guardian, citando a Daniel Ellsberg, [3] describi al gran denunciante israel Mordejai Vanunu como hroe primordial de la era nuclear. Vanunu, que alert al mundo sobre las armas nucleares secretas de Israel, fue secuestrado por los israels y encarcelado durante 18 aos al quedar sin proteccin del diario londinense Sunday Times, que haba publicado los documentos que les proporcion. In 1983, otra heroica denunciante, Sarah Tisdall, una empleada de las oficinas del Foreign Office [Ministerio de Exteriores britnico], envi al Guardian documentos que revelaban que el gobierno de Thatcher planeaba marear la perdiz respecto a la llegada de misiles Cruise norteamericanos a Gran Bretaa. The Guardian cumpli la orden de entregar los documentos y Tisdall acab en la crcel.

En cierto sentido, las revelaciones de Wikileaks avergenzan al sector dominante del periodismo dedicado simplemente a tomar nota de lo que quiera contarle un poder cnico y maligno. Y eso es taquigrafa de Estado, no periodismo. Consltese la pgina de Wikileaks y se podr leer un documento del ministerio de Defensa que describe la amenaza que supone el periodismo de verdad. Y una amenaza es lo que debera constituir. Tras publicar la habilidosa denuncia de Wikileaks de una guerra que es una estafa, el Guardian debera conceder su ms potente apoyo editorial sin reservas a la proteccin de Julian Assange y sus colegas, cuya forma de contar la verdad es tan importante como cualquiera de la que yo haya tenido experiencia en el curso de mi vida.

Me gusta la seca agudeza de Julian Assange. Cuando le pregunt si resultaba ms difcil publicar informacin secreta en Gran Bretaa, me respondi que cuando examinamos documentos catalogados bajo la Ley de Secretos Oficiales, vemos que establecen que es un delito retener la informacin y es un delito destruirla. De modo que la nica opcin posible que nos queda es publicar la informacin.

NOTAS T.: [1] Prueba de ello son las acusaciones de violacin y acoso sexual contra Assange en Suecia, recogidas por la prensa del pas el sbado 21 de agosto, y que se retiraron casi de inmediato. [2] En el momento de concluir la versin traducida de este artculo, el resultado de las elecciones australianas no daba un claro vencedor, haciendo presagiar un gobierno de coalicin. [3] Recurdese que fue Ellsberg quien filtr al New York Times los celebrrimos Documentos del Pentgono sobre la guerra de Vietnam en 1970.

John Pilger, nacido en 1939 en Australia, es uno de los ms prestigiosos documentalistas y corresponsales de guerra del mundo anglosajn. Particularmente renombrados son sus trabajos sobre Vietnam, Birmania y Timor, adems de los realizados sobre Camboya, como Year Zero: The Silent Death of Cambodia y Cambodia: The Betrayal.

Traduccin para www.sinpermiso.info Lucas Antn ( http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3540)

Fuente original: http://www.newstatesman.com/international-politics/2010/08/pilger-wikileaks-afghanistan



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