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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-09-2010

Cien mil vctimas directas de una guerra civil no declarada
Mexico, pas cementerio

Juan Carlos Camao
ALAI


Cualquiera, y todos, pueden ser asesinados. As de simple y tremendo a la vez. Los puestos de venta de diarios y revistas, en distintas ciudades de Mxico, chorrean sangre desde las portadas, matizadas con alguna modelito desnuda o semidesnuda.

Si esto sigue as tendremos que irnos a otro pas, se escucha decir a algunas gentes que creen que todava el Distrito Federal no ha sido ganado por la guerra. Aunque en su periferia no han faltado cadveres, montados arriba de otros, con leyendas que advierten que las batallas recin comienzan. Queda mucho por matar y poco dnde guarecerse, si se observan la militarizacin creciente y los millones de personas que para salvar el da a da deben ir pasando a gusto, o a disgusto, a las filas de los contendores, o, mientras puedan, caminar por la cornisa neutral sin que una bala, no tan perdida, se los lleve por delante.

Mxico qued encapsulado en una trampa mortal. Por sus tierras se pasean fuerzas del ejrcito y policiales, divididas en bandos que confrontan. Paramilitares, parapoliciales, sicarios orgnicos e improvisados; agentes soterrados y de superficie de la CIA y la DEA; comandos de elites dependientes del gobierno de Felipe Caldern y las Compaas de la Muerte S.A. encargadas de trasegar inmigrantes de un lado a otro.

Recordemos que en los ltimos diez aos segn cifras que repican por distintos medios, dentro y fuera de Mxico, fueron desaparecidas unas sesenta mil personas, la mayora mexicanas y mexicanos y muchas otras provenientes de pases centroamericanos, que nunca llegaron a destino, sea el de ida: EE.UU, o el de regreso: a sus casas, luego de haberse arrepentido cuando estaban a mitad de camino de uno y otro punto.

Entre asesinados y desaparecidos, tomando como medida las ltimas tres dcadas, se puede arriesgar sin salirse siquiera de las cantidades que se conocen como revelaciones oficiales que en Mxico ha habido aproximadamente cien mil vctimas directas de una guerra civil no declarada como tal, ni admitida, incluso, por no pocos de aquellos que la padecen a diario. Una guerra civil, en la que EE.UU. tiene una enorme injerencia y graves responsabilidades, que vienen de lejos en el tiempo y se ahondaron con el Tratado de Libre Comercio (TLC): componendas y negocios que, como lo denunciaran miles de trabajadores mexicanos, no fueron ms que parte de las atrocidades econmicas y sociales, afines a las recetas neoliberales.

Tirando de esa cuerda, con la inestimable ayuda del ex presidente Vicente Fox un ttere grandulln de George W. Bush EE.UU., que no pudo clavar el ALCA en el corazn del conjunto de la regin, aceler el desangre de un pas que con una poblacin de ms de ciento diez millones de habitantes, lo nico que vio crecer, tras el acuerdo, fue la economa informal y amplios bolsones de miseria lacerante. Caldo de cultivo, innegable, de violencia, en este caso: armada hasta los dientes y signada por la ferocidad que impone toda lucha por el final del botn, o el principio del control total del mercado. El del petrleo, las drogas duras y blandas y los nichos de negocios selectos, para clases tambin selectas.

En el Pas Cementerio, as como se muerde el polvo de la derrota en la esquina menos pensada, se puede, an, sorberse unos tragos en los cafetines con terrazas, tipo Pars, cerca del monumento a Benito Jurez. As, como si tal cosa; como si todo fuera ajeno, hasta el da en que llega la noticia de una vctima cercana.

Como suele ocurrir en el mundo entero, ahora en Mxico hay mexicanos a los que su propio pas, con esa escalofriante ristra de muertos y desaparecidos, les queda demasiado distante. Los archiconocidos contrastes sociales entre ricos y pobres siempre expuestos en una urbanizacin que no disimula nada se han acentuado. La pretensin de la topadora yanqui quizs se salga con las suyas: demostrar que Mxico se sumerge en la categora de inviable. Pas fallido. Estado fallido. Y, entonces, ms brutalmente que hoy, se le facilitara a EE.UU. una intervencin directa sobre una sociedad descuartizada.

Nada ms y nada menos que eso es lo que est en juego en una realidad de tierra, aparentemente, de nadie. Slo aparentemente.

Hay organizaciones de derechos humanos y de periodistas entre stas la Federacin de Asociaciones de Periodistas de Mxico, FAPERMEX, que aseguran que del total de asesinatos a periodistas y otros, ocurridos en los ltimos tres aos, el seis por ciento est vinculado a represalias ejecutadas por el narcotrfico en sus diferentes versiones. Y que en el porcentaje ms alto de crmenes por arriba del treinta por ciento estn implicadas las fuerzas armadas que, en teora, responden al poder poltico. Y otras fuerzas, tan armadas como las institucionales, de neto corte paraestatal: grupos con status de autnomos.

Quin pondr fin a una carnicera que corre el riesgo de naturalizarse como sistema de vida?

Si no llegaran a ser las fuerzas polticas y sociales ms progresistas de Mxico y de la sociedad mundial, entonces los brbaros guerreristas, amarrados al diagrama global del caos, pergeado por el Pentgono, lo harn a su manera. Destrozndolo todo menos sus negocios. Entre stos, los de la reconstruccin, a manos de las mismas empresas que hoy azuzan la muerte.

Sin dudas asistimos a una muestra ms del nico futuro posible que nos propone el actual crculo vicioso de la reproduccin capitalista y la expansin imperialista.

* Juan Carlos Camao es presidente de la Federacin Latinoamericana de Periodistas (FELAP).

- Fuente: http://alainet.org/



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