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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-11-2010

No es nada personal
Segundo recuerdo contra Mario Vargas Llosa

Matas Escalera Cordero
Diagonal

Cre que se haban olvidado de m텔 Con estas palabras, segn los peridicos, recibi Mario Vargas Llosa la noticia del Nobel. As comenzaba tambin el primer recuerdo contra el escritor peruano del autor de este artculo. En este segundo acercamiento a la figura de Vargas Llosa, Matas Escalera vuelve a desmontar el mito en torno a la figura del flamante premio Nobel de Literatura.


Debido al eco obtenido por el primer artculo, titulado Un recuerdo contra Mario Vargas Llosa, publicado en DIAGONAL, y por alguno de los comentarios que ha suscitado, creo conveniente aclarar y ampliar varios de los considerandos esgrimidos en l; empezando por lo evidente, no es la persona lo que me interesa. Muy pocas veces creo que nunca por escrito, hasta la fecha, he juzgado el carcter de nadie; es al hombre pblico a sus conductas pblicas y estrictamente polticas, y al escritor, esto es, a su obra escrita, a los que me enfrento pblicamente. De hecho, Mario Vargas Llosa es una persona, por lo general, fina y educada sea lo que sea lo que entendamos por ambos vocablos, y descartado el contenido de clase que conllevan; lo era incluso cuando daba, impecablemente trajeado, sus mtines a los menesterosos campesinos de las aldeas peruanas, durante las campaas electorales segn cuentan aquellos que los presenciaron; de hecho, el que quisiese hablar conmigo, un joven profesor, por aquel entonces que no era nadie y al que no conoca de nada, de un modo tan franco y abierto, es de resaltar y agradecer.

No era, pues, la persona, sino sus actos y su obra pblica y publicada, el objeto del anterior artculo, como lo es el de ste. No se trata tampoco de una cuestin moral: en absoluto. Se trata de dilucidar qu es lo que ha echado a perder una escritura como aquella de sus primeros libros; por ms destellos geniales que pueda haber en lo que escribe y ha escrito despus de Conversacin en La Catedral. Nadie puede perder, aunque se lo proponga, todas sus virtudes; pero la fuerza y el sentido que el compromiso con la realidad y la propia escritura da a una obra literaria, esa se perdi irremediablemente.

En algunos artculos y escritos que he ledo en estas semanas, se hacen valoraciones de la trayectoria y de la curva que describe la obra de Vargas Llosa que coinciden aparentemente con lo dicho hasta ahora: cmo hay un momento en que su obra pierde, en efecto, inters y fuelle; pero el punto de partida de la mayora de esos trabajos es otro y las causas establecidas, distintas; y es que, por lo general, no se precisan ni el alcance ni el significado de los trminos que se utilizan, como, por ejemplo, el significado entre nebuloso y tpico de la palabra compromiso; o la intil pretensin de rehuir el debate ideolgico en el anlisis crtico de una obra literaria; cuando es precisamente la ideologa, o ms propiamente la posicin subjetiva desde la que se realiza el acto de escribir, lo que explica precisamente algunas de las decisiones tcnicas y estilsticas ms importantes en la obra de un autor; como es el cambio de estatus en el narrador que se detecta en las novelas de Vargas Llosa, y que, a grandes rasgos, ira de un narrador predominantemente dialgico y dialctico, en sus primeras obras las ms recordadas y alabadas, a otro de tipo unvoco y autoritario, que viene a coincidir y no casualmente con el giro copernicano que tiene lugar en el objetivo mismo de su escritura: que, resumiendo, ira desde el intento de determinar las claves de la realidad material, social, poltica e histrica, a partir de los conflictos e historias individuales, al principio; hasta la reduccin de la realidad material, social, poltica e histrica a meros conflictos e historias individuales.

Y he aqu lo verdaderamente significativo, que este giro, este proceso de deshistorizacin de la escritura; esta reduccin de lo material e histrico a lo puramente individual, se da invariablemente en todos aquellos novelistas y escritores que se deciden por la mera bsqueda del xito en su carrera literaria, as como del reconocimiento y del lucro consiguientes objetivo por lo comn ms acorde, es cierto, con sus orgenes de clase, y que necesitan, por ello, acomodarse a las leyes del mercado. Vase, si no, el caso paradigmtico pero no nico, en la reciente novela espaola, de un Javier Cercas, y su lgico y candoroso panegrico al maestro menospreciado por la izquierda!, en el diario El Pas del pasado 17 de octubre.

Las posiciones subjetivas respecto de la realidad, igual que las coberturas ideolgicas con que se justifican, condicionan irremediablemente la escritura; el compromiso, entendido este como la sujecin racionalizada, o no a los intereses materiales de una clase o de un grupo social (a cualquiera de las que o los que compiten de modo efectivo en la realidad material e histrica), o a sus mundos simblicos esto es importante, no slo es inevitable, sino que explica las decisiones escriturales literarias, en este caso que tom Vargas Llosa en su momento; o las que hemos tomado, o tomamos, todos cuantos competimos en el dominio especfico de lo literario y lo escritural. Y quien no quiera verlo es que est ciego, o se hace el ciego.

Ms all de la ancdota y del desencuentro personal, esa pattica necesidad de premios y de reconocimiento, de la que hablbamos en el primer artculo, como esa prosa exquisita, tan universalmente alabada; o esa mirada entomolgica y omnisciente del autor que, amparado en una tica humanista de clase, y, por tanto, de distincin, contempla de forma condescendiente el pecado de ser humano atado al brutal hecho de existir y reproducirse, tal y como hacen las clases subalternas, de la que habla un querido compaero mo en las tareas de Tierradenadie Ediciones, Mario Domnguez; tan propia de ese segundo Vargas Llosa que denunciamos, y tan cercana en muchos aspectos a la mirada dominante en cierta novela fascista de nuestra posguerra, especialmente en aquellas obras que exponan justamente la brutalidad del momento, como La colmena, de Cela, segn me seala tambin mi compaero Mario Domnguez; esa mirada distanciada y entomolgica, tan distinta de aquella primera mirada tan cercana y explicativa que descubr, siendo joven, en Los cachorros o en La ciudad y los perros, no es ms que la ideologa hecha literatura, mrese por donde se mire.

En tal sentido habra que considerar tambin, como sntomas incontestables de ese giro copernicano, tanto su elogio de la mentira, del que hablamos en el primer artculo; como ese caracterstico abuso de la imaginacin creativa en la manipulacin y en la efectiva deshistorizacin de los hechos narrados, tan ejemplarmente llevada a cabo, con respecto al protagonista y a la obra de referencia, Os sertoes, en La guerra del fin del mundo; o, de otro modo, en La fiesta del chivo, en la que el papel jugado por los Estados Unidos queda efectivamente ausente.

En La guerra del fin del mundo, que trata del levantamiento realista de los campesinos liderados por Antonio Conselheiro, por qu ese tratamiento degradado del personaje del intelectual Euclides da Cunha?, se pregunta Walnice Nogueira Galvan, especialista en la obra de Euclides da Cunha; para la que resulta tal degradacin tan incomprensible como intencionada; en una novela, por lo dems, que, en palabras de la profesora brasilea, se toma una obra de arte, Os sertoes, un monumento, y algo complejsimo, y se transforma en un simple best-seller, quitndole toda la complejidad, transformndola en algo banal

Margaret Thatcher, el lder poltico en el que Mario Vargas Llosa se mir durante aos, nos da una de las claves del asunto con una de las sentencias que mejor ha expresado y resumido lo que es el neoliberalismo: la sociedad no existe, slo existe el individuo. Ha quedado claro? Si no es as, veamos lo que Beln Gopegui escribi acerca de La fiesta del chivo en su extraordinario artculo "Literatura y poltica bajo el capitalismo", en 2005: en estos momentos el capitalismo no necesita tanto explicitar sus demandas pero, si lo necesitara, habra formulado el encargo ms o menos as: Conviene que quien en su da defendi la literatura como una forma de insurreccin permanente, y hoy est claramente al servicio del llamado neoliberalismo, escriba una novela sobre una dictadura latinoamericana. Conviene que se trate de una dictadura antigua, sobre la que ya se hayan cerrado tericamente las heridas. Conviene distanciar esa dictadura de los Estados Unidos lo ms posible aunque sin incurrir en mentiras gruesas puesto que hay hechos que ya son de dominio pblico/ convirtiendo cualquier acto de resistencia en fruto de la inquina o la venganza personal. Se le sugiere, puesto que al fin y al cabo no le llevar mucho trabajo, haga de un personaje cercano a Trujillo un simpatizante de Fidel Castro. Alguien particularmente abyecto, por ejemplo el jefe de la polica poltica, el mximo torturador. Si la verdad histrica dice que ese hombre form parte de una operacin encubierta de la CIA contra Fidel Castro no la mencione, en este caso no es demasiado conocida. Lo est ya?

Veamos, no obstante, otras expresiones sintomticas del mismo proceso, esta vez, en la faceta de crtico, de lector de lectores, con esa interpretacin puramente escapista que hace nuestro autor de la obra y de la figura de Juan Carlos Onetti; excelente paradigma, donde los haya, y ejemplo ltimo de los lmites y de las servidumbres a los que se ve sometido un escritor e intelectual que renuncia al compromiso con la realidad y con su propia escritura, a cambio de una carrera literaria llena de xito y de premios. Del ttulo del libro, El viaje a la ficcin (2008), en el que se toma y utiliza como mera coartada a Onetti, Vargas Llosa ha dicho lo siguiente: la respuesta a la derrota cotidiana es la imaginacin: huir hacia un mundo de fantasa. Es decir, aquella operacin de donde naci la literatura, por la que existe la literatura y por eso el ttulo del libro. De veras es la fantasa y la imaginacin la nica respuesta a las derrotas? Y la inteligencia racional, o el anlisis crtico de las causas, o la irona movilizadora, o la accin? S, qu pasa con la accin liberadora, la descartamos? Descartmosla, nos despeinaremos y perderemos la compostura, o el nudo de la corbata, o la prosa exquisita, o los premios, o el reconocimiento. La irona, qu pasa con la irona.

Nos dejamos en el tintero otros muchos aspectos indeseables del escritor que ha llegado a ser y del hombre pblico Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura, autor respetado y reconocido, poltico, idelogo y articulista; como su vergonzosa posicin respecto de la guerra de Iraq, y la posterior explotacin periodstica y meditica que hizo de la misma, mediante sus bien pagadas crnicas, autnticos trofeos de guerra; para eso les dejo y les recomiendo la lectura del captulo correspondiente del libro de Santiago Alba Rico, Crmenes de guerra (Madrid, 2003) (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=114511).

Cartografa de las estructuras de poder e imgenes vigorosas sobre la resistencia individual frente al poder. Son los argumentos de la Academia sueca, pero realmente sucede as? Es el individuo la medida de la Historia? Hacemos solos, por nuestra cuenta, aislados de los dems, la realidad? Los modos de produccin capitalista nos oprimen a nosotros solos? Nos liberaremos de ellos solos? Tena razn Margaret Thatcher? Tiene razn el Tea Party? O ser la imaginacin y la fantasa las que nos salven.

Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/No-es-nada-personal-Segundo.html


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