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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-11-2010

Nobel de la guerra para los seores del "Nobel de la Paz"

Domenico Losurdo
Red Voltaire


Un recio debate se ha desatado en Australia en las ltimas semanas. En un artculo publicado en Quartely Essay y del que se adelantaron algunos aspectos en el The Australian, Hugh White lanz un llamado de advertencia sobre una serie de inquietantes procesos actualmente en marcha: ante el ascenso de China, Washington est respondiendo con la tradicional poltica de containment (se puede traducir como poltica de contencin), mediante el amenazante fortalecimiento de su potencial y sus alianzas militares.

En respuesta, Pekn no se deja intimidar ni contener. Todo lo anterior puede provocar en Asia una polarizacin de alianzas adversarias y dar lugar al surgimiento de un riesgo real y creciente de guerra de grandes proporciones e incluso de guerra nuclear. El autor de esta advertencia est lejos de ser un don Nadie. Tiene en su aval una larga carrera como analista en cuestiones de defensa y de poltica exterior y forma parte, en cierta forma, del establishment intelectual. No por casualidad su artculo ha desatado un debate nacional, en el que tambin ha participado la primera ministra, Julia Gillard, quien ha reafirmado la necesidad del vnculo privilegiado con Estados Unidos.

Pero los sectores extremistas australianos han ido mucho ms lejos al afirmar que hay que comprometerse a fondo con una Gran Alianza de las democracias contra los dspotas de Pekn. No queda duda alguna. La ideologa de la guerra contra China se basa en una ideologa existente desde hace mucho que justifica y hasta celebra las agresiones militares y las guerras de Occidente en nombre de la democracia y de los derechos humanos.

Y ahora resulta que se otorga el Premio Nobel de la Paz al disidente chino Liu Xiaobo. Esa maniobra no poda producirse en momento ms oportuno, sobre todo teniendo en cuenta la amenaza de guerra comercial esgrimida contra China, ahora de manera abierta y solemne, por el Congreso de Estados Unidos.

China, Irn y Palestina

Entre los primeros en felicitarse por la seleccin de los seores de Oslo estuvo la seora Shirin Ebadi, quien inmediatamente aadi an ms sal a la sopa: China no slo es un pas que viola los derechos humanos. Es tambin un pas que apoya y ayuda a numerosos regmenes que los violan, como los que estn en el poder en Sudn, en Birmania, Corea del Norte, Irn Agreg adems que es un pas responsable de la gran explotacin de los obreros. Por lo tanto, hay que boicotear los productos chinos y limitar al mximo los intercambios econmicos y comerciales con China [1].

Digmoslo una vez ms: la contribucin a la ideologa de la guerra emprendida en nombre de la democracia y de los derechos humanos no puede ser ms clara, y la declaracin de guerra comercial es evidente. Entonces, por qu se le otorg el Premio Nobel de la Paz en 2003 a Shirin Ebadi? Se le dio ese premio a una seora cuya visin de las relaciones internacionales es maniquea. En su lista de violaciones de los derechos humanos no hay cabida para Abu Ghraib ni para Guantnamo, ni para los bombardeos y guerras desatados con pretextos falsos y mentiras, ni para el uranio empobrecido, ni para los embargos con caractersticas genocidas que desafan a la aplastante mayora de los miembros de la ONU y de la comunidad internacional

En cuanto a la gran explotacin de los obreros en China, es indudable que Shirin Ebadi habla a tontas y a locas. El gran pas asitico ha salvado a cientos de miles de mujeres y hombres del hambre a la que haban sido condenados, en primer lugar, por la agresin y por el embargo que haba proclamado Occidente.

En estos das se puede leer en todos los rganos de prensa que los salarios de los obreros estn progresando a un ritmo bastante rpido. En todo caso, si bien el bloqueo contra Cuba afecta exclusivamente a los habitantes de esa isla, un posible embargo contra China provocara una crisis econmica planetaria, con consecuencias devastadoras incluso para las masas populares occidentales, y habra que decirle adis a los derechos humanos (o por lo menos a los derechos econmicos y sociales).

No cabe duda. La seora que recibi el Premio Nobel de la Paz en 2003 es una ideloga de la guerra, mediocre y provinciana. Quisieron acaso recompensar as a una activista que, no en el plano internacional pero s al menos dentro de Irn, afirma ser una defensora de los derechos humanos? De ser esa la intencin de los seores de Oslo, habran tenido que darle el premio Nobel a Mohamed Mosadegh, el hombre que, a principios de los aos 1950, se comprometi a construir un Irn democrtico pero que, por atreverse a nacionalizar la industria petrolera, fue derrocado mediante un golpe de Estado organizado por Gran Bretaa y Estados Unidos, los mismos pases que hoy se erigen en campeones de la democracia y de los derechos humanos.

Acaso trataron los seores de Oslo de recompensar a algn valiente opositor de la feroz dictadura del chah, que cont con el apoyo de los habituales pero improbables campeones de la causa de la democracia y de los derechos humanos? Por qu le dieron entonces el Premio Nobel de la Paz a Shirin Ebadi en 2003?

En aquel momento, mientras el interminable martirio del pueblo palestino se recrudeca an ms, ya se perfilaba claramente la cruzada contra Irn.

Atribuir un reconocimiento a una militante palestina hubiese sido una verdadera contribucin a la causa de la distensin y de la paz en el Medio Oriente.

No hay acaso militantes palestinos no violentos?

Es difcil calificar de no violento a Obama, el lder de un pas que est metido en varias guerras a la vez y que gasta en armamento, l slo, tanto dinero como todos los dems pases del mundo juntos. En todo caso, en Palestina no escasean los no violentos, y son no violentos todos los militantes que desde todo el mundo llegan a Palestina para defender a sus habitantes contra una abrumadora violencia y que han sido incluso aplastados por los tanques o los buldzeres del ejrcito ocupante.

Sin embargo, los seores de Oslo prefirieron recompensar a una militante que desde entonces no ha dejado de atizar el fuego de la guerra contra Irn, en primer lugar, y que ahora hace lo mismo contra China. Luego de la consagracin y la transfiguracin de Liu Xiaobo, el presidente estadounidense intervino rpidamente, y pidi la liberacin inmediata del disidente.

Por qu no libera, mientras tanto, a los detenidos sin juicio que se encuentran en Guantnamo? O por qu no presiona al menos a favor de la liberacin de los innumerables palestinos, que a veces son apenas adolescentes, encarcelados por Israel, como reconoce incluso la prensa occidental, en espantosos complejos carcelarios?

Los seores de Oslo, Estados Unidos y China

Obama es otro caso de Premio Nobel de la Paz que rene caractersticas bastante singulares. Cuando lo recibi, el ao pasado, haba declarado que tena intenciones de reforzar la presencia militar de Estados Unidos y la OTAN en Afganistn y de impulsar las operaciones de guerra.

Ya despus de recibir el espaldarazo que constituye el prestigioso reconocimiento que haba recibido en Oslo, Obama fue fiel a su palabra. Son ahora ms numerosos que en la poca de Bush los escuadrones de la muerte que, desde el cielo, eliminan terroristas, potenciales terroristas y sospechosos de terrorismo.

Los helicpteros y aviones sin piloto que se desempean como escuadrones de la muerte son tambin numerosos en Pakistn, como tambin son numerosas las vctimas colaterales que provocan. La indignacin popular es tan grande y se extiende tanto que hasta los propios gobernantes de Kabul e Islamabad se sienten obligados a protestar ante Washington. Pero Obama no se deja impresionar. Y sigue exhibiendo su Premio Nobel de la Paz!

En estos ltimos das se filtr una noticia escalofriante. Hay en Afganistn militares estadounidenses que matan civiles inocentes por diversin y que conservan alguna parte del cuerpo de sus vctimas como recuerdo de caza. La administracin estadounidense se apresur inmediatamente a bloquear la difusin de ms detalles y, sobre todo, de las fotos.

Conmocionada, la opinin pblica estadounidense e internacional hubiese podido decidirse a presionar por el fin de la guerra en Afganistn. Para poder continuar esa guerra, y hacerla an ms dura, el Premio Nobel de la Paz prefiri asestar tambin un golpe a la libertad de prensa.

Tambin podemos hacer aqu una observacin de carcter general. Durante el siglo 20, Estados Unidos es el pas que ms repetidamente ha visto a sus estadistas recibir el Premio Nobel de la Paz:

- Theodore Roosevelt, el mismo que estimaba que el nico indio bueno era un indio muerto;

- Henry Kissinger, el protagonista del golpe de Estado en Chile y de la guerra de Vietnam;

- James Carter, el promotor del boicot contra los Juegos Olmpicos de Mosc, en 1980, y de la prohibicin de exportar trigo a la URSS cuando la intervencin en Afganistn contra los freedom fighters musulmanes; y

- Barack Obama, quien ahora interviene contra los freedoms fighters convertidos entretanto en terroristas y utiliza contra ellos una monstruosa maquinaria de guerra.

Veamos ahora, por otro lado, cmo se posicionan los seores de Oslo cuando se trata de China. Ese pas, que representa a una cuarta parte de la humanidad, no se ha visto implicado en ninguna guerra en los ltimos 30 aos y ha promovido un desarrollo econmico que al liberar de la miseria y el hambre a cientos de millones de hombres y mujeres les ha dado acceso, en todo caso, a los derechos econmicos y sociales.

Pero los seores de Oslo slo se han dignado a tomar en cuenta a ese pas para otorgar tres premios a tres disidentes: en 1989, le entregaron el Premio Nobel de la Paz al 14 Dalai Lama, quien abandon China hace ya 30 aos;

- en 2000 le dieron el Nbel de literatura a Gao Xingjan, escritor que ya por entonces era ciudadano francs;

- en 2010 le otorgan el Premio Nobel de la Paz a otro disidente que, despus de haber vivido en Estados Unidos e impartido clases en la Universidad de Columbia, regresa a China rpidamente [2] para participar en la revuelta (ciertamente no pacfica) de la Plaza Tiananmen.

An hoy en da, ese personaje habla de su pueblo de la siguiente manera: Nosotros los chinos, tan brutales [3]. O sea, para los seores de Oslo la causa de la paz est representada por un pas (Estados Unidos) que se cree a menudo investido de la divina misin de guiar el mundo, que ha instalado y sigue instalando amenazadoras bases militares a travs de todo el planeta.

Pero en China, que no tiene ninguna base militar en el extranjero, pas con una civilizacin milenaria y que al cabo de un siglo de humillaciones y de miseria impuestos por el capitalismo est recuperando su antiguo esplendor, los representantes de la causa de la paz y de la cultura son slo tres disidentes que ya no tienen mucho que ver con el pueblo chino y que ven a Occidente como el nico faro que ilumina el mundo.

Es indudable que estamos viendo, en la poltica de los seores de Oslo, el resurgimiento de la antigua arrogancia colonialista e imperialista.

Mientras resuenan en Australia voces inquietas ante los riesgos de guerra, en Oslo se da un nuevo brillo a una ideologa de guerra de funesta recordacin: recordemos que las guerras del opio fueron elogiadas en su poca por J. S. Mill como una contribucin a la causa de la libertad y del comprador adems de la del vendedor (de opio), mientras que Tocqueville la presentaba como una contribucin a la causa de la lucha contra el inmovilismo chino.

No son muy diferentes las consignas que hoy agita la prensa occidental, prensa que dicho sea de paso no se cansa de denunciar el eterno despotismo oriental. Por muy nobles que sean sus intenciones, el comportamiento real de los seores del Premio Nobel de la Paz slo merece hoy en da el Nbel de la guerra.

Domenico Losurdo es Filsofo e historiador comunista, profesor en la universidad de Urbino (Italia).

Notas:

[1] Corriere della Sera, 9 de octubre de 2010.

[2] Marco Del Corona, en el Corriere della Sera del 9 de octubre de 2010.

[3] Ilaria Maria Sala, La Stampa, 9 de octubre de 2010.

Fuente: http://www.voltairenet.org/article167303.html



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