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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-11-2010

Detrs, el diluvio

Eduardo Montes de Oca
Rebelin


Menudo chasco para quienes apostaron que la cumbre del G-20 (las siete naciones ms ricas y un manojo de emergentes), acabada de celebrarse en Sel, contribuira a deshacer la guerra de las divisas, ese empecinamiento en exportar a precios ms competitivos mediante la devaluacin de las monedas propias, librada principalmente por los Estados Unidos y China pero que atae a todas las economas.

Con el colega Roberto Montoya, apuntemos que ni se eliminaron las divergencias entre Washington y Beijing, porque el primero no logr que el segundo prometiera frenar la subvaloracin del renmimbi o yuan, ni se pudo detener la confrontacin entre los pases con dficits comercial y los que acumulan supervits, avivada por el reciente rechazo de China, Alemania, Japn, al pedido de la Casa Blanca de ceir esas desproporciones al 4 por ciento del PIB de cada uno.

Resultados? Abstractos, genricos llamados a solucionar el espinoso asunto. Ninguno de entre los jefes de Estado o de Gobierno se avino a proclamar que la confrontacin monetaria entre Estados Unidos y China conduce a la devaluacin artificial del dlar y el yuan, y en consecuencia el resto de las divisas tienen que empezar a tambalearse. Y que, si los productos chinos y estadounidenses bajan de precio, el resto de los pases deben reestructurar todo su andamiaje de produccin, con la consiguiente reduccin de empleo y el estancamiento de la recuperacin de la economa global. Adems, el exceso de liquidez en los pases ricos es contraproducente para las economas emergentes, al convertirse en receptores de capitales especulativos, focos potenciales de burbujas financieras en capacidad de derrumbar las economas nacionales, segn la visin de observadores como los de RIA NOVOSTI.

Ahora bien, tal parece que el To Sam sigue padeciendo el casi endmico mal de distinguir la paja solo en ojo ajeno. Ser posible no haber considerado el hecho de que, hace poco, la Reserva Federal anunciara la emisin de 600 mil millones de dlares, en los prximos ocho meses, para comprar bonos del Tesoro, y su poltica de devaluar la cotizacin internacional del dlar?

No, aqu no se trata de miopa, sino de una accin desesperada, con que se intenta resolver por va financiera los problemas de la llamada economa real, que no levanta vuelo a pesar de los gigantescos paquetes de ayuda estatal a los bancos y a las empresas, como no cejan en apuntar los expertos. Los mismos que nos alertan sobre la fragilidad de la recuperacin en el primer trimestre de 2010 (+ 3.7 por ciento del PIB) y acerca de que en el segundo y en el tercero el crecimiento se ubic por debajo del 2 por ciento, cifra que no alcanza ni para evitar el aumento de la desocupacin.

Conforme al Premio Nobel de Economa Joseph Stigliz, Washington se ha embarcado de nuevo en un comportamiento que pone en peligro la estabilidad universal. Y lo irnico del caso es el magro beneficio de la marea de liquidez que ha provocado. Los tipos bajos de inters no prendieron la chispa de la inversin en factoras y equipos en la recesin de 2001, y no es probable que la prendan ahora. Sin embargo, esa poltica est teniendo su efecto en otros pases, puesto que con el dinero barato escruta todo el mundo en busca de las mejores oportunidades y las encuentra en los mercados emergentes () Los cambios repentinos y de gran calado de los tipos de cambio (vale la repeticin; EMO) pueden tener efectos devastadores () porque las empresas se ven obligadas a ir a la quiebra.

Como los pases en desarrollo han resultado el motor del incremento mundial, entre otras razones gracias al traslado del parque industrial de las potencias, en busca de mejores precios, de mano de obra barata, el presente estado de cosas atenta contra la mera esperanza de una rpida recuperacin global.

Lo peor es que, en vez de abocarse a medidas como inversiones de alta productividad, que mejoraran el balance, traeran un crecimiento generador de mayores ingresos fiscales y aminoraran la deuda pblica a largo plazo, tal sugiere Stiglitz, USA se escuda en las ventajas comparativas de su industria armamentista, para continuar con la brutal transferencia de riquezas desde el Sur.

Al menos, es este el anhelo de los hiperbreos gringos, asustados ante el peligro amarillo. Recordemos que China ocupa ya el segundo lugar en cuanto a producto interno bruto, y en dos decenas de aos, a lo sumo, podra estar emplazada en el sitio seero. Nada de fortuito entonces el chasco del G-20. S, el imperialismo rector ha optado por resolver su crisis a costa de los otros imperialismos (europeos, japons), los pases semicoloniales, las potencias emergentes y los trabajadores norteamericanos. Tras de m, el Diluvio, no?

Sin duda, la paz entre las naciones contina siendo un sueo kantiano, si acaso.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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