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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-12-2010

Comunismo y Derecho

Carlos Fernndez Liria y Lus Alegre Zahonero
Rebelin


El 21/11/2010, Rebelin public de manera destacada un artculo titulado El comunismo jurdico, firmado por Carlos Rivera Lugo y dedicado al gran jurista cubano Julio Fernndez Bult. Ese artculo, que defiende tesis a nuestros ojos escandalosamente erradas, tiene sin embargo la paradjica virtud de presentarnos en una especie de espejo invertido todo lo contrario de cuanto llevamos intentando defender en nuestras ltimas publicaciones y, en especial, en Educacin para la ciudadana (cuya edicin cubana fue, por cierto, presentada en la Universidad de La Habana precisamente por Julio Fernndez Bult, quien dijo sentirse tan sorprendido como interesado por nuestra interpretacin del Derecho) y en El orden de El capital (Akal, 2010). No es que queramos tomarla en particular con el autor del artculo, al que no conocemos. Queremos decir unas palabras sobre el asunto porque ah se condensan unos cuantos tpicos que son muy habituales entre nosotros, los comunistas o los anticapitalistas.

El artculo de Carlos Rivera Lugo comenzaba citando a Badiou, Daniel Bensad, lvaro Garca Linera, Gianni Vattimo, Slavoj Zizek y Jean-Luc Nancy para defender la idea de que el comunismo es, ante todo, un movimiento. Hace ya mucho tiempo que se pretende que esta idea es interesantsima. Pero el caso es que no lo es. Que el comunismo es un movimiento, una ideologa o un proyecto poltico es algo que sabemos sin necesidad de recurrir a tanta cita, porque ya lo dice el diccionario. La dificultad est, sin duda, en poner el acento en aquel ante todo. As pues, el comunismo es, ante todo, el movimiento que lucha por instaurar el comunismo. Con ello se pretende estar diciendo algo por lo visto muy profundo. Pero no es as. Bajo ese ante todo lo que se esconde por lo habitual es el pistoletazo de salida para algn tipo de cntico mstico a lo vivo, lo mvil, lo creador, lo dinmico, lo constituyente, lo fluido o lo lquido. Como resulta que el comunismo es ante todo el movimiento comunista, ya no hace falta decir lo que es el comunismo, ya que lo importante es luchar por l. Incluso, a la postre, podra decirse que esto es lo bueno que tiene el capitalismo: que nos permite seguir siendo comunistas contra l.

Aunque a veces ni siquiera es cuestin del capitalismo: el comunismo sera entonces la continua crtica y deconstruccin del orden establecido (de cualquier orden establecido) que tendra de malo, en definitiva, precisamente eso: ser un orden y ser establecido.

Ahora bien, la verdad es que as no se hace mucha justicia al movimiento histrico comunista. Los comunistas no tuvieron nunca -nos parece- muchas ganas de ser comunistas. Ni creo que las tengamos ahora. Somos comunistas porque el capitalismo es intolerable y creemos que el comunismo sera un orden ms justo y sensato. Si somos comunistas es porque querramos ser ciudadanos -no comunistas- en un orden social comunista. Histricamente, ser comunista no ha tenido ninguna gracia, pues ha consistido en hambre, clandestinidad, exilio, sacrificio, prisin, torturas y muertes. Los comunistas no luchaban para poder seguir luchando, sino para poder dejar de hacerlo. Es decir, para instituir algo, algo a lo que, precisamente, hay que llamar comunismo. Luchaban para ganar, no para agotarse en una lucha sin fin.

Santiago Alba Rico dijo una vez con acierto que el comunismo se haba inventado para gente cansada. Los comunistas no queremos agitarnos todo el rato. Queremos descansar. Lo que no nos gusta del capitalismo no es que sea muy rgido, sino, precisamente, que es tan flexible que nos ha hecho migas. Puede que algunos se inclinen ms que otros a ser nmadas, pero nunca tanto como el capitalismo, que sera muy capaz de meter en pateras a toda la humanidad. No queremos vivir en un perpetuo poder constituyente incapaz de dejar nada constituido, porque eso es, para nosotros, lo que precisamente tiene de malo el capitalismo, que nunca da nada por bueno, que no respeta ni a su padre (mejor dicho, que por no respetar, no se respeta ni a s mismo). Contra l, queremos ms bien todo lo contrario: instituciones que se sostengan en pi por s solas, sin necesidad de agotar en ello la vida de los seres humanos.

Y en fin, para ello precisamente hace falta, ante todo (esta vez s), eso que el artculo de Carlos Rivera Lugo tanto denostaba: el Derecho. Aqu se concentra el principal dislate que hemos intentado contrarrestar con las publicaciones mencionadas. Por supuesto, el problema -y el foco de los malentendidos- surge al plantear si eso a lo que estamos llamando Derecho es lo que el marxismo ha llamado el derecho burgus.

Para contraponer al derecho burgus un comunismo jurdico o un derecho vivo o revolucionario habra que haber diagnosticado muy bien en qu reside el carcter burgus del derecho burgus. Y a tenor de lo que luego se vine a decir, todo hace pensar que el diagnstico no ha sido el correcto. Cuando se reclama un derecho vivo, en manos del pueblo, que surja de la sociedad, ms all del fectichismo de lo jurdico, ms all del culto a la ley, cuando se reclama un derecho revolucionario en ese sentido, se est contradiciendo, en realidad, no lo que el derecho burgus tiene de burgus, sino lo que tiene de derecho. Y entonces se est imposibilitando lo que es ms esencial hacer: criticar el derecho burgus a favor del derecho. A favor del derecho, y no para dejar paso a una ocurrencia mejor que el derecho.

Lo hemos repetido muchas veces. El Derecho es la nica escalera que ha inventado el ser humano para elevarse por encima de la religin y la tradicin. Si te empeas en dar un paso ms al llegar arriba, vuelves a caer al suelo. El Derecho es la nica escalera que puede situar a a la sociedad por encima de la autoridad de los ancestros, de los dioses y de los reyes. La nica manera en que una sociedad puede tener una visin de s misma ms all de su tejido cultural, ms all de la la constelacin de supersticiones que conforman su visin del mundo, ms all -dicho althusserianamente- de su macizo ideolgico. Es la nica forma por la que el hombre puede instituir sociedad elevndose por encima de las constricciones antropolgicas, sociales e histricas. Esta elevacin no es, por supuesto, ni ms ni menos misteriosa que eso a lo que llamamos libertad. Un ms all del Derecho, no es un ms all de la Libertad: es el ms ac del que habamos partido, el mundo de la sumisin religiosa a lo que fcticamente se impone por la fuerza.

No es extrao, por supuesto, que todos los intentos del socialismo real por superar el derecho burgus desembocaran en algn tipo de culto a la personalidad. El Estado de Derecho es la nica mayora de edad posible para la sociedad. Ms all del Estado de Derecho no est ms que la vieja minora de edad. Quien se somete a Leyes, es libre. Pero quien pretende someterse a algo ms all de la ley, acaba sometido, en realidad, siempre, a la palabra de un tirano. Y cuanto ms all de la Ley se quiera imaginar la voz de la tirana, ms se retroalimenta el circuito religioso y ms infantil se vuelve la servidumbre en cuestin.

De este modo, el Derecho no sera ms que la gramtica de la libertad. Se dir que eso es, en todo caso lo que el derecho tiene de derecho, no lo que tiene de burgus. Y efectivamente, esto es lo que el pensamiento de la Ilustracin, concibi como el Derecho. Y lo importante es que, al criticar el derecho burgus no demos al traste con el pensamiento mismo de la Ilustracin de tal modo que nos veamos compelidos (aparte de a ser ms listos que Kant o que Hegel, lo que suele conducir a un pasarse de listo inevitable) a inventar algo ms all, ms elevado, ms alto o ms revolucionario que la idea misma de Derecho. Lo que hay ms all de la mayora de edad, si no es de nuevo la infancia, no puede ser otra cosa que la ignorancia.

Con el derecho pasa lo mismo que con la ciencia. Si se intenta superar el pensamiento cientfico con una ocurrencia mejor que la ciencia, es inevitable darse de narices con la religin, la ideologa y la ignorancia, es decir, con todo eso de lo que precisamente nos salvaguardaba la ciencia. Eso no quiere decir que la ciencia no pueda ser criticada, siempre que se haga a favor de la ciencia. De hecho, eso es precisamente la historia de la ciencia: la continua e incansable discusin de los cientficos por criticarse unos a otros en favor de la ciencia. Pero la aventura de mirar a la ciencia misma por encima del hombro no se puede hacer ms que en defensa de la supersticin y el misticismo. Lo mismo hay que decir del derecho, la otra de las varas con las que cuenta la humanidad para medir su mayora de edad. As pues, una vez bien sentado lo que es el derecho en s mismo, hay que dejar bien acotado aquello que tiene de burgus eso que llamamos el derecho burgus. Y no es desde luego la idea de Ley, ni el culto a la Ley, ni el fetichismo de lo jurdico, y mucho menos, desde luego, eso que se suele decir sobre su carcter formal. El problema tampoco est en que sea demasiado slido o rgido, de modo que tuviramos que espabilarlo con un poco de vida o con un poco de aire fresco. Dar vida al derecho se llama, en todo caso, prevaricar. Poner al derecho a la altura de la sociedad se llama linchamiento. No es el Derecho quien debe de estar en estado de sociedad, sino la sociedad en estado de derecho. No ser la vida la que nos traiga un derecho ms autntico. Un derecho autntico se logra haciendo que el derecho sea derecho, no haciendo imperar la vida sobre el derecho.

Segn Carlos Rivera Lugo -pero no es ni mucho menos el nico que lo piensa as, todo lo contrario-, Marx demostr la imbricacin entre lo jurdico burgus y lo econmico capitalista. Y lo hizo -segn l- contra la pretensin burguesa de ver ah dos cosas distintas e incluso contra una tradicin marxista que mordi el anzuelo y no siempre vio clara esta copertenencia entre derecho y mercado capitalista. Nos parece esto un psimo diagnstico de lo que realmente estuvo y est en juego. Para empezar no hay ninguna ntima imbricacin entre lo que se llama el derecho burgus y el capitalismo. Todo lo contrario, lo que hay en medio de esas dos cosas es una impostura, una ficcin jurdica como la copa de un pino, una ficcin que los padres del derecho burgus no habran aceptado jams: la ficcin por la que se puede considerar propietario a un sujeto que no tiene ms propiedad que llevar al mercado que su propio pellejo. La ficcin, en suma, por la que se pretende llamar ciudadano a alguien que carece la ms elemental condicin de la ciudadana: la independencia civil. Un ciudadano debe ser independiente y libre. De lo contrario, su voz en el espacio pblico est vendida a las instancias de las que depende su supervivencia. Sin independencia civil, no hay ciudadanos sino, precisamente, siervos.

De hecho, en estricta coherencia con su postura de clase burguesa y patriarcal, los grandes fundadores del derecho burgus, es decir, los filsofos de la Ilustracin -como por ejemplo, Kant-, no fueron nunca partidarios del sufragio universal, sino del sufragio censitario. Por qu? Porque jams aceptaron la ficcin napolenica de que la propiedad de fuerza de trabajo sera suficiente para consolidar la independencia civil que es condicin sine qua non de la ciudadana. Puesto que las mujeres dependen necesariamente de su marido, deca Kant, otorgarle el voto a la mujer sera como otorgar dos votos a las personas casadas. Puesto que los asalariados dependen de su patrn, otorgar el voto a la clase obrera sera tanto como otorgar cientos o miles de votos a cada capitalista. Esto ni siquiera se remedia imponiendo que el voto sea secreto. Pues en unas condiciones en que la clase obrera depende a vida o muerte de que les vaya bien a sus empresas (es decir, de que sus propietarios obtengan suficientes beneficios), el voto obrero est atado de pis y manos: no puede votar ms que por los intereses del enemigo, ya que depende enteramente de su suerte. Ahora que las empresas pueden deslocalizarse de la noche a la maana en cuanto no les conviene una legislacin nacional o una coyuntura sindical, se ha hecho ms patente que nunca la fuerza increble de este chantaje que anula por completo la independencia civil de la mayor parte de la poblacin.

Sin duda fue una gran victoria de clase la conquista del sufragio universal, lo mismo que fue una gran victoria feminista imponer el derecho al voto de la mujer. Pero estas victorias no fueron acompaadas de una verdadera consolidacin ciudadana de las personas que luego tenan que votar. Los obreros siguieron sometidos a la dictadura de los capitalistas y las mujeres, en gran medida, siguieron sometidas a la dictadura patriarcal. Desde el punto de vista del pensamiento de la Ilustracin, su ciudadana seguira siendo hoy en da una mera ficcin.

Ahora bien, esa ficcin se ha mostrado muy rentable desde otro punto de vista. Porque permite hacer pasar por Estado de Derecho a la dictadura capitalista y patriarcal. Esa ficcin jurdica, que desde el punto de vista de la Ilustracin no es ms que una impostura, es la columna vertebral de lo que en nuestras publicaciones hemos llamado la ilusin de la ciudadana.

La pretensin de Rivera Lugo, en apariencia muy radical, de que el derecho debe estar subordinado a la sociedad no es sino una descripcin apologtica de lo que de hecho ocurre bajo el capitalismo: all donde la sociedad ha quedado enteramente absorbida en el mercado el derecho se somete de manera ininterrumpida a los dictados sociales. Lo contrario es lo que debe ocurrir si hemos de defender, como condicin misma del comunismo, el principio de la independencia civil, tal y como lo expone, con sencillez meridiana, la historiadora francesa Florence Gauthier: De una parte, la libertad personal es concebida por oposicin a la esclavitud civil. Un esclavo mantiene una relacin de dependencia con su amo. El ser humano libre no puede someterse al poder de otro ser humano. Por otra parte, la libertad en sociedad se opone a la esclavitud poltica (despotismo, tirana): se es libre en sociedad cuando se obedece a las leyes, y no a los seres humanos, y a leyes en cuya elaboracin se ha participado.

As pues, en opinin del pensamiento de la Ilustracin republicana, entre capitalismo y el Derecho no hay una bisagra natural, sino todo lo contrario: lo que hay es una impostura, una ficcin, una mentira monumental. Lo que se llama derecho burgus no tiene por tanto nada de derecho. Y lo que bajo el capitalismo se llama estado de derecho no es ms que un estado de sumisin a los intereses capitalistas. Para hacer esta denuncia -obsrvese- no necesitamos inventar ningn derecho revolucionario, vivo o creativo: basta con obligar a la Ilustracin a ser coherente con sus propios principios. Es decir, basta con obligar al derecho a ser autnticamente el derecho.

Carlos Rivera Lugo nos dice que hay que romper con los viejos moldes de la filosofa y la teora del Derecho que prevalecieron (incluso) bajo el llamado socialismo real europeo e instituir en su lugar un nuevo marco apuntalado en las ideas seminales acerca del Derecho legadas por Marx. A ello conviene responder que s, pero que las ideas seminales legadas por Marx, en realidad, se parecen bastante a las de los viejos moldes de la filosofa y la teora del Derecho. Con lo que hay que romper no es con esos viejos moldes, sino con la vieja ficcin que nos separ de ellos.

Se trata de una cuestin meramente terminolgica? Puede que s. Lo que pasa es que escribiendo artculos tampoco se cambian las cosas. Se cambia el diagnstico terico de las cosas que estn en juego, y en eso, las cuestiones terminolgicas son muy importantes. No es que nos empeemos en luchar por las palabras. Es que la teora es un negocio con palabras. Qu ms quisiramos que poder cambiar las cosas escribiendo libros o artculos? Ahora bien, la teora tiene sus efectos. Pues un diagnstico u otro lleva a luchar en una u otra direccin. Porque lo que se impone no es terminar con el legicentrismo para inventar un derecho vivo, sino mucho ms sencillamente -aunque ni mucho menos ms fcilmente- librar al derecho del golpe de Estado burgus que lo ha tenido hasta ahora secuestrado.

Bajo condiciones capitalistas, el derecho es un instrumento de dominacin de clase. No hay ms que ver, para empezar, quines son los que suelen ir a la crcel. En la crcel no hay ms que gente pobre. Cuando los ricos son llamados a juicio, lo normal es que los jueces sean expedientados, no que ellos sean condenados. Y cuando excepcionalmente la clase obrera ha logrado, contra toda corriente, imponer legislaciones que perjudicaban al capital, los banqueros se han pagado un golpe de Estado o una guerra civil que diera al traste con toda apariencia de Derecho.

A todo ello se suma que el acceso a la carrera judicial est planteado de forma que garantiza una extraccin social de los futuros jueces cercana al elitismo. Que la polica no es ms que un cuerpo de mercenarios al servicio de quien pueda pagarles (aunque sea a travs del aparato de Estado). Y sobre todo: un sistema judicial no es tal si los mejores juristas no ejercen, precisamente, de abogados de oficio. Pero, para ello, habra sido necesario convertir el turno de oficio en algo tan importante y tan slido, al menos, como debe ser el sistema de instruccin pblica. Igual que los mejores profesores siguen an estando en la enseanza pblica, los mejores abogados deberan estar en el turno de oficio. Pero ello no se puede lograr ms que con leyes que prohiban a los abogados enriquecerse con el ejercicio de su profesin.

La farsa del derecho burgus se hace patente en especial en que no hay un sistema de justicia capaz de hacerse cargo de los delitos econmicos. Ni siquiera cuando esos delitos econmicos estn llevando al abismo -ante la mirada perpleja de la poblacin- a la sociedad en su conjunto. Pero es que el poder legislativo no est en esto mejor situado que el judicial. Los diputados no legislan ms que en el margen que les lega el poder econmico y ste suele ser muy estrecho. El hecho de que un programa de mnimos como el de ATTAC sea considerado una utopa legislativa, es la mejor prueba de ello: el poder legislativo no puede cargar al poder econmico ni con un mnimo lastre poltico de un 0.05 por ciento. En estas condiciones, el poder ejecutivo no puede hacer otra cosa que administrar los intereses de los verdaderos amos del negocio: los bancos, los inversores, los mercados, es decir, de las grandes corporaciones econmicas que, enteramente al margen de la ley, se reparten a mordiscos el planeta.

Todas estas objeciones contra el llamado derecho burgus son tan slo la consecuencia de la principal de las objeciones que hay que plantearle. Y esta objecin fundamental es, como venimos diciendo, la de no ser precisamente aquello que dice ser: derecho. Y la razn de ello no es ninguna ocurrencia izquierdista o vitalista. No: se trata de algo perfectamente comprensible desde los principios mismos del derecho constitucional burgus. Pues no hay constitucin posible sin divisin de poderes. Y lo que no hay bajo el capitalismo es, precisamente, divisin de poderes.

Ley no significa otra cosa que separacin de poderes. Sin separacin de poderes, las leyes no son leyes, son las rdenes de un tirano. En Educacin para la Ciudadana lo expresbamos diciendo que el lugar de las leyes tiene que estar vaco. Esto es lo que significa el viejo dicho jacobino (o platnico) que gobiernen las leyes, no los hombres. Para lograr ese vaco o para garantizarlo, se invent la separacin de poderes (y no se ha inventado nada mejor).

Pues bien, bajo condiciones capitalistas, no hay divisin de poderes. Se distingue, s, un poder legislativo del poder ejecutivo o judicial, pero esa diferencia se hace no donde reside realmente el poder, sino donde se pretende que est. Se separa el poder legislativo del ejecutivo y el judicial, pero el poder bajo el capitalismo sigue estando en otro sitio. Es muy bonito negocio se de dividir el poder poltico muy concienzudamente y dejar al poder econmico entera libertad para chantajearlo o incluso para, llegado el caso y si las cosas se ponen serias, suprimirlo mediante un golpe de Estado.

Pero si bajo el capitalismo no hay separacin de poderes, bajo el capitalismo no hay leyes sino apariencia de leyes y rdenes de tiranos. Estos tiranos, por cierto, que ahora se llaman los mercados, empiezan adems a estar, cada vez ms, como una cabra. Son bastante ms imprevisibles y caprichosos que Calgula o Nern. Y si no hay leyes, lo que no hay es, como es obvio, Derecho. Lo que hemos llamado derecho burgus no es ms que la forma en la que el capitalismo destruye la posibilidad misma de las leyes.

La conclusin importante de todo ello es que el derecho burgus no debe ser criticado por ser derecho -por su legicentrismo, por ejemplo, como dice Carlos Rivera que hace Paolo Grossi- sino por no ser lo que dice ser. Debemos criticar el derecho burgus, por tanto, a favor del derecho, no a favor del oscurantismo vitalista y del misticismo.

De lo contrario, la izquierda anticapitalista habr regalado al enemigo sus mejores armas tericas: todo el legado terico y conceptual del pensamiento republicano. Y se habr obligado a s misma a inventar la plvora en una pattica huida hacia adelante. No es que tengamos razn, es que estamos ms vivos. No es que aspiremos a la justicia, aspiramos a inventar algo nuevo. No es que digamos la verdad, es que tenemos imaginacin. No nos conformamos con la lgica, tenemos la dialctica. No es que nuestra lucha sea justa, es que es ms alegre. No es que nos asista el derecho, es que tenemos una potencia que no tiene, por lo visto, el poder. No luchamos por ser ciudadanos en lugar de proletarios: luchamos contra la ciudadana, a favor de un hombre nuevo, aunque ste acabe siendo el nuevo hombre proletario. No luchamos por la Ilustracin, sino contra la Ilustracin, para instituir una nueva cultura y una nueva comunidad. Pero no queremos instituciones, porque somos nmadas. De nada vale que Negri y Hardt encabecen esta huida hacia adelante. No se puede subir un peldao ms en la escalera de la Ilustracin porque te estrellas contra el suelo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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