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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-12-2010

Crisis ecolgica y lucha poltica: la alternativa ecosocialista

Michael Lowy y Samuel Gonzlez
Revista Memoria (Mxico)


Nada ha corrompido tanto a la clase obrera alemana como la idea de que se mova en el sentido de la corriente. Consideraba los desarrollos tecnolgicos como el sentido de la corriente en el que avanzaba. De ah no haba ms que un paso hasta la ilusin de que el trabajo fabril que supuestamente tenda al progreso tecnolgico constitua un logro poltico
Walter Benjamin.

Durante siglos cada sociedad ha desarrollado un complejo y particular entramado de relaciones con la naturaleza. De entre los distintos vehculos que ha establecido la humanidad en su relacin con la naturaleza, la tcnica, sin duda alguna, es una pieza angular al ser esta la encargada de delimitar y modelar, a travs de instrumentos y relaciones sociales, la dinmica con la cual cada cuerpo social se apropia y se relaciona con la naturaleza, y a su vez consigo mismo.

Cada conjunto de relaciones que la humanidad establece con la naturaleza proyecta, a su vez, cada fraccin de las relaciones humanas establecidas en la sociedad. Dentro de este complejo cosmos, existe igualmente un sistema de ideas, encargado de justificar la dinmica social, las cuales constituyen una serie de estructuras mentales que modelan la forma de concebirnos frente a la naturaleza y frente a nosotros mismos.

En este sentido es que la modernidad inaugurara un curso completamente radical para construir y conceptualizar dicha relacin. La sociedad industrial moderna tratara de modelar el medio ambiente a imagen y semejanza suya, para lo cual el desarrollo de la tcnica se convertira en esa promesa efectiva para la realizacin del paraso industrial.

De esta forma, la libertad moderna en la sociedad capitalista fue concebida como dominacin de lo natural en contraposicin a las contingencias del ambiente. Para poder liberarse haba que descubrir y dominar a la naturaleza -este ha sido precisamente el paradigma de la tcnica capitalista y lo que tiene como consecuencia la degeneracin de la ciencia que opera bajo los parmetros de la ganancia-.

La subsuncin de la modernidad al orden del capital conjurara las aspiraciones modernas condenndolas a la lgica de la valorizacin de valor, a su racionalidad puramente instrumental. La aspiracin moderna de construir nuestra propia historia quedara sellada dentro de las promesas formales del Estado, la ciudadana y la propiedad, las cuales promoveran una supuesta sociedad democrtica en donde todos seriamos iguales y en donde todos tendramos el derecho a ser poseedores. Sin embargo la realidad hara evidente que son las minoras, dueas del capital, las que decidiran por las mayoras, evidenciando cmo es que la sociedad capitalista tiene, como punto de partida para su estructuracin al individuo, pero no cualquier individuo sino aquel que es propietario de los medios de produccin.

La sociedad capitalista ha instaurado una dinmica presidida por el deseo de dominar la naturaleza mediante la tcnica, convirtindola en una mercanca ms que podra contribuir a de la acumulacin privada de capital. En esa medida, la lgica de las sociedades capitalistas constituye una relacin con la naturaleza que expresa la enajenacin del ser humano, extraado de s mismo y de la naturaleza, a la cual enfrenta como externalidad que le repele. El metabolismo naturaleza-humanidad trascurre as en una dinmica de destruccin y degeneracin, de caos y vaciamiento. Por supuesto esta situacin est llegando a su lmite.

Las distintas crisis que hoy enfrenta la humanidad a nivel mundial resultan de un mismo fenmeno: un sistema que transforma todo la tierra, el agua, el aire que respiramos, la naturaleza, los seres humanos- en mercanca; que no conoce otro criterio que no sea la expansin de los negocios y la acumulacin de beneficios para unos cuantos. Sin embargo, este conjunto de crisis son aspectos interrelacionados de una crisis ms general, la crisis de la moderna civilizacin industrial.

Hoy, sin embargo, el proceso de devastacin de la naturaleza, de deterioro del medio ambiente y de cambio climtico se ha acelerado a tal punto que no estamos discutiendo ms sobre un futuro a largo plazo. Estamos discutiendo procesos que ya estn en curso, la catstrofe ya comenz, esta es la realidad y estamos en una carrera contra el tiempo para intentar frenar y contener este proceso desastroso.

Cules son las seales que muestran el carcter cada vez ms destructivo del proceso de acumulacin capitalista a escala global? El ms obvio, y peligroso, es el proceso de cambio climtico; un proceso que resulta de los gases de efecto invernadero emitidos por la industria, el agro-negocio y el sistema de transporte existentes en las sociedades capitalistas modernas. Este cambio tendr como resultado no slo el aumento de la temperatura en todo el planeta, sino tambin la desertificacin de tierras, problema que en la actualidad tiene efectos devastadores sobre la poblacin del tercer mundo , la elevacin del nivel del mar, la desaparicin de ciudades enteras Hong-Kong, Ro de Janeiro debajo del ocano y la desaparicin de ecosistemas enteros. Todo ello nos acerca fatalmente a lo que probablemente ser la sexta mega extincin de la vida sobre el planeta Tierra.

Todo esto no resulta del exceso de poblacin, como dicen algunos, ni de la tecnologa en s abstractamente, ni tampoco de la mala voluntad del gnero humano. Se trata de algo muy concreto: de las consecuencias del proceso de acumulacin del capital, en particular de su forma actual, de globalizacin neoliberal que ha descansado sobre la hegemona del imperio norteamericano. Este es el elemento esencial, motor de este proceso y de esta lgica destructiva que corresponde a la necesidad de expansin ilimitada aquello que Hegel llamaba mal infinito- de un proceso infinito de acumulacin de negocios, acumulacin de capital que es inherente a la lgica del capital.

Luego, la cuestin que se coloca es la necesidad de una alternativa que sea radical. Las alternativas de soluciones moderadas se revelan completamente incapaces de enfrentar este proceso catastrfico. El llamado Protocolo de Kioto tiene alcances muy limitados, casi infinitamente limitados del que sera necesario, y an as, el gobierno norteamericano, principal contaminador, campen de la contaminacin planetaria, se rehsa a firmarlo.

El Protocolo de Kioto, en realidad, propone resolver el problema de las emisiones de gases de efecto invernadero a travs del llamado mercado de los derechos de contaminacin: Las empresas que emiten ms CO2 van a comprar otras, que contaminan menos, derechos de emisin. Esto sera la solucin del problema para el efecto invernadero! Obviamente, las soluciones que aceptan las reglas del juego capitalista, que se adaptan a las reglas del mercado, que aceptan la lgica de expansin infinita del capital, no son soluciones y son incapaces de enfrentar la crisis ambiental una crisis que se transforma, debido al cambio climtico, en una crisis de sobrevivencia de la especie humana-.

La conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climtico de diciembre de 2009 fue el ejemplo ms clamoroso de la incapacidad - o de la falta de inters - de las potencias capitalistas para enfrentar el dramtico desafo del calentamiento global. La montaa de Copenhague desenmascar el engao: se trat de una miserable declaracin poltica sin ningn compromiso concreto y cifrado nicamente en la reduccin de las emisiones con efecto invernadero; y el peligro de que este mismo fenmeno se repita en Cancn este mismo ao es inminente.

Necesitamos pensar, por lo tanto, en alternativas radicales que se coloquen en otro horizonte histrico, ms all del capitalismo, ms all de las reglas de acumulacin capitalista y de la lgica de lucro de mercancas. Como una alternativa radical es aquella que va a la raz del problema, que es el capitalismo; esa alternativa es, para nosotros, el ecosocialismo: una propuesta estratgica que resulta de la convergencia entre la reflexin ecolgica y la reflexin socialista.

Existe hoy a escala mundial una corriente ecosocialista, hay un movimiento ecosocialista internacional que recientemente, por ocasin del Foro Social Mundial de Belem (enero de 2009) public una declaracin sobre el cambio climtico, la cual form parte del extenso y rico universo de protesta en Copenhague y lo seguir haciendo en ocasin de la COP 16 en Mxico.

El ecosocialismo es una reflexin crtica. En primer lugar, crtica la ecologa no anticapitalista, la ecologa capitalista o reformista, que considera posible reformar el capitalismo, llegar a un capitalismo verde ms respetuoso al medio ambiente. De este modo, el ecosocialismo implica una crtica profunda, una crtica radical de las experiencias y de las concepciones tecnocrticas, burocrticas y no ecolgicas de construccin del socialismo. Eso nos exige tambin una reflexin crtica sobre la herencia marxista en el campo de la cuestin del medio ambiente.

Muchos ecologistas critican a Marx por considerarlo un productivista. Tal crtica nos parece completamente equivocada: al hacer la crtica del fetichismo de la mercanca, es justamente Marx quien coloca la crtica ms radical a la lgica productivista del capitalismo, la idea de que la produccin de ms y ms mercancas es el objeto fundamental de la economa y de la sociedad.

El objetivo del socialismo, explica Marx, no es producir una cantidad infinita de bienes, pero s reducir la jornada de trabajo, dar al trabajador tiempo libre para participar de la vida poltica, estudiar, jugar, amar. Por lo tanto, Marx proporciona las armas para una crtica radical del productivismo y, notablemente, del productivismo capitalista. En el primer volumen del El Capital, Marx explica cmo el capitalismo agota no slo las fuerzas del trabajador, sino tambin las propias fuerzas de la tierra, agotando las riquezas naturales. As, esa perspectiva, esa sensibilidad, est presente en los escritos de Marx, sin embargo no ha sido suficientemente desarrollada.

Desde esta perspectiva el reto ecolgico que enfrentan las clases subalternas es precisamente lograr subvertir eso que Marx critic: la lgica individualista y enajenante del capital, la fetichizacin de la mercanca, con el objetivo de erradicar la cosificacin del sujeto y de la naturaleza, logrando sentar las bases para la construccin de una nueva lgica para esta relacin. Por ello, es necesario construir una crtica radical a la tcnica capitalista, lo cual implica comprender que son tambin los instrumentos tcnicos portadores de la dinmica de devastacin ecolgica, y ello exige reinventar no slo las relaciones sociales en torno a los instrumentos sino a los instrumentos mismos.

Esta visin asume conscientemente que las fuerzas productivas existentes no son neutras: ellas son capitalistas en su dinmica y su funcionamiento, y por lo tanto son destructoras de la salud de las personas, as como del medio ambiente. La propia estructura del proceso productivo, de la tecnologa y de la reflexin cientfica al servicio de la tecnologa mercantil y de ese aparato productivo, se encuentran enteramente impregnadas por la lgica del capitalismo y conduce inevitablemente a la destruccin de los equilibrios ecolgicos del planeta que son completamente incompatibles con los ciclos infernales del capital.

Lo que se necesita, por consiguiente, es una visin mucho ms radical y profunda de lo que debe ser una revolucin socialista. Se trata de transformar no slo las relaciones de produccin y las relaciones de propiedad, sino la propia estructura de las fuerzas productivas, la estructura del aparato productivo. Esto es, en nuestra concepcin, una de las ideas fundamentales del ecosocialismo.

Hay que aplicar al aparato productivo la misma lgica que Marx pensaba para el aparato de Estado a partir de la experiencia de la Comuna de Paris, cuando el dijo lo siguiente: los trabajadores no pueden apropiarse del aparato del Estado burgus y usarlo al servicio del proletariado, no es posible, porque el aparato del Estado burgus nunca va a estar al servicio de los trabajadores. Entonces, se trata de destruir ese aparato de Estado y crear otro tipo de poder.

Esa lgica tiene que ser aplicada tambin al aparato productivo: el cual tiene que ser, sino destruido, al menos radicalmente transformado. Este no puede ser simplemente apropiado por las clases subalternas, y puesto a trabajar a su servicio, pues necesita ser estructuralmente transformado. A manera de ejemplo, el sistema productivo capitalista funciona sobre la base de fuentes de energa fsiles, responsables del calentamiento global el carbn y el petrleo de modo que un proceso de transicin al socialismo solo sera posible cuando hubiera la sustitucin de esas formas de energa por energas renovables, que son el agua, el viento y, sobretodo, la energa solar.

Por eso, el ecosocialismo implica una revolucin del proceso de produccin, de las fuentes energticas. Es imposible separar la idea de socialismo, de una nueva sociedad, de la idea de nuevas fuentes de energa, en particular del sol algunos ecosocialistas hablan del comunismo solar, pues entre el calor, la energa del Sol y el socialismo y el comunismo habra una especie de afinidad electiva.

Es por ello que en la actualidad los movimientos sociales tienen la necesidad de repensar la relacin humanidad-naturaleza, teniendo presente que un cambio radical para esta relacin debe contemplar una transformacin no slo en la forma de concebir el proceso productivo, pues una nueva forma de relacionarnos implica, necesariamente, una nueva tcnica cuya lgica debe construirse desde la comunidad y para los intereses de esta, los cuales deben contemplar conscientemente la preservacin de la vida en el planeta.

Pero un cambio radical a favor de la preservacin de la vida en el planeta debe ser un cambio social, democrtico y comunitario. Y para esto es primordial hacer estallar la crcel de la valorizacin de valor, localizada precisamente en la propiedad privada de los medios de produccin y la mercantilizacin del mundo social y natural, lo cual se expresa en la gestin privada y autoritaria de la sociedad y la naturaleza.

La dinmica capitalista de devastacin ecolgica tiene no slo el vehculo de la tcnica, sino tambin el de la propiedad privada que articula un sistema fundamentado en la gestin privada y enajenada de los recursos. Esto exige un cambio radical en la propiedad y gestin de los recursos que debe avanzar, como lo ejemplifican las luchas en Amrica Latina, hacia la perspectiva de gestin comunitaria y territorial de los recursos.

Pero no basta tampoco transformar el aparato productivo y los modelos de propiedad, es necesario transformar tambin el patrn de consumo, todo el modo de vida en torno al consumo, que es el patrn de capitalismo basado en la produccin masiva de objetos artificiales, intiles, y peligrosos. La lista de productos, mercancas y actividades empresariales que son intiles y nocivas a los individuos es inmensa. Tomemos un ejemplo evidente: la publicidad. La publicidad es un desperdicio monumental de energa humana, trabajo, papel, rboles destruidos para gasto de papel, electricidad etc., y todo eso para convencer al consumidor de que el jabn X es mejor que el jabn Y es un ejemplo evidente del desperdicio capitalista-.

Por eso se trata de crear un nuevo modo de consumo y un nuevo modo de vida, basado en la satisfaccin de las verdaderas necesidades sociales que es algo completamente diferente de las presuntas y falsas necesidades producidas artificialmente por la publicidad capitalista. De ello se desprende pensar la revolucin ecosocialista como una revolucin de la vida cotidiana, como una revolucin por la abolicin de la cultura del dinero impuesta por el capitalismo.

Una reorganizacin del conjunto de modo de produccin y de consumo es necesaria, basada en criterios exteriores al mercado capitalista: las necesidades reales de la poblacin y la defensa del equilibrio ecolgico. Esto significa una economa de transicin al socialismo, en la cual la propia poblacin y no las leyes de mercado o un Bur Poltico autoritario- decidan, en un proceso de planificacin democrtica, las prioridades y las inversiones.

Esta transicin conducira no slo a un nuevo modo de produccin y a una sociedad ms igualitaria, ms solidara y ms democrtica, sino tambin a un modo de vida alternativo, una nueva civilizacin ecosocialista ms all del reino del dinero, de los hbitos de consumo artificialmente inducidos por la publicidad, y de la produccin al infinito de mercancas intiles.

Podramos quedarnos slo en eso, pero seremos criticados como utpicos, los utpicos son aquellos que presentan una bella perspectiva del futuro, y la imagen de otra sociedad, lo que es obviamente necesario, pero no es suficiente. El ecosocialismo no es slo la perspectiva de una nueva civilizacin, una civilizacin de la solidaridad- en el sentido profundo de la palabra, solidaridad entre los humanos, pero tambin con la naturaleza-, es tambin una estrategia de lucha, desde ya, aqu y ahora. No vamos a esperar hasta el da en que el mundo se transforme, no, nosotros vamos a comenzar desde ya, ahora, a luchar por esos objetivos.

As, el ecosocialismo es tambin una estrategia de convergencia de las luchas sociales y ambientales, de las luchas de clases y de las luchas ecolgicas, contra el enemigo comn que son las polticas neoliberales, la Organizacin Mundial del Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional (FMI), el imperialismo americano y el capitalismo global. Este es el enemigo comn de los dos movimientos, el movimiento ambiental y el movimiento social. No se trata de una abstraccin.

Contrario a lo que muchos quisieran, la crisis ecolgica actual es un problema de lucha de clases, pues la dinmica que ha producido esta catstrofe es el resultado de una estructura social en donde las minoras deciden cmo es que se gestiona la industria y en general la produccin social en funcin de inters privados, por eso nuestras estrategias de lucha deben tener presente este aspecto.

La crisis de civilizacin, dentro de la cual el problema ecolgico es central, debe solucionarse a favor de las mayoras y de la vida en el planeta, pero esto no podr ocurrir sin la organizacin y la accin poltica de las clases subalternas. Una respuesta popular a los conflictos globales de la humanidad slo podr articularse mediante una slida accin poltica por parte de las mayoras, que pretenda no slo resistir sino avanzar en la construccin de otra sociedad y de otra forma de relacionarnos con la naturaleza.

Hasta ahora las experiencias de lucha son invaluables. Frente a la ofensiva depredadora del capital hemos asistido al nacimiento de distintas muestras de resistencia fundamentadas en la organizacin popular. No debemos perder de vista que la lucha ecolgica ha logrado consolidarse gracias a su amplitud y pluralidad, en donde se mezclan y entrecruzan distintas concepciones y prcticas culturales de los distintos pueblos del mundo.

La experiencia de la lucha indgena en Amrica Latina es uno de los ejemplos ms avanzados. En Bolivia, por ejemplo, desde hace aos miles de indgenas lograron irrumpir en la escena poltica en defensa de las condiciones sociales, la preservacin del territorio y la conservacin de los recursos. Esta lucha ha logrado evolucionar hasta cuestionar los fundamentos sobre los cuales el Estado est organizado en su pas, exigiendo su refundacin partiendo del reconocimiento a los diversos grupos indgenas y procurando la conservacin de la naturaleza.

En Amrica Latina la lucha ecolgica de los campesinos e indgenas, en donde tambin han participado de manera protagnica estudiantes, mujeres y obreros, se ha convertido rpidamente en una lucha poltica, de esta manera las luchas por el bienestar comunitario y la lucha por la preservacin de los recursos y el respeto a la naturaleza son simultneas e indisolubles.

La crisis ecolgica actual, agudizada por el estallido econmico de 2008, ha precipitado las condiciones de lucha poltica, revelando la conexin estructural entre el conjunto de problemas sociales a nivel mundial y la lgica de la sociedad capitalista. Las respuestas que demos, en esa medida, deben poseer la fuerza y determinacin necesarias para cuestionarlo todo, para enfrentar a los gobiernos del capital y sobrepasarlos con poder popular.

La respuesta de las y los explotados y oprimidos del mundo a la crisis ecolgica ha evolucionado considerablemente. Muestra de ello, es la reciente Cumbre de los Pueblos sobre el Cambio Climtico y la Defensa de la Madre Tierra realizada en Cochabamba (Bolivia), con la participacin de 30.000 delegados indgenas, campesinos, sindicales, ecologistas, de Amrica Latina y de todo el planeta, que denunci claramente al capitalismo como responsable del calentamiento global; as como la ltima sesin plenaria de la Asamblea Nacional de Afectados Ambientales en Mxico, en donde las conclusiones relacionan directamente la lucha en contra de la devastacin ecolgica con la necesidad de luchar por un cambio social. Las luchas sociales en contra de la crisis ecolgica del capitalismo, a nivel mundial, confirman que una lucha coherentemente ecolgica es consecuentemente una lucha anticapitalista, una lucha por una revolucin social.

Como estas, hay muchas otras luchas, sea en Francia, India o Mxico y en otros pases del mundo entero, en donde cada vez ms se da esa convergencia. Pero ella no ocurre espontneamente, tiene que ser organizada conscientemente por los militantes, por las organizaciones. Es necesario construir una estrategia de lucha que haga converger a las luchas sociales con las luchas ecolgicas. Esta nos parece ser la respuesta al desafo, la perspectiva radical de una transformacin revolucionaria de la sociedad ms all del capitalismo.

Sabiendo que el capitalismo no va a desaparecer como vctima de sus contradicciones, como dicen algunos supuestos marxistas, ya un gran pensador marxista de comienzos del siglo XX, Walter Benjamin, deca que, si tenemos una leccin que aprender es que el capitalismo no va a morir de muerte natural, ser necesario acabar con lNecesitamos de una perspectiva de lucha contra el capitalismo, de un paradigma de civilizacin alternativo, y de una estrategia de convergencia de las luchas sociales y ambientales, desde ahora plantando las semillas de esa nueva sociedad, de ese futuro, plantando semillas del ecosocialismo.



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