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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-01-2011

El derribo de la estatua de Sadam como metfora
Los medios de comunicacin, filiales del gobierno en EE.UU.

Justin Raimondo
Antiwar/ICH

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens y revisado por Caty R.


La falsedad total del derribo de la estatua de Sadam fue denunciada por este sitio en la Red y otros cuando ocurri, pero ahora Peter Maass, en New Yorker, cuestiona la naturaleza orquestada de antemano de esa operacin. Aunque no niega que la narrativa que simbolizaba la imaginera era engaosa, Maass afirma que no fue el gobierno de EE.UU., sino los medios occidentales los que sin mucha instigacin crearon y transmitieron oficiosamente una imagen cuidadosamente recortada de una plaza casi vaca para dar la impresin de que los iraques saludaba a los soldados estadounidenses como liberadores. Segn Maass, el verdadero significado del derribo de la estatua era que los estadounidenses haban tomado el centro de Bagdad, y sin embargo:

Todo lo dems que supuestamente representaba el derribo en las numerosas repeticiones en la televisin la victoria de EE.UU., el final de la guerra, la alegra en todo Iraq no hizo ningn favor a la verdad. Y sin embargo, los escpticos se equivocaron tambin en algunas cosas, porque el evento no fue planificado de antemano por los militares.

En lo que se refiere a quin tuvo la idea de derribar la estatua, Maass sigue el rastro hasta un modesto sargento quien, de repente, tuvo por s solo la idea, pero hay varios agujeros en la historia de Maass.

Para comenzar, las fotos a distancia de la plaza muestran que el zona alrededor de la estatua estaba completamente bloqueada por tanques estadounidenses, y sin embargo, segn el propio relato de Maass, un puado de iraques se haba introducido en la plaza precisamente en el momento en el que el sargento pidi permiso para derribar la estatua-.

Quines eran esos iraques? Al leer a Maass, se podra suponer simplemente que se trataba de ciudadanos corrientes de Bagdad, curiosos, que se divertan, pero una mirada a esas fotos nos desengaa. Eran miembros del Congreso Nacional Iraqu [INC, por sus siglas en ingls] sos -ahora infames hroes equivocados- que jugaron un papel crucial en el engao de las armas de destruccin masiva y estaban siendo preparados por los neoconservadores para que tomaran el poder en el Iraq post-Sadam. Junto a su lder, el buscado malversador y presunto agente iran Ahmed Chalabi, 700 combatientes del INC fueron llevados en avin a Nasiriyah por el Pentgono unos pocos das antes, y transportados rpidamente a Bagdad, donde llegaron justo a tiempo para su Gran Momento en los Medios.

En resumen, esos iraques estaban en la nmina de EE.UU. y simplemente hacan su trabajo.

No es sorprendente confirmar que los medios de comunicacin en lengua inglesa tambin hacan su trabajo, que como todos sabemos consiste en repetir como loros la lnea que presentan sus gobiernos. Como ha sealado Glenn Greenwald, los vnculos entre nuestro gobierno y los medios dominantes se han vuelto tan ntimos que se puede hablar en buena lid de una fusin informal. Sin embargo no debemos hacer desaparecer el aspecto gubernamental de esa indecorosa simbiosis. Tenemos que preguntar: cmo es posible que prcticamente todos los miembros del Congreso Nacional Iraqu hayan aparecido en esa plaza, ese da, mientras los iraques de a pie estaban bloqueados por los tanques de EE.UU.?

No me cabe duda de que ambos aspectos del Complejo Gobierno-Medios actuaron en perfecto tndem en esa ocasin, y ciertamente Maass lo subraya en su artculo. Tal vez choque a los ingenuos y divierta a los realistas que a algunos periodistas presentes en la escena que vieron lo que estaba sucediendo y protestaron ante sus editores porque la imaginera del derribo de la estatua proyectaba la historia equivocada les hayan dicho que se callaran y concentraran sus cmaras en el dolo cado. Las organizaciones de los medios dominantes no tuvieron que esperar rdenes de Washington, lo hicieron todo por cuenta propia. No obstante, no tenemos que leer un cable filtrado por WikiLeaks con detalles de la mecnica del engao para comprender que los ocupantes prepararon la escena para una exitosa representacin teatral.

Esta fusin de los Grandes Medios y del Gran Gobierno no es nada nuevo, por lo menos para los libertarios. Como describe Murray Rothbard, fundador del movimiento libertario moderno:

Todos los Estados estn dirigidos por una clase gobernante que es una minora de la poblacin, y que subsiste como un lastre parastico y explotador sobre el resto de la sociedad. Ya que su rgimen es explotador y parastico, el Estado tiene que comprar la alianza de un grupo de Intelectuales Cortesanos, cuyo papel es embaucar al pblico para que acepte y celebre el gobierno de un Estado en particular. Los Intelectuales Cortesanos tienen trabajo para rato. A cambio de su continuo trabajo de apologetas y embaucadores, los Intelectuales Cortesanos obtienen su sitio como socios menores en el poder, el prestigio, y el botn extrado por el aparato estatal del pblico engaado.

Incluso una dictadura requiere el consentimiento implcito de la mayora, que soporta sus depredaciones hasta que el peso de la tirana la oprime tanto que provoca inevitablemente el mpetu de la rebelin. Lo que modera el espritu de rebelin son los halagos de los Intelectuales Cortesanos, entre los cuales destacan los personajes de los medios dominantes.

Rothbard, en el ensayo citado, discuta el revisionismo histrico la prctica de la revisin de la historia aceptada u oficial (es decir generada por el gobierno) de un evento, como por ejemplo una guerra, a la luz de datos nuevos que a menudo se han pasado por alto deliberadamente o se han suprimido. El trmino se hizo de uso comn despus de la Primera Guerra Mundial, cuando se revel que, lejos de constituir una cruzada gloriosa y heroica para hacer seguro el mundo para la democracia, el conflicto tena que ver con hacer seguro el mundo para el imperialismo europeo, para el trfico de armas y para los intereses bancarios estadounidenses cuyos prstamos a los Aliados fueron garantizados por la entrada de EE.UU. en la guerra. Como seala Rothbard:

La noble tarea del revisionismo es des-embaucar: penetrar en la niebla de mentiras y engao del Estado y de sus Intelectuales Cortesanos, y presentar al pblico la verdadera historia de la motivacin, la naturaleza y las consecuencias de la actividad del Estado. Al ir ms all de la neblina del engao estatal para llegar a la verdad, a la realidad tras las apariencias falsas, el revisionista trabaja para deslegitimar y desacralizar al Estado ante los ojos del pblico anteriormente engaado. Al hacerlo el revisionista, incluso si personalmente no es libertario, realiza un servicio libertario vitalmente importante.

La tarea del revisionismo se parece mucho al supuesto papel del periodismo en una sociedad libre, y es precisamente eso. Sin embargo, como hemos perdido nuestras libertades con el paso de los aos, y se las hemos cedido al gobierno en cada ocasin crtica, nuestros medios libres en lugar de ir ms all de la neblina del engao estatal para llegar a la verdad han actuado como una mquina de humo, generando y legitimando el engao en lugar de denunciarlo.

Por eso WikiLeaks era inevitable: la muerte del periodismo de investigacin ha creado un vaco que han llenado Julian Assange y sus colaboradores causando el pesar y la indignacin de nuestros supuestos periodistas, quienes, como Intelectuales Cortesanos semioficiales, estn preocupados, no de denunciar, sino de proteger al rgimen. Por eso la profesin periodstica no se ha alzado en defensa de WikiLeaks: por cierto, lejos de hacerlo, ha estado a la vanguardia de la banda de linchadores de WikiLeaks.

En lo que Greenwald califica de artculo involuntariamente divertido en Newsweek, nos dicen que la respuesta a la pregunta por qu los periodistas no han defendido a WikiLeaks? Es porque temen la propugnacin. Vaya! No es lo que hicieron todos aquellos pins que aparecieron despus del 11-S? La idea de que los medios estn en contra de la propugnacin es una verdad a medias: ciertos tipos de propugnacin estn prohibidos, mientras que otros se sobreentienden. Cuando se trata de azuzar al Estado en cuanto a la seguridad nacional, los medios estadounidenses han estado histricamente por delante de la poblacin en general en la provocacin de guerras y la incitacin a la histeria blica.

Cuando William Randolph Hearst envi a sus periodistas a Cuba, justo antes del estallido de la guerra entre Espaa y EE.UU., los instruy: Vosotros proporcionad las fotos, yo suministro la guerra. Nada ha cambiado desde entonces, fuera de que la asociacin entre gobiernos y medios se ha reforzado. Este matrimonio iba a las mil maravillas hasta que esa ramera conocida como red mundial de Internet amenaz con meterse en medio de la feliz pareja.

Internet hizo pedazos el monopolio meditico y destruy el papel del periodista como guardin semioficial. Por eso nuestros gobernantes han estado tan ansiosos de regularlo, gravarlo y controlarlo, y si tienen xito en el caso de WikiLeaks habrn logrado una victoria decisiva. Al hacer todo lo que est en su poder por obstruir y destruir WikiLeaks, y encarcelar a Julian Assange, Washington y su Guardia Pretoriana periodstica tienen en mente un objetivo mucho ms amplio: neutralizar Internet.

Expertos legales algunos de los cuales arguyen sin conviccin que slo tratan de preservar la Primera Enmienda estn ocupadsimos elaborando argumentos para cumplir esa tarea, presentando novedosos argumentos, como el concepto de perfil bajo y declaraciones como la sociedad no tiene que tener temora expresarse, pero en el grado adecuado. Y, s, nuestro viejo amigo Cass Sunstein es uno de los participantes.

Liberales, conservadores, demcratas, y republicanos, todos se unen en la supuesta necesidad de controlar Internet. Sus motivaciones podrn variar, pero sus objetivos convergen, y los nicos defensores de la libertad son los liberales que recuerdan lo que significa el verdadero liberalismo, esos (pocos) conservadores que colocan la libertad individual por encima del Estado y, claro est, todos los libertarios (con la excepcin de Michael Moynihan y los editores de la revista Reason).

La libertad, sitiada, pende de un hilo, un hilo muy delgado que se deshace tan rpido que parece a punto de ceder. La nica esperanza es una rebelin en la base ya que los que mandan se preparan para activar el interruptor de emergencia, o estn tan domesticados los estadounidenses que han perdido la capacidad de resistencia?, o incluso el inters? No lo creo, no puedo creerlo, y seguramente no quiero creerlo, pero el tiempo lo dir.

Justin Raimondo es director of Antiwar.com. Es autor de An Enemy of the State: The Life of Murray N. Rothbard (Prometheus Books, 2000), Reclaiming the American Right: The Lost Legacy of the Conservative Movement (ISI, 2008), y Into the Bosnian Quagmire: The Case Against U.S. Intervention in the Balkans (1996). Tambin es editor colaborador de The American Conservative, socio senior del Randolph Bourne Institute, y experto adjunto del Ludwig von Mises Institute. Escribe frecuentemente para Chronicles: A Magazine of American Culture.

Copyright Antiwar.com 2011

Fuente: http://www.informationclearinghouse.info/article27204.htm



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