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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-01-2011

El cuarto da del pueblo tunecino
Reforma o ruptura?

Alma Allende
Rebelin


Despus del domingo viene el lunes. Pero aqu, despus del domingo, sigue siendo Tnez, la nueva dimensin, que empieza a ser, no un pas, no, sino un da muy largo, con horas que se repiten cada cien metros y minutos compuestos de sesenta ciudades diferentes. El cuarto da del pueblo tunecino tiene algo de dj vu. Porque ya lo vivimos ayer? O porque lo habamos soado alguna vez? Los estados de excepcin -las guerras y las vacaciones- imponen una sombra familiar, el eco de un ritornello. Uno vive por primera vez slo las cosas ms banales; las decisivas ya se haban vivido antes, en otro cuerpo, en otra poca de la historia, en otra generacin. Amamos la primera vez por segunda vez; nos morimos siempre de nuevo; la libertad siempre se recupera. Todo lo que ocurre de verdad ya haba ocurrido antes. Porque todo lo que ocurre de verdad le ocurre a mucha gente al mismo tiempo. Esos tanques y esos disparos los reconocemos, pero la alegra de compartir un gesto viene tambin de otra vida anterior, de otras vidas. El terror y el entusiasmo nos traen siempre viejos recuerdos.

Hay una intensificacin que homogeneiza la experiencia o una homogeneizacin que la intensifica. Eso explica, en parte, la delicadeza asombrosa en las colas para comprar el pan, la facilidad con que se establecen conversaciones entre desconocidos, la tranquilidad pasmosa con que la gente toma caf despus de un tiroteo o la pericia rutinaria con que se monta una barricada. O lo ms asombroso: que un pueblo silenciado durante 23 aos hable de pronto de poltica, con naturalidad y madurez, como si lo hubiese hecho toda la vida. Qu gran transformacin que parezca normal lo que no se ha vivido nunca y que se ha conquistado mediante un centenar de muertos!

Hemda, la periodista tunecina despedida de la radio, ha encontrado enseguida trabajo en una emisora nueva: por telfono, sin conocer a sus patrones, se ha convertido en reportera y debe mandar crnicas desde distintos puntos de la ciudad. El propsito es el de radiar en directo el regreso a la normalidad de la poblacin de la capital. Pero lo primero que encontramos en el centro de la ciudad es una manifestacin de unas doscientas personas que avanzan por la avenida de Paris hacia Le Passage. Gritan consignas contra el primer ministro, Mohamed Ghanoushi, y reclaman la inmediata disolucin del RCD, el partido de Ben Ali. Las pocas tiendas abiertas se precipitan a cerrar sus puertas mientras los policas se disponen a intervenir ante la mirada de esfinge de los retenes militares. An faltan unas horas para el anuncio del nuevo gobierno de coalicin, pero esta imagen da ya la medida de un conflicto que slo puede agravarse en los prximos das. Los viandantes que han salido a comprar el pan discuten en voz alta: como en todos los barrios de Tnez, unos sostienen que hay que ser pacientes, esperar a las elecciones y dar la vuelta al calcetn sucio del rgimen desde dentro. Otros, al contrario, desconfan de esa posibilidad y aseguran que es necesario continuar la presin para que no les arrebaten una oportunidad histrica que puede no volver a presentarse.

Prolongamos la discusin en el Bardo, donde la noche del domingo hubo duros enfrentamientos armados y cuyas calles vigila el ejrcito. Curiosamente esto proporciona un pequeo recinto de normalidad paradjica. Mientras decenas de personas forman cola delante del Monoprix, que est a punto de abrir sus puertas, los cafs del barrio estn atestados de clientes y beben y fuman en las terrazas al lado de los soldados que montan la guardia. En uno de ellos encontramos a Mehdi, licenciado en historia, quien sostiene que las manifestaciones son peligrosas, pero tambin una demostracin de normalidad democrtica que debera respetarse. Est preocupado, en todo caso, por la continuidad previsible del nuevo gobierno. Hemda insiste en que lo prioritario es recuperar la normalidad, convocar elecciones y permitir que todos los partidos se presenten a ella, y que para llegar a ese punto es preciso evitar las provocaciones y aceptar la gestin provisional del RCD. Me pregunto para mis adentros qu pensarn al respecto los jvenes tranquilizadores de los cuchillos que defienden los barrios populares y decido proponer a Hemda una visita al Malasin o al Muruj para el da siguiente. En todo caso, es emocionante escucharles pronunciar la palabra democracia; suena muy limpia en sus labios, muy poderosa, difcil de rebatir. A mis objeciones sobre el trabajo en la sombra de EEUU y Francia para imponer lmites a cualquier proceso electoral futuro, responden con cabezonera: elecciones, elecciones, elecciones. Confan de tal manera en la madurez de ese pueblo que ha demostrado en estos das tanto valor, disciplina y dignidad que ven por un solo ojo. Pero ese ojo est lleno de luz.

De vuelta al centro, en la avenida Mohamed V, vemos una escena diminuta y modlica. En medio de la calle hay dos coches que nos bloquean el paso. Los conductores se hablan de ventanilla a ventanilla. Conspiran? Discuten? Se estn pasando un arma? No, uno de ellos alarga la mano y le da al otro media barra de pan. Es la primera baguette que vemos en cinco das.

Pasamos luego por los aledaos de la avenida Bourguiba, donde se respira una enorme tensin -y restos de gases lacrimgenos. Slo hay soldados y policas y caminamos sin querer mirando a los tejados, recordando los francotiradores del ex-dictador que la tarde anterior han provocado el terror.

Por fin vamos a la Qasba. All se encuentran el palacio de Justicia, la Alcalda de Tnez, el Ministerio de Finanzas. Se puede imaginar la vigilancia: tanques, soldados, policas. Y sin embargo -por uno de esas misteriosas extravagancias de este pas- logramos llegar sin que nadie nos detenga ni nos pregunte nada hasta la misma puerta de la sede del Primer Ministro, donde est a punto de celebrarse la conferencia de prensa anunciada para las 15 h.. Hemda, que an no tiene carnet de prensa, pide a un periodista de Al-Jazeera que marque el nmero de la emisora y active el mvil cuando comience a hablar Mohamed Ghanoushi. Es as como consigue retransmitir los nombres de los nuevos ministros que nosotros, fuera, no omos. Pero escuchamos, en cambio, a uno de los policas que custodian el ministerio, muy simptico, muy familiar, que quiere convencernos de que tambin ellos son buenos:

- En realidad somos proletarios y estamos dispuestos a dar la vida por el pueblo. Es una minora la que ha disparado sobre nuestros hermanos y no se nos puede juzgar por lo que han hecho y siguen haciendo unos pocos. Se nos necesita y tendremos que buscar la forma de que los ciudadanos confen en nosotros.

De vuelta a casa, dos horas antes del toque de queda -que se ha retrasado hasta las 7- me entero de la composicin del nuevo gobierno: el RCD conserva todo el aparato del Estado -Interior, Exteriores, Defensa y Justicia- y deja a los tres partidos de oposicin que ya eran legales Sanidad, Desarrollo y Educacin. Si eso es toda la ruptura que puede ofrecer Ghanoushi, hay motivos para preocuparse. La oposicin real -Marzouki o Nasraoui, por ejemplo- denuncian enseguida la continuidad con la dictadura y llaman a los tunecinos a seguir movilizndose.

La situacin, pues, se complica. El ejrcito, independiente pero dbil, apenas si puede hacer otra cosa que contener a las milicias asesinas del ex-dictador. El gobierno ya ha dejado claro cul es la va que se va a seguir. Y los ciudadanos estn divididos entre dos alternativas igualmente peligrosas: ceder puede acabar para siempre con la esperanza de una verdadera democracia para Tnez; seguir luchando puede conducir a una guerra abierta en la que, sin lderes reconocidos ni organizaciones aglutinantes, los rebeldes sean masacrados por todas las partes. La sensacin es que todo se vuelve frgil y peligroso.

A las 9 escuchamos tres rfagas de metralleta cercanas. Luego la noche es tranquila.

En Argelia, en Egipto, en Mauritania tres jvenes siguen el ejemplo de Mohammed Bouazizi y se inmolan como protesta. Tnez ha volteado de un coletazo su posicin en la historia para convertirse en la vanguardia inesperada del mundo rabe. Todos tenemos ahora los dos ojos puestos en este pas.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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