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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-01-2011

Octavo da del pueblo tunecino
Cae o no cae?

Alma Allende
Rebelin

Fotos de Ainara Makalilo


Comenzamos el da con una prueba inquietante de que la revolucin no lo puede todo y de que fuerzas irracionales siguen operando al margen de la lgica dominante de las cosas. Nuestro amigo Amn ha cogido la gripe.

Y sin embargo, la revolucin puede con la tristeza, la melancola, el mal humor, las tendencias suicidas. Mohammed cita el caso de un amigo al que su psiquiatra ha dado de alta despus del 14 de enero, fecha de la cada del dictador. Inventamos un nuevo trmino, la zauraterapia, la revolucin (zaura ) como terapia psicolgica. Las movilizaciones, que se repiten un da ms en el centro de la ciudad, estn salvando cuerpos y almas.

Antes de dirigirnos de nuevo a la avenida Bourguiba nos reunimos en un hotel con Hamami Jilani, sindicalista en el sector de las telecomunicaciones y miembro dirigente del Partido Comunista Obrero de Tnez. Hamami, que es tambin socilogo, no tiene la menor duda de que la presin popular va acabar por derribar el gobierno. El recambio? Desde hace das, dice, hay diversas tentativas para formar coaliciones amplias que eviten el vaco de poder. Aunque el ejrcito es dbil y Ben Al lo mantuvo al margen de los entresijos palaciegos, como un cuerpo de tcnicos muy despolitizado, su prestigio ha aumentado en los ltimos das mientras que los partidos polticos, prohibidos y reprimidos, no han tenido ocasin de hacer llegar sus ideas a la poblacin. Por eso es necesario actuar deprisa. Se espera que maana mismo se anuncie la constitucin del Frente 14 de Enero, que reunir a un amplio espectro de fuerzas izquierdistas y nacionalistas hasta ahora divididas: el PCOT, los Patriotas Democrticos, el Partido del Trabajo Patritico y Democrtico, nasseristas, baazistas, trotskystas y pequeos grupsculos de inspiracin marxista. Ha sido imposible incorporar al Congreso de la Repblica, de Moncef Marzouki, que estara negociando por su parte algn tipo de alianza con el Nahda, el partido islamista de Rachid Ghanouchi, an en el exilio. La fuerza decisiva, en todo caso, ser la UGTT, el sindicato tunecino, al que el propio Jilani pertenece, que cuenta con 500.000 afiliados y cuyas bases han estado desde el principio movilizadas.

- Siempre ha habido dos velocidades dentro de la UGTT -dice Jilani. - La direccin no slo ha colaborado con el rgimen sino que se ha mostrado pasivo, cuando no cmplice, en la detencin de muchos de sus afiliados ms de izquierdas. Pero ahora la presin popular le ha obligado a seguir las directrices de las bases. La UGTT no convoc a la manifestacin del 14 de enero; el da antes haba acudido a la llamada de palacio y el da despus acept formar parte del gobierno de coalicin. Ha sido la presin desde abajo la que le ha hecho rectificar.

El programa del Frente 14 de Enero incluira, como medidas inmediatas, el establecimiento de un gobierno provisional del que slo se excluira al RCD y la convocatoria de elecciones para una asamblea constituyente encargada de redactar una nueva constitucin. Este gobierno se mantendra durante un ao. Para alcanzar este propsito -aade- hay que continuar la presin popular.

- La presin implica dos elementos simultneos: las manifestaciones en la calle y la organizacin de la vida cotidiana. Se han formado ya las llamadas comisiones populares o consejos de defensa de la revolucin en todos los rincones de Tnez. Su misin inicial, la de proteger los barrios de las milicias benalistas, debe extenderse a la gestin de los servicios municipales para construir un nuevo modelo de gestin democrtica popular. Tambin en los puestos de trabajo. Muchos dirigentes de empresas, tanto estatales como privadas, han sido expulsados estos das por los trabajadores

Sobre la amenaza de las milicias, Jilani piensa que el peligro an no conjurado procede de la Guarda Presidencial, un cuerpo enteramente opaco creado por Ben Al, muy bien armado y compuesto de un nmero ignorado de elementos. Anoche volvieron a disparar en el Mourouj y siempre con el propsito de daar el abastecimiento de la ciudad. Por lo dems, tampoco se conoce el nmero exacto de prisioneros polticos, algunos en crceles secretas; ni est claro que se haya liberado a todos los que fueron detenidos la noche del 14 de enero y encerrados en el ministerio del interior.

- La mayor parte de los prisioneros polticos bajo el rgimen de Ben Al pertenecan a nuestro partido, el PCOT, o a los islamistas del Nahda, las nicas dos fuerzas de oposicin real a la dictadura dentro del pas y las que ms sacrificios hicieron. No obstante nuestras diferencias irreconciliables, hay que reconocer el alto coste que han pagado los partidarios del Nahda durante estas dos dcadas. Tambin que desde 1987 su discurso se ha moderado muchsimo: aceptan la separacin entre Estado y religin y el cdigo de familia progresista de Bourguiba. Lo hacen por pragmatismo, conscientes de su debilidad, o estn realmente convencidos? Esta es la pregunta para la que no tenemos respuesta.

La perspicacia de Jilani en su anlisis de la situacin revolucionaria vigente contrasta con la ingenuidad a la hora de juzgar el papel de EEUU y la UE en todo el proceso.

- Les cogi realmente desprevenidos y por eso no han intervenido directamente. Ahora no tienen ms remedio que operar a remolque de las fuerzas populares.

Por ltimo, le preguntamos por las razones que explican, a su juicio, la potencia de una revolucin popular que no esperaba nadie.

- Al contrario de lo que se dice, el movimiento no ha sido espontneo o al menos mucho menos de lo que se cree. Las primeras manifestaciones en Sidi Bousid tras la inmolacin de Mohammed Bouazizi demostraban ya su fuerte carga poltica: El empleo es un derecho, repetan las consignas, o empleo, libertad, dignidad nacional. Detrs estaba el trabajo sindical, puesto a prueba sobre todo durante las revueltas populares de la cuenca minera de Gafsa, entre enero y agosto de 2008. Tambin se exagera -dice en respuesta a una pregunta nuestra- el papel de internet. En ausencia de libertad de expresin, facebook y el telfono mvil han jugado un papel esencial, pero no son ellos los que han tumbado al gobierno.

(El tanque e Ibn Khaldun)

Antes de sumergirnos en la zauraterapia, hablamos tambin con Fabio Marchelli, abogado italiano vinculado a la organizacin Juristas Demcratas y que forma parte de la Delegacin Euromediterrnea de DDHH encargada de informar a la UE de las violaciones cometidas por el rgimen de Ben Al.

- Se debe crear una comisin de investigacin -dice- que se ocupe de todas las violaciones cometidas desde 1957, con arreglo al modelo seguido en algunos pases latinoamericanos.

Se ha reunido en estos das con organizaciones de DDHH, con el comit de apoyo a Gafsa y con asociaciones de mujeres. Tambin con los representantes de los abogados, muy combativos en el ltimo perodo (y que ayer expulsaron del palacio del Tribunal a un juez particularmente corrupto). La delegacin fue recibida tambin por el ministro del interior, Ahmed Friaa, uno de los blancos de la ira popular.

- El ministro -dice Marchelli- se refiri a las protestas populares como una revolucin y reconoci que su puesto es provisional.

Respecto a la posicin de la UE durante la crisis, cree que su imagen ha quedado claramente lastimada por el sostn a Ben Al de los gobiernos francs, espaol e italiano y que las instituciones europeas deberan apoyar ahora todos los cambios en favor de un movimiento democrtico fuerte y organizado y con objetivos claros para el futuro inmediato.

Debera, s, pero debera entonces -digo yo- negar su apoyo a Israel, a Argelia, a Egipto, a Jordania, a Arabia Saud y a un largo etctera de bribones y criminales. Y parece ms probable que siga siendo incoherente con sus discursos que incoherente con sus intereses.

(Los libros prohibidos)

El centro de la ciudad sigue en revolucin. Todos los das se renuevan las protestas y todos los das se producen pequeos cambios. Hoy las concentraciones comienzan de nuevo en la Avenida Bourguiba, donde a las 10 de la maana, frente al ministerio del interior, hay ya en torno a dos mil personas. El gobierno, entre otras medidas tomadas a modo de placebo, ha decretado tres das de luto por los mrtires que el propio gobierno mat y las banderas ondean en los edificios a media asta. Un cartel enarbolado por los manifestantes dice: Ningn luto antes de que el gobierno caiga. Se grita, se canta, se reclama la disolucin del gabinete. La polica entra desde la plaza 7 de Noviembre y tiende un nutrido cordn de escudos y cascos para cortar la calzada en direccin a Mohamed V. Un grupo de manifestantes que irrumpe con gritos y cnticos desde el extremo opuesto empuja sin saberlo y por un momento el choque parece inevitable. Pero la disciplina por ambas partes es muy grande y, tras apoyarse un instante sobre el muro de uniformes negros, la multitud se gira y comienza a caminar hacia la Medina, sin dejar de gritar y cantar el himno nacional.

(Gloria a la revolucin del 14 de enero)

En el boulevard quedan, como el da anterior, pequeos corros asamblearios y muchos signos desperdigados de cambio. Las pintadas, por ejemplo, en rabe y francs, que invocan la libertad desde las paredes o denuncian los crmenes del rgimen. O la gente que se agolpa en el escaparate de la librera El-Kitab, que ha puesto a la venta La regenta de Carthago , el libro prohibido sobre la mujer de Ben Al y su familia, y las obras del periodista opositor Ben Brik. O el extraordinario consumo -o exhibicin supersticiosa- de peridicos en un pas que despreciaba la prensa. O esa ocupacin de los cafs de la avenida por parte de periodistas, intelectuales, artistas que se toman un caf, se intercambian informacin, hablan sin bridas, antes de sumarse de nuevo a las movilizaciones. O esa seora de sesenta aos, con aspecto de matrona de barrio, que se me acerca con naturalidad y me pregunta por la manifestacin como si me estuviera preguntando por la parada del autobs. Frente a la catedral, la estatua del gran historiador tunecino Ibn Khaldun comparte tiernamente el espacio con un tanque en flor. La avenida Bourguiba, que siempre tuvo un aire sombro -un aire retenido- tiene hoy la ligereza soleada de un da de campo. La atmsfera de esos sueos freudianos en los que uno se agacha a coger una moneda y ve otra al lado y luego otra y de pronto todo alrededor se ha llenado de monedas brillantes que no caben en las manos.

As esta extraa dinmica de concentraciones voltiles. De pronto se vuelven a or gritos y llegan los mdicos, con sus batas blancas, insistiendo a voz en grito: El dictador en Arabia Saud y el mismo gobierno aqu. Y se van. Y luego se oyen carreras y pasan a ritmo casi militar los trabajadores del transporte, que han abandonado sus vehculos y se dirigen coreando consignas hacia la Puerta de Francia. Y desaparecen.

La manifestacin -se nos dice- se ha desplazado a la Qasba, a la plaza delante de la sede del Primer Ministro, y hacia all nos dirigimos atravesando La Medina, extraamente relajada sin la presencia de turistas. Es lgico ir a la Qasba: es ah donde hay que hacer ahora la presin. En ese gran cajn formado por el ministerio de Finanzas, el Ayuntamiento, el Palacio de Justicia y el Primer Ministerio, algunos miles de personas hacen hervir sus carteles y sus banderas. Son ya las 14 h. y la multitud insiste, resiste, no se cansa: Seguiremos luchando hasta derribar el gobierno. Cuando el gritero o la espesura parecen aflojar, un nuevo grupo se incorpora desde detrs del hospital, con nuevas consignas y nuevos refuerzos; y luego otro desde el corazn de La Medina. Racimos de jvenes cuelgan de las ventanas del primer ministro.

(Delante del Primer Ministerio en la Qasba)

Hacia las 14.30 ocurre una cosa increble. Una mujer de cuarenta aos se me acerca muy excitada, tira de mi manga con obstinacin y me pide que la siga. Se re, se re a carcajadas. Yo al principio no entiendo nada o lo que entiendo me parece un delirio absurdo: Un ministro sin coche! !Un ministro a pie!. Y no puede dejar de rerse; se parte literalmente de risa mientras hace seas a uno y a otro, se excita, seala con el dedo. All est: es un hombre ligeramente panzn, calvo, de patillas blancas, vestido con chaqueta gris. Es Ahmed Brami, el ministro de Enseanza Superior, lder de uno de los partidos de oposicin ( Tajdid , Renovacin) que acept tareas de gobierno y no ha dimitido. Est esperando el automvil y trata de pasar desapercibido. La mujer est patidifusa; no se lo acaba de creer y se re como una nia: A pie en la calle! Un ministro y no tiene coche!. Pero a los que reparan en l finalmente no les hace ninguna gracia. Veinte o treinta personas se le echan encima; forman un corro a su alrededor y se va estrechando amenazadoramente. Levantan los puos, le increpan: Colaboracionista, traidor, dimite si no quieres ser cmplice, ests vendiendo a nuestro mrtires. Por un momento me temo lo peor. En una situacin parecida, en cualquier otro lugar, habra sido atrozmente normal un linchamiento o, por lo menos, una agresin vengativa. Pero no en Tnez despus de la revolucin. El ministro intenta dar explicaciones, luego se acalora, intenta abrirse paso en el follaje. Algunos le empujan; otros, los ms, piden calma. Y despus de algunos forcejeos e insultos, el ministro se desprende de la tenaza, monta en un coche y escapa indemne.

(La polica se une al pueblo)


Pero lo ms increble ocurre hacia las 15 h.. De pronto desde la calle Bab Bnat, donde se encuentran los tribunales, sube un nutrido grupo de manifestantes en un coro de voces. Van vestidos de negro. Exhiben un carnet en la mano. Son, s, policas que vienen a sumarse a las protestas. Cuando llegan a los aledaos de la plaza, donde se encuentran frente a frente los camiones militares y las furgonetas policiales, los recin llegados se mezclan con los ciudadanos, se estrechan las manos, se abrazan. Algunos de ellos se suben al techo de dos de los furgones y gritan: Viva el pueblo, nosotros tambin somos hijos suyos. Los enfervorizados espectadores aplauden y vitorean. Todos juntos cantan una vez ms el himno nacional: namutu namutu wa yahi el-watan.

A mi lado, Amira llora.

Ahora s parece el final. El rgimen se desmorona. No queda nadie para defender al gobierno.

Pero no. Cuando llego a casa empiezo a pensar que lo he soado. Busco en los peridicos y no hay nada; nada en los espaoles, pero nada tampoco en Liberation o Le Monde, que estos das atrs han actualizado la informacin minuto a minuto. Seguramente lo han hecho por miedo o por un clculo astuto, pero, no es importante que una parte de la polica se una a los manifestantes declarando su ruptura con el rgimen? Y me doy cuenta de que, al igual que una parte de la pequea burguesa tunecina, cansada de tantas fatigas, los medios de comunicacin occidentales se dan por contentos con los cambios producidos y buscan ms bien frenar cualquier ulterior evolucin. Hablan de las medidas tomadas por Ghanouchi en favor de la libertad, pero nada, o muy poco, de las manifestaciones contra l. No es que lo que no salga en las televisiones o los peridicos no exista; es que no produce efectos. Se puede fingir que no ha ocurrido. Los gobiernos no se sienten concernidos por las presiones sino por la atencin que se les presta. Facebook -hormigueo de intercambios privados- tiene mucho menos poder que El Pas o The New York Times, que pueden convertir en un hormigueo de intercambios privados una sublevacin policial a favor del pueblo enfrente del Primer Ministerio, en una plaza pblica bajo el sol.

Yo cre haber vivido un momento histrico, como les gusta decir a los coleccionistas de sobresaltos, y slo haba entrevisto el descarte de un peridico.

Hamami Jilani se equivoca? No habr ruptura? No caer el gobierno?

Como todo es todo el rato sorprendente, no hay que sacar conclusiones. La gripe existe, es verdad, pero el pueblo tunecino es slo un beb de apenas ocho das.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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