Portada :: frica :: Revueltas en el norte de frica
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-01-2011

Noveno da del pueblo tunecino
Se estira se estira y no se rompe

Alma Allende
Rebelin

Fotos de Ainara Makalilo


En algn sentido me siento estos das muy tunecina: porque, como los dems tunecinos, me doy cuenta de que no he comprendido nada hasta ahora de Tnez. Y porque lo que hoy me queda claro, como a todos los dems tunecinos, es sobre todo una gran confusin. La situacin, ocho das despus del derribo del tirano, se estira y se estira sin llegar a romperse. Como en todas las revoluciones, en las primeras semanas se decide todo y hoy uno tiene la sensacin un poco molesta -como de libertad vaporosa, dolorosa, informe- de una gran indefinicin.

Hay pedacitos por todos lados que no acaban de reunirse. Esos pedacitos dan un aire festivo a una ciudad hasta hace muy poco amortajada bajo un cristal sucio. Pero tambin alimentan la impresin de que cualquier cosa -cualquier cosa- puede pasar, y no todas ellas buenas. La descomposicin rapidsima del rgimen, que hoy ha arrastrado a la polica, mezclada en la avenida Bourguiba con el resto de los manifestantes, reivindicativa y patritica, genera una alegra furiosa, una emocin contagiosa, pero tambin rinde vulnerables a las fuerzas populares. Debemos recordar que en estos momentos, mientras la vida reprimida estalla por todas las costuras, hay muchas sectores organizados haciendo clculos en la oscuridad: de Gadafi a los EEUU, de las milicias negras a los dirigentes del RCD, de la Unin Europea a los islamistas. Qu est haciendo la izquierda?

Sumergido en el torbellino, uno apenas si puede hacer otra cosa que imaginar. Y yo imagino las cosas as: el gobierno gana tiempo; la UGTT lo pierde en discusiones sin salida; la pequea burguesa empieza a a aorar un poco de orden y estabilidad; los artistas e intelectuales componen odas a los mrtires y festejan la libertad de expresin en teatros y centros liberados; los islamistas, minora debilitada, comienzan a asomarse a la calle; y el ejrcito, que algunos consideran la baza de los EEUU, se deja querer por el pueblo y se mantiene a la expectativa. Resta saber qu ocurre en el resto del pas, sobre todo en el centro-oeste, donde empezaron las protestas y donde probablemente se est decidiendo la situacin a espaldas de la capital.

A las 12 de la maana, la avenida Bourguiba sigue con sus hervores excitados. Esta vez, junto a los tanques que custodian el ministerio del Interior, son los policas los que se manifiestan, prolongando el giro sorprendente del da anterior. Se les reconoce enseguida, aun si la mayor parte de ellos visten de paisano, e imponen un cierto recelo: ahora son buenos, dicen, pero hay en sus rostros una opaca chulera que invita poco a la confraternizacin. Si uno mira a las paredes de los edificios contiguos al ministerio no puede dejar de emocionarse: el pueblo ha liberado a la polica, la polica con la revolucin, somos inocentes de las muertes de los mrtires y en una valla publicitaria un espurreo de desprecio hacia el dictador: la polica escupe sobre Ben Al. Pero si se vuelve la cabeza hacia el apretado grupo de cuero negro -color visualmente dominante- se recuerda sin querer la noche muy prxima del 14 de enero, en la que amigos y conocidos fueron implacablemente perseguidos por los edificios circundantes y algunos de ellos conducidos a los stanos siniestros del ministerio, torturados y slo liberados das despus.

Me acerco a algunos de ellos o, ms bien, me buscan para hacerme llegar su mensaje. Est claro que no quieren verse atrapados en la debacle ni verse convertidos en chivos expiatorios de la revolucin. La maniobra defensiva es evidente. Quieren hacerse escuchar y su misma necesidad de justificarse delata un nerviosismo poco tranquilizador. Uno de ellos me cuenta que era oficial de la polica hasta 1998, fecha en que dimiti para permanecer ligado al ministerio como simple funcionario. Asegura haber mantenido vnculos con asociaciones de derechos humanos y haber tratado de denunciar muchas veces los abusos y violaciones all cometidos.

- Nosotros no hemos reprimido ni torturado.

- Y entonces quin lo ha hecho?

- Han sido la Guardia Presidencial y las milicias del dictador.

Un compaero a su lado, muy excitado, interviene, alza la voz, se defiende en tono casi agresivo:

- Somos muchos, muchos, los que nos hemos negado a cumplir rdenes y a torturar a los detenidos.

Los dos insisten en una consigna que se repite una y otra vez entre estrofa y estrofa del himno nacional: estamos al servicio del pueblo, no de la mafia. Son, dicen, proletarios; muchos de ellos ganan slo 300 dinares al mes (150 euros), y estn tambin ah para reivindicar mejoras salariales. Como para confirmar sus palabras, en la tribuna improvisada sobre uno de los furgones, uno de los oradores exhibe una naranja y un bocadillo, smbolos de la pobreza de su vida material. Queremos patria, democracia y dignidad, grita alzando las manos y cientos de voces responden coreando la misma consigna.

Pero otro, entre tanto, me llama aparte y me dice que estn ah tambin -y que se lo haga saber al mundo- para reivindicar el derecho de sus mujeres a llevar velo, prohibido por la dictadura laica de Ben Al. Tenemos derecho a vestir como queramos, me dice.

En el comunicado que reparten en el bulevar no se incluye esta demanda. Se habla de su condicin de hijos del pueblo, se acusa al RCD y se reclama la separacin entre el Estado y los partidos polticos, as como su derecho a formar un sindicato policial. Se cierra con un: Viva Tnez libre e independiente.

Entre tanto, al otro lado de la Medina, sigue en la Qasba la presin ante la sede del Primer Ministro, ahora protegido por el ejrcito. Unas quinientas personas se han reunido se nuevo a exigir la disolucin del gobierno a gritos, hoy a dos metros de la puerta y las ventanas. Pero hay algo que me llama la atencin. De algn modo el perfil social de los manifestantes ha cambiado. Son ms bien familias completas, ellas -madres e hijas- con velo; ellos con barba y estigma de oracin en la frente. Est claro que los islamistas, muy minoritarios y estos das casi completamente ausentes (el propio Rachid Ghanoushi, lder del Nahda, ha confesado su nulo protagonismo en la revolucin) se atreven a hacerse ver y sustituyen en parte a los estudiantes, intelectuales, profesores, que ayer gritaban en la Qasba y que ahora festejan su libertad nueva en la Avenida Bourguiba, a doscientos metros de la polica rebelde, entre el Teatro Municipal y el caf Univers.

All voy de nuevo y le manifiesto mi preocupacin a Ins y Mohamed:

- Vosotros estis aqu tocando la guitarra mientras los islamistas presionan al gobierno. Desde fuera da la impresin de que en estos das es cuando se decide todo, y cuando tambin se puede perder todo.

Sabi, un hombre mayor, de aspecto muy inteligente, periodista tunecino ya retirado que ha vuelto del exilio en Francia para participar en el movimiento de transformacin, interviene para decirme que hay que darse tiempo, que hace slo ocho das que se expuls al dictador y cita la Revolucin de los Claveles en Portugal.

- Pero precisamente: esa revolucin se perdi.

Dice, en todo caso, algo muy serio. No se puede medir la consistencia y direccin del proceso a partir de la capital. Una de las caractersticas singulares de la revolucin tunecina es que no se ha impuesto desde la ciudad de Tnez al conjunto del pas sino que, al contrario, ha comenzado fuera, en el centro-oeste, en las zonas ms deprimidas y abandonadas, para alcanzar slo al final el ncleo econmico y administrativo de la capital. Es all -en Sidi Bou Sid, en Thala, en Menzel Bouzaine, en Reguev, en Qasserine- donde la gente se est organizando, apoyada por el sindicato, pero a partir de un impulso enteramente propio. Un comunicado firmado el 20 de enero en Qasserine por el Consejo Local de Defensa y Desarrollo de la Revolucin as parece demostrarlo. En l, tras reclamar la disolucin del gobierno, el enjuiciamiento de los represores y asesinos y el establecimiento de una asamblea constitucional, se habla de los enemigos internos y externos que quieren invalidar el sacrificio de los mrtires en favor del imperialismo, el sionismo y los regmenes rabes reaccionarios y reclama justicia social y reparto equitativo de la riqueza entre los sectores ms desfavorecidos.

Casi al mismo tiempo Ins me entrega otro comunicado. Por fin se ha constituido el Frente 14 de Enero, anunciado ayer. Lo forman la Corriente Baazista, la Liga de la Izquierda Laborista, los Patriotas Democrticos, el Movimiento de Patriotas Demcratas, el Partido Comunista de los Trabajadores de Tnez, el Movimiento Naserista, el Partido del Trabajo Patritico y Democrtico y la Izquierda Independiente. Su programa, que coincide en lo bsico con las reivindicaciones mayoritarias, incluye algunos puntos concernientes a la poltica social e internacional: la construccin de una economa nacional al servicio del pueblo que ponga los sectores vitales y estratgicos bajo el control del Estado, con la nacionalizacin de todas las empresas e instituciones privatizadas y el rechazo de toda naturalizacin de relaciones con la entidad sionista, as como el apoyo a todos los movimientos de liberacin nacional del mundo rabe.

Al caer la tarde, una multitud se ha formado delante del Teatro para rendir homenaje a los mrtires. Se encienden velas en el suelo del bulevar mientras se cantan viejas canciones del movimiento estudiantil de los 80 y se entona de nuevo el himno nacional. Varias manos pintan en un gran lienzo trazos de libertad. De pronto me fijo en que no nos hemos fijado en que la imagen de Ben Al ha desaparecido de todos los edificios, todas las tiendas, todos los cafs y me acuerdo de un esplndido chiste visual colgado en facebook: en l se ve la silueta del dictador con el cuerpo en blanco y encima el rtulo Error 404 Not found (el indicativo de las pginas censuradas en internet). Un joven a mi lado se re a carcajadas, con una felicidad infantil, moviendo la cabeza con incredulidad: Y decan que los tunecinos ramos unas bestias. Todo est por decidir, pero otro chiste que circula en estos das -hay un germinar loco de ingenio y ocurrencia- da buena medida de lo que ya ha cambiado entre la gente: Ben Al cre los fondos de solidaridad; se ha llevado los fondos y ha dejado la solidaridad.

UGTT debe decidir entre maana y pasado si convoca o no la huelga general que puede romper la indefinicin a favor de la ruptura con el pasado.

Y antes de acostarme me llega la noticia de una caravana que ha salido de Menzel Bouziane, a 280 kilmetros de la ciudad de Tnez, y a la que se va sumando por el camino gente de otras regiones. Se habla ya de cuatro mil personas, cuyo propsito es alcanzar la capital para reclamar la disolucin del gobierno. El fro invernal que por fin se ha abatido sobre el pas sin duda se atemperar bajo su aliento.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter