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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-01-2011

Undcimo da del pueblo tunecino
No es por el paro, es por la dignidad

Alma Allende
Rebelin

Fotos de Ainara Makalilo


El pas desconocido, el que ha hecho la revolucin, el que ha entregado 120 vidas en las protestas, no est en la avenida Bourguiba, donde los intelectuales festejan una revolucin de la que se benefician y de la que se retiran, sino en la Qasba, enfrente de la sede del primer ministro. Ayer durmieron cientos de personas aqu, y ahora, a las 12 de la maana, son miles los que siguen gritando: nidal nidal hata iusqut el nitham, al yaum al-yaum tusqut el-hukuma (lucha lucha hasta acabar con el rgimen, hoy hoy derrocamos al gobierno). Han venido de todos las vastas afueras de Tnez, algunos han caminado durante tres das y muchos ms se han quedado en el camino, en las carreteras bloqueadas por el ejrcito. Es gente de carne y hueso, terrestre, erosionada por el viento, coloreada por el sol. Llevan ms de un mes peleando y no ceden; y nada indica que vayan a ceder. Hoy s, hoy las cosas se aclaran. Son francos, disciplinados, alegres. Son brbaros puros, con sus lazos de 'asabiya -que dira Ibn Khaldun- y estn aqu para impedir que la capital les robe o les malverse la revolucin. Van a civilizar a los civilizados; van a refinar a los refinados.

Est hermosa la Qasba con sus pintadas en rabe subiendo por las paredes blancas; con las mantas y colchones amontonadas contra el muro, al lado de jvenes tiznados -pero tambin madres- que descansan de la fatiga; con la pancarta enorme que declara la decisin de vencer o morir; con las banderas flameantes; con las fotos de los mrtires nombrados ministros de la nacin; con sus mil consignas garrapateadas en rojo sobre folios pegados en la pared; con los corros de pueblerinos ilustrados danzando sin parar -las kufiyas blanquinegras en la cabeza- para expresar con piernas y brazos su humeante dolor; y con toda esa excitacin imperativa de jvenes silenciados durante aos que quieren contar su historia, trenzada ya en la historia del pas. Es necesaria una revolucin para apropiarse mentalmente de nombres hasta ahora desprovistos de materia y electrizar la geografa; ah estn Regueb, Kasserine, Sidi Bou Sid, Tela, Jendouba, Kef, Tozeur. Nosotros somos los revolucionarios y no hemos acabado. Es casi increble pensar que estos hombres y mujeres despreciados, con un volcn de rabia en su interior, llevan en la calle das y das en un pas sin control, con la polica desarmada, y no han causado un desorden, quemado un automvil, linchado a un opresor. Dnde estn los terroristas?, proclama un joven de Regueb, trabajamos y al mismo tiempo hacemos la revolucin.

Hay algo siempre naif en la palabra democracia cuando la pronuncia un burgus que no se pregunta de dnde proviene su riqueza ni en qu fango se apoya su libertad. Pero hay algo enorme, grandioso, muy serio, emocionante y casi estremecedor en esa palabra gritada rabiosamente por jvenes que sobreviven a ras de tierra. No hay nada de extrao en que sean pobres y no sean comunistas; lo extrao es que sean pobres y no pidan pan ni un rey bueno ni la intervencin de Dios. Eso es lo que desearan nuestros medios occidentales y nuestros gobiernos colonizadores; eso es lo que esperaran los socilogos y los misntropos. Pero hete aqu que estos brbaros iluminados, algunos de los cuales no tienen ni siquiera carnet de identidad, se presentan en la capital, a pie o en sus camionetas abiertas, y exigen democracia. En un proceso que recuerda mucho a los primeros aos de la revolucin bolivariana, tienen la boca llena de formas que exigen un contenido, que no son compatibles con cualquier modo de gestin de la economa, que chocan con la hipocresa de nuestras instituciones europeas: democracia, constitucin, gobierno del pueblo, dignidad.

Dignidad, dignidad, dignidad (karama, karama, karama), que es como decir trabajo, hospitales, cultura, decisin, palabra pblica, respeto a sus propias creaciones. No han arriesgado la vida para que los pudientes de la capital tengan youtube y puedan hacer arte de vanguardia. No nos robarn nuestra revolucin, dice una pintada en la plaza Ibn Khaldun; y saben muy bien que es su oportunidad. Han tardado 23 aos -54- en movilizarse y conocen los riesgos de aceptar una tregua antes de alcanzar sus objetivos. Es como andar en bicicleta, recordaba esta tarde Mohamed al Che Guevara, si dejas de pedalear, te caes.

Hoy podra contar la historia de Mohamed Ayouni, en huelga de hambre desde el da 14; o la de Imed, que como tantos otros emigrantes ha regresado de Francia para sumarse a la revolucin; o la de Aisar, sin trabajo desde 2005 por imperativo policial; o la de Kamel, 18 aos ya sin papeles en su propio pas; o la de Riad, al que el gobernorado de Gafsa declar invlido para impedirle conseguir un empleo; o la de Hossni, cuyo hermano muri quemado en la crcel de Monastir. Pero no. Me voy a limitar a traducir algunas de las consignas escritas en los papelitos de la pared, bajo el Ministerio de Finanzas; a reproducir el discurso de Fahim, parado de 26 aos, lder natural, inteligencia prodigiosa; y a incluir algunas fotografas de Ainara Makalilo, que estos das tiene el corazn en los ojos.

He aqu las consignas:

Somos mayores de edad: podemos elegir nuestro gobierno.

Los mrtires de Qasserine han liberado Tnez.

Pueblo, libertad, dignidad nacional.

Gracias, Bouazizi, nos has recordado que tenemos dignidad.

La revolucin empez en Redeyev en 2008 (las revueltas en la cuenca minera).

Revolucin de la dignidad; revolucin de los jvenes.

Asamblea constituyente.

Cay el dictador, permanece la dictadura.

He aqu el discurso de Fahim:

Hacemos la revolucin contra todos los smbolos polticos del rgimen dictatorial. No nos digis, no, que hay que evitar un vaco de poder, que estis tratando de conducirnos poco a poco a la democracia sin traumas ni violencias. Soy de Sidi Bousid y en todos los pueblos del gobernorado la gente est siempre en la calle, en permanente manifestacin, y no ha ha habido ningn problema. Hemos venido de todos los rincones de Tnez, miles de nosotros, y no ha habido ningn desorden. Los desrdenes los provocaba la polica. Somos civilizados. Somos los civilizados. No aceptaremos ningn compromiso. Es una cuestin de legitimidad y confianza. Ghanoushi y los suyos, incluidos los miembros del Tajdid y el PDP, no tienen legitimidad para gobernarnos. Y nosotros no tenemos confianza en ellos.

Esta es la revolucin de la honestidad y la dignidad. Es nuestra revolucin. Queremos una democracia real, no la falsa e hipcrita democracia de los europeos que quieren darnos lecciones y apoyan a los dictadores. No admitiremos que nadie se aproveche de nuestra revolucin ni que nos la roben en provecho de otros. Si nos representa algn partido? Ese es precisamente el problema: los que hemos hecho la revolucin en Sidi Bousid no estamos representados en el gobierno. Somos hombres y mujeres maduros, conscientes, nos representamos a nosotros mismos.

Claro que habr que elaborar proyectos de contenido social, pero lo que ahora queremos, para poder precisamente elaborarlos y aplicarlos, es un gobierno de unidad nacional, independiente, soberano, y una asamblea constituyente que permita a todos las voces expresarse, elaborar programas, discutir soluciones. Nosotros no somos como los occidentales nos imaginan. No os equivoquis: no nos hemos levantado a causa del paro; nos hemos levantado en defensa de nuestra dignidad. Estamos bien educados, pero somos pobres. Queremos una democracia de verdad. Y eso es precisamente lo que la UE, los Estados Unidos e Israel quieren impedir no slo en Tnez sino en todo el mundo rabe, donde sigue gobernando Ben Ali.

Y he aqu las fotografas:

No nos robaris la revolucin

Las familias de la caravana de la liberacin

Los revolucionarios se toman un respiro

Hoy hoy hoy derrocamos al gobierno

Las consignas en la pared del Ministerio de Finanzas

Preparados para violar el toque de queda

Los guevarianos de Regueb

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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