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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-01-2011

Duodcimo da del pueblo tunecino
La lucha de clases

Alma Allende
Rebelin

Fotos de Ainara Makalilo


Tras una semana de unanimidad festiva y libertaria, una linea de clase comienza a dividir la sociedad tunecina. Se trata de una divisin territorial -que comienza a separar la avenida Bourguiba de la Qasba- y es tambin una divisin ciberntica, en la que los mismos que utilizaban facebook para atizar la revolucin hoy llaman a la calma y al restablecimiento del orden contra el proletariado insurgente. Se percibe una contraccin inquietante. Hamida Ben Romdhane, director de La Press, que el da 13 elogiaba sumisamente las ltimas medidas de Ben Al, el da 20 exhiba en portada las presuntas joyas confiscadas a la familia Trabelsi y ensalzaba la revolucin del digno pueblo tunecino. Hoy, da 25, La Press recula de nuevo y en distintos artculos condena las huelgas sectoriales convocadas por la UGTT y se pregunta si no se est yendo demasiado lejos. Al mismo tiempo llegan noticias de asaltos a los locales del sindicato en Gafsa, en el Kef y en Mahdia. En los telfonos mviles se reciben mensajes invitando a apoyar a Mohamed Ghanoushi y a oponerse a las protestas. Y una primera manifestacin progubernamental, portando consignas contra las huelgas y a favor de un proceso tutelado, se enfrenta en la avenida Bourguiba, a las 5 de la tarde, con un nutrido grupo que reclama la disolucin del gobierno provisional. El inesperado discurso de ayer en la Qasba de Rachid Ammar, el hroe militar que se neg a aceptar las rdenes del dictador y al que se vincula con los EEUU, da toda la medida de una rpida involucin que se refleja en ese espacio de libertad abierto o consentido por el gabinete en funciones. Se vuelve a hablar de censura, de opacidad, de discreto control sobre jvenes y opositores.

El conflicto es palmariamente ya un conflicto de clases.

Un tipo viscoso, con bigotito recedista, argumenta dulzn en la avenida Bourguiba, al paso de la manifestacin conservadora:

- Slo este gobierno puede conducirnos a la democracia. Hay que dejarles trabajar y ponernos tambin nosotros a trabajar. Se est obstaculizando el desarrollo del pas y eso slo puede conducir a la catstrofe.

Dice llamarse Mohamed -Mohamed!- y es ingeniero, trabaja para una empresa privada y lleva a sus hijos a una escuela tambin privada, ahora sin actividad a causa de la huelga de enseanza.

En la Qasba, entre tanto, Hayder Allagui, joven parado de 22 aos que vio morir a tres de sus mejores amigos en Qasserin bajo las balas de los francotiradores, se queja con rabia mal contenida:

- Por qu los tunisois (los habitantes de la capital) estn tomando caf y no se unen a nosotros?

- No digas eso -responde una mujer de mediana edad. - No es verdad. No has visto que se solidarizan y nos traen comida?

- Pero son slo las mujeres. Los hombres estn en los cafs sentados. Nos desprecian, nos han despreciado siempre. No existimos.

- Y sin embargo Qasserine, Thala, Sidi Bousid son ya lugares mticos, la cuna de la revolucin -intervenimos.

- Hemos tenido que sacrificar a cientos de los nuestros para que sepan dnde estn nuestras ciudades y enseguida nos olvidarn de nuevo.

Insisto en mi imagen de ayer. Las miles de personas asentadas desde hace dos das en la Qasba, y la mayor parte de los que les acompaan durante la jornada, son los brbaros de Ibn Khaldun. Islamistas del Nahda, sindicalistas de izquierdas, jvenes desamparados sin filiacin poltica, hijos de pueblos y barrios sin aurora, estn unidos por una comn conciencia de clase, por lazos de 'asabiya o solidaridad orgnica que se reflejan en una obstinacin alegre y orgullosa y en una disciplina inslita. Estn unidos, s, por una enmienda a la totalidad a los que quieren seguir gobernando sin ellos. En apenas 72 horas han levantado ya un pequeo campo de refugiados con visos de estabilidad. Las jaimas se multiplican en el espacio de la plaza. Un pequeo recinto vallado ha sido reservado para la cuisine, donde se reciben barras de pan, cartones de leche, platos cubiertos con servilletas a cuadros que luego se distribuyen entre los all reunidos. En el prtico del ministerio de Finanzas, con el suelo cubierto de colchones y mantas, un grupo de madres robustas hace bocadillos. En otra jaima, en el borde de la plaza, un hombre dotado de feliz caligrafa escribe sobre folios de papel las consignas que le dictan los que quieren dejar su impulso de libertad sobre los muros. La Qasba es probablemente el lugar ms limpio de Tnez, o quizs el nico verdaderamente limpio: piquetes de jvenes pasan barriendo y recogiendo los desperdicios en bolsas de plstico. Somos libres y responsables, dice una pintada en la pared. Todos los das se acumulan nuevas pintadas en las fachadas de los edificios. Hay una muy hermosa que dice en rabe: Pueblo, la historia nace bajo tus pies slo si sigues caminando. Y otra que no estaba ayer grita en correctsimo espaol: Hasta la victoria. Sobre la puerta del Primer Ministro han colgado un gran cartel: Ministerio del pueblo. Y los de Sidi Bousid anuncian en una pancarta: No se negocia con la sangre de los mrtires. La gente de Tataouine, por su parte, ha escrito en una lona: No hay ms shar'ia que el pueblo.

Qu gobierno puede soportar tener durante das y das ocupados dos ministerios en la explanada donde se encuentra la mayor parte de las instituciones del Estado, en el arranque de la zona ms turstica de la ciudad? Cunto tiempo ms aguantar a esta tozuda patulea de paletos luminosos que no da la menor muestra de cansancio?

- Nos han dejado estar aqu porque crean que bamos a cansarnos en dos das -dice Selim. - Y fjate: se me ha curado incluso la gripe. Si quieren que nos vayamos, es muy fcil. Basta con que se marchen ellos antes.

Es extraordinaria la claridad comn que se respira en la plaza. Un racimo de jvenes de Metlaoui, todos en paro, se rebelan de nuevo contra nuestra pretensin de convertirlos en tteres de su penuria econmica:

- Primero libertad y democracia, luego trabajo.

- Para vivir se necesita poco, podemos compartir dice Sadok Meki, agricultor de 47 aos que ha venido de Nabeul. - Queremos un poco de pan y toda la libertad.

Es impresionante, en todo caso, el Tnez que aparece al descubierto cuando -como nos dice el propio Sadok Meki- se levanta la tapa. Munyid Allagui, herido de bala en el vientre el 10 de enero en Qasserine, 51 aos, padre de 9 hijos, parado. Nabil, casado con una diseadora que remienda zapatos, los dos en paro. Nasri Yousef, diplomado, 12 aos ya sin trabajo. Y corrupcin, crcel, tortura, acoso, persecucin, delacin, vigilancia, control, humillacin, desprecio. Al Manzouri, joven abogado de 32 aos que, junto a sesenta y nueve colegas, ha acudido desde Qasserine para apoyar al pueblo y que luce orgulloso su toga en medio de la multitud, dice que hay todava centenares de prisioneros de los que no se sabe si estn vivos o muertos. Estn an por descubrirse las crceles secretas del rgimen.

No nos dejaban ni rezar ni beber, deca ayer el impresionante Fahim. Durante 55 aos la clera ha hervido en nuestro interior.

Por eso no es extraa esta explosin de jbilo poltico que tanto recuerda, una vez ms, a Venezuela.

- Soy feliz -dice Nabil. - Por primera vez en mi vida me siento un ciudadano.

Los peligros, en todo caso, son enormes, y as lo ve Sadok: Se nos vigila de nuevo. Hay muchas fuerzas interesadas en abortar la revolucin: los estadounidenses, los mukhabarat (servicios secretos), los recedistas que an nos gobiernan. Si perdemos esta ocasin, la represin ser terrible.

La sensibilidad es extrema y la rapidez de reflejos sorprendente. Numerosos jvenes se pasean junto a los camiones militares portando carteles en los que se condena la visita de Jeffrey Feltman, el responsable de la diplomacia de EEUU para el Prximo Oriente, el cual ha puesto como ejemplo de reformas a Tnez. No a la intervencin extranjera, exigen.

Bernard Henri-Levy ha escrito un artculo en Il Corriere della sera hablando de una revolucin postmoderna hecha no por proletarios sino por blogueros y cibernautas. Que se d una vuelta por aqu. Es la lucha de clases. Y lo que es extraordinario, lo que hara recular espantado a Henri-Levy, lo que desnuda la hipocresa criminal de EEUU, de la UE e Israel, lo que tiene pocos precedentes en la historia -y en ese sentido es, s, postnormal- es que los condenados de la tierra en Tnez piden a gritos democracia. Democracia! Lo nico que el imperialismo no se puede permitir.

Pero que tengan cuidado los tunisois que se conforman con el poquito que a ellos les basta o que, como los artistas reunidos hoy en un teatro de la ciudad, quieren excluir al Nahda, que se identifica con el moderadsimo AKP turco, de las nuevas instituciones. Si a estos brbaros luminosos no se les da democracia, cuando vuelvan querrn venganza. Sabemos desgraciadamente que entre democracia y venganza, las potencias capitalistas no han tenido nunca la menor duda.


Los brbaros de la caravana de la libertad


Paredes que hablan: no hay otra soberana que la del pueblo


La cuisine


La puerta del ministerio del Pueblo


Ministerio del pueblo


Manifestacin nocturna


No quiero ir a Italia en patera


En el ministerio de Finanzas


Solidaridad







Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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