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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-01-2011

Da decimotercero del pueblo tunecino
Tensin en la Qasba

Alma Allende
Rebelin

Fotos de Ainara Makalilo


Si todo hubiese obedecido a un plan, si se hubiese matado a 120 personas para remozar el viejo pas e inscribirlo mejor en un mundo rabe sometido a los designios de Washington, si se tratase de asegurar mejor la continuidad introduciendo algunos cambios cosmticos, ahora habra que barrer las ascuas que el viento -siempre imprevisible- ha reunido en la Qasba. El pasado vuelve con inquietante rapidez. En su primera pgina La Presse publica la foto de la minscula manifestacin progubernamental realizada el da anterior en la avenida Bourguiba. La misma foto la publican tambin As-sabah y el Quotidian, aludiendo al deseo general de normalidad entre la poblacin. La televisin, donde todava no han salido las figuras ms seeras de la oposicin (Ben Brik, Marzouki, Hama Hamami), ofrece imgenes en directo (Tnez a las diez de la maana) de calles atrafagadas y tranquilas, de honrados ciudadanos entregados a sus tareas cotidianas. Como en el Anciene Rgime, kulu shai behi, todo va bien. Tal y como se tema el joven parado Haydar Allagui, se ignora, se desprecia, se silencia la Qasba, que hierve hoy -fruto de este aislamiento- con una particular tensin. El cansancio hace mella y afila los nervios. El aire festivo y pelen de estos das deja lugar a una atmsfera de amenaza que se prolongar todo el da. Se juega con los manifestantes. Se trata obviamente de hacerles dudar del xito de su empresa y de interrumpir el contacto con el resto de la ciudad. Tambin de separarlos del resto de Tnez, desde donde intilmente tratan de llegar nuevos elementos retenidos en las carreteras.

Hacia las 9.30 de la maana, en efecto, un grupo de provocadores que sube por la calle Bab Bnat es respondido por una breve lluvia de piedras. La polica interviene disparando a ras de tierra bombas lacrimgenas que provocan cuatro heridos. Como denuncia horas despus en un comunicado la asociacin de abogados, las nubes de gas violan el recinto del propio palacio de Justicia y buscan provocar miedo y violencia. Durante una hora reina el caos ante la pasividad del ejrcito y cuando se retiran los vapores de la carga policial los concentrados vibran en un estado de vigilante tensin. Decenas de rumores crecen en follaje por toda la plaza. Se dice que se ha bloqueado la entrada de alimentos, que agentes recedistas ofrecen a los jvenes 600 dinares por volver a casa, que se les quiere comprar con un poco de cerveza. Un esbozo de reyerta en el arranque de Bab Bnat es sofocado por la intervencin de algunos compaeros que llaman a la unidad.

- Hay una conspiracin para dividirnos -dice un hombre de Tataouine con firme energa. - Quieren que nos peleemos entre nosotros y generar desconfianza entre el ejrcito y el pueblo.

Esta idea de la conspiracin se repite en todos los grupos. Aisa, administrativo del hospital, nos confirma el nmero de heridos y proclama su apoyo a las protestas. Es comunista; de pequeo su padre les contaba una y otra vez la vida del Che y su hermano menor se llama, en efecto, Che Guevara. Gana 400 dinares al mes (200 euros) mientras que los mdicos pasan consulta privada en las instituciones pblicas a razn de 60 dinares por paciente.

A la puerta del hospital se han reunido en un voluminoso hacinamiento, bien ordenadas, las bolsas de basura. Zied Mufada, tcnico en reparacin de frigorficos procedente de Mahdia, barre y barre arena y colillas del suelo: limpieza y libertad, dice con seria ingenuidad. Me seala las bolsas de desperdicios y me cuenta que varias veces ha pedido intilmente un camin para que se las lleven. Est convencido de que el forcejeo ser largo.

- No podemos perder. Si perdemos, lo perdemos todo. Ahora ya saben quines somos y si volvemos a casa luego irn a buscarnos uno por uno. Por qu no ceden? Dimitid. Queris dinero? Llevroslo todo, no lo necesitamos. Llevaos el dinero y dejadnos solos. Llevaos todo el dinero y dejad que nos gobernemos a nosotros mismos.

A continuacin hace un llamamiento a los pueblos del mundo: Venid, por favor, a ayudarnos. Slo queremos la libertad. Slo.

A las fotos de los mrtires y las consignas redactadas en la coordinadora de propaganda popular y pegadas en las paredes se aaden hoy algunos carteles que denuncian la hipocresa de los medios de comunicacin.

A las 15 h. descendemos a la Medina para comer algo. Buscamos un pequeo restaurante popular que me gusta mucho y el dueo nos recibe con alborozo. Hace aos que lo conozco superficialmente; es un cuarentn ancho y un poco panzudo, simptico y enrgico, siempre generoso. Pero hoy se redefine bruscamente a mis ojos. Hace falta a veces que llegue la poltica para aclarar las cosas y oscurecer las miradas. Ya no es un cuarentn ancho y panzudo, simptico y enrgico, siempre generoso. Es un representante de su clase y sus gestos -su aplomo, la prominencia de su labio inferior, su forma de balancearse al ritmo de su discurso- expresan intereses generales muy bajos y muy concretos.

- Los egipcios nos estn haciendo un gran favor. Ahora dejarn de prestarnos atencin y podremos recobrar la calma.

Le preguntamos qu piensa de la gente del sur que ha ocupado la Qasba y que protesta ante los ministerios.

- Hay que quemarlos a todos -dice.

La respuesta no le parece brusca, y si insiste no es para justificarse sino para disfrutar de su sutileza poltica:

- Han matado la Medina; han acabado con el comercio. No se puede tolerar. Los Ben Al y los Trabelsi eran unos ladrones, es verdad, y bien est que se hayan ido. Pero si prefiero una dictadura a un montn de ladrones, prefiero un montn de ladrones al caos.

Desgraciadamente hay mucha gente que piensa como l, incluidos algunos que se alegraron de la cada del dictador y que se dejaron contagiar por el entusiasmo revolucionario inicial.

Mientras comamos la excitacin no ha dejado de aumentar en la Qasba. Han ido llegando nuevos grupos y los soldados que protegen la puerta del ministerio, aplastados contra la pared, han tenido que disparar al aire. Los cnticos y consignas, que an estallan aislados de vez en cuando, han dejado su lugar a arengas de unidad y pequeas asambleas un poco vociferantes. Se discute sobre laicismo y religin; se denuncia la intervencin en la sombra de EEUU e Israel; se desprecia a Francia; se arremete contra Ahmed Friaa, ministro del Interior nombrado en los ltimos das por Ben Al y al que se atribuyen 51 muertos. Pero no se est tranquilo. Por primera vez en estos das de revolucin en la Qasba uno de los improvisados oradores se niega a ser fotografiado.

Una mujer pasa llevando del brazo a otra que llora desconsolada.

- Por qu llora? -le preguntamos.

- Llora por Tnez -nos responde su amiga.

Y llora y llora sin atender a las palabras de nimo de los que la rodean:

- No va a servir para nada nuestro sacrificio? -dice entre sollozos.

De vuelta a casa, a las 9.15 de la noche, 45 minutos antes del toque de queda, retrasado hoy en dos horas, nos llegan noticias de enfrentamientos en la Qasba. Alarmados, llamamos a algunos de los telfonos que hemos ido recogiendo estos das entre los resistentes. Despus de muchas tentativas fallidas logramos hablar con uno de ellos. Elementos armados han entrado en la plaza, en efecto, provocando el pnico, pero el ejrcito ha logrado controlar la situacin. Se ha restablecido la calma.

Una vez ms, como en los primeros das, se trata de resuturar la continuidad entre la capital y las regiones, donde las huelgas y manifestaciones continan y los consejos de defensa de la revolucin reclaman un reconocimiento oficial. Entre tanto, se aplaza un da ms la formacin del nuevo gobierno. Sin duda hay presiones de EEUU para imponer una solucin de compromiso y las negociaciones son intensas. La duda es si los luminosos paletos de la Qasba, los brbaros demcratas del ministerio del Pueblo se conformarn con unos cuantos subsidios de paro, un poco de financiacin al desarrollo y una orden de bsqueda y captura emitida contra el dictador. No es que quieran ms; es que quieren otra cosa y otra cosa es justamente lo que los gestores del nuevo antiguo rgimen no pueden darles.

Cualquiera pequea provocacin puede en estos momentos desencadenar una tragedia.


Una chica victoriosa

Los muros que gritan

Fouad Al-Amri, en huelga de hambre

Los tribunos del pueblo

Qasba revolucionaria

Otro tribuno del pueblo

Todos unidos todos hermanos

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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