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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-01-2011

Segunda semana del pueblo tunecino
Obstinacin y contrarrevolucin

Alma Allende
Rebelin

Fotos de Ainara Makalilo


A las 9.30 de la maana un taxista responde a nuestra pregunta sobre Mohamed Ghanoushi con un razonamiento impecable:

- Sabes por qu quiero que se vaya? Porque no quiere irse. Si no quiere irse es que oculta algo. Si oculta algo, no puede ser algo bueno. Y si oculta algo malo, tiene que irse.

Doce horas despus sabremos que Mohamed Ghanoushi sigue en su puesto. El nuevo gobierno de transicin, del que han salido todos los antiguos miembros del RCD, incluido Friaa, el odiado ministro del Interior, mantiene en cualquier caso al presidente y al primer ministro.

Pero todava no lo sabemos. El da en que el pueblo tunecino cumple su segunda semana de vida no nos despierta el helicptero militar sino el repiqueteo nutrido de la lluvia. Con el corazn encogido, pensamos en colchones y mantas empapados de agua y en cuerpos ateridos de fro. La Qasba, la casa del pueblo, de pronto se ha quedado sin techo.

- La revolucin no es la capital -nos dice el periodista Fahem Boukadous. -La Qasba es slo una de las muchas expresiones de protesta; un smbolo, sin duda, porque concita la atencin de los medios, pero la revolucin empez en las regiones y all sigue muy activa. Ayer se manifestaron 80.000 personas en Sfax y hoy la ciudad ha quedado paralizada por una huelga general. En Gafsa, en Sidi Bousid, en Tela hay concentraciones y protestas.

Fahem Boukadous est contento. Es un hombre feliz. Liberado el da 19 de enero, cinco das despus de la huida del dictador, ha salido a la calle en un Tnez volteado por la revolucin. Llevaba seis meses en prisin, pero no era la primera vez que sufra los rigores de la dictadura. En 1999, tras pasar por las cmaras de tortura del ministerio del Interior, fue condenado a tres aos de crcel, de los que cumpli 19 meses antes de ser indultado por una gracia presidencial. Persecucin, clandestinidad, incansable combatividad, Fahem naci en Regueb, pertenece al Partido Comunista Obrero de Tnez, dirigido por Hama Hamami, y gran parte de su actividad poltica ha estado centrada en el periodismo militante. Fue el primero que, en 1998, denunci las actividades mafiosas de las cinco familias que dominaban el pas. En 2003, instalado en Gafsa, se convirti en corresponsal de Al-Badil y tres aos ms tarde en responsable de la emisin tunecina de Al-Hiwar-TV, un canal va satlite. En 2008, cuando estallan las revueltas en la cuenca minera de Gafsa, ensayo general de la actual revolucin, este medio precario, pero inalcanzable para el gobierno, se convierte en el centro radial de las imgenes de las protestas. Fahem Boukadous, desde esa posicin privilegiada, cataliz el malestar de los jvenes de la regin, proporcionndoles un medio de expresin y convirtindose por tanto en una amenaza para la dictadura.

- Es lo que yo he llamado medios populares -dice. - Cientos de jvenes, a los que parientes emigrados haban regalado una cmara, se convirtieron en periodistas. Yo slo tena que reunir esas imgenes y hacerlas circular.

Las revueltas de la cuenca minera, de las que slo se ocup Al-Hiwar-TV, pusieron a prueba un rgimen dentro del cual haba ya fisuras y forcejeos. En junio de 2008, tras meses de protestas, Ben Al decidi extirpar de raz el movimiento. Redeyev fue tomada por 4.000 policas que asaltaron y saquearon las casas, rompieron los muebles, pegaron a las mujeres. Hubo dos muertos. La ciudad, en un anticipo de lo que ocurrira dos aos despus en todo el pas, fue parcialmente ocupada por el ejrcito.

- En Redeyev el movimiento estuvo dirigido por sindicalistas y militantes, pero en los otros pueblos de la cuenca minera fueron los propios jvenes los que se organizaron y coordinaron las protestas.

En enero de 2010, en un juicio que dur cinco minutos, Fahem Boukadous fue condenado a 4 aos. Tras negarse a pedir perdn al dictador y pasar por el hospital, de donde la polica trata de llevrselo dos veces, ingresa finalmente en prisin el 15 de julio de 2010. All escribe sin parar; prepara un libro sobre las revueltas de Gafsa. Entra en contacto con los presos comunes y trata de formarlos polticamente, lo que provoca la intervencin del director del penal. Gracias a la solidaridad de uno de los mdicos, recibe informaciones de la muerte de Mohamed Bouazizi y de las reacciones populares que desencadena, cuya velocsima expansin an le maravilla.

Sobre la relacin que existe entre las revuelta de 2008 y la revolucin de 2011, Fahem Boukadus insiste en tres puntos:

El primero es la leccin de resistencia de los habitantes de Redeyev y de toda la cuenca minera, que se acumula en la memoria colectiva del pas.

El segundo es la participacin en el movimiento de 2008 de los diplomados en paro, una de las fuerzas hoy protagonistas en el proceso revolucionario.

El tercero es la importancia de los medios populares. Al-Hiwar-TV y los CD caseros han sido sustituidos por Facebook, a travs del cual se ha roto la mordaza de la censura.

- Por qu el movimiento de Redeyev fue derrotado y el de Sidi Bousid, en cambio, se extendi de ciudad en ciudad hasta alcanzar la capital? Ese es precisamente el elemento de contingencia que ningn anlisis histrico puede adelantar o explicar.

Fahem Boukadous no cree que haya habido ninguna intervencin de EEUU para facilitar la cada del dictador. La revolucin ha cogido con el pie cambiado a las grandes potencias y si naturalmente ahora maniobran en busca de estabilidad, est seguro de que no podrn detener el proceso de cambios.

- El rgimen sigue ah, no slo dentro de la polica y el aparato del Estado sino tambin en los medios de comunicacin y en Internet -dice. - Hay que aprovechar el momento para crear nuevos medios y nuevos formatos. Tambin hay que establecer una coalicin entre periodistas tunecinos y extranjeros porque necesitamos experiencia y formacin.

Hay que ir a los pueblos, dice Fahem, y es verdad. No obsesionarse con la Qasba, y es verdad. Pero la Qasba tiene estos das un poder de absorcin casi alucingeno. No puede haber una plaza ms hermosa en todo el mundo ni una situacin ms anmala. Tampoco una emocin extra-corporal ms fluida ni imprevisible. Porque ocurre hoy que la lluvia, en lugar de dispersar a la gente, la ha multiplicado, como si fuesen de hierba y no de carne. Tan grande es la multitud que durante unas horas el ejrcito cierra los accesos y slo podemos entrar con el conjuro del periodismo. Pocos minutos antes de nuestra llegada -nos cuenta Aisa, el hermano de Che Guevara- un alto funcionario del ministerio de Defensa, rodeado de soldados, se ha dirigido a los concentrados a travs de un altavoz, asegurndoles que ya se haban tomado medidas para proporcionar trabajo a todo el mundo y rogndoles que abandonasen la plaza. La respuesta unnime ha sido un vocero de degage, degage, degage. Lo que ocurre como excepcin es un milagro; pero lo que ocurre una vez ms contra todas las previsiones tambin lo es. Hay algo casi sobrenatural ya en esta obstinacin que ignora el fro, las provocaciones, las agresiones, y que se mantiene tranquila, festiva, gritona, por quinto da consecutivo. Aisa teme una intervencin del ejrcito para desalojarlos, pero lo cierto es que el ambiente ha cambiado de nuevo y la electricidad del da anterior se ha extinguido bajo el aguacero.

A Salem Hiyri, hombre de Nabeul de 60 aos, tuvieron que hospitalizarlo tras las agresiones de los sicarios armados que sembraron el terror la noche anterior. Hoy est sereno y determinado:

- Tienen la polica, el dinero, el poder, pero nosotros tenemos la fuerza del pueblo y nuestra cultura superior.

El hecho de estar todos juntos rene los razonamientos y singulariza las conductas.

Un grupito ha iniciado una huelga al mismo tiempo de hambre y de silencio.

Otro exhibe carteles de solidaridad con el pueblo egipcio, que imita al tunecino en El Cairo y en Ismaeliya, y eso hasta el punto de utilizar (como vemos luego en la televisin de un caf) sus mismas consignas: degage y as-shaab iuridu isqt al hukuma (el pueblo quiere derrocar al gobierno).

Cuando la lluvia arrecia se tiende un enorme techo de plstico sobre las miles de cabezas, porque la plaza del pueblo es, como los coches de lujo, descapotable.

Tariq y Maki, dos estudiantes de informtica que viven en Tnez capital, se sienten orgullossimos cuando les decimos que el pueblo tunecino est mucho ms desarrollado que el espaol o el italiano. Y se burlan con ingenio de la pretensin del gobierno de que los brbaros civilizadores congregados en la plaza vuelvan al trabajo.

- Pero si estn en paro! Hay que agradecerles lo que hacen. Los otros trabajan y ellos se rebelan. Eso se llama divisin del trabajo.

Pero lo que ms nos impresiona hoy es Hod, una mujer pequea, flaca, nerviosa, que no deja de hablar mimando con manitas elocuentes la historia de la batalla eterna contra la injusticia. Tiene 38 aos, limpia casas y gana 150 dinares al mes (75 euros). Separada del marido, se ocupa ella sola de un hijo de 8 aos al que ha dejado en casa de unas vecinas para poder pasar la noche en la Qasba. Se ha subido a un poyete para no estar por debajo de nosotros y se expresa con una precisin de cuchilla, con la pasin de una enamorada. Sus ojos relampaguean con la pureza fantica de los personajes de Dostoievsky. Cuenta una larga historia de humillaciones y no se siente humillada; de dolores y no pide compasin; de ignorancia y reclama su derecho a hablar y a que la escuchen. No cabe duda, al orla, de que su hijo est bien protegido entre sus manos. Y, como tantos de los que se encuentran en esta plaza, no conoce ni una palabra de francs.

- Soy una ciudadana -una ciudadana!- lo mismo que t. No he ledo ni estudiado, pero tengo cerebro y ojos y s contar lo que pienso y lo que veo. Quiero derecho, no dinero. Quiero mis derechos. No tengo miedo de nada ni de nadie; no me doblego ante ningn ser humano y los ministros son seres humanos como yo. Es a nosotros, y no a los ministros, a los que tenis que escuchar los periodistas. Porque ellos slo tienen palabras, que son falsas, mientras que nosotros tenemos el cerebro y los ojos. Est claro?

Clarsimo. Los valientes tunecinos han demostrado estos das que su bandera es una llama y su himno una Marsellesa. Esta mujer demuestra que el despreciado dialecto tunecino es una lengua. Y ha llegado quizs la hora de devolverle su dignidad junto a la de sus hablantes.

Fahem Boukadous, que haba anticipado los cambios en el gobierno anunciados por Ghanoushi esta noche, se equivocaba sin embargo al garantizar el rechazo de la UGGT al nuevo gabinete. No participa de l, pero le reconoce legitimidad. Sin duda esa decisin voltea nuevamente la situacin. La potencia de la UGTT ha permitido en estos das mantener la presin sobre el gobierno mediante huelgas y concentraciones; ahora este acuerdo aisla las protestas populares y las vuelve vulnerables. Como escriba Fathi Chamkhi a media tarde: si esta nueva versin del Gobierno de Unidad Nacional se acepta maana, se podra decir que el tira y afloje que dura desde el 15 de enero entre el campo revolucionario y el de la contrarrevolucin, ha sido momentneamente ganado por este ltimo. Es exactamente lo que ha ocurrido.

Los tunecinos empujaron y empujaron y Ben Al los llam terroristas. Y empujaron y empujaron y Ben Al prometi retirarse en 2014. Y empujaron y empujaron y Ben Al prometi elecciones en seis meses y levant la censura. Y empujaron y empujaron y Ben Al huy del pas. Y empujaron y empujaron y tumbaron el primer gobierno de coalicin. Seguirn empujando los tunecinos ahora que saben que empujar y empujar no es intil?

Tras el anuncio del nuevo gobierno por televisin, llamamos a nuestros amigos en la Qasba para conocer su reaccin. Tras un instante de alegra y luego de desconcierto, nos dicen, se ha restablecido la normalidad; es decir, la obstinacin. No hace falta que lo digan. A travs del telfono nos llegan los gritos: degage, degage, degage.

Maana ser el primer da del nuevo gobierno y el decimoquinto del pueblo tunecino.

Libertad de prensa


Obstinacin


La plaza ms hermosa del mundo


Nia y bandera


El pueblo descapotable


Sujetando el cielo


Si los gobiernos callan, las paredes hablan

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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