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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-01-2011

Da decimoquinto del pueblo tunecino
El asalto de la Qasba

Alma Allende
Rebelin

Fotos de Ainara Makalilo


Cinco das ha durado el lugar ms hermoso de la tierra.

Por fin esta tarde, a las 16 h., la polica ha asaltado la Qasba, matando a Omar Auini, asfixiado por los gases lacrimgenos, e hiriendo al menos a 15 personas, la mayor parte de ellas con fracturas en manos y piernas.

La maana radiante ha iluminado una Qasba rala y dividida. Como se tema ayer, el apoyo de la UGTT al gobierno ha daado seriamente la unidad en la plaza. Desde muy pronto, pequeos grupos de Qasserine y Regueb han abandonado la concentracin para volver a sus pueblos. Algunos de ellos, segn nos dicen, han recibido dinero. Los que se quedan, se muestran decididos y belicosos, pero las horas parecen ya contadas. Aisa, el hermano de Che Guevara, asegura que un coronel del ejrcito le ha anunciado el desalojo de la plaza para esta tarde. Se oyen menos gritos y menos cantos y por primera vez un grupo aparatosamente islamista se mezcla con la gente. Vuelan por el aire los primeros La ilah ila allah y algunas consignas inquietantes: Tunis arabiya, tunis islamiya (Tnez rabe, Tnez islmica).

Se han formado muchos corros, donde se discute la conveniencia de continuar o no la ocupacin. Decenas de personas rodean a distintos oradores, cuyo aspecto y elocuencia, muy diferente del de sus oyentes, delata autoridad intelectual y formacin poltica. En uno de ellos est Redha Barakati, escritor de 47 aos y miembro del Partido Comunista Obrero de Tnez, quien insiste en la necesidad de romper toda continuidad con el rgimen de Ben Al y asegura su apoyo a los hermanos venidos de todos los rincones del pas. En otro corro habla Osama Bouthalga, de la Asociacin de Abogados, tan belicosa en estos das. Bouthalga trata de persuadir a los manifestantes de que se han conseguido logros enormes y ahora hay que defenderlos en los lugares de origen a travs de la formacin de consejos de defensa de la revolucin. Esa es la posicin tambin de los miembros de la UGTT, que reparten un panfleto de ambigua retrica en el que el sindicato se compromete a coordinar la relacin entre los consejos locales y las instituciones, garantizando adems medios de transporte para un retorno tranquilo y seguro de los rebeldes a sus hogares. Otro comunicado firmado por el Frente 14 de Enero -formado por los partidos de izquierdas- reitera por el contrario la necesidad de continuar la lucha hasta el final, considerando que no hay posibilidad alguna de cambios estructurales mientras Ghanoushi contine ocupando el cargo de primer ministro.

Durante la comida, en un pequeo restaurante popular de la Medina, nos remos mucho viendo la transformacin del canal Hannibal, engendro de la familia Trabelsi, cuyo director fue arrestado la semana pasada por alta traicin y liberado sin cargos algunas horas despus. Un montaje de imgenes de las revueltas, con una msica excitante, vuelve una y otra vez a la pantalla con la leyenda: la voz del pueblo, la voz de la revolucin. Ahora es una cadena revolucionaria.

Todo es revolucionario salvo la realidad. A las 16 h. volvemos a la Qasba y nos llama la atencin la presencia de dos oficiales del ejrcito que se mueven entre la multitud. Ms tarde comprendemos que estn avisando a los manifestantes del inminente desalojo. La reaccin de los jvenes es inmediata y furibunda. Algunos corren hasta los controles militares para llevarse las vallas y montar barricadas en el pasillo entre las jaimas y el ministerio. Otros, en una locura incoherente con el ambiente sereno y festivo de unos minutos antes, arrancan ramas de los rboles para proporcionarse bastones y rompen los escalones del Palacio de la Municipalidad para armarse de piedras y trozos de losa. El aire de la plaza se llena de un frenes de percusin. De pronto, un tanque atraviesa despacio la explanada para abandonar el recinto. Unos cuarenta soldados armados de fusiles descienden desde la avenida 9 de Abril hasta la alambrada de espino ms prxima a la Qasba y ocupan el ancho rellano del Palacio Municipal. Luego, enseguida, retroceden. Hablamos con un coronel que acaba de mantener una conversacin a travs del mvil; le decimos que no pueden permitir el desalojo y nos responde seco y corts que ha recibido rdenes de retirarse, al mismo tiempo que nos aconseja que abandonemos cuanto antes el lugar. Comprendemos que la polica, apostada en la calle Bab Bnat, est a punto de cargar.

Nos retiramos hasta la segunda alambrada de espino a travs de un pasillo de militares. All, en el flanco del Palacio Municipal, se ha reunido ya mucha gente, nios y mujeres incluidos, y todos esperamos expectantes y asustados junto al tanque, viendo maniobrar al furgn policial con el can de agua, el cual se aleja del recinto para dar la vuelta por detrs del Tribunal. En ese momento se oyen las primeras detonaciones y blancas cintas de humo blanco cruzan el cielo. La gente pide al ejrcito que haga algo y luego aplaude con irona acusatoria a los soldados y canta el himno nacional. Todos recordamos con terror la manifestacin del 14 de enero y los muertos de los das anteriores.

Durante algunos minutos, all abajo, apenas a doscientos metros, se prolonga una batalla desigual. Vuelan las bombas lacrimgenas y se oyen insultos e impactos de piedra. Fugitivos pasan en medio de los soldados, que se abren a su paso y se unen a nosotros. Dos heridos, muy cerca de donde nos encontramos, son trasladados en parihuelas de brazos a las tiendas de la proteccin civil. La Qasba se vaca muy rpidamente.

Y luego, de pronto, a una velocidad vertiginosa, la ola negra de la polica se lanza contra nosotros. Una, dos, tres bombas lacrimgenas caen a nuestro lado y salimos en estampida, enganchndonos en la alambrada de espino. Nubes urticantes nos ciegan los ojos. Corro y corro, separada de mis amigos, junto a algunos jvenes que se detienen bruscamente, cogen una piedra del suelo y la lanzan contra la polica antes de seguir corriendo. Junto a decenas personas me veo atrapada en una especie de alta meseta, detrs del Ayuntamiento, cortada por una valla, a tres metros por encima de la avenida 9 de Abril. Salto desde el muro sobre el cap de un coche aparcado en la calle y luego al suelo. Entonces oigo una voz asustada y apremiante y vuelvo la cabeza. Arriba, al otro lado de la valla, hay una mujer acompaada de sus hijos, dos nios de cuatro o cinco aos, que no pueden bajar. Tiendo los brazos y los deposito sobre la acera.

Luego sigo corriendo calle abajo en medio de un aire picante, pero apenas cincuenta metros ms all un muro de policas nos est esperando, de uniforme y de paisano, armados de porras. A las mujeres y a los extranjeros nos dejan pasar; a los jvenes les hacen retroceder a golpes con furia desencadenada tras dos semanas de contencin.

Dos horas ms tarde, en la oscuridad, el helicptero vuelve a sobrevolar la ciudad. La recorremos en el coche, tensa y vaca, de vuelta al pasado. En la plaza del 7 de Noviembre, por delante del tanque, hay siete u ocho furgones policiales y decenas de policas que bloquean el acceso a la Avenida Bourguiba, completamente cerrada por todos sus flancos. Una familiar sensacin de estado de sitio nos encoge el corazn.

Qu es lo que ha pasado? Por qu el nuevo ministro del Interior -un juez, dicen, moderado y honesto- ha decidido inaugurar su cometido matando a Omar Aouini e hiriendo a 15 personas? Lo que nos cuenta una de las abogadas con la que nos ponemos en contacto es inquietante. La Asociacin de Abogados, cuyo protagonismo en estos das nadie puede negar, haba obtenido del ministro la promesa de que no se desalojara por la fuerza la Qasba, dejndoles a ellos ejercer el papel de mediadores. Ms inquietante an: nos relata que la polica ha allanado a golpes -profanado, pues ni siquiera Ben Al se haba atrevido a hacerlo- la sede de la organizacin para buscar a los jvenes all refugiados. Nos anuncia acciones legales para liberar a los detenidos y prestar asesoramiento jurdico a los heridos.

Maana volveremos a la Qasba. Todas las organizaciones y partidos, incluida la UGTT, han convocado una manifestacin para pedir algo ms moderado que la cada de un gobierno: el cese inmediato de toda violencia policial y el respeto al derecho de expresin y manifestacin. Lo que era el desarrollo de una revolucin se ha convertido de pronto en la asustada defensa de algunas pequeas reformas.

Y esos jvenes dispersados, esos brbaros civilizadores, esos luminosos paletos a cuyos hermanos mataron en las cuatro semanas de protestas, dnde estn? Han vuelto a sus pueblos? Estn escondidos por toda la ciudad? Qu sentirn? Qu pensarn?

El levantamiento del pueblo egipcio ha dejado a oscuras y diminuto el pas del que surgi el primer impulso. No nos olvidemos de Tnez. La informacin raramente informa, pero protege.

La Qasba antes del ataque

La gente se prepara para el ataque

Comienza el asalto

Lo slido se vuelve gas

Los militares dejan paso a la polica

Avalancha

Uno de los heridos

El Pipol tunecino

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR






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