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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-02-2011

Decimoctavo da del pueblo tunecino
La estrategia de la tensin

Alma Allende
Rebelin

Fotos de Ainara Makalilo


Los padres que pierden a un nio vuelven de algn modo a no tener nio, pero no puede decirse que hayan recuperado la normalidad; la mujer que pierde a su amado vuelve a estar sin su amado, como antes de conocerlo, pero no puede decirse que recupere la normalidad. La Qasba hoy ofrece la historia dolorosa, inolvidable, contenida en la frase: como si no hubiera pasado nada. El gesto de borrar deja una huella imborrable; el gesto de limpiar deja una mancha indeleble, una ausencia blanca de fantasma encadenado a la piedra. No hay nada; hay por primera vez nada.

Hemos vuelto esta maana a la Qasba, cerrada por sus cuatro costados por alambradas de espino. Los policas slo dejan entrar a los funcionarios que trabajan en el recinto. Pero hemos podido ver desde fuera, y fotografar, esa cal nueva que, como un lifting facial, revela una historia oculta, una antigedad sofocada. Han hecho un buen trabajo, no cabe duda. Ni un rastro de pintada ni la coma de un grafito ni un jironcito de tinta negra. Ni siquiera sobre la piedra del palacio del primer ministro se puede localizar el menor rastro del bullicio palabrero que durante cinco das fundi poltica y vida en un presente puro sin porvenir.

No es verdad que el poder no tenga un centro. Los tanques y la polica protegen en la Qasba unas paredes. Nosotros las necesitamos al menos para escribir; y ellos las necesitan para imponer la mudez.

El da es fro, sombro, lluvioso. En el caf Univers encontramos a Selim, un viejo conocido miembro de Aminista Internacional. Su organizacin sigue tratando de establecer el nmero exacto de muertos producido durante las revueltas y se queja de la indiferencia de las nuevas instituciones, esas mismas que tratan de ocultar la continuidad y fundar su legitimidad en el sacrificio de las vctimas:

- Una semana despus de la cada de Ben Al -dice- nadie haba ido a Qasserine. Estn frustrados y dolidos. Dicen que son ellos los que han hecho la revolucin y nadie va a verlos. Se sienten robados. Les han robado su revolucin.

Selim est asombrado de la lucidez poltica de los habitantes de las regiones, muy resentidos con la UGTT. Tambin, obviamente, con los partidos que colaboran con el gobierno, el PDP de Najib Chabbi y el Tajdid (renovacin) de Ahmed Brahim, ya legales bajo el dictador.

- Han elegido muy bien sus ministerios, el de Desarrollo y el de Enseanza Superior, pues les permiten tener un acceso privilegiado a las zonas populares y a los jvenes. Han empezado ya su campaa electoral. Es el viejo orden, en el que se siguen confundiendo Estado y partido. Por eso no es raro que en las protestas se repita una y otra vez la consigna: PDP y Tajdid, habis vendido la sangre de los mrtires.

En ese momento suena su telfono mvil y nos da la noticia: en Gafsa hay una gran manifestacin y el ejrcito ha disparado al aire. La polica reprime duramente. Le preguntamos por esta vuelta -esta vez s- a la vieja normalidad de plomo.

- El aparato del partido trata de recuperar el control a travs del terror y la represin.

As parece. A las 12.30 de la maana se ha formado un grupo nutrido de unas quinientas personas que suben y bajan por la avenida Bourguiba, del ministerio del Interior a la Puerta de Francia, con un carteln que dice: No estamos derrotados; seguimos luchando. Han salido de la nada y se disuelven en la nada para cristalizar de nuevo unos minutos ms tarde un poco ms all, como la hojarasca que traslada el viento -o la duna de arena-. Nos interesa saber quin les ha convocado y nos revelan su secreto. No ha sido un partido ni tampoco Facebook o el telfono mvil sino la propia avenida Bourguiba, que se ha convertido, por decirlo en trminos informticos, en el espacio preestablecido para la movilizacin. Llegan all en pequeos grupos, impulsados por una desazn individual, y se funden en el bulevar. De esa manera es difcil ejercer presin, pero es muy fcil intimidarlos y disolverlos.

Eso es lo que ocurre hacia las 16. horas, cuando la concentracin empieza a ralear por su propia naturaleza. De pronto, con la misma aparente aleatoriedad con que se ha formado, la polica carga duramente contra ella, utilizando bombas lacrimgenas y porras. Diez minutos de brutalidad bastan para restablecer la normalidad. Por qu ahora y por qu con esa furia?

A media tarde, ya en casa, una conocida de Gafsa que trabaja en un caf del Bardo me llama por telfono y me pasa a una amiga suya de Sfax. Me pide por favor que avise a los medios extranjeros; en la segunda ciudad de Tnez las milicias han atacado escuelas y liceos, expulsando a los alumnos y golpeando a algunos profesores. No hay polica, los elementos del ejrcito son escasos y han amenazado con volver de noche para proseguir su obra de destruccin. Los sfaxianos estn indefensos y asustados. La sombra de las milicias, ahora que los comits de autodefensa han bajado la guardia, vuelve para generar el clima de inestabilidad necesario para una involucin. Trabajan para el gobierno o contra l? Son ciertos los rumores que dicen que las milicias han llegado a amenazar al nuevo ministro del Interior en su propio despacho? O buscan intencionadamente alimentar la credibilidad del nuevo gabinete? En todo caso, los rumores forman parte de la misma estrategia de confusin e inseguridad, una fase indisociable -dice Boukadus, al que llamo pidiendo confirmacin- de todo proceso revolucionario.

A travs de una amiga avisamos a Al-Jazeera de las noticias recibidas de Sfax. La respuesta es sincera:

- Tnez ya no es un asunto internacional sino local.

Hemos pasado, pues, a ser locales. Miedo local, represin local y luchas tambin locales. La linea entre localidad, normalidad y legitimidad es, por desgracia, extraordinariamente fina.

Lo bonito en esta noche un poco tensa -casi un regeldo del pasado- es comprobar que Salem tiene razn y la memoria, junto a los rumores, los mitos y los imperativos utpicos, asciende de pronto en estos das desde races antepasadas. Un subidn de harisa reminiscente despeja las narices y las conciencias. Gente muy joven recuerda acontecimientos muy antiguos. Amin me confiesa que se ha pasado la noche anterior en vela leyendo sobre la historia de Tnez, de la que no saba nada. Y cuando hablamos de los comerciantes de la Medina, atrapados en sus pequeos intereses y defensores a ultranza del orden frente al caos de los paletos de la Qasba -infinitamente ms cultos, lcidos y universales que ellos- resume en una frase lapidaria la situacin:

- Quieren un poco de libertad y un poco de seguridad, sin comprender que a causa de su mezquindad pueden perder las dos cosas.

La nueva Qasba


La pulcra Qasba muerta

Enfrente del Ministerio del Interior

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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