Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-02-2011

La diferencia entre Egipto e Irn
Nacionalismo, democracia y el despertar rabe

Justin Raimondo
Antiwar,

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


La ola revolucionaria que se extiende por Medio Oriente promete derribar regmenes rabes esclerticos en toda la regin, pero hay una marcada diferencia, digamos, entre Egipto e Irn y la diferencia es el factor nacionalista.

En Egipto la gente se alz contra una dictadura apoyada por EE.UU. que abus de su pueblo durante 30 aos. Es interesante sealar que el rgimen, en las ltimas etapas de la revuelta, recurri a oscuras insinuaciones de que los manifestantes estaban dirigidos por misteriosos elementos extranjeros. Y, por cierto, un elemento extranjero jug un papel crucial yo dira que el papel crucial en la poltica egipcia, y lo ha tenido durante los ltimos 30 aos, pero no del lado de las fuerzas por la democracia:el gobierno de EE.UU. Washington dio ms de 60.000 millones de dlares sobre todo en ayuda militar al rgimen de Hosni Mubarak, posibilitando su permanencia en el poder durante mucho ms tiempo que sin ese apoyo.

No slo eso, sino que ademsla masiva ddiva de dlares entreg efectivamente el control de la vida econmica de la nacin a los militares, que ahora controlan hasta un 30% del producto interno bruto de Egipto. Comunicaciones internas del gobierno de EE.UU., reveladas por el invaluable WikiLeaks, muestran a diplomticos que se quejan de la resistencia de los militares egipcios a la liberalizacin econmica, pero Washington no logr comprender que la poltica estadounidense afirm al alto comando militar como principal protagonista de la economa egipcia.

El llamado de Mubarak a las simpatas nacionalistas no tuvo xito porque l, y no los manifestantes, apareca como agente de una potencia extranjera: es decir EE.UU. Aunque es casi seguro que factores econmicos y polticos interiores provocaron el levantamiento, el nacionalismo en parte fortificado por el resentimiento contra los patrocinadores estadounidenses del dictador logr sustentarlo y finalmente llevarlo a la victoria. Los manifestantes llevaban banderas egipcias y apelaron directamente al ejrcito como protector de la nacin contra Mubarak. Tambin en Bahrin los manifestantes llevaban su bandera nacional y apelaron a los militares en este caso con resultados decididamente letales. En todo caso, sin embargo, el sentimiento nacionalista irradiado por las fuerzas pro democracia es una caracterstica definidora de los levantamientos ms exitosos hasta la fecha, Egipto y Bahrin mientras en Irn (y en cierta medida Libia) la situacin es ms compleja.

Lo que complica el cuadro en el caso de Irn, por ejemplo, es la presin exterior sobre el rgimen por parte de EE.UU., que refuerza el apoyo real de la base a la elite gobernante y retrasa el crecimiento de la oposicin. Tanto los mullahs como el movimiento Verde que trata de derrocar a la dictadura se oponen a la campaa internacional estadounidense-israel para aislar a Irn con el argumento de que no tiene derecho a obtener energa nuclear. Si los Verdes llegaran al poder maana, el programa nuclear de Irn, tal como es, seguira en su sitio lo mismo quela hostilidad de Occidente y las sanciones que estrangulan lentamente a la gente de a pie en ese pas.

En Irn las elecciones en las que se permiti que compitiera la oposicin no dieron la victoria al movimiento Verde. Aunque hay quien podra afirmar que esas elecciones fueron mucho menos que correctas, esa evaluacin no es suficientemente clara como para desestimar la legitimidad del rgimen; y, en todo caso, es innegable que los partidarios de la lnea dura gozan de un cierto nivel de apoyo popular, o por lo menos el suficiente para prevenir un levantamiento masivo como el que expuls a Mubarak del poder en 18 das.

El rgimen puede referirse con razn una campaa sistemtica de debilitamiento del pas por parte de las potencias occidentales, sobre todo de EE.UU. incluida una campaa terrorista librada por la organizacin Jundallah respaldada por EE.UU., una insurgencia sun radical en Baluchistn iran que ha lanzado crueles ataques contra objetivos civiles. Esto consolida el apoyo popular a la "mullahocracia", que se percibe como la nica alternativa contra la dominacin extranjera y el caos.

El factor nacionalista o, se podra decir, el factor anti-estadounidense opera de un modo similar en Libia, donde el dictador desde hace mucho tiempo, Muammar Gadafi se present en persona en un mitin favorable al gobierno en la capital, Trpoli, que ha permanecido relativamente calma y donde el movimiento de protesta es aparentemente ms dbil. No podemos imaginar al presidente de Yemen, Ali Abdullah Saleh, sintindose suficientemente seguro como para aparecer en la plaza principal de Sana, donde podra terminar en la punta indeseada del dogal de un verdugo.

Otro protectorado estadounidense, la minscula nacin africana oriental de Yibuti, presenci una sorprendente manifestacin en las calles de 20.000 personas un acto masivo en un pas con una poblacin de menos de un milln. Yibuti contiene una importante base militar que es un sostn importante de operaciones de EE.UU. en la regin y ms all. Por su parte, Washington ha suministrado ayuda y apoyo poltico al rgimen del presidente Ismail Guelleh, haciendo caso omiso del despotismo familiar al estilo de Mubarak que gobierna este enclave pequeo pero importante desde el punto de vista estratgico. La familia del presidente ha gobernado este Estado-ciudad africano desde la independencia de Francia en 1977.

En Siria, por otra parte, el Despertar rabe es menos avanzado: el rgimen baasista sirio de Bashar al-Assad ha estado en la mira de Washington desde la era de Bush, y de nuevo en este caso el factor nacionalista juega un papel importante. Por cierto, el padre de Bashar, Hafez al-Assad, diezm una vez una ciudad de unos 60.000 habitantes, masacrando a la mayora de los habitantes, cuando la Hermandad Musulmana inici una revuelta, y el recuerdo de este hecho puede disuadir a potenciales rebeldes: pero ese tipo de brutalidad es un factor coercitivo menor en estos das, como hemos visto en Bahrin, Yemen y Libia, donde las fuerzas de seguridad estn disparando directamente a las multitudes, y las filas de los manifestantes siguen creciendo.

El gobierno de EE.UU. se presenta como el campen internacional de la democracia y la libertad, pero las consecuencias objetivas en el mundo real de su poltica exterior de intervencin global retrasan efectivamente el progreso en esta direccin. No es casualidad que las revoluciones en Irn, Libia, y Siria (donde slo algunos cientos han salido para realizar protestas inspiradas por Egipto) encuentren una resistencia sustancial, mientras que en los protectorados de EE.UU. Tnez, Egipto, Yemen, Bahrin, Jordania o Yibuti las protestas tienen ms xito.

A menos que el gobierno de EE.UU. est dispuesto a escuchar a los neoconservadores ms rencorosos, Glenn Beck y el primer ministro israel Benjamin Netanyahu, quienes afirman que Mubarak fue traicionado por Occidente, esta disparidad apunta a la nica reaccin racional al Despertar por parte de EE.UU.: Washington tiene que dejarpaso libre. Entre llamados de muchos liberales y de algunos neoconservadores para que apoye a los movimientos democrticos, y la opinin opuesta de los beckianos, el gobierno de EE.UU. debe resistir la tentacin de interferir de la manera que se sea y eso incluye la inyeccin de dinero y recursos a partidos y organizaciones democrticos escogidos cuidadosamente a travs de USAID y de la Fundacin Nacional por la Democracia (NED)-. Semejantes esfuerzos tienden a salir al revs, como sucedi con su apoyo anterior a los dictadores reinantes.

El apoyo a los brutales cleptcratas como Mubarak y sus primos en toda la regin nunca ha servido a nuestros intereses nacionales: tampoco los sirve la promocin democrtica. Los Padres Fundadores previeron que el ejemplo estadounidense inspirara esfuerzos para lograr la libertad ms all de nuestras costas, y uno de ellos, John Quincy Adams, dio el siguiente consejo:

EE.UU. no va al extranjero en busca de monstruos para destruir. Desea la libertad y la independencia para todos. Es el campen solamente de las suyas. Recomienda esa causa general por el contenido de su voz y por la simpata benigna de su ejemplo. Sabe bien que alistndose bajo otras banderas que no son la suya, an tratndose de la causa de la independencia extranjera, se involucrar ms all de la posibilidad de salir de problemas, en todas las guerras de intrigas e intereses, de la codicia individual, de envidia y de ambicin que asume y usurpa los ideales de libertad. Podr ser la directriz del mundo pero no ser ms la directriz de su propio espritu

ACTUALIZACIN: Mientras los eventos en Libia continan su rpido avance, pienso que mi anlisis inicial sigue siendo generalmente exacto: mientras las provincias orientales se han librado de Gadafi, en Trpoli, turbamultas pro gubernamentales estn saliendo a las calles, y el dictador y su hijo tan chiflado como l parecen estarse atrincherando para un conflicto prolongado. Veo que el hijo toma su orientacin de Glenn Beck y David Horowitz, que barbullan de cmo los rebeldes tratan de restaurar el Califato o el Emirato. No s si tienen Fox News en Libia, pero imagino que ser el hijo de un dictador asegura ciertos privilegios.

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Justin Raimondo es director of Antiwar.com. Es autor de An Enemy of the State: The Life of Murray N. Rothbard (Prometheus Books, 2000), Reclaiming the American Right: The Lost Legacy of the Conservative Movement (ISI, 2008), y Into the Bosnian Quagmire: The Case Against U.S. Intervention in the Balkans (1996). Tambin es editor colaborador de The American Conservative, socio senior del Randolph Bourne Institute, y experto adjunto del Ludwig von Mises Institute. Escribe frecuentemente para Chronicles: A Magazine of American Culture.

Copyright Antiwar.com 2011

Fuente: http://original.antiwar.com/justin/2011/02/20/nationalism-democracy-and-the-arab-awakening/

rCR



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