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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-04-2011

Rquiem por el dogma

Eduardo Montes de Oca
Bohemia


Al parecer, se acabaron los tiempos en que proliferaban las predicciones con tufillo de absolutas en las ciencias sociales, en cuyo objeto de estudio las regularidades discurren en son de tendencias, de probabilidades, y no frrea, ciegamente. Un factor emergente puede cambiar el panorama con la rapidez del rayo o del terremoto. Hablando de sismos, el que acaba de convoyarse con un tsunami para desolar el territorio nipn ha hecho que ciertos profetas de la recuperacin pronta se las vean con la confirmacin de un futuro lgubre para la economa mundial, de por s enfrentada a elementos desestabilizadores como las rebeliones rabes, con el consiguiente bamboleo en las cotizaciones petroleras, y la crisis de deuda en la Eurozona. Con la devastacin en Japn seala el diario mexicano La Jornada, es posible que las afectaciones [] se extiendan ms all de los mercados especulativos, y que incidan en las actividades productivas e industriales, ante la reduccin o el encarecimiento de las exportaciones japonesas en rubros como el automotor, la electrnica y la industria del acero.

S, concluyeron los felices tiempos de las convicciones dogmticas, algunas de ellas impregnadas de un optimismo de raz en la Ilustracin, con su representacin de un progreso lineal, cuasi automtico, en el cual las fuerzas productivas creceran y creceran, sin reparar en barreras como la finitud del planeta, y por tanto en lo imprescindible de cambiar el paradigma de desarrollo, tornndolo ms sostenible para la especie.

Una revisitacin de la tradicin marxista que rechace una lectura economicista nos revela incluso cosas como que en el seno del capitalismo se configura, no la inevitabilidad, sino la posibilidad de su negacin. O sea, que pecara de iluso quien se sentara a esperar que el sistema colapse por s solo, porque, no obstante inherentes contradicciones como las que se dan entre las necesidades de autodesarrollo de los trabajadores asalariados y la maximizacin de las ganancias individuales, patronales, est preparado para autorregularse, sobrevivir con dismiles recursos. Entre ellos, la constante reproduccin de la divisin de los productores, que influye en la inclinacin de estos a bregar por mayores sueldos, por trocar en relativa la explotacin de que resultan vctimas, cuando se trata de que adquieran un entendimiento cabal de su lugar en la sociedad, convirtindose en clase para s, mediante la praxis revolucionaria.

Asimismo, como apunta el investigador Sergio Barrios en Adital, cada vez mayor nmero de personas coincide en juzgar irracionales las conjeturas posmodernas sobre el fin de la historia. En mera retrica el aserto de que la sociedad humana ha perdido su carcter historicista (su esencia mutable y transformativa), y el de que ms all de un mundo unipolar y supracapitalista, hegemonizado por Estados Unidos, ya no alienta ningn metarrelato, ninguna teora que se asiente en la totalidad, la organicidad de las relaciones sociales, y que mucho menos comprenda la civilizacin como fruto de la lucha permanente de opresores y oprimidos.

Claro que todo cambia. Recordemos que, si bien durante un lapso dilatado el propio Marx estuvo convencido de que la nica fuerza dotada con capacidad social y poltica para derruir el viejo orden era el proletariado industrial de las metrpolis desarrolladas, Lenin se percat de que el nuevo podra advenir en las regiones ms atrasadas del cinturn mundial del imperialismo.

Tesis, la de Vladimir Ilich, que perdi seguidores a lo largo del siglo XX, por la susodicha facultad de acomodo del llamado sistema-mundo, transido de mltiples crisis y desafos (superacin de la Gran Depresin de los aos 30, keynesianismo hasta los aos 60, neoliberalismo como balsa salvavidas desde inicios de los 80 hasta el 2008), y merced a la cada del Muro de Berln y la desintegracin de la URSS y el bloque socialista.

Ahora, evidentemente ese triunfalismo est llegando a su terminacin, al punto de que, con el economista Max-Neef, trado a colacin por Barrios, muchos se preguntan si las prximas rebeliones no se suscitarn en el interior de EE.UU., en lo que constituira una espectacular reconsideracin de primigenias tesis marxistas. No en balde un conocido analista, Jeffrey Sachs, tal vez previendo las manifestaciones sindicales que empezaron en Wisconsin y se regaron como fuego sobre paja seca, exclam, literalmente: Con la espalda contra la pared, los estadounidenses pobres y de clase trabajadora comenzarn a manifestarse por justicia social.

Ah, la justicia social Ya no sera el pedido de una abstracta democracia. Ya aqu estaran sonando con mpetu las trompetas de un Manifiesto obcecado en llamar a los proletarios, a todos los marginados segn el marxismo revisitado, a encresparse contra el capital, esa relacin de produccin que, ocasionando una enajenacin multidimensional, precisamente induce las negaciones o las afirmaciones absolutas, que en paz descansen.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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