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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-05-2011

Asesinos de cuello blanco

Eduardo Montes de Oca
Rebelin


Inaudito pero cierto. En un planeta de cada vez ms ingentes multitudes con estmagos en paro forzoso, ms de mil millones de toneladas de alimentos se desechan al ao, segn un informe que nos reafirma en la idea de que la causa ltima de las desigualdades constatadas por doquier radica en la maximizacin de las ganancias. Regularidad de una formacin econmica que, pudorosa, evade el ms exacto de los nombres, capitalismo, para denominarse a s misma sociedad de mercado. O de consumo.

Elaborado por el Instituto Sueco de Alimentos y Biotecnologa y la Organizacin de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentacin (FAO), el documento solo asombrar a quienes, con trasnochada buena fe, hayan credo esa melopea repetitiva de que la inanicin padecida por un sexto de la humanidad -ms de mil millones de terrcolas- tiene que ver con la falta de comida. No en vano el relator especial de la ONU para el derecho a la alimentacin, Olivier Schutter, haca suyas ante la prensa las palabras de su antecesor en el cargo, Jean Ziegler: Cuando un nio muere de hambre en el mundo, l o ella han sido asesinados.

No hay que subrayarlo. Los victimarios se empecinan en atribuir la culpa exclusiva a factores como los cambios climticos, mientras intentan por todos los medios ocultar razones harto verificadas: el control de los oligopolios del comercio agrcola mundial; la especulacin financiera (ya estn vendidas las prximas siete cosechas de soja en el orbe); la francachela de los agrocombustibles, los cuales, con precios basados en el petrleo, estn empujando cuesta arriba la tasa media de ganancia en la agricultura.

Si continuamos auxilindonos de un resumen aparecido en el blog Alfacentauro, apreciaremos que el rimero de porqus incluye el elevado costo de transformar millones de toneladas de cereales en protena animal, con el objetivo de satisfacer con creces a unas elites por antonomasia consumidoras de carne; las privatizaciones de los servicios pblicos para la agricultura; la regla impuesta por la Organizacin Mundial del Comercio (OMC), en 1994, en el sentido de que los vveres se conviertan en meras mercancas, solamente regulados por el mercado; el que la introduccin de la propiedad privada de las semillas transgnicas exige una nueva matriz tecnolgica, con costos de produccin mayores y en beneficio de las mismas empresas que controlan el comercio, las semillas y los insumos

Ah, entre otras, la verdad incuestionable de que el precio de los alimentos se internacionaliza, y por ende se separa del costo real de produccin en cada pas, para configurar una media planetaria controlada por los monopolios!

De manera que las causas son archiconocidas. El hambre no es simple cuestin tcnica, de explosiones demogrficas o leyes dizque naturales. Est inscrita en el ADN -las relaciones sociales- de un sistema cuyas ocho naciones ms ricas, por ejemplo, reinciden en destinar a los tachos de basura nada menos que 222 millones de toneladas de comida, monto cercano al que necesitara el frica Subsahariana (230 millones) para acometer con xito su combate contra el flagelo.

Y como el capitalismo se compone de dos zonas perfectamente diferenciadas, el centro y la periferia, se da el caso de que, a manera de divisin del trabajo, el desperdicio represente el problema ms agudo en los pases industrializados, merced a unas normas de calidad que otorgan excesiva importancia a la apariencia, adems de hechos como el que con frecuencia las transnacionales y los grandes supermercados animen a comprar lo innecesario, que se acumula en pletricas despensas antes de irse, sin caducar, all donde imaginamos: a los muladares. Entretanto, en los arrabales del planeta el desperdicio (las prdidas) constituye el freno a la comida de los ms, y ocurre en las fases de produccin, recoleccin, post-cosecha o procesamiento, dados la precariedad de la infraestructura, el bajo nivel tecnolgico y la falta de inversiones.

A todas estas, el sistema abandonara por las buenas, como si parara mientes en la palabra del Seor, la consecucin de la (ultra)eficiencia a expensas de los desposedos, mientras los poseedores, los menos, se regalan astronmicos y a la postre insostenibles niveles de consumo? Convendra en aprontar medidas exigidas por gente de bien, como la generalizacin de la agricultura ecolgica, el aumento de la inversin en las pequeas explotaciones, el mejoramiento de la proteccin social, el reforzamiento de las organizaciones campesinas? Se avendran los ciudadanos enajenados por la publicidad campante a planificar de manera adecuada sus adquisiciones, para no tener que condenarlas a los basurales?

Que filntropos y soadores me perdonen. Pero creo que primero habra que acogotar a los asesinos de cuello blanco. Acaso escuch el trmino revolucin?

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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