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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-05-2011

Locura de senadores

Eduardo Montes de Oca
Rebelin


Tal como lo lee. El augusto Senado de los no menos augustos Estados Unidos de Norteamrica vot recientemente, por mayora, en contra de una enmienda que peda reconocer la existencia del cambio climtico y que los seres humanos seran los mayores culpables de lo que sucediese.

Si dejamos el anlisis en el estrecho marco de lo que Platn llamaba doxa sentido comn, en actualizacin terminolgica, podramos concluir que la medida responde a la inconsciencia, porque nadie en su sano juicio se condenara a s mismo, como parte de la especie. Pero si nos auxiliamos del episteme; del pensamiento estructurado, cientfico, ese que se resiste a las apariencias, lo fenomnico simple, y se adentra en la bsqueda de esencias, tendremos que convenir en la ndole inexorable del pronunciamiento, dictado por la lgica de un sistema que, ms que una crisis ecolgica, ha causado la de una relacin histricamente establecida entre la humanidad y el medioambiente, en el criterio de analistas como Daniel Tanuro (digital Viento Sur).

En algo s habra que concordar con la letra del acuerdo legislativo: no todos los terrcolas arrostramos la misma culpabilidad. Porque claro que los grandes daos (cambio climtico, contaminacin qumica, declive acelerado de la biodiversidad, degradacin de los suelos, destruccin de los bosques tropicales) no se deben a una supuesta condicin antropolgica, genrica, inmutable, sino al modo de produccin que se impuso hace aproximadamente dos siglos y a su inherente manera de consumo, ambos en crisis sistmica.

Crisis generada en un mbito per se incompatible con el respeto a las fronteras naturales, merced a la competencia, que urge a reemplazar el trabajo vivo por el trabajo muerto, a trocar mano de obra por mquinas ms productivas, para maximizar las ganancias. La sempiterna bsqueda de valorizacin del capital lleva al productivismo producir por producir, que implica necesariamente consumir por consumir e integra, al igual que el fetichismo de la mercanca, el cdigo gentico del modo de produccin capitalista.

Coincidamos asimismo con Tanuro en que la frmula de Marx de que el capital no tiene otro lmite que el propio capital significa que este no se detendr ms que cuando haya agotado sus dos nicas fuentes de riqueza: la tierra y el trabajador. Recordemos que el capitalismo se asienta en la ley del valor el valor de la mercanca est determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario para su produccin, y como esta formacin social exige los valores de cambio, y no de uso, el beneficio privado en detrimento de la satisfaccin de las necesidades sociales, no dispone de ningn mecanismo que le permita tomar en consideracin, espontneamente, el estado real de las riquezas que la naturaleza pone a disposicin de la humanidad gratuitamente.

Ahora, en el Capitolio nadie se ha percatado del sinsentido? Seguramente; pero quin se atreve a dar el primer paso cuando ello derivara en la quiebra empresarial, dada la concurrencia de poseedores, con su racionalidad instrumental, de medio-fin, que no repara en costos siempre que enseoree la eficiencia en la bsqueda de plusvala. Se trata de hacer ms con menos, incluso al precio de la desaparicin de la especie.

Se habrn vuelto locos los senadores gringos? Ms bien, presas del fetichismo del dinero, el cual, tanto por su abstraccin como por la inversin completa de perspectiva que engendra (parece que le otorga valor a las mercancas, cuando son estas quienes le confieren el valor a l), crea la ilusin de que sera factible una acumulacin ilimitada. Ojo: tambin estarn enajenados los asalariados que, por la competencia entre s y el miedo al paro, tiendan a desear la buena marcha de su empresa y a colaborar con el productivismo, como denuncia nuestro articulista, al que nos unimos en la reafirmacin marxista de que todos estos mecanismos solo pueden ser contrarrestados con la ms amplia solidaridad de la clase de los productores asociados, los nicos que podran emprender la gestin racional del metabolismo humanidad-naturaleza. Con la praxis revolucionaria, el factor subjetivo, entre las herramientas inapelables.

As que la especie se halla ante un dilema: permanecer en las redes de la acumulacin capitalista, que entraa la desregulacin climtica; o salirse de ella, cambiando paradigmas como el control humano de la naturaleza, satisfaciendo las necesidades humanas reales (despojadas de la alienacin mercantil), democrticamente decretadas por los interesados, a partir de los recursos limitados de que disponemos. Creo que la eleccin no se corresponder con la votacin de los augustos senadores de los Estados Unidos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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