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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-06-2011

Morir de xito

Eduardo Montes de Oca
Rebelin


A veces uno tiene que llamarse a captulo para no concluir que la especie est marcada por el fatum de la autodestruccin, en un mundo donde Eros, la pulsin de vida, pierde su eterna lidia con Tnatos, la pulsin de muerte. S, a ratos uno tiene que evitar los devaneos psicoanalticos o el coqueteo con antropologas que suponen la victoria del mal sobre su par ineludible: el bien.

Incluso, resistir la tentacin de suscribir el dogma de la culpa primigenia. Porque a la mente de uno podra venir, sbita, la imagen del pecado inicitico cuando gente supuestamente inteligente, como los senadores de la primera potencia planetaria -recuerdan?-, vota en apretada manada contra una enmienda que reconoca la existencia del cambio climtico y la responsabilidad de los humanos en l. Habr otra manera de entender la aprobacin por el Congreso brasileo de una amnista para los comisores de delitos contra la vegetacin, y el consiguiente visto bueno a la ampliacin de las reas de uso agropecuario susceptibles de tala, con la flexibilizacin de las normas medioambientales?

Por supuesto que la hay. Sucede que la indignada presidenta Dilma Rousseff, que ha anunciado su veto, est vindoselas con los intereses de los latifundistas. Y en los Estados Unidos los representantes edilicios, polticos, de los crculos financieros siguen dando muestras de que el capital resulta miope en su empecinamiento de autovalorizacin, a expensas de los ms.

En ambos escenarios, y en muchos otros, el Sistema se reafirma el medio ideal para la conversin de las fuerzas productivas en destructivas, en un malabar dialctico que agudiza la necesidad de la revolucin ya no como locomotora de la historia, sino a modo de freno de emergencia, en el criterio del insigne marxista Walter Benjamin.

Freno con respecto a los excesos o a la absolutizacin de un ideario, el de la burguesa Ilustracin, descrito por Juan Diego Garca, en Argenpress, como propugnador del devenir en son de lnea siempre ascendente hacia un bienestar que, si bien admite pequeos retrocesos, acaba pronto por ajustar sus dinmicas en todos los rdenes, expandiendo mayores cotas de libertad e igualdad a colectivos sociales cada vez ms amplios.

Este optimismo, de raz positivista, evolucionista, que no admite o no hace hincapi en la posibilidad del salto, la crisis, la catstrofe inclusive, constituye diana de la crtica de quienes, reconociendo los ingentes niveles de produccin alcanzados en breves perodos gracias a la ciencia y su estrecho vnculo con la tcnica, abominan (abominamos) de la inicua reparticin de las riquezas, del nfasis en los aspectos cuantitativos del problema y del dar por meritorio cualquier avance material en detrimento de los dems aspectos.

Porque, si no solo de pan vive el hombre, tampoco podr vivir, insistamos, si contina la saga del cambio climtico, contaminacin qumica, declive acelerado de la biodiversidad, degradacin de los suelos, destruccin de los bosques tropicales, merced a hechos como las increbles decisiones de los legisladores de dos naciones que, situadas en latitudes geopolticas distintas, el Norte y el Sur, estn signadas por el mismo modo de produccin.

Y, lgico, por una suerte de darwinismo social renuente al llamado implcito de personalidades tales el telogo de la liberacin Leonardo Boff, quien en artculo harto citado en la red de redes nos recuerda que la ley suprema del proceso cosmognico es el entrelazamiento de todos con todos y no la excluyente competicin.

El sutil equilibrio de la Tierra, considerada un superorganismo que se autorregula, requiere la cooperacin de un sinnmero de factores que interactan unos con otros, con las energas del universo, con la atmsfera, con la biosfera y con el propio sistema-Tierra. Esta cooperacin es responsable de su equilibrio, ahora perturbado por la excesiva presin que nuestra sociedad consumista y derrochadora hace sobre todos los ecosistemas y que se manifiesta por la crisis ecolgica generalizada.

Algo que difcilmente comprendern o se avendrn a resolver de buen talante las lites de una formacin social tan transida de enajenacin que tiende a tomar por verdad sensible el disparate de la infinitud de la naturaleza, y en la que algunos parecen salmodiar la conocida mxima de tras de m el diluvio al lanzarse como ciegos habitantes de la caverna platnica, el mbito de las apariencias, a la empresa de borrar como sujetos a la mayora de los terrcolas. Ello, en una bsqueda de beneficios econmicos que, al decir de alguien, a la postre podra hacer que la humanidad muera de xito, como si Tnatos noqueara a Eros de una vez por todas.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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