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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-07-2011

Es oficial: Australia fue invadida

John Pilger
On line Opinion


La ciudad de Sidney ha votado por sustituir en su historia oficial las palabras llegada de los europeos por invasin. El alcalde, Marcelle Hoff, dice que es intelectualmente deshonesto utilizar cualquier otra palabra para describir cmo la Australia aborigen fue despojada por los ingleses. Nos invadieron, dijo Paul Morris, un asesor indgena ante el Consejo. Es la verdad y no debemos diluirla. As como no podemos pedirles a los judos que acepten una versin suavizada del Holocausto, tampoco deberamos hacerlo nosotros.

En 2008, el entonces primer ministro, Kevin Rudd, pidi formalmente disculpas a los aborgenes separados de sus familias cuando nios bajo una poltica inspirada en la teora criptofascista de la eugenesia. Se deca que la Australia blanca estaba logrando aceptar su pasado y presente rapaces. En serio?

Un editorial del diario Sydney Morning Herald sealaba que el gobierno de Rudd, haba actuado rpidamente para borrar estos deshechos de su pasado poltico de una manera que responda a algunas de las necesidades emocionales de sus seguidores; pero esto no cambia nada. Es una simple maniobra.

La decisin de la ciudad de Sydney es un gesto muy diferente, y admirable, porque no refleja una campaa de lamentaciones liberal y limitada, que busca una reconciliacin que los haga sentirse bien en lugar de buscar la justicia, sino que contrarresta un cobarde movimiento de revisin histrica en la que un grupo de polticos, periodistas y acadmicos menores de extrema derecha afirmaban que no haba habido ninguna invasin, ningn genocidio, ni una generacin robada, ni racismo.

La plataforma para estos negadores del Holocausto es la prensa de Murdoch, que mantiene su propia insidiosa campaa contra la poblacin indgena, presentndolos como vctimas de s mismos o como nobles salvajes que requieren mano dura: la teora de los eugenistas. Algunos lderes negros que le dicen a la lite blanca lo que sta quiere or, mientras culpan a su propio pueblo por su pobreza, proporcionando una cobertura a un racismo que a menudo impacta a los visitantes extranjeros.

Hoy en da, los primeros australianos tienen una de las esperanzas de vida ms cortas en el mundo y son cinco veces ms propensos a ser encarcelados que los negros en la Sudfrica del apartheid, y en el desierto australiano hay nios aborgenes cegados por el tracoma, una enfermedad bblica, totalmente prevenible y erradicada en los pases del tercer mundo, pero no en la rica Australia. Los pueblos aborgenes son por un lado el secreto oscuro de Australia, y por otro, el distintivo ms sorprendente de la nacin: la sociedad ms antigua del mundo.

Mediante este rechazo trascendental de la propaganda histrica, Sydney, la ciudad ms grande y antigua del pas, reconoce la resistencia cultural de la Australia negra y, sin decirlo directamente, habla de una creciente resistencia a un escndalo conocido como la intervencin: en 2007, John Howard envi al ejrcito a la Australia aborigen para proteger a los nios que, segn su ministro de asuntos indgenas, estaban siendo abusados en nmeros impensables. Llama la atencin la manera en la que la incestuosa elite poltica y meditica de Australia a menudo se enfoca en una pequea minora negra con todo el fervor de los culpables, sin saber quizs que la mitologa y psique nacional continan siendo daadas, mientras que la nacin, que fue una vez robada, no retorna a sus habitantes originales.

Los periodistas aceptaron la razn ofrecida por el gobierno de Howard para intervenir y salieron de cacera, en busca de lo morboso. Un programa de televisin nacional utiliz a un joven trabajador annimo que alegaba crteles de esclavitud sexual entre el pueblo Mutitjulu. Fue expuesto ms adelante como un funcionario del gobierno federal y sus pruebas desacreditadas. De 7.433 nios aborgenes examinados por los mdicos, slo cuatro fueron identificados como posibles casos de abuso. No hubo un nmero impensable, siendo la tasa identificada similar a la de abuso de nios blancos. La diferencia es que no hay soldados invadiendo los suburbios playeros, ni padres blancos puestos de lado, sus salarios reducidos y su bienestar puesto en cuarentena. Todo haba resultado ser una farsa, pero con un propsito serio.

Los gobiernos laboristas que siguieron a Howard han reforzado los nuevos poderes de control sobre las tierras ancestrales de origen negro: especialmente la estricta Julia Gillard, una primera ministra que le da clases a sus compatriotas sobre las virtudes de las guerras coloniales que nos hacen ser quienes somos hoy y encarcela indefinidamente a los refugiados de esas guerras, incluidos los nios, en una isla en alta mar que no es considerada Australia, aunque lo sea.

En el Territorio del Norte, el gobierno de Gillard de hecho est conduciendo a las comunidades aborgenes a literales zonas de apartheid donde puedan ser econmicamente viables. La razn declarada es que el Territorio del Norte es la nica parte de Australia donde los aborgenes tienen derechos comprensivos sobre la tierra, y que all se encuentran algunos de los mayores depsitos mundiales de uranio y otros minerales. La fuerza poltica ms poderosa en Australia es la multimillonaria industria minera. Canberra quiere explotar y vender esos recursos y los malditos negros estn en el camino otra vez. Pero esta vez se han organizado, estn articulados, son militantes, una resistencia de conciencia y cultura. Ellos saben que se trata de una segunda invasin. Habiendo finalmente pronunciado la palabra prohibida, los australianos blancos deben ponerse de su lado.

Fuente: http://www.onlineopinion.com.au/view.asp?article=12267

Traduccin para Sinpermiso por Antonio Zighelboim



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