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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-07-2011

Cambiar el color del cielo

Eduardo Montes de Oca
Bohemia


Una esperanza. El Apocalipsis del planeta azul, anunciado no desde el ms all por el crptico y potico san Juan Evangelista, sino desde el ms ac por miradas de investigadores, podra al menos alejarse en el tiempo, si variamos el color del cielo.

As lo acaban de sugerir el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climtico, establecido en 1988 por la Organizacin Meteorolgica Mundial, y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Entidades segn las cuales, tcnicas como el trueque del brillo de las nubes, mediante la inyeccin de aerosoles en las capas altas de la atmsfera y en la estratosfera, y una febril siembra de rboles haran descender los niveles de radiacin solar sobre la vida terrestre y reduciran los efectos del calentamiento global.

Eso s, el enfoque es altamente riesgoso, con grandes impactos y gran potencial de usos militares y hostiles () por parte de quienes controlan las tecnologas, de acuerdo con personalidades que atinan al apreciar en la problemtica un filn sociolgico, antropolgico, econmico, filosfico, poltico, pues no constituye secreto alguno que la lgica instrumental, presentista, de autovalorizacin del capital atenta contra la humanidad en pleno.

Incluso, este panorama ha concitado en alguien tan solvente en lo intelectual como Leonardo Boff el criterio de que la crisis actual deviene terminal, ms que coyuntural y estructural. A contrapelo del estereotipo, el filsofo y telogo brasileo de la Liberacin se cuestiona el ingenio del Sistema para adaptarse a cualquier circunstancia. Y nos reafirma, en agoreras palabras, que todos nosotros, pero particularmente el capitalismo, nos hemos saltado los lmites de la Tierra. Hemos ocupado, depredando, todo el planeta, deshaciendo su sutil equilibrio y agotando sus bienes y servicios hasta el punto de que no consigue reponer por su cuenta lo que le han secuestrado. Ya a mediados del siglo XIX Karl Marx escriba profticamente que la tendencia del capital iba en direccin a destruir sus dos fuentes de riqueza y reproduccin: la naturaleza y el trabajo. Es lo que est ocurriendo.

Y como una lectura suele arrastrarnos hasta otra, en el sempiterno juego mental de las analogas, evoquemos una acotacin del tambin brasileo Plinio de A. Sampaio Jr: Al contrario de los tericos que identificaban el final de la formacin socioeconmica de marras con el desmoronamiento provocado por la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, la teora del imperialismo de Lenin lo halla en su opuesto: la imposibilidad de imponer fronteras, valladares, a la reproduccin ampliada del capital y atenuar sus efectos perversos (nmero 27 de la revista Marx Ahora , La Habana, pgina 172).

Por tanto, la degeneracin de ese modo de produccin obedece a su propio despliegue. Y la necesidad de su superacin est determinada ms que todo por su inviabilidad poltica. Los medios violentos y predatorios del capital financiero llevan a los antagonismos sociales a tal punto que las tensiones y los conflictos que de all surgen tienden a comprometer las bases sociales y polticas de sustentacin de la sociedad burguesa. En los pases capitalistas desarrollados, la supremaca del capital financiero viene acompaada del deterioro de las condiciones de vida de la gran mayora de la poblacin. En los pases coloniales y semicoloniales, el imperialismo significa una creciente explotacin y opresin (Sampaio).

Pero la cadena de juicios no queda ah, pues la crisis humanitaria en transcurso, antes ceida a las naciones perifricas, no se puede resolver desmontando la sociedad. Las vctimas, entrelazadas por nuevas avenidas de comunicacin -recordemos a los indignados europeos, a los rebeldes rabes-, resisten y amenazan el orden vigente. De manera contraproducente, fue el capitalismo el que cre el veneno que lo puede matar: al exigir a los trabajadores una (capacitacin) tcnica cada vez mejor para estar a la altura del crecimiento acelerado y de la mayor competitividad, cre involuntariamente personas que piensan. Y que, en consecuencia, van descubriendo lo torvo del rgimen explayado. Ahora, si las leyes sociales actan a guisa de tendencias, y no inexorablemente, como consideraba la clerigalla marxista, para calificar con Ral Roa a los dogmticos, podr el factor subjetivo vertebrarse, la voluntad poltica erguirse, para acabar con el capitalismo antes de que nos borre, en su ceguera?

Solo advirtamos que, aun sin revolucin universal, en verdad la crisis podra resultar postrera. Si la empecinada lgica del capital nos obliga a cruzar definitivamente el cada vez ms tenue umbral de lo posible: los lindes de la naturaleza. Por cierto, en un planeta que ruede en el cosmos sin esos inefables sujetos que son los humanos, qu importancia supondra el color del cielo?

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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