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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-07-2011

El dlar o la atraccin del borde

Eduardo Montes de Oca
Bohemia


Ms all de que podra estar tendiendo un manto protector sobre la psiquis de sus conciudadanos, e insuflando una confianza que contribuya a apuntalar el dlar, quizs el analista David Wessel (The Wall Street Journal) no ande descaminado cuando niega la inminencia del desplome del billete verde, por no haberse generalizado todava lo suficiente la impresin de la decadencia gringa.

Eso s: el hombre se muestra particularmente sabio al aclarar que su criterio no implica la exclusin del miedo, ya que ha cado mucho, probablemente lo suficiente para llevar el dficit comercial a niveles sostenibles; pero una vez que los mercados comienzan a moverse, suelen excederse. Un pas que depende tanto del crdito internacional, incluso en su propia moneda, es susceptible a los vaivenes en el nimo del mercado.

Por tanto, no estar en el borde, pero se acerca, no? Como seala el diario mexicano La Jornada, la importancia del susodicho ha declinado tanto, que entre 2001 y 2007 las reservas oficiales en los bancos centrales pasaron de 71,5 a 64,1 por ciento. Y en 2010 el monto era de 61,3. O sea que la mayor parte de esa reduccin ocurri antes de la crisis actual y estuvo ligada a la emergencia del euro y otros contendientes.

S, al parecer finiquitaron aquellos felices tiempos que detonaron con los acuerdos de Bretton Woods (1944), gracias a los cuales la moneda del To Sam se estableci por sus fueros como la de reserva, con el valor garantizado por la gran acumulacin de oro, e incluso se dilataron luego de que el presidente Richard Nixon la desligara del metal precioso y comenzara a inundar al planeta con los rostros de los padres fundadores estereotipados en un papel sin el respaldo de la riqueza del pas emisor.

La preocupacin por la debilidad y el futuro de la divisa viene motivando entre los acreedores forneos alternativas a la deuda estadounidense que han comprado y en que tienen depositadas unas esperanzas cada vez ms desvadas. No en vano para diversos especialistas est siendo necesaria la adopcin de una nueva moneda, que responda a economas fuertes y con sostn en oro (regreso al llamado patrn oro), posicin apoyada a voz en cuello por gobiernos y personalidades renuentes a olvidar detalles como que la libra esterlina, regidora en el trasiego universal durante los siglos XVIII, XIX y principios del XX, se hundi a causa del dbito acumulado por el imperio britnico en las dos conflagraciones mundiales, y de la ascensin de los Estados Unidos a primera potencia.

As que el problema resulta estructural. Como se ha apuntado, los frecuentes ciclos de crisis experimentados por la economa norteamericana, con ingentes dficit fiscal y comercial y una deuda pblica de ms de 14 billones de dlares, equivalente al 92, 8 por ciento del PIB, determinan que se haya descolgado nada menos que hasta el sexto puesto entre las 20 seeras en innovacin y competitividad.

Smele a estos infortunios un abrumador desempleo -ms de 9 por ciento-, la pobreza creciente y el deterioro de los ndices educacionales, y se tendr la pcima imprescindible para lo que teme Wessel, a pesar de sus circunloquios: el desmoronamiento definitivo del dlar, al cual tambin habran contribuido los gastos de guerra en Iraq, Afganistn, y un adeudo externo de 13 billones, que ampara las importaciones de la nacin ms consumista del orbe.

No en balde China permite a estados vecinos efectuar negocios con su moneda, para evitar las fluctuaciones en los tipos de cambio; y en los multimillonarios convenios firmados por el gigante asitico con Brasil y Argentina enseorea el yuan-renminbi, que planean extender a Per, Chile, Corea del Sur, Malasia, Belars, Indonesia. No por gusto Beijing y Mosc decidieron usar sus propias divisas para el comercio bilateral. No por amor al arte el ALBA realiza una porcin de sus transacciones en SUCRE, dinero todava virtual; e Irn ejecuta operaciones petroleras en euros; y el trueque de reservas se expande como plaga inexorable a Siria, los Emiratos rabes Unidos, Venezuela, Suecia, Rusia

Bueno, si todo ello es cierto, sospechara un escptico, por qu la poderosa China no reniega por completo del billete maldito? La respuesta pasa de lapidaria. Con 2,7 billones de dlares estadounidenses en sus reservas, ms del 35 por ciento de las globales, de los cuales un billn responde a deuda del Tesoro de USA, no puede darse el lujo de dejar de comprar de sbito estos bonos, por las nefastas consecuencias para el sistema financiero y la economa de un planeta ms que entretejido.

Por el momento, exporta hacia EE.UU. la mayora de sus mercancas. Pero algo se mueve. Ya Beijing desplaz a Washington como principal socio comercial de Brasil, del que desde 2010 es el inversionista fundamental. Solo un signo? Tal vez; pero de signos est empedrado el camino del dlar, que a ojos vista camina hacia el borde, como presa de una atraccin econmica; es decir, fatal.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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