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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-07-2011

Resea de "Yuri Gagarn que ests en los cielos" de David Franco Monthiel

Manuel Ortega
Rebelin


Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen. Lo confieso. Yo nunca he sido muy de viajar, por lo tanto nunca, que yo me acuerde, me he montado en un cohete (y si me he montado estaba borracho y me dorm). As que la sensacin de cruzar la estratosfera, ponerme en rbita y surcar el espacio exterior nada ms que la he sentido en las pelculas de los americanos (esas que acaban bien hasta cuando acaban mal). Por eso pens que no estara mal tener una segunda opinin, quiz la visin contraria, la de los que perdieron la carrera, el espacio y su tiempo. Yo, que nac perdedor, siento simpata por los sueos que no se terminan por el despertador y de los perros que se recogen en la calle para ponerlos en las estrellas. As que me llamaba la atencin que en este caso fuera un sovitico el que me contara la verdadera historia de lo que acontece (lo que aconteci, lo que nos acontecer) cuado despegamos los pies del suelo para poder verlo todo en perspectiva. Para poder verlo todo mejor o al memos por encima de muestras posibilidades diarias. Por encima de nuestras propias narices. Por encima de los cielos de los otros.

Surcar el espacio solo tiene otro rollo. Por eso mola hacerlo acompaado por especialistas. Yuri Gagarn y David Franco Monthiel nos cogen de la mano para llevarnos a donde est la gravedad de las cosas. Nos atan con una cuerda de esas que no te ahorcan ni te limitan, sino que se va transformando en una especie de cordn umbilical por donde la sabidura nos alimenta con sus pldoras de adobo y de otros manjares de la tierra de los gaditanos soviticos. O al revs, donde Yuri tras comprarse media limeta de vodka se pone a cantar por la chirigota del Petra o por la comparsa de Juan Carlos.

Y es que para m Yuri Gagarin que est en los cielos es lo ms parecido a un libreto brillante, festivo y audaz de cuentos pequeos y afilados como cuplets y de relatos un poquito ms largos pero tan profundos y vivos como el mejor de los pasodobles (con su tro, con sus subidas, con sus pianitos), van haciendo un repaso de lo que nos sucede en el da de hoy, de lo que pas durante la historia y de la lrica de lo que nos est esperando a la vuelta de cada pgina. Porque David no deja un resquicio al desaliento ni una esquina a los advenedizos. Como en una coreografa mortal (de necesidad y de compromiso) derriba los lugares comunes con la conviccin del que vino sabiendo lo que vino a hacer. Un Actimel (y perdn por la marca) para la conciencia y la literatura, unas bacterias que no creen en Hobbes ni en Stringer Bell si no en contagiar, en la magia y la verdad de las palabras bien puestas, de la prosa nacida sin forceps ni cesreas oportunistas o inoportunas.

Hay est Los motores que mueven las hlices para demostrar que la literatura de anticipacin es solo una muestra de la clarividencia de quien la escribe y quien la publica. Hay queda La distincin en ochenta volmenes para comprobar que el monje se baa sin hbito y que la mayora (lo numrico no es calidad en cantidad) no se entera ni de qu va la pelcula ni el cine. Ah se erige Los retos del naufragio como una palmera solitaria que te da sombra aunque t intentes construir la lgica en base de la lgica del adversario. Ah te espera Estado del bienestar para demostrar que siempre estamos en territorio enemigo cuando nos empeamos en hipotecar nuestras armas de lucha al diablo de la contencin. Ah florece Tramoya que si se lee con detenimiento y cario suena como un poema que es un himno de los que debemos recordar cuando olvidemos que somos nuestra propia patria. Y as hasta un milln de relatos ms, porque en cada estancia de Yuri Gagarin que ests en los cielos se cruzan, se besan y se lamen mil relatos ms por cada letra que va en su sitio.

David Franco Monthiel se trastorna y se empecina (para bien, claro) en su papel de cicerone de las estrellas que brillan en nuestras conciencias. Se reivindica y se formula para sorprendernos como un excelente narrador que sabe que sin lrica no hay lgica ni ideologa (y al revs). Ni parasos artificiales, ni infiernos cotidianos. Solo la luz que gua el corazn de los hombres buenos y de los escritores que no se conforman puede devolvernos a la Tierra. Pero no solo all sino a ella, con maysculas y con el fin de hacer de la vida un lugar ms justo y la literatura un sitio ms habitable. David escribe como si fuera un sovitico de la literatura, intenta compartir con todos para que los dems tenga ms y el solo lo que necesita: apenas media pgina para decirnos porque las cosas no funcionan y preguntarnos dnde estbamos el da del crimen.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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