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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-08-2011

Loco, el sistema que lo engendr

Eduardo Montes de Oca
Bohemia


Cuando, el 22 de julio ltimo, Noruega sufra el estallido de un coche bomba y una matanza humana de prolijas balas, unas cuantas personas all y en otros puntos geogrficos dirigan automticamente el ndice contra un estereotipado enemigo, omnipresente como el dios de los acusadores y el propio dios de los acusados.

Por qu algunos creyeron ver corporizado el fantasma del islamismo desde el instante en que la televisin local comenzaba a pasar las imgenes de un atentado que caus ocho muertos, una docena de heridos y cuantiosos daos en oficinas gubernamentales en Oslo, mientras en la cercana isla de Utoya un individuo disfrazado de gendarme se daba el relamido gusto de segar la vida de 68 jvenes, entre los cerca de 600 escogidos como dianas de un incontinente fusil?

Al parecer, en la impugnacin apriorstica -anterior a las pesquisas policiales- actu un reflejo condicionado, el sentido comn labrado por una propaganda que impele a buscarse un comodn (el coco de los cuentos infantiles) que sirva de explicacin y catarsis ante la rudeza de la realidad y la incomprensin de sus leyes.

Pero el caso resulta sui gneris, por ocurrir en uno de los ltimos pases europeos socialdemcratas, de suyo apacible, cuya supervivencia -sealemos con John Brown, articulista habitual en los medios alternativos- radica en la renta petrolera, que permite redistribuir riqueza al mismo tiempo que prosigue, como en el resto del planeta, la acumulacin financiera en favor de una exigua minora.

Qu hacer si, no obstante, el reparto de los rditos del hidrocarburo no satisface a los ms conspicuos representantes del capital, postores de una modernizacin a la manera de la mayor parte de la Pennsula Escandinava, mediante el paradigma neoliberal de la flexiguridad? Pues claro que aplicar la regla de los recortes en el gasto social; pero con sumo cuidado. No arremetiendo directamente contra los intereses primarios de la poblacin, sino intentando granjearse el espaldarazo de esta a una nueva extrema derecha, defensora a un tiempo de la libre circulacin de capitales y mercancas, en el marco de la globalizacin, y de la brutal limitacin de la traslacin de personas desde la periferia. Se impone presionar en aras de la liquidacin del status quo preconizando en un inicio la supresin de prestaciones sociales a los inmigrantes. De ah la insistencia en que el terror viene del levante, con tremolante atuendo musulmn, y la rotundidad en proclamar la existencia de una guerra de civilizaciones.

No hay que esforzarse para constatar el despliegue de una ideologa que, conforme al clebre marxista Samir Amin, comentado por Gabriela Roffinelli, no solo se propone una visin del orbe, sino un proyecto poltico a escala universal: la homogeneizacin por imitacin y recuperacin del Modelo Occidental, donde dizque la abundancia material y el poder, incluyendo el militar, se acompaan del espritu cientfico, la racionalidad y la eficiencia prctica, la tolerancia, la pluralidad de opiniones, el respecto a los derechos del hombre, la democracia, la preocupacin por una cierta igualdad y la justicia social. Modelo que, faltaba ms, se basa en la libertad de empresa y el mercado, el laicismo y la democracia electoral.

En ese contexto, se ha extendido el rechazo a las comunidades de los parsitos de otras culturas, a los cuales no se les perdona que, aprovechndose del patrimonio y beneficindose de los derechos sociales de sus anfitriones, se nieguen a integrarse y conserven su religin y sus costumbres. El antiislamismo viene a desempear hoy el papel del antisemitismo, que en su momento desvi hacia los judos el odio de clase del proletariado europeo por sus explotadores. Lgicamente, la orientacin del odio hacia los musulmanes y hacia el Islam como religin oscurantista y antifeminista permite dar a los temas xenfobos y racistas de extrema derecha, as como a las guerras neocoloniales en curso, una orientacin progresista de defensa del laicismo, de los derechos de la mujeres y de la libertad de orientacin sexual. La extrema derecha y las guerras del Imperio se hacen as ilustradas (Brown dixit).

Ahora, esta vez la intencin qued trunca, dada la confesin del autor de ambos atentados contra instituciones y activistas socialdemcratas: Anders Behring Breivik, nada menos que noruego!, de 32 aos, con posiciones fundamentalistas y hostil precisamente al islam, y al marxismo. En fin, uno de aquellos cuya actitud nos convence de que, si en verdad hay una contienda de civilizaciones, ella se est librando, como lo considera el analista Ahmed Moor, entre la gente sana y normal y los fanticos derechistas, que distinguen la perdicin, la destruccin, el fuego del infierno y la voluntad de Dios -un dios particular, paradjicamente diablico- en cada esquina del mundo.

Y ya uno se figura la saga. Ms temprano que tarde algunos se abroquelarn en la suposicin de que el atacante representa un caso aislado de alienacin, cuando loco, ms loco es sin duda el sistema que lo engendr a su imagen y semejanza.



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