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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-08-2011

La conspiracin de la OTAN contra la revolucin libia

Gilbert Achcar
Jadaliyya


En un editorial publicado en el Wall Street Journal (19/07/2011), Max Boot autor e historiador militar neoconservador, conocido por su apoyo al fomento de la democracia a punta de pistola y ardiente defensor de la plena implicacin militar de EE UU en Libia se refiri a un artculo aparecido en el Financial Times (15/06/2011) que comparaba la actual campaa de bombardeos areos sobre Libia con la guerra area sobre Kosovo en 1999 para subrayar la falta de potencia de fuego en la operacin libia. Boot comenta, abundando en la misma comparacin con detalles adicionales:

La guerra anterior apenas lleg a Apocalypse Now: estaba estrictamente delimitada por derecho propio. Sin embargo, al cabo de 78 das en Kosovo, los aliados de la OTAN haban aportado 1.100 aviones y realizado 38.004 misiones. Por el contrario, en Libia la OTAN slo ha enviado 250 aviones y efectuado 11.107 incursiones. No es extrao, entonces, que al cabo de 78 das Slobodan Milosevic decidiera entregar Kosovo, mientras que despus de 124 das, por ahora, Gadafi sigue aferrado al poder.

Las paradojas libias de la OTAN

En la operacin Tormenta del Desierto, lanzada por la coalicin encabezada por EE UU contra Irak en 1991, no se necesitaron ms que once das para igualar el nmero antes indicado de incursiones areas realizadas en Libia en 78 das. El nmero total de misiones alcanz en 43 das de Tormenta del Desierto un promedio de 2.555 diarias. Tras la devastacin provocada por esa tormenta y las ulteriores campaas de bombardeos a lo largo de los doce aos de embargo entre 1991 y 2003, durante las primeras cuatro semanas de la llamada operacin Libertad iraqu se efectuaron 41.850 misiones, de las que 15.825 fueron incursiones de ataque, con un promedio de 565 diarias. Andrew Gilligan ha podido escribir por tanto en The Spectator (4/06/2011) sobre el caso libio:

Pese a todas las invocaciones rituales de unos supuestos ataques intensificados y de los bombardeos ms fuertes hasta la fecha, los bombardeos son y han sido siempre relativamente dbiles. A lo largo de toda la operacin, el nmero de misiones de ataque de la OTAN de las que slo una parte dan lugar a un ataque areo efectivo no asciende en promedio ms que a 57 por da, menos de la mitad que en la operacin muy similar de la Alianza en Kosovo, y una mera fraccin de lo que hicieron EE UU y el Reino Unido en Irak.

Aadamos a esto que hace falta ejercer mucha ms presin para forzar a un dictador a abandonar el poder que a renunciar a una parte de su territorio. Desde que las posibilidades de Gadafi de recuperar el control sobre Bengasi son casi nulas, de hecho podra renunciar de buena gana a la ciudad rebelde y con ella a toda la regin al este de Aydabiya en un intento de salvar el trono del rey de reyes de frica, por el que ha estado comprando lealtades generosamente desde 2008. Esto explica por qu empe tantos efectivos militares y tanta violencia en el intento de conquistar Misrata, la ciudad clave en manos de los rebeldes en el oeste de Libia que le impidi partir en la prctica el pas en dos. Y esto explica tambin por qu los insurgentes han insistido obstinadamente en conservar Misrata a pesar de los violentsimos ataques que tuvieron que soportar y de que tenan la posibilidad de ser evacuados por mar junto con los dems habitantes de la ciudad, al igual que los miles de inmigrantes y heridos que pudieron salir de la ciudad por esa va.

Las tempranas acusaciones propagandsticas de que los insurgentes estaban llevando a cabo un plan de segregacin del pas han quedado claramente desmentidas por su incansable combate por la liberacin de la totalidad del territorio libio de las garras de la dictadura de Gadafi. Y lo hacen a pesar del elevado coste que han de pagar debido a la gran desproporcin existente entre sus fuerzas terrestres y las del rgimen, con sus vehculos blindados, piezas de artillera, misiles y soldados instruidos, un desequilibrio que la intervencin de la OTAN slo compensa en parte. Corresponsales militares presentes en varios frentes del territorio libio destacan tanto la escasez de armamento e instruccin como el carcter no profesional y catico de las fuerzas insurgentes y la increble entrega de un gran nmero de civiles convertidos en combatientes por la liberacin de su pas. Esta entrega explica la firme determinacin de los rebeldes de seguir luchando a pesar de estas graves carencias, enfrentndose a las fuerzas bien equipadas e instruidas y generosamente pagadas por el rgimen de Gadafi.

Las cuestiones cruciales son, por tanto: por qu lleva a cabo la OTAN en Libia una campaa area de perfil bajo no slo en comparacin con el componente areo de la guerra por apoderarse de un Irak ms o menos igual de rico en petrleo, sino tambin con la que lanz sobre un Kosovo que econmicamente no tiene ningn inters? Y por qu la Alianza se abstiene al mismo tiempo de suministrar a los insurgentes el armamento que han reclamado con insistencia y con firmeza? A primera vista aparecen dos extraas paradojas en este asunto.

La primera paradoja es que tanto en Irak como en Afganistn, las fuerzas encabezadas por EE UU insistan en la nacionalizacin del conflicto (en la lnea de la vietnamizacin que precedi a la retirada estadounidense en 1973). En Libia, donde las fuerzas locales imploran a la OTAN que les entregue las armas que precisan y aseguran que con suficiente armamento podran acabar de liberar su pas muy pronto, la OTAN se niega a armarles. La limitada entrega de armas por parte de Francia en el frente occidental no altera sustancialmente la situacin. Esto sucede a pesar de que, contrariamente a los afganos, los insurgentes estn dispuestos y potencialmente en condiciones de pagar por las armas que reciban. Como todo el mundo sabe, los mercaderes de muerte occidentales no tienen por costumbre hacer caso omiso de tan enjundiosas oportunidades de negocio. Todos ellos compitieron con tanto celo por vender armas a Gadafi en los ltimos aos que consiguieron cerrar contratos con l por valor de casi mil millones de dlares entre finales de 2004, cuando sus gobiernos levantaron el embargo sobre Libia, y finales de 2009. Entre esas armas se incluyeron bombas de racimo, vendidas por una empresa espaola, que Gadafi no dud en emplear contra su propio pueblo.

El corolario lgico de la negativa de la OTAN a armar a los insurgentes habra sido el lanzamiento de una campaa de ataques areos muy intensa a fin de compensar la debilidad sobre el terreno de quienes dice apoyar. Sin embargo, y sta es la segunda paradoja, la campaa area de la OTAN en Libia no es nada en comparacin con la de Kosovo, por no hablar de otras operaciones areas dirigidas por EE UU en tiempos recientes. Este hecho molesta mucho a la insurgencia libia, como han informado corresponsales occidentales desde los primeros das de la intervencin area de la OTAN. As, C.J. Chivers seal el 24 de julio en el blog At War del New York Times, que la frustracin de los rebeldes era cada vez mayor: Una de las cosas que se perciben una y otra vez al informar de los combatientes de la oposicin en Libia es la diferenciacin entre lo que dicen los luchadores de a pie sobre la campaa de bombardeos de la OTAN y las declaraciones de los portavoces del Consejo Nacional de Transicin [CNT], la autoridad rebelde de facto. Oficialmente, la direccin insurgente agradece efusivamente la labor de los pilotos que vuelan por all arriba. Las figuras polticas del CNT se explayan en declaraciones edulcoradas de pleno apoyo y gratitud por el trabajo de la OTAN, a cuyos dirigentes se cuidan mucho de no contrariar. Quienes estn ms cerca de la primera lnea de combate o viven en zonas ms expuestas, sin embargo, tienen una opinin ms matizada. Ellos tambin agradecen la intervencin temprana de la OTAN en la guerra, cuando impidieron mediante incursiones areas que las fuerzas del coronel Muamar el Gadafi arrollaran a los rebeldes y aplastaran el levantamiento en Bengasi. Pero tambin expresan un profundo y a veces agnico desencanto por el ritmo y la seleccin de objetivos del apoyo areo y hablan a menudo de lo que consideran medias tintas e incompetencia de la OTAN.

Podra ser que la OTAN, que ningune alegremente al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU) al lanzar su guerra area contra el rgimen serbio de Milosevic en 1999, se ha convertido de pronto en fiel defensora del Derecho en los asuntos internacionales? Difcilmente. Sucede entonces que la OTAN se siente obligada a ajustarse a la letra de la Resolucin n. 1973 del CSNU que autoriz la campaa area sobre Libia? Habra que estar loco para creerlo. La campaa de la OTAN ha violado tanto el espritu como la letra de dicha Resolucin, yendo bastante ms all de todas las medidas necesarias para proteger a los civiles y las reas pobladas bajo amenaza de ataques. Una gran proporcin de incursiones areas se llevaron a cabo sobre Trpoli y otros territorios controlados por el rgimen, agravando de este modo el riesgo y el alcance de los daos colaterales que la OTAN inflige a los civiles que dice proteger. Est claro que la estricta aplicacin del embargo de armas que estipula la resolucin del CSNU no es lo que impide a las potencias de la OTAN armar a los rebeldes. Si esas potencias se hubieran propuesto suministrar cantidades significativas de armamento a los insurgentes, ni los vetos de Mosc y Pekn habran impedido a EE UU y sus aliados hacer lo que quisieran, como ya hicieron en los Balcanes en 1999 y de nuevo en Irak en 2003. Del mismo modo, si la OTAN no interviene sobre el terreno, no se debe al cumplimiento de la exclusin que hace la resolucin del CSNU de toda fuerza de ocupacin extranjera de cualquier tipo en cualquier parte del territorio libio. Se debe principalmente a que los propios rebeldes rechazaron de forma muy clara cualquier intervencin terrestre. Un cartel en la Plaza Tahrir de Bengasi, cuya foto se puede ver en el blog de la periodista palestina Dima Jatib, declara taxativamente: No a la intervencin extranjera en nuestro suelo. S al armamento de los rebeldes.

Mutua desconfianza

La desconfianza, sin duda, es mutua. La actitud prctica de las potencias occidentales hacia los rebeldes libios contrasta visiblemente con su actitud ante el Ejrcito de Liberacin de Kosovo (ELK) antes y durante la guerra de 1999, o su actitud hacia la Alianza del Norte antes y durante los bombardeos sobre Afganistn que comenzaron en octubre de 2001. Obsrvese la permanente insistencia islamfoba por parte de los medios de comunicacin occidentales en el papel de los islamistas en la revuelta libia como pretexto para no suministrarles armas y comprese esta actitud con su complacencia ante la presencia de grupos similares entre las fuerzas kosovares, por no abundar en el hecho de que la Alianza del Norte afgana (cuyo nombre real es Frente Islmico Unido para la Salvacin de Afganistn) est compuesta mayoritariamente por grupos que mantienen rasgos fundamentalistas, que son un poco menos extremistas que los de los propios talibn. Los medios occidentales denuncian hipcritamente a los fundamentalistas islmicos cuando son antioccidentales y se mantienen muy circunspectos ante el Estado ms fundamentalista que hay en la Tierra y principal patrocinador a escala mundial de los sectores ms reaccionarios del fundamentalismo islmico, a saber, el reino de Arabia Saud.

Los medios occidentales nunca se preocuparon por la heterogeneidad de las fuerzas afganas agrupadas en la Alianza del Norte, a la que entregaron el poder en Afganistn. Eso a pesar de que en 1992 despus de derrotar al rgimen de Nayibul, aupado por Mosc hasta que la Unin Sovitica se retir del pas al final del ao anterior los mismos componentes de la Alianza del Norte haban convertido el pas en un catico campo de batalla mediante una autntica guerra hobbesiana de todos contra todos. El Estado islmico de Afganistn result ser tal desastre que los talibn vencieron en 1996 con relativa facilidad. Por supuesto, nada de esto retuvo a Washington cuando decidi derribar a los talibn mediante la accin conjunta de las tropas de la Alianza del Norte y su propia fuerza area, con un promedio de 85 misiones de ataque al da durante 76 das desde el comienzo de las operaciones en octubre hasta el 23 de diciembre de 2001 (es decir, un 50 % ms que el promedio de misiones realizadas en Libia).

El carcter paradjico de la intervencin occidental en Libia ha sido destacado por varios observadores, que a su juicio la explican por el deseo de asegurarse el control sobre la Libia de despus de Gadafi. Muchos simpatizantes de la insurreccin libia algunos de los cuales, entre los que me cuento yo, han manifestado su comprensin por el hecho de que Bengasi pidiera al diablo que le ayudara a parar una masacre anunciada advirtieron a los rebeldes desde el primer da de que no presentaran en aquella ocasin a ese diablo como un ngel y no alimentaran ilusiones respecto a los motivos reales de las potencias occidentales. Estas sospechas tempranas se vieron confirmadas poco despus por la evolucin de la situacin en Libia, hasta el punto de que actualmente cunde la conviccin, en crculos rabes antioccidentales, de que la OTAN est prolongando deliberadamente la guerra y con ella la existencia del rgimen de Gadafi. Esta idea fue expresada claramente por Munir Shafiq, antiguo dirigente de una corriente maosta de Al Fatah en la poca de Yasir Arafat y coordinador general del Congreso Islmico-Nacionalista (agrupacin de varios partidos y personalidades, incluidas la Hermandad Musulmana, Hams e Hisbol), en una columna publicada en Aljazeera.net (4 de julio, en rabe):

Nadie puede entender por qu los aviones de la OTAN se centran en bombardear posiciones en Trpoli que prcticamente son seuelos, mientras permiten que Misrata y otras ciudades sean bombardeadas desde bateras de misiles, piezas de artillera y vehculos militares. Incluso permiten que columnas de las fuerzas de Gadafi se desplacen a la vista de todos sin atacarlas. Dnde queda la proteccin de civiles y dnde la ayuda al pueblo a derribar a Gadafi? La postura de EE UU y la OTAN es una conspiracin flagrante contra la revolucin popular en Libia y un intento de mantener a las fuerzas de Gadafi en actividad hasta que consigan controlar al CNT y tal vez tambin a algunos lderes sobre el terreno. Solo entonces derribarn a Gadafi, mientras conspiran contra el pueblo, la revolucin y el futuro de Libia.

Esta firme sospecha refleja un sentimiento expresado en las mismas filas rebeldes libias, como ilustra la declaracin de uno de sus lderes locales al diario beirut Al-Ajbar (2 de junio): Segn Abu Bakr al Faryani, portavoz del consejo local del municipio de Sirte, que se adhiere al CNT opositor, la propia OTAN avanza lentamente en sus operaciones militares contra las brigadas de Gadafi a fin de mantenerle durante ms tiempo en el poder e incrementar de este modo el precio que podrn obligar a la oposicin a pagar a las potencias mundiales y las grandes empresas que estn detrs.

Los planes de la OTAN para Libia

No se trata de figuraciones fantasmagricas, de cierta propensin en Oriente Prximo a la teora de la conspiracin. Esas manifestaciones se corresponden con la situacin real sobre el terreno, como el cambio de localizacin de los ataques de la OTAN en Libia que analiz Tom Dale en la edicin digital de The Guardian (4 de julio). Y sobre todo se corresponden con una conspiracin demasiado real de las potencias de la OTAN con respecto al futuro de Libia. El plan fue revelado por Andrew Mitchell, secretario de Desarrollo Internacional del Reino Unido el pasado 28 de junio: un documento de estabilizacin de 50 pginas elaborado por un equipo de respuesta de estabilizacin internacional dirigido por el Reino Unido (y que incluye a Turqua) dibuja un escenario post-Gadafi desde el supuesto de que el rey de reyes dimitir o ser derribado. Esto se debe a que a pesar de los repetidos intentos occidentales de convencer al CNT de que pacte con el propio Gadafi, como se ha filtrado regularmente a la prensa en los ltimos meses, el CNT ha dejado claro que el derrocamiento de Gadafi y sus hijos es innegociable para la rebelin libia. Incluso la perspectiva de ofrecer a Gadafi un retiro confortable en Libia, planteada tmida y tentativamente por el CNT bajo presin occidental, se abandon de inmediato debido al revuelo que caus en las filas rebeldes.

Un protagonista clave de los intentos occidentales de pactar con el crculo ntimo de Gadafi es su hijo, Saif al Islam, el hombre que se compr un ttulo de doctorado (sobre sociedad civil y democratizacin) de la London School of Economics y se hizo visitar y aconsejar por Richard Perle, Anthony Giddens, Francis Fukuyama, Bernard Lewis, Benjamin Barber y Joseph Nye, entre otros, a fin de mejorar la imagen de Libia y de Muamar el Gadafi. Saif explic al diario argelino Al Jabar (11 de julio, en rabe) que el gobierno francs, a pesar de su posicin oficial sobre Libia, estaba negociando con Trpoli:

Ahora estamos negociando con Pars, tenemos contactos con Francia. Los franceses nos han dicho que el CNT les obedece; incluso nos han dicho que si llegaban a un acuerdo con nosotros en Trpoli, impondran un alto el fuego al Consejo. [] Digo que si Francia quiere vender aviones Rafale, si quiere cerrar contratos en relacin con el petrleo, si quiere que vuelvan sus empresas, ha de hablar con el gobierno libio legtimo y con el pueblo libio a travs de canales pacficos y oficiales.

El rey de reyes, por su parte, no se muestra dispuesto a ceder. El 23 de julio reiter su dura crtica a los pueblos tunecino y egipcio por haber derrocado a sus dictadores. En cualquier caso, el plan de la OTAN preconizado por el Reino Unido se basa en la hiptesis de un alto el fuego entre el rgimen y los rebeldes, lo que implica que los aparatos y barones del rgimen se mantendrn en su lugar. El principal inters que trasluce dicho plan de la OTAN es el deseo de evitar una repeticin de la catastrfica gestin llevada a cabo por EE UU de la situacin en Irak despus de la invasin. All, el gobierno de Bush tuvo que elegir entre cooptar el grueso del apartado de Estado baasista o desmantelarlo por completo. Se inclin por esta ltima opcin, defendida por Ahmed Chalabi y los neocon con su descabellado plan de establecer en Irak un Estado minimalista dependiente de EE UU. As, la nueva hoja de ruta libia se inspira en el escenario amparado por la CIA que en su momento se descart en Irak. Como explic Mitchell, se basa en la recomendacin de que Libia no siga el ejemplo iraqu de disolver el ejrcito, que algunos altos funcionarios consideran un error estratgico que dio alas a la insurgencia y favoreci la delicada y voltil situacin tras el derrocamiento de Sadam Husein.

Esta misma preocupacin fue transmitida al CNT por el ministro britnico de Asuntos Exteriores, William Hague, el da despus de visitar Bengasi el pasado 5 de junio. No a la desbaasificacin, de modo que sin duda (los rebeldes) estn aprendiendo de aquello, declar Hague. Ahora tienen que hacerlo saber ms efectivamente a fin de convencer a miembros del rgimen de que esto es algo que podra funcionar. El mismo inters determina la actitud de las potencias occidentales ante el levantamiento revolucionario en Siria. Su influencia en Libia, sin embargo, es mucho mayor. La descripcin que hizo Mitchell de la gran aportacin de las potencias de la OTAN y sus aliados a la gestin de la Libia post-Gadafi a falta de botas sobre el terreno es tan ridcula que cabe preguntarse si no la hizo de broma:

La UE, la OTAN y las Naciones Unidas se encargaran de las cuestiones de seguridad y justicia; Australia, Turqua y las Naciones Unidas ayudaran en el suministro de servicios bsicos; Turqua, los EE UU y las instituciones financieras internacionales dirigiran la economa. Sin embargo aadi Mitchell es sumamente importante que el conjunto de este proceso est en manos de los libios. Lo que se ha hecho es para servir al pueblo libio.

Este plan A no carece de un plan B, lo que revela la desconfianza de las potencias occidentales en la probabilidad de una transicin ordenada tras la cada de Gadafi (para retomar la expresin que repiti como un mantra el gobierno de Obama en relacin con Egipto). Hablando del plan defendido por el Reino Unido, el Wall Street Journal revel (el 29 de junio) que funcionarios de la ONU estaban elaborando planes de contingencia, que incluan el despliegue de una fuerza armada multinacional que probablemente estara formada por tropas de pases de la regin como Turqua, Jordania y tal vez pases miembros de la Unin Africana. Uno de los defensores de dicho despliegue es, como caba esperar, uno de los dirigentes occidentales ms hostil a los rebeldes libios, el general Carter Ham, actual comandante del Mando frica de EE UU (AFRICOM). Comparte esta postura con los militares argelinos, a los que visit a comienzos de junio, advirtindoles del riesgo de que las armas que circulan en Libia puedan caer en manos de Al Qaeda. (Otro factor de la actitud hostil de Argelia es probablemente la perspectiva de emancipacin de los bereberes en el oeste de Libia.)

El CNT libio se apresur a obedecer las instrucciones de la OTAN y present su propia versin de la hoja de ruta, evidentemente redactada con vistas a satisfacer la obsesin occidental por el ejemplo iraqu. Una copia de este plan libio, plasmado en 70 pginas, lleg a manos del Times londinense, que public un resumen el 8 de agosto pasado. Contiene cifras detalladas que suenan tan poco plausibles que no cabe ms que sospechar que sus autores estaban tratando de contentar a los seores de la OTAN: Sostiene que 800 agentes de seguridad que estn al servicio del gobierno de Gadafi han sido ganados clandestinamente para la causa rebelde y estn dispuestos a formar la espina dorsal de un nuevo aparato de seguridad En el documento se afirma que los grupos rebeldes en Trpoli y las zonas adyacentes cuentan con 8.660 seguidores, entre ellos 3.255 miembros del ejrcito de Gadafi. Se considera muy probable una desercin masiva de oficiales de alto rango, de los que se afirma que un 70 % no apoyan al rgimen ms que por puro miedo.

Disensin en las filas de la oposicin

El comentario del Times muestra escepticismo sobre la hiptesis del CNT con respecto a la cooptacin de sectores del rgimen: Esto seguramente no slo resultar arriesgado, sino tambin controvertido, pues muchos combatientes rebeldes estn resueltos a eliminar todos los vestigios del rgimen. Como haba sealado el Wall Street Journal en su informacin sobre la hoja de ruta defendida por el Reino Unido: Muchas brigadas rebeldes se han convertido en milicias, algunas de las cuales se niegan a obedecer las rdenes o a colaborar con aquellos que ocupaban cargos militares o de seguridad en el rgimen del coronel Gadafi y posteriormente cambiaron de bando para unirse a la rebelin que estall en febrero. Algunos lderes rebeldes influyentes han llamado a purgar a los leales al rgimen de las futuras fuerzas de seguridad y a dar prioridad a quienes hayan luchado contra Gadafi.

La firme decisin de los rebeldes de purgar a quienes hubieran optado por defender a Gadafi contra la insurreccin es, de hecho, la clave para entender el comportamiento paradjico de la OTAN que se ha descrito ms arriba. Las potencias de la OTAN no quieren que los rebeldes liberen Trpoli con sus propios medios, como declar sin rodeos el Economist de Londres (16 de junio): Los gobiernos occidentales tienen la esperanza de que los rebeldes no conquisten Trpoli al cabo de un lento avance desde el este, con el riesgo que ello implicara de que dieran su merecido a los leales a Gadafi que se encontraran por el camino. Prefieren que el rgimen implosione desde dentro y que el pueblo de Trpoli se alce para deponer al coronel, una eventualidad que en crculos gubernamentales occidentales se considera cercana.

Tom Dale ha comentado esta preferencia de la OTAN por una implosin desde dentro: Por qu iban a preferir las potencias occidentales un golpe por parte del crculo ntimo de Gadafi a la victoria del ejrcito rebelde? El golpe palaciego comportara un acuerdo negociado entre los elementos del antiguo rgimen que todava sostienen a Gadafi y la direccin rebelde, que a su vez tambin abarca a muchas antiguas personalidades del rgimen. Los gobiernos occidentales quieren estabilidad e influencia, y para ellos las figuras del antiguo rgimen, sin contar a la familia Gadafi, son la mejor garanta en este sentido.

Conviene matizar esta ltima afirmacin. Tomemos el ejemplo del general de divisin Abdul Fatah Yunis, una de las figuras clave del rgimen de Gadafi que se pas al bando rebelde pocos das despus de que comenzara la revuelta. Jefe militar de la rebelin libia hasta que fue asesinado recientemente, haba criticado abiertamente la accin de la OTAN y mantena una relacin muy conflictiva con el hombre de la CIA, el coronel Jalifa Haftar (a veces su apellido se escribe Hifter), quien despus de vivir en el exilio durante casi un cuarto de siglo, sobre todo en EE UU y cobrando de la CIA, volvi a Libia y fue nombrado por el CNT para un alto cargo militar bajo la presin de Washington. Esta hombre era detestado por muchos miembros de la oposicin libia, como explic el periodista Shashank Bengali en Real News Network (14 de abril): Aqu hay cierta preocupacin por el hecho de que la larga estancia de Hifter en EE UU y sus supuestos lazos con la CIA y otros altos cargos de EE UU hacen de l una figura controvertida entre los libios, que sienten realmente que este levantamiento tiene carcter autctono. Desean recibir apoyo exterior en forma de armas y reconocimiento del gobierno de oposicin libio y no desean que la rebelin pase a estar controlada por alguna fuerza extranjera como la CIA.

La hostilidad entre Yunis y Haftar ha llevado a algunos a sospechar que el asesinato del primero ha sido organizado por CIA a fin de allanar el camino al segundo. Sin embargo, Yunis no ha sido sustituido por Haftar, sino por otro desertor temprano del rgimen de Gadafi, el general Suleiman Mahmud, comandante de la provincia oriental afincado en Tobruk hasta su desercin. De hecho, las condiciones no parecen favorables a los hombres que mantienen los lazos ms fuertes con el extranjero, como indican ciertos comentarios publicados en el New York Times sobre la disolucin del gabinete provisional por parte del CNT en la vspera del asesinato de Yunis:

La remodelacin tambin pareca responder a un esfuerzo por parte de ciertos grupos de inters dentro del movimiento rebelde, incluidos dirigentes autctonos que ayudaron a impulsar la revuelta, por afirmar su poder marginando a dirigentes que haban vuelto de exilio y ocupaban cargos clave. Durante meses haba habido quejas de que miembros del gabinete eran desconocidos para la mayora de los libios, pues haban pasado casi todo el tiempo en el extranjero, sobre todo en Qatar, el pas que se ha convertido en el defensor ms entusiasta de los rebeldes. [] Un portavoz rebelde ha dicho que van a exigir a [Mahmud] Jibril [el economista neoliberal nombrado por el CNT para dirigir su gabinete, despus de haber dirigido las reformas neoliberales del rgimen de Gadafi desde 2007 hasta el levantamiento], a quien apenas han visto en Bengasi, que pase ms tiempo en Libia.

Una explicacin plausible del asesinato de Abdul Fatah Yunis es la que dio su colaborador Mohamed Agury, quien atribuy el atentado a miembros de la Brigada de los Mrtires del 17 de Febrero. (Segn otra fuente, los autores del crimen forman parte de un grupo islmico que se autodenomina Brigada Abu Ubaidah Ibn al Jarrah.) El testimonio de Agury da idea de la compleja y heterognea composicin de las fuerzas rebeldes: La Brigada de los Mrtires del 17 de Febrero es un grupo formado por centenares de civiles que tomaron lar armas para unirse a la revuelta. Sus combatientes participan en las batallas de primera lnea contra las fuerzas de Gadafi, pero tambin actan como una fuerza de seguridad interna semioficial de la oposicin. Algunos de sus dirigentes provienen del Grupo de Combate Islmico de Libia, un grupo radical islmico que ya lanz una campaa violenta contra el rgimen de Gadafi en la dcada de 1990. [] No se fan de ninguno que haya estado en el rgimen de Gadafi, queran venganza, dijo Agury.

Otro acontecimiento revelador que muestra la heterogeneidad de las filas de la oposicin fue la Conferencia para el Dilogo Nacional celebrada en Bengasi el 28 de julio. Asistieron 350 participantes, entre ellos miembros de la citada Brigada de los Mrtires del 17 de febrero y exmiembros de la rama libia de la Hermandad Musulmana, mientras que la Hermandad misma neg cualquier relacin con la conferencia. Los asistentes insistieron en la unidad de Libia, su carcter islmico y la necesidad de un dilogo nacional amplio, mientras Al Amin Belhaj, miembro del CNT, declar que a pesar de que Gadafi y sus hijos no podan permanecer en el poder, s podan quedarse en Libia bajo proteccin oficial. Por lo visto, algunos de los participantes tenan contactos con Saif al Islam Gadafi, un dato que encaja bien con las recientes declaraciones de ste al New York Times: He liberado [a islamistas libios] de la crcel, les conozco personalmente, son mis amigos, dijo, aunque aadi que la liberacin fue un error debido a su papel en la revuelta.

Fuera del hotel en que se celebraba la conferencia hubo una manifestacin. El reportaje de Aljazeera.net muestra a un hombre joven que sostiene un cartel que dice, en nombre de la Juventud de la Revolucin del 17 de Febrero: La Conferencia Nacional slo se representa a s misma. Los manifestantes expresaron su rechazo de cualquier dilogo con Saif al Islam y sus colaboradores. Acusaban a los organizadores de la conferencia de utilizar milicias para tomar el poder antes de que se completara la liberacin de Libia. Naima Dyibril, abogada y miembro del Comit de apoyo a la participacin de las mujeres en la toma de decisiones, de Bengasi, se quej en la pgina web por la exclusin de las mujeres de la conferencia. Otros detalles del plan del CNT, segn el Wall Street Journal (12 de agosto), muestran un reconocimiento tranquilizador de la complejidad de la situacin libia y la voluntad de abordarla de una manera democrtica:   El plan reconoce que la direccin en Bengasi todava carece del apoyo oficial de las regiones que todava se hallan bajo control del coronel Gadafi, abriendo un proceso para cubrir 25 puestos vacantes que debern representar a esas zonas en un rgano que cuenta con 65 escaos. Segn el plan, los miembros actuales del Consejo no podrn presentarse a las dos primeras convocatorias de elecciones nacionales, ni aceptar cargos polticos en los gobiernos que salgan de ellas. [...] De acuerdo con el documento, un Consejo Nacional de Transicin ampliado en el que haya representantes de las zonas bajo control de Gadafi gobernar durante ocho meses a partir de la cada de Gadafi, periodo en el que se celebraran elecciones para una comisin constitucional y un congreso nacional transitorio de 200 miembros. La representacin de cada distrito se concretara en funcin del censo de poblacin de 2010. El congreso ejercera el poder durante un periodo transitorio de menos de un ao, durante el cual se sometera a votacin en referndum nacional un nuevo proyecto de constitucin y sera elegido el nuevo gobierno permanente de Libia de conformidad con lo estipulado en dicha constitucin.

Es de esperar que la realidad se ajuste a las previsiones del plan, pero hay muchos factores que se oponen a la aplicacin del mismo, dada la compleja maraa de fuerzas tribales, tnicas y polticas que constituyen la sociedad libia, que apenas est saliendo de ms de cuatro dcadas de uno de los regmenes dictatoriales ms desquiciados de la historia moderna. La constitucin provisional basada en el plan arriba descrito ya es objeto de contestacin en Bengasi, y se acusa al CNT de estar actuando a puerta cerrada. La diferencia fundamental entre el revuelo poltico en Libia y la situacin en Egipto es que en el primer pas la oposicin y el rgimen estn separados territorialmente, y que la familia gobernante ha sido derribada en El Cairo, pero todava no en Trpoli.

Al igual que en Egipto, la batalla poltica se libra entre diversos grupos de la oposicin, algunos de los cuales, especialmente entre las fuerzas islmicas, estn dispuestos a contemporizar con instituciones del rgimen, mientras que otros, sobre todo entre la juventud, rechazan esta perspectiva y aspiran a una transformacin radical de su pas. Otra diferencia importante es la ausencia en Libia del papel del movimiento obrero, que es muy importante en el proceso egipcio. (Aunque Kamal Abu Aita, el presidente de la nueva Federacin Egipcia de Sindicatos Independientes, me ha informado de que recientemente se ha creado una federacin sindical similar en Bengasi.) La situacin en Libia como en Tnez y Egipto y todos los dems pases de Oriente Medio en que se desarrolla el actual proceso revolucionario se halla al comienzo de un periodo prolongado de evolucin tumultuosa. Este es el destino habitual de los levantamientos revolucionarios. Las potencias occidentales tendrn muchas dificultades para controlar el proceso. Carecen de tropas sobre el terreno, aunque tampoco eso les servira de mucho, vista su incapacidad para controlar la situacin en pases donde s han desplegado fuerzas armadas, como Irak y Afganistn. El proceso de liberacin y autodeterminacin de los pueblos es intrincado y puede atravesar fases inquietantes, pero sin este proceso y la disposicin a pagar el coste que conlleva, que puede llegar a ser muy importante, el mundo entero seguira viviendo bajo regmenes absolutistas.

Publicado en Jadaliyya http://www.jadaliyya.com/

Traduccin: VIENTO SUR a partir de la versin en ingls del autor.

Fuente: http://www.vientosur.info/articulosweb/noticia/?x=4276


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