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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-09-2011

No al voto en blanco; S al nulo o la abstencin

Santi Ortiz
Rebelin


Tal vez no pocos espaoles en edad de votar se sorprendan al saber que el voto en blanco en Espaa nada tiene que ver con el que produca aquellos efectos demoledores en la novela de Saramago, Ensayo sobre la lucidez.

Como nuestra casta poltica suele interpretar las cosas en su beneficio, no considera el voto en blanco como una manifestacin en contra de todos los candidatos en contienda, sino como indiferencia del emisor, que, de esta forma, expresa darle igual votar por uno que por otro.

Si a esta torticera forma de interpretacin, unimos nuestra tramposa ley electoral, resulta que, en nuestro sistema de votacin, el voto en blanco se suma como vlido al nmero total de sufragios del escrutinio, lo que eleva el nmero de votos necesarios para alcanzar el porcentaje mnimo (3%) que da opcin a la representatividad parlamentaria. Indudablemente, esto perjudica a los partidos minoritarios, al tiempo que favorece a los ms votados en funcin del mtodo de contabilidad de escaos basado en la Ley DHondt, que atiende ms a la proporcionalidad que a la representatividad de los sufragios.

Como consecuencia, el voto en blanco debe quedar excluido como muestra de rechazo o condena a nuestra casta poltica, ya que, como hemos dicho, con l, aunque fuera abrumadoramente mayoritario, no lograramos otra cosa que favorecer el bipartidismo del PPSOE sin que el Sistema se resintiera lo ms mnimo.

Sin embargo, an disponemos de dos vas para hacer constar el descontento ciudadano ms bien, la indignacin hacia toda esa tropa de polticos, tan deshonestos democrticamente, que, hasta ahora, no hemos podido encontrar en ninguna de las dos Cmaras ni siquiera 35 diputados o 26 senadores que tuvieran la decencia de dar al pueblo que dicen representar la posibilidad de decidir en referndum la ultraurgente reforma de la Constitucin.

Estas dos vas son: el voto nulo y la abstencin.

El voto nulo con carcter intencional puede lograrse simplemente llevando de casa la propia papeleta (no oficial) donde aparezca escrito algo que elimine la ambigedad, como por ejemplo: No nos representis. Este voto, a diferencia del blanco, no se suma a los votos vlidos. Y, aunque como acto individual no tiene la menor trascendencia, s adquiere importancia cuando se convierte en una accin de masas, que es de lo que se trata.

Otra manera de exteriorizar nuestra negativa a participar en el teatrillo de marionetas en que ha degenerado la poltica espaola, es la abstencin; ms precisamente: la abstencin poltica, actitud consciente de no sumarse al nunca tan prostituido carrusel de las papeletas, mostrando abiertamente una voluntad de rechazo al sistema poltico que usurpa lo que, atendiendo a su nombre, llamamos democracia y no lo es. El acto de no ir a votar es un acto neutro en s mismo, que, como el anterior, slo puede tomar un peso especfico insoslayable si es el electorado en masa quien lo adopta.

No obstante, aunque la abstencin es tan legtima como el voto nulo a la hora de manifestar nuestro repudio hacia el sistema, se presta a ms ambigedades que ste, y como en la crtica coyuntura en que nos encontramos, hemos de huir de cualquier confusin, parece una opcin menos recomendable que acercarnos hasta el colegio electoral correspondiente con nuestro voto nulo preparado para depositar con l nuestra indignacin por cuanto est sucediendo.

Hay quien sostiene que renunciar al voto es una enorme irresponsabilidad. A m lo que me parece una irresponsabilidad superlativa es continuar participando de esta farsa, con unas reglas del juego injustas e inadmisibles y todo sumido en una atmsfera de malsana depravacin propiciadora del estado de corrupcin poltica y social que nos enfanga hasta los ojos.

Tampoco se trata de pedir perfecciones para perfecciones estamos, se trata de huir de una tomadura de pelo tan escandalosa que da igual lo que votes porque los que realmente van a mandar nunca aparecen como candidatos, se quedan en la sombra partindose de risa ante nuestras pugnas partidistas, dejando que volquemos nuestra ira sobre Rajoy o Rubalcaba, o sobre Obama, o Bush, o el poltico que quieran, cuyo recambio mientras las reglas del juego sigan como hasta ahora les trae absolutamente sin cuidado. Y desde luego, lo que supone una rendicin incondicional en la lucha por devolver a la ciudadana sus instituciones, es seguir llamando a esta parodia sistema democrtico.

Estamos tocando el fondo y, por consiguiente, tenemos que ir al tronco y no andarnos por las ramas. Ni queremos este sistema corrompido, ni queremos la ley electoral existente, ni queremos la partitocracia que se ha atiborrado de privilegios a costa de dilapidar el Estado de bienestar que recibieron en legado, ni queremos ser mercanca en manos de polticos y banqueros. Queremos Democracia, no este remedo formal que lo nico que tiene de democrtico es llamarnos a votar (lo inservible) cada cuatro aos.

Qu hemos de hacer entonces, seguirles el juego eligiendo un candidato?... Sera una incongruencia. Partamos de una vez la baraja y dejmonos de paos calientes. Si todos los que estamos realmente hartos de la descomunal estafa en que se ha convertido la poltica, acudiramos con nuestra papeleta de No nos representis a las prximas elecciones, el rostro demudado y las profundas ojeras con que el primer ministro de la novela de Saramago compareci ante los medios para dar los resultados electorales, iba a ser una pamema comparados con los que iba a tener ms de uno la noche del 20-N. Despus, ya buscaran la forma de maquillarlo todo, que para eso tienen en nmina al grueso de los medios de comunicacin, pero el cuento de la representatividad se les habra acabado sine die. Y nosotros estaramos ms cerca de conseguir esa democracia real que perseguimos.

Lo dems es continuar dando carrete a lo que hay.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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