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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-10-2011

Los asesinatos extrajudiciales de ciudadanos estadounidenses
El da que muri EE.UU: El nico futuro para los estadounidenses es una pesadilla

Paul Craig Roberts
Global Research

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Algunos hemos contado con la llegada de este da y hemos advertido contra su arribo, solo para ser recibidos con abucheos y silbidos de patriotas que han llegado a ver la Constitucin de EE.UU. como un artefacto que mima a criminales y terroristas y entorpece al presidente que tiene que actuar para protegernos.

En nuestro libro The Tyranny of Good Intentions [La tirana de las buenas intenciones] Lawrence Stratton y yo mostramos que mucho antes del 11-S el derecho en EE.UU. haba dejado de ser un escudo del pueblo y se convirti en un arma en manos del gobierno. El evento conocido como 11-S fue utilizado para colocar al poder ejecutivo por sobre la ley. A condicin de que el presidente apruebe un acto ilegal, los empleados del poder ejecutivo ya no tienen que rendir cuentas ante la ley que lo prohbe. Por autoridad del presidente, el poder ejecutivo puede violar, sin sufrir las consecuencias, leyes de EE.UU. contra el espionaje de estadounidenses sin mandato judicial, detencin indefinida y tortura.

Muchos esperaban que el presidente Obama restableciera la responsabilidad del gobierno ante la ley. En su lugar, fue ms lejos que Bush/Cheney e impuso el poder inconstitucional no solo para mantener a ciudadanos estadounidenses en prisin sin presentar cargos, sino tambin para matarlos sin que sean condenados por un tribunal. Obama afirma que a pesar de la Constitucin de EE.UU., tiene autoridad para asesinar ciudadanos estadounidenses de quienes piensa que constituyen una amenaza, sin el proceso debido.

En otras palabras, cualquier ciudadano estadounidense que es catalogado como amenaza carece de derechos y puede ser ejecutado sin juicio o evidencia.

El 30 de septiembre Obama utiliz ese nuevo poder hecho valer por el presidente e hizo asesinar a dos ciudadanos estadounidenses, Anwar Awlaki y Samir Khan. Khan era un personaje excntrico asociado a Inspire Magazine y no vena fcilmente a la mente como una amenaza seria.

Awlaki era un clrigo musulmn estadounidense moderado quien sirvi de asesor al gobierno de EE.UU. despus del 11-S sobre maneras de contrarrestar el extremismo musulmn. Awlaki fue gradualmente radicalizado por el uso de mentiras por Washington para justificar ataques militares contra pases musulmanes. Se convirti en crtico del gobierno de EE.UU. y dijo a los musulmanes que no tenan que aceptar pasivamente la agresin estadounidense y que tenan derecho a resistir y defenderse. Como resultado Awlaki fue satanizado y se convirti en una amenaza.

Solo sabemos que Awlaki pronunci sermones crticos de los ataques indiscriminados de Washington contra pueblos musulmanes. El argumento de Washington es que sus sermones pueden haber influenciado a algunos que son acusados de intentar actos terroristas, responsabilizando por lo tanto a Awlaki por los intentos.

La aseveracin de Obama de que Awlaki era algn tipo de agente de al Qaida de alto nivel es solo una aseveracin. Jason Ditz concluy que el motivo para asesinar Awlaki en lugar de procesarlo es que el gobierno de EE.UU. no posea evidencia real de que Awlaki fuera agente de al Qaida.

Pero lo que hizo o podra haber hecho Awlaki es irrelevante. La Constitucin de EE.UU. requiere que incluso el peor asesino no puede ser castigado hasta que sea condenado por un tribunal. Cuando la Unin Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU) cuestion ante un tribunal federal la aseveracin de Obama de que tena el poder de ordenar asesinatos de ciudadanos estadounidenses, el Departamento de Justicia [sic] de Obama argument que la decisin de Obama de hacer asesinar estadounidenses era un poder ejecutivo fuera del alcance del aparato judicial.

En una decisin que sell la suerte de EE.UU., el juez del tribunal federal de distrito, John Bates, ignor el requerimiento de la Constitucin de que ninguna persona ser privada de la vida sin debido proceso y descart el caso, diciendo que el Congreso deba decidir. Obama actu sin esperar una apelacin, utilizando por lo tanto la aquiescencia del juez Bates para establecer el poder y fomentar la transformacin del presidente en un Csar que comenz bajo George W. Bush.

Los abogados Glenn Greenwald y Jonathan Turley sealan que el asesinato de Awlaki termin con la restriccin de la Constitucin del poder del gobierno. Ahora el gobierno de EE.UU. no solo puede tomar a un ciudadano de EE.UU. y confinarlo en una prisin por el resto de su vida sin jams presentar evidencia y obtener una condena, sino tambin lo puede matar a tiros en la calle o hacerlo volar por un drone.

Antes de que algunos lectores escriban para declarar que el asesinato de Awlaki no es gran cosa porque el gobierno de EE.UU. siempre ha hecho asesinar gente, recordad que los asesinatos de la CIA fueron de oponentes extranjeros y no fueron eventos proclamados pblicamente, y menos todava una afirmacin del presidente de estar por sobre la ley. Por cierto, esos asesinatos fueron desmentidos, no reivindicados como acciones legtimas del presidente de EE.UU.

Los Guardias Nacionales de Ohio que mataron a tiros a estudiantes de Kent State cuando manifestaron contra la invasin de Camboya por EE.UU. en 1970, no afirmaron que realizaban una decisin del poder ejecutivo. Ocho de los guardias fueron encausados por un jurado de acusacin. Los guardias argumentaron defensa propia. La mayora de los estadounidenses estaban enfadados contra los que protestaban contra la guerra y culparon a los estudiantes. El aparato judicial capt el mensaje y finalmente el caso criminal fue desestimado. El caso civil (muerte y herida por negligencia de otro) fue cerrado por 675.000 dlares y una declaracin de lamento por los acusados. El punto no es que el gobierno haya matado gente. El punto es que nunca antes del presidente Obama, ha habido un presidente que reivindicara el poder de asesinar ciudadanos.

Durante los ltimos 20 aos, EE.UU. ha tenido su propia transformacin al estilo de Mein Kampf. El libro de Terry Eastland: Energy in the Executive: The Case for the Strong Presidency [Energa en el ejecutivo: el caso a favor de una presidencia fuerte], present ideas asociadas con la Sociedad Federalista, una organizacin de abogados republicanos que trabaja para reducir restricciones legislativas y judiciales del poder ejecutivo. So pretexto de emergencias de tiempos de guerra (la guerra contra el terror), el rgimen Bush/Cheney emple esos argumentos para liberar al presidente de responsabilidad ante la ley y para liberar a los estadounidenses de sus libertades civiles. La guerra y la seguridad nacional suministraron la apertura para los nuevos poderes reivindicados, y una mezcla de temor y deseo de venganza por el 11-S condujo al Congreso, al sistema judicial, y a la gente a aceptar los peligrosos precedentes.

Como dirigentes civiles y militares nos han estado diciendo durante aos, la guerra contra el terror es un proyecto de 30 aos de duracin. Despus de ese perodo, la presidencia habr completado su transformacin al cesarismo, y no habr vuelta tras.

Por cierto, como deja en claro el Proyecto para un nuevo siglo estadounidense, la guerra contra el terror es solo una apertura para la ambicin imperial neoconservadora de establecer la hegemona de EE.UU. sobre el mundo.

Como las guerras de agresin o la ambicin imperial son crmenes de guerra segn el derecho internacional, semejantes guerras requieren doctrinas que eleven al lder por sobre la ley y las Convenciones de Ginebra, tal como Bush fue elevado por su Departamento de Justicia (sic) con mnima interferencia judicial y legislativa.

Acciones ilegales e inconstitucionales tambin requieren el silenciamiento de los crticos y el castigo de los que revelan crmenes gubernamentales. Por lo tanto Bradley Manning ha estado preso durante un ao, sobre todo en confinamiento solitario bajo condiciones abusivas, sin que se hayan presentado acusaciones en su contra. Un jurado de acusacin federal trabaja para urdir acusaciones de espionaje contra Julian Assange, fundador de WikiLeaks. Otro jurado de acusacin federal trabaja urdiendo acusaciones de terrorismo contra activistas opuestos a la guerra.

Terrorista y ayudar a terroristas son conceptos cada vez ms elsticos. Seguridad Interior ha declarado que una vasta burocracia de la polica federal ha cambiado su enfoque de los terroristas a extremistas en el interior.

Es posible que Awlaki haya sido asesinado porque era un crtico efectivo del gobierno de EE.UU. Los Estados policiales no nacen hechos y derechos. Inicialmente, justifican sus actos ilegales satanizando a sus objetivos y de esta manera crean los precedentes para un poder inaudito. Una vez que el gobierno equipara la crtica con la ayuda y confort a terroristas, como lo est haciendo con activistas contra la guerra y Assange, o con el propio terrorismo, como Obama hizo con Awlaki, solo faltar un pequeo paso antes de que se presenten acusaciones contra Glenn Greenwald y la ACLU.

El rgimen de Obama, como el de Bush/Cheney, es un rgimen que no quiere ser limitado por la ley. Y tampoco lo querr su sucesor. Los que luchan por defender el vigor de la ley, el mayor logro de la humanidad, se vern asimilados a los oponentes del rgimen y tratados como tales.

Este gran peligro que se cierne sobre EE.UU. no es reconocido por la mayora de la gente. Cuando Obama anunci ante una reunin militar su xito en el asesinato de un ciudadano estadounidense, hubo vtores. El rgimen de Obama y los medios presentaron el evento como una repeticin del (supuesto) asesinato de Osama bin Laden. Dos enemigos del pueblo han sido triunfalmente liquidados. Que el presidente de EE.UU. haya proclamado orgullosamente ante una audiencia entusiasta, que haba jurado defender la Constitucin, que es un asesino y que tambin haba asesinado la Constitucin de EE.UU. es evidencia extraordinaria de que los estadounidenses son incapaces de reconocer la amenaza para su libertad.

Emocionalmente, la gente ha aceptado los nuevos poderes del presidente. Si el presidente puede hacer que se asesine a ciudadanos estadounidenses, no es tan terrible que se les torture. Amnista Internacional ha publicado una alerta de que el Senado de EE.UU. se prepara a aprobar legislacin que mantendra abierta indefinidamente la Prisin de Guantnamo y que el senador Kelly Ayotte (republicano de Nueva Hampshire) podra introducir una provisin que legalizara tcnicas realzadas de interrogatorio, un eufemismo para tortura.

En lugar de ver el peligro, la mayora de los estadounidenses solo concluir que el gobierno se est poniendo duro contra los terroristas, y eso recibir su aprobacin. Sonriendo satisfechos ante el fin de sus enemigos, los estadounidenses estn siendo llevados camelados por un gobierno que no est limitado por la ley y est armado con las armas de una mazmorra medieval.

Los estadounidenses tienen evidencia abrumadora de las noticias y de vdeos en YouTube sobre el abuso brutal de la polica de mujeres, nios y ancianos, del trato brutal y asesinato de prisioneros no solo en Abu Ghraib, Guantnamo, y las prisiones secretas de la CIA en el extranjero, sino tambin en prisiones estatales y federales en EE.UU. El poder sobre los indefensos atrae a gente de una inclinacin brutal y maligna.

Una inclinacin brutal infecta ahora a los militares de EE.UU. El vdeo filtrado de soldados estadounidenses que se deleitan, como revelan sus palabras y acciones, al asesinar desde el aire a civiles y a camargrafos de los servicios noticiosos que caminan inocentemente por la calle de una ciudad muestra a soldados y oficiales carentes de humanidad y disciplina militar. Excitados por la emocin del asesinato, nuestros soldados repitieron su crimen cuando un padre y dos pequeos se detuvieron para ayudar a los heridos, y fueron ametrallados.

Otros tantos ejemplos: la violacin de una muchacha y el asesinato de toda su familia, civiles inocentes asesinados y AK-47 colocados a su lado como evidencia de insurgencia; el placer experimentado no solo por estudiantes fracasados al torturar a quin sabe quin en Abu Ghraib y Guantnamo, sino tambin por agentes educados de la CIA y doctores en psicologa. Y nadie tiene que rendir cuentas por esos crmenes con la excepcin de dos sencillos soldados destacados en algunas de las fotografas de torturas.

Cul piensan los estadounidenses ser su suerte ahora cuando la guerra contra el terror ha destruido la proteccin que otrora les garantizaba la Constitucin de EE.UU.? Si realmente era necesario asesinar a Awlaki, por qu no se protegi a los estadounidenses del precedente de que sus muertes pueden ser ordenadas sin debido proceso despojando primero a Awlaki de su ciudadana estadounidense? Si el gobierno puede despojar a Awlaki de su vida, ciertamente puede despojarlo de su ciudadana. Cuesta evitar la inferencia de que el poder ejecutivo desea tener el poder de liquidar a ciudadanos sin proceso debido.

Los gobiernos escapan en etapas a la responsabilidad legal. Washington comprende que sus justificaciones para sus guerras son fraguadas e indefendibles. El presidente Obama incluso lleg a declarar que el ataque militar que autoriz contra Libia no era una guerra y que, por ello, poda ignorar la Resolucin de Poderes de Guerra de 1973, una ley federal que se propone limitar el poder del presidente de comprometer a EE.UU. en un conflicto armado sin el consentimiento del Congreso.

Los estadounidenses comienzan a apartarse de la bandera. Algunos comienzan a comprender que inicialmente fueron llevados a Afganistn como venganza por el 11-S. De ah fueron llevados a Iraq por razones que resultaron ser falsas. Ven ms y ms intervenciones militares de EE.UU.: Libia, Yemen, Somalia, Pakistn y ahora los llamados a una invasin de Pakistn y una continua belicosidad a favor de ataques contra Siria, Lbano, e Irn. El coste financiero de una dcada de guerra contra el terror comienza a tener efecto. La explosin de los dficits presupuestarios federales y la deuda nacional amenazan a Medicare y la Seguridad Social. Los lmites del techo de la deuda amenazan con la suspensin de operaciones del gobierno.

Los crticos de la guerra comienzan a encontrar una audiencia. El gobierno no puede iniciar su silenciamiento de los crticos presentando acusaciones contra los congresistas estadounidenses Ron Paul y Dennis Kucinich. Comienza por los que protestan contra la guerra, que son elevados a la calidad de activistas contra la guerra, tal vez un paso por debajo de los extremistas en el interior. Washington comienza por ciudadanos que son clrigos musulmanes radicalizados por guerras de Washington contra musulmanes. De esta manera, Washington establece el precedente de que los manifestantes contra la guerra alientan y por lo tanto ayudan a los terroristas. Establece el precedente de que los estadounidenses considerados como amenaza no estn protegidos por la ley. Es la ladera resbaladiza en la que nos encontramos.

El ao pasado, el rgimen de Obama prob las posibilidades de su estrategia cuando Dennis Blair, director de Inteligencia Nacional, anunci que el gobierno tena una lista de ciudadanos estadounidenses que iba a asesinar en el extranjero. Este anuncio, si hubiera sido hecho en otros das por, por ejemplo, Richard Nixon y Ronald Reagan, habra producido indignacin en todo el pas y llamados a recusacin. Sin embargo, el anunci de Blair apenas tuvo repercusin. Todo lo que le quedaba por hacer al rgimen era establecer la poltica, ejercindola.

Los lectores me preguntan lo que pueden hacer. Los estadounidenses no solo se sienten impotentes, son impotentes. No pueden hacer nada. Los medios impresos y televisivos serviles ante el gobierno son intiles y ya no son capaces de realizar su papel histrico de proteger nuestros derechos y responsabilizar al gobierno. Incluso muchos sitios en Internet opuestos a la guerra protegen al gobierno contra el escepticismo respecto al 11-S, y la mayora defiende la intencin justiciera de su guerra contra el terror. Una crtica aceptable tiene que estar acomodada en palabras como ser que no sirve nuestros intereses.

Votar no tiene efecto. El cambio del presidente es peor que Bush/Cheney. Como sugiere Jonathan Turley, Obama es el presidente ms desastroso en nuestra historia. Ron Paul es el nico candidato presidencial que defiende la Constitucin, pero la mayora de los estadounidenses se interesa demasiado poco por la Constitucin para apreciarlo.

Es una vana ilusin si se espera que una eleccin salve las cosas. Todo lo que uno puede hacer, si es suficientemente joven, es irse del pas. El nico futuro para los estadounidenses es una pesadilla.

Copyright Paul Craig Roberts, Global Research, 2011

Fuente: www.globalresearch.ca/PrintArticle.php?articleId=26896

El Dr. Paul Craig Roberts fue nombrado secretario adjunto del Tesoro de EE.UU. por el presidente Reagan y confirmado por el Senado de EE.UU. Fue editor asociado y columnista en el Wall Street Journal y sirvi en los equipos personales del representante Jack Kemp y del senador Orrin Hatch. Fue asociado del personal del Subcomit de Apropiaciones para la Defensa de la Cmara de Representantes, asociado del personal del Comit Econmico Conjunto del Congreso, y Economista Jefe, Personal Republicano, Comit Presupuestario del Congreso. Escribi la ley de reduccin de la tasa de impuestos Kemp-Roth, y fue un lder en la revolucin de la oferta. Fue profesor de economa en seis universidades y es autor de numerosos libros y contribuciones acadmicas. Ha testificado ante comits del Congreso en 30 ocasiones.



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