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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-10-2011

El 27, un nmero imposible

Eduardo Montes de Oca
Bohemia


Al paso que vamos, para sostener a la poblacin en el 2050 se necesitarn 27 planetas Tierra, concluye un estudio recin publicado por la revista Marine Ecology Progress Series -y citado en IPS por el colega Sthepen Leahy-, que calza la previsin con el aumento demogrfico, el consumo desmedido y el uso ineficiente de los recursos.

El informe viene a sumarse a otros sobre gases de efecto invernadero, uso irracional de energa, deforestacin, acidificacin de mares y lluvias, deshielo polar, agricultura contaminante, cambios climticos. Definitivamente, un tema de nuestro tiempo, como apuntbamos hace varios paliques. Pero eso s, no siempre las causas son tratadas con el desembozo con que se alude a los efectos. La ideologa suele imponerse a la objetividad. A algunos les impide ahondar en las esencias el propio causante de tanto estropicio, de tanto desbarajuste: el capitalismo.

Por ello no nos cansamos de insistir en que los problemas ambientales y sociales provienen mayormente de las leyes de la acumulacin del capital, el lucro, la ganancia, y solo se resolveran por medio del derrumbe del reino de la burguesa, obcecada en la produccin material, a costa de la propia naturaleza, porque con el desarrollo incesante de las fuerzas productivas se satisfacen sus maysculos, pantagrulicos intereses econmicos y sociales.

Pero tal vez alguien tercie reprochndonos parcialidad, pues se sabe que el socialismo real comparti la concepcin de progreso de carcter iluminista, ingenua y optimista, con sus orgenes en la idea del avance permanente e inexorable del conocimiento cientfico, que, de manera contraproducente, est empeando el futuro de la humanidad. Reconozcmoslo. Si bien la Unin Sovitica y el llamado campo socialista acumularon ingentes logros en el terreno de la produccin material, la ciencia y la tcnica, la enseanza y la seguridad social, y redujeron a la mnima expresin lacras universales como la miseria, el desempleo, la prostitucin, la drogadiccin, asimismo jerarquizaron la lgica del productivismo sobre los valores humanistas proclamados.

Ello, sin contar que un rgimen cuyos crticos de izquierda consideraban, indistintamente, Estado proletario burocrticamente degenerado, capitalismo de Estado o formacin econmico-social sui gneris (poscapitalista sin ser socialista) permiti o propici que las libertades preconizadas se tornaran formales, y la inexistencia de una democracia efectiva, que de darse habra conducido a una autocrtica capaz de coartar la negativa lnea asumida.

De qu hablamos, entonces? De renunciar a la idea del socialismo, por el fallo en su cristalizacin? De renegar del pensamiento crtico, la filosofa de la praxis, dado el fracaso histrico de los proyectos de emancipacin social (socialdemcratas o marxistas-leninistas)? No. Aqu deviene ms que vlida la proposicin de intelectuales como Adolfo Snchez Vzquez, quien estima al socialismo intrnsecamente necesario, deseable y posible, aunque no inevitable, ya que la barbarie amenaza en sus formas ms modernizadas. Anhelable, s, mientras subsistan las injusticias y las desigualdades, la explotacin. Y en loable se erige el marxismo entendido como proyector liberador, conocimiento de la realidad social que se ha de transformar, siempre vinculado con la prctica.

Un marxismo que -subrayamos con el autor mencionado-, despus de tomar el pulso a las nuevas realidades, reexamine o abandone algunas tesis clsicas, entre ellas el papel histrico central de la clase obrera (el sujeto revolucionario se ha ampliado, en la misma medida en que el Sistema margina a cada vez ms nutridos sectores de la humanidad), la exclusividad del inters clasista y los elementos deterministas y teleolgicos de su concepcin de la historia (como si nos llevara ineludible, preconcebidamente al denominado socialismo real), con su lastre eurocentrista. Por supuesto, requiere gran urgencia la revisin de la idea del despliegue constante de las fuerzas productivas, que tambin se truecan en destructivas.

Se tratara de integrar una nueva visin de las relaciones entre el hombre y la naturaleza, en la que esta cese de ser objeto de dominio, y de privilegiar una concepcin de los nexos entre los hombres en verdaderas condiciones de libertad e igualdad, asociando indisolublemente socialismo y democracia; una ptica de la sociedad en la que el individuo se afirme plenamente, pero viendo en la comunidad no un lmite de su realizacin, sino la condicin misma de ella. Y claro que observando siempre la crtica y la autocrtica, premisas de toda transformacin.

Para diversos entendidos, solo la conjuncin de ese ideario con una civilizacin sostenible, de economa mundial decrecida, planificada, de consumo racionado, podra conjurar el Apocalipsis. La vida material austera acompaada del goce ilimitado de cultura, educacin, arte, recreacin, ser la nica forma de impedir la desaparicin de la especie. Si no, de dnde sacar 27 planetas? De dnde, eh?

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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