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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-10-2011

La leyenda de Sirte

Jeremy Salt
The Palestine Chronicle

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


Est naciendo una leyenda que va a perseguir a las gentes que han sido propulsadas hacia el poder en Trpoli. En Sirte, un puado de hombres ha dado un ejemplo de valenta contra viento y marea que encontrar finalmente su lugar en la historia rabe. Semanas de misiles y bombardeos han reducido a escombros el centro de la ciudad y asesinado a un nmero an no conocido de civiles. Las fotos que provienen de la ciudad muestran una devastacin tipo Beirut. Los combatientes que defienden la ciudad parecen estar sentenciados. Tienen el mar a sus espaldas y estn rodeados por tres lados. No sabemos quines son o cuntos son. Algunos deben ser los restos del ejrcito libio y un grupo de civiles que han tomado las armas para defender su ciudad. No sabemos por qu estn luchando. Se nos dice que estn luchando tan solo por sus vidas. Se nos dice que son mercenarios, pero los mercenarios deponen sus armas cuando el dinero se agota. Se nos dice que son leales a Gadafi. Eso parece desacreditarles de inmediato. Nadie sabe realmente por lo que estn luchando, pero que sea por su pas tiene que ser una posibilidad al menos para algunos de ellos.

Por qu se lanz esta guerra? El Gadafi al que se ha derrocado es el mismo viejo Gadafi que lleg a Roma hace un par de aos con fotos de Omar al-Mujtar pendidas en su tnica mientras descenda del avin. Es el mismo Gadafi abrazado por Sarkozy en Pars y el que, segn Saif al-Islam, subvencion generosamente la campaa del francs en las elecciones. Es el mismo Gadafi al que el siempre sonriente Tony Blair abrazaba en Trpoli. Era el mismo Gadafi con quien Shell estaba muy contenta de hacer negocios. Hace aos, era a los perros callejeros los disidentes libios- a los que l quera perseguir. Este ao, fue a las ratas grasientas a las que jur perseguir calle a calle senga senga- y casa a casa. Eso fue lo que facilit una justificacin a EEUU, Reino Unido y Francia para emprender acciones militares. Se supona que tales acciones no perseguan un cambio de rgimen, pero en eso es en lo que han acabado y, si acaso era algo que no estaba planeado desde el principio, era algo inevitable una vez que esas tres potencias intervinieron.

Cualquiera que sea lo que los libios piensen de Muamar Gadafi, no hay indicios de que la mayora apoyara el levantamiento contra l. Como el mismo Gadafi se preguntaba el 6 de octubre: Quin le dio legitimidad al Consejo Nacional Transitorio? Cmo la obtuvo? Les eligi el pueblo libio? Les nombr el pueblo libio? Y si es que solo el poder de las bombas y la flota de la OTAN les concedieron tal legitimidad, entonces ya pueden empezar a prepararse todos los dirigentes del Tercer Mundo, porque les espera el mismo destino. A aquellos que estn reconociendo como legtimo a ese Consejo, que tengan cuidado. Habr consejos transitorios que se crearn por todas partes y se os impondrn, y uno a uno caeris.

Esta no fue una revolucin popular o una guerra de liberacin. Esto no era Egipto ni Tnez, donde fue el pueblo el que derroc al gobierno. Esto fue una guerra de conquista de Gran Bretaa, Francia y EEUU, que coordinaron sus esfuerzos con grupos armados sobre el terreno. Esos tres poderes convirtieron un levantamiento en una guerra civil y despus le aseguraron la victoria a una de las partes a travs del uso masivo de armamento areo. Los soldados sobre el terreno los leales a Gadafi- estaban indefensos ante los misiles que llovan tanto sobre ellos como sobre civiles vestidos de paisano. Si todo hubiera dependido de ellos, los rebeldes habran sido velozmente dispersados.

Con el ataque avanzando y el resultado an incierto, los antiguos ministros del gobierno libio empezaron a desertar. La metfora habitual es la de ratas saltando de un barco que se hunde. Musa Qusa vol a Londres y le cont a la inteligencia britnica todo lo que saba, que deba ser bastante, porque cualesquiera que hayan sido los crmenes que Gadafi cometi en las ltimas cuatro dcadas, Musa Kusa estaba hasta el cuello en ellos. Mustafa Abd ul Jalil era el ministro de justicia en el antiguo rgimen. Tambin se fue justo a tiempo. Al desertar de Gadafi, lleg despus a un acuerdo para encabezar un consejo de gobierno interino establecido en colaboracin con las potencias extranjeras atacantes. Normalmente, a la gente que hace este tipo de cosas se les llama traidores. En la II Guerra Mundial, el Mariscal Petain colabor con los nazis y le habran ejecutado seguidamente si no hubieran tenido en cuenta su avanzada edad y su notable actuacin en la guerra de 1914-18. William Joyce (Lord Altivez) fue ejecutado justo por difundir propaganda nazi contra su propio pas, Gran Bretaa. Vidkun Quisling actu como regente para los nazis en la ocupada Noruega y le ejecutaron por traicin tras la guerra. Las potencias extranjeras con las que Mustafa Abdul Jalil ha colaborado han atacado a su pas y asesinado a miles de sus compatriotas, hombres, mujeres y nios. A menos que el mundo se haya vuelto loco, eso le convierte tambin a l en un traidor.

Con los aviones de la OTAN despejando el camino hasta Trpoli y despus hasta Sirte, el resultado final era inevitable. Sin cobertura area y sin defensas terrestres contra el ataque areo, el ejrcito libio los leales a Gadafi- no tena nada que hacer. Hay numerosos paralelismos en la larga historia de los ataques de Occidente contra los pases musulmanes. En 1882, una flota britnica bombarde Alejandra y despus culp a bandidos incendiarios de la destruccin masiva que haban causado. Las tropas aterrizaron para restaurar un orden que acababan de destruir. Los egipcios intentaron defender su pas, pero contra el potencial armamentstico, entrenamiento y organizacin de un ejrcito moderno europeo, no tuvieron posibilidad alguna. En 1898, alrededor de 60.000 seguidores del califa sudans, el sucesor del mahdi, atacaron una llanura fuera de Ondurman hacia las lneas de batalla britnicas. Era su pas y combatieron por l con extraordinaria bravura, pero frente a los caones Maxim, alineados en una fila sobre el campo de batalla no tuvieron oportunidad alguna. Hubo excepciones a la regla. En los primeros aos de la dcada de 1880, los sudaneses destruyeron el ejrcito expedicionario de Hicks, pero eso fue antes de la invencin del can Maxim. En 1896, un ejrcito etope barri a un ejrcito italiano en la batalla de Adowa. Casi cuatro dcadas despus, un ejrcito italiano invadi Etiopa de nuevo, sufriendo graves derrotas en batallas antes de que el uso de un armamento superior y del gas mostaza les diera la victoria. Obligado a exiliarse, el emperador Haile Selassie dijo en la Liga de Naciones Hoy nos ha tocado a nosotros. Maana les tocar a Vds.. En efecto, as fue.

En 1911, los italianos invadieron Libia pero fracasaron a la hora de penetrar en el interior debido a la resistencia de las tribus Sanusi y a la pequea fuerza otomana enviada para que hicieran lo que pudieran, porque Libia formaba entonces parte del Imperio Otomano. En la dcada de 1920, Italia se embarc en un programa a escala total para domar a los libios, trasladando a miles de ellos desde Yabal al Ajdar, en la Cirenaica, para encerrarlos en campos de concentracin. Al frente de la resistencia se puso un profesor del Corn, Omar al-Mujtar, que fue capturado en 1931 y ahorcado en el campo de concentracin de Suluq. Ahora, poniendo manos a la obra un siglo despus, los mismos libios le han abierto la puerta a otro ataque exterior contra su pas.

Sin la intervencin humanitaria de EEUU, Gran Bretaa y Francia, Gadafi estara an en Trpoli pero miles de personas que estn ahora muertas estaran vivas. Los edificios y la infraestructura destruida estaran en pie. Libia sera an el pas ms avanzado de frica, en vez de un pas destrozado por la guerra que ahora necesitar reconstruirse siguiendo las recetas del capitalismo del desastre.

La inversin en esta guerra no presentaba prcticamente riesgo alguno. Libia es un pas grande con una poblacin relativamente pequea y casi sin capacidad para defenderse de un ataque exterior de pases poderosos. Es rica en petrleo, reservas extranjeras y lingotes de oro. Si fuera pobre, se habra considerado siquiera el ataque? Su situacin financiera era mucho ms prspera que la de los pases atacantes. La idea de que se hizo por razones altruistas debe descartarse de inmediato. Cualquiera que sea la presentacin humanitaria, son muy distintos los motivos existentes tras cada guerra que las potencias occidentales han lanzado en Oriente Medio y el Norte de frica en los dos ltimos siglos. La guerra contra Libia no es una excepcin. En un momento de grave crisis financiera, los pases atacantes no van a emplear miles de millones de dlares en la guerra sin esperar una generosa compensacin comercial y estratgica a sus inversiones.

En todas las semanas en que Sirte ha estado siendo devastada desde el aire, dnde estaba el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que abri la puerta al ataque contra Libia con su resolucin acerca de una zona de exclusin area pero no ha asumido responsabilidad alguna por las consecuencias? Dnde estaba la UE, dnde estaba la Organizacin de la Conferencia Islmica, dnde estaba la Liga rabe, dnde estaba el escndalo en los medios, dnde estaban todos esos gobiernos que defendan tener una responsabilidad para proteger que se ha convertido en una licencia para matar? Todos mudos. Ni una palabra de preocupacin ni siquiera de condena sali de sus labios. Solo queran hablar de Siria. Las fotos de la destruccin que nos llegan ahora de Sirte nos muestran algo de lo que Gran Bretaa, Francia y EEUU han estado haciendo. Cuntos civiles han matado que no conocemos, aunque las estimaciones que se estn haciendo para el pas a nivel global sugieren una cifra de muertos que alcanza las decenas de miles? Tal es el coste de la intervencin humanitaria. Tal es el precio que los libios han tenido que pagar por su propia liberacin. No queran esta guerra. Fueron los gobiernos de EEUU, Gran Bretaa y Francia quienes queran esta guerra, por sus propias razones, y utilizaron el levantamiento en Bengasi como excusa.

Un pas que era estable es ahora un caos. Las agencias de noticias se refieren al gobierno en Trpoli, pero no hay gobierno en Trpoli. El Consejo Nacional Transitorio todava no ha conseguido actuar de forma conjunta. Incertidumbre, turbulencias y posiblemente una guerra de resistencia que puede extenderse es lo que hay por delante, mientras van aprehendindose las implicaciones de lo que se ha perpetrado. La historia la escriben los ganadores, al menos eso se nos dice, pero si este triunfo de Occidente sobre otro loco de Oriente Medio no acierta a consolidarse, puede que llegue un da en que los libios estn levantando estatuas para conmemorar la valenta del pequeo grupo de hombres que lucharon hasta el final en Sirte.

Jeremy Salt es profesor adjunto de Poltica e Historia de Oriente Medio en la Universidad Bilkent de Ankara, Turqua. Con anterioridad, haba enseado en la Universidad del Bsforo, en Estambul, y en la Universidad de Melbourne, en el Departamento de Estudios sobre Oriente Medio y Ciencia Poltica. El profesor Salt ha escrito muchos artculos sobre temas de Oriente Medio, especialmente Palestina, y fue periodista para el peridico The Age cuando viva en Melbourne.

Fuente: http://palestinechronicle.com/view_article_details.php?id=17183



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