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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-11-2011

Cuarenta aos no son nada

Eduardo Montes de Oca
Bohemia/Rebelin


Mientras miradas de polticos intentan a la desesperada conjurar la debacle lo mismo en la Grecia de posible default (impago) que en unos Estados Unidos pertrechados apenas con las ventajas comparativas de su armamento en desarrollo tecnolgico y productividad ceden cada vez ms terreno - Mientras la derecha insiste en un ideario en que se entroncan la cacareada mano invisible del mercado y las falacias de una democracia en nada maculada o coartada por la propiedad privada Mientras ciertos revolucionarios transfigurados en reformistas, la gran negacin, asumen como absoluta la verdad parcial de que el capitalismo se autorregula en cualquier circunstancia, pues incluso la cclica destruccin de sus fuerzas productivas le sirve de envin para una mayor expansin

En tanto todo eso ocurre, un seor llamado Inmanuel Wallerstein llega al ruedo profiriendo a voz en cuello algo lesivo para odos como de vestales, de vrgenes inhallables: pudorosos en grado sumo. Que el capitalismo moderno no puede sobrevivir en calidad de sistema, y por ello atraviesa la etapa postrera de una crisis estructural de larga duracin. No es una crisis de corto plazo, sino un despliegue estructural de grandes proporciones (alrededor de 40 aos), afirma lapidariamente el entrometido de marras, conocido socilogo norteamericano, citado por el colega Gastn Pardo.

Y, dado el fracaso del paradigma llamado socialismo real, cualquiera subestimara la consideracin de que el mundo se encuentra en una fase de transicin, y de que la batalla se libra por una alternativa a la formacin socioeconmica actuante y sonante (mejor: disonante). Solo que este hombre con estirpe de augur acert anteriormente al pronosticar el fin del modelo neoliberal. As que ojo con la profeca actual.

Profeca, o diagnstico que, por cierto, resulta nuevo si acaso con respecto a la cota temporal del suceso. Porque ya el marxismo clsico columbr que el capitalismo lleva en su seno el germen de su propia destruccin. Germen, que no signo obligatorio, teleolgico o predeterminado; y posibilidad fallida sin la actuacin de la vanguardia proclamada desde el Manifiesto Comunista o sin la vanguardia en general, pues a estas alturas del juego, con la reconfiguracin de la estructura socioclasista a nivel mundial, han triunfado revoluciones inicialmente exentas de la centralidad del proletariado -una fuerza ms, a la postre decisiva-. Eso s: no ha faltado nunca en ellas un grupo concienciador, organizador, dirigente, encargado de los trabajos de Hrcules.

Por supuesto, el profeta maldito no queda ah. Para l constituye un hecho la imposibilidad de continuar el principio bsico de la acumulacin de capital. Principio que ha terminado por deshacerse a s mismo, entre otras razones porque la clase dominante y las lites de poder son incapaces de resolver el problema de incertidumbre en que se han adentrado. Cuando el sistema es relativamente estable, explica, existe un relativamente limitado libre juego. Pero cuando se torna inestable y entra en crisis estructural, tal la presente, irrumpe el libro albedro y los actos individuales importan de una manera indita en medio milenio, algo peligroso por impredecible en un plazo mayor, como lo expresa la ciencia de la incertidumbre, sobre la que tambin se basan conjeturas de parlisis, dado que los inversores han dejado de confiar en el mercado para reinvertir sus excedentes monetarios.

De modo que la batalla en marcha no se asentara sobre el destino de la formacin en s, sino de lo que va a suplirla. Ahora, de sobra sabemos que al capitalismo lo puede sustituir un sistema postcapitalista no genuinamente socialista, aunque se autoperciba de esa guisa; un sistema donde, alertaba Engels, a la explotacin inventada por el capital se le unira (se le ha unido) el despotismo de un Estado con vocacin de justicia mas negado a preparar las condiciones para su propia destruccin necesidad histrica- y dejar su fuero a la autogestin social, abroquelado en el ejrcito de filas cerradas e intereses sagrados en que se erige la burocracia.

Llevar razn Immanuel Wallerstein? Estaremos situados en el vrtice de la transicin a otro sistema y la lucha poltica desatada en el orbe el repudio del indignado 99 por ciento de la humanidad al1 por ciento poseedor- no se libra en aras de un revivificado curso del capitalismo, sino de su reemplazo?

Quizs. Y se me permitir calzar la titubeante respuesta con el argumento de que el despliegue de la praxis social an no nos permite asegurar nada. Ojal todo dependa de que el libre albedro y los actos individuales resulten canalizados por una vanguardia que obre el milagro de que el socialismo no quede en mera autoapreciacin. Y que se generalice aunque sea dentro de los prximos, benditos cuarenta aos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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