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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-11-2011

Preguntas y respuestas a partir de un artculo de Santiago Alba Rico
Turqua, Califato, Socialismo?

Miguel Len
Rebelin


Hace unos das se publicaba en Rebelin un artculo de Santiago Alba Rico titulado Tnez, las nuevas reglas del juego1. Dicho artculo supone, y en eso no se distingue del resto de textos que el autor viene publicando desde que comenz la Primavera rabe, una vez ms un ejercicio brillante de anlisis, sntesis y reflexin que no puede dejar indiferente al lector. Todas las observaciones son pertinentes, y las explicaciones acertadas. El objetivo de este artculo, por tanto, no es una respuesta al artculo publicado (cosa que adems no podra hacer porque mi conocimiento de la realidad tunecina es nulo), sino ms bien responder a partir del artculo a otras preguntas. Preguntas que tienen que ver con la propia posicin que tomamos frente a los procesos de transformacin poltica que estn teniendo lugar en el Norte de frica y en Oriente Prximo. Preguntas que Santiago Alba parece estar implcitamente formulando y explcitamente respondiendo en un par de lneas que, por su falta de justificacin, casi parecen introducidas de rebote. Llega a darme la impresin de que, de hecho, no pertenecen al artculo (que es un anlisis de los resultados de las elecciones en Tnez) sino a una discusin mayor, que se ha abierto en el seno de la izquierda europea. La discusin acerca de cmo posicionarnos en este contexto.

El fragmento al que me refiero es el siguiente:

Tnez ha cambiado ya las reglas del juego en el Norte de Africa y en todo el mundo rabe y, a la espera del desenlace de los dolorosos y quizs apocalpticos procesos abiertos en otras partes, no cabe descartar la configuracin en los prximos aos de una especie de nuevo califato, guiado por una Turqua semi-independiente (y no por Arabia Saud), de corte democrtico, moderno y contrahegemnico. La situacin es demasiado incierta para hacer predicciones, pero nada tiene de provocativa la afirmacin de que en esta zona del mundo es el neocalifato el camino ms probable -si lo hay- hacia el soberanismo y el socialismo.

Lo que Santiago Alba hace en un solo prrafo es vincular Turqua, Califato y socialismo, y ello sin ninguna justificacin salvo, tal vez, la del fantasma de la influencia Saud. Todava ms desconcertante resulta la inclusin de un prrafo as en un texto que, en principio, tiene como objetivo analizar los resultados de las elecciones celebradas en Tnez. No es que no sea necesario vincular esos resultados con las dinmicas polticas de transformacin regional, pero ese problema no puede resolverse en un prrafo, y mucho menos cuando el anlisis del problema plantea una asociacin de ideas tan inusual.

Mi propsito es, por tanto, a formular las preguntas que Santiago Alba parece haberse hecho y justificar, respondindolas una a una en la medida en que sea posible, mi desacuerdo (ms parcial que total).

I - Qu significa el modelo turco para los pases rabes?

La Repblica de Turqua tiene fama (en cierto modo bien merecida) de ser un caso excepcional de equilibrio sociopoltico entre las instituciones religiosas y las gubernamentales. Pero, como toda fama, slo se establece y se difunde a costa de construir versiones simplificadas y diluidas que reducen situaciones terriblemente complejas a afirmaciones del tipo: El 99% de la poblacin turca es musulmana y, sin embargo, Turqua es un pas laico. Y son esas afirmaciones las que condensan lo que la expresin el modelo turco significa. Son esas afirmaciones, tambin, las que incorporan prejuicios y medias verdades.

El prejuicio queda implcitamente incorporado en el sin embargo, que nos hace asumir de forma totalmente irreflexiva el supuesto de que el Islam es totalmente incompatible con el laicismo. Este prejuicio no slo es falso, porque si fuera cierto el ejemplo turco sera imposible, sino que parte de dos presupuestos falsos.

El primero es que las sociedades occidentales (lase aqu cristianas) han conseguido articular un laicismo institucional que ha desterrado las consideraciones religiosas del mbito de lo poltico. Ello es absolutamente falso por dos razones: la primera es que el proceso de secularizacin no puede ser entendido como la marginalizacin de los principios religiosos sino ms bien como su interiorizacin2; la segunda es que de hecho la influencia poltica del mbito de la religin en esas sociedades cristianas laicas sigue siendo enorme, sobre todo en la medida en que quienes actan polticamente pueden hacerlo guiados por principios de origen religioso por mucho que stos sean slo implcitos.

El segundo es que el caso turco es el nico existente en el que una sociedad mayoritariamente musulmana ha pasado por un proceso exitoso de secularizacin (a falta de un trmino mejor). El efecto poltico ms evidente de la secularizacin cristiana fue la toma de conciencia de la situacin de abandono en que se encontraban los hombres frente a la divinidad, es decir, la asuncin de la necesidad de construir un orden poltico humano y autnomo que no poda regirse, o no slo, por las leyes divinas. Y la filosofa poltica islmica da cuenta del mismo fenmeno, que de hecho se produce en el Islam relativamente antes que en el Cristianismo.

La diferencia teolgica entre Cristianismo e Islam es que, mientras que la tradicin Cristiana (especialmente la Catlica) reconoce, en trminos teolgico-polticos, la existencia de dos fuentes polticas de emanacin del derecho (el poder secular y el religioso), para el Islam slo existe un poder legislativo posible, que es el de Allah. El Cristianismo asume que la ley de Dios no slo no es omnicomprensiva sino que adems necesita de la ley de los hombres; el Islam parte de que la ley de Dios es omnicomprensiva y que los hombres slo pueden interpretarla.

Este punto de partida teolgico-poltico (que por cuestiones de extensin presentamos de forma horriblemente simplificada) no poda sostenerse mucho en el caso del Islam. Y, de hecho, diferentes obras filosfico-polticas escritas en contextos relativamente distintos entre los siglos XI y XII3 plantean cmo la necesidad poltica, el principio racional del protego ergo obligo, se sobrepone por necesidad a las consideraciones religiosas.

Las sociedades musulmanas llevan, por tanto, unos siete u ocho siglos inmersas en su propio proceso de secularizacin, en su propia dinmica de reconfiguracin del equilibrio entre el orden poltico y el teolgico. Desde la ptica cristiana, no existe ningn desafo teolgico-poltico en el hecho de que un gobernante emita sus propias leyes; desde la ptica islmica, por el contrario, es una autntica revolucin que de hecho no tiene nada que ver con el ingenio poltico de Atatrk, sino que se remonta fcilmente (y por lo menos) al kanun otomano desarrollado a partir del siglo XV.

Todo esto me sirve en realidad para decir que el modelo turco no significa en realidad nada para los pases rabes, puesto que el modelo mismo es fruto de un desarrollo histrico colectivo en el que se fusionan prcticas y doctrinas polticas desarrolladas en todo el mundo islmico y que estn en permanente conexin y dilogo con los procesos desarrollados en occidente. La pretensin, compartida incluso por el propio Erdoğan, de que el modelo turco puede ser exportado supone en realidad ignorar que no hay nada que exportar porque lo que el modelo turco tiene de exportable es en realidad fruto de una experiencia colectiva que trasciende toda frontera.

Puesto que el modelo turco, entendido como un particular equilibrio entre los rdenes poltico y religioso, no es exportable (porque es patrimonio del Islam en su conjunto), entonces tiene que ser otra cosa la que se exporta. Un problema distinto tiene que estar en juego, y no es una visin particular de la funcin poltica del Islam.

Vuelvo as a una cuestin, la del rol geopoltico de Turqua, que ya he tratado, de forma ms argumentada, en un artculo anterior4. Salta a la vista que hay un giro de la poltica exterior turca hacia un cierto soberanismo que se vi por ltima vez, seguramente, con la accin militar en Chipre en los aos 70. Salta a la vista tambin que las dinmicas que estructuraban la vida poltica turca (y que se hacen evidentes en los distintos perodos polticos en que se puede estructurar la historia del pas, tomando los golpes de Estado como hitos que sealan los momentos de ruptura) se han visto de alguna forma trastocadas por la aparicin en escena del AKP, un partido que ha roto los esquemas polticos existentes al mismo tiempo que se sigue moviendo en los esquemas tradicionales.

Santiago Alba hace referencia a una Turqua semi-independiente, pero no s hasta qu punto vemos los dos la misma Turqua. Yo veo una Turqua que, en definitiva, cumple la funcin estratgica de ejercer un poder blando en la regin y que compensa el poder duro que podra representar Israel. Veo que el gobierno turco tiene claramente definido un proyecto poltico cuyo fin es hacer de Turqua una potencia hegemnica regional en el marco de una reconfiguracin poltica de Oriente Medio. Dicha reconfiguracin, marcada por la aparicin de nuevos estados y una prctica poltica basada ms en el dilogo y la negociacin con aliados incmodos y menos en la supresin forzosa de esos aliados y su sustitucin por tteres, implicara terminar el trabajo de resolver la cuestin oriental all donde se qued tras la I Guerra Mundial.

El dar a Turqua semejante papel implica un ascenso de estatus poltico que no puede ser aceptado sin ms porque tiene consecuencias a nivel global, en la medida en que ms poder implica ms reconocimiento y ms reconocimiento implica menos capacidad para la imposicin. Es desde esa ptica desde la que considero necesario analizar los roces entre el gobierno turco y las autoridades europeas, estadounidenses o israeles.

Pero hablar de ascenso no es hablar de semi-independencia. Es hablar de un cambio de estrategia, es hablar de un imperialismo que reconoce la utilidad del poder blando, es hablar, por muy blando que sea, de un ejercicio de poder. Y el gobierno turco actual es cmplice interesado de ese ejercicio como lo fueron otros gobiernos anteriores (de muy distinto signo y en muy distinta coyuntura) de servir de Estado-tapn durante la Guerra Fra. Exportar el modelo turco significa crear otros gobiernos cmplices que, aunque un poco menos sumisos, permitan en cualquier caso bloquear el crecimiento poltico de alternativas ms peligrosas.

II - Qu sentido tiene hablar de Califato?

Si ya resulta complicado ponerse de acuerdo en cuanto al rol geopoltico regional de Turqua y a lo que, en ese contexto, el modelo turco significa, an ms controvertida es la referencia al califato (o a una especie de).

Jalfa significa en rabe lugarteniente o sucesor y en su sentido literal es un trmino aplicable al conjunto de los seres humanos como sucesores de Allah en la tierra. Despus, el trmino experimenta una primera transformacin y es interpretado que el Profeta es lugarteniente de Allah. Finalmente, tras la muerte de Mohammed el trmino comenz a emplearse ya no como sucesor de Allah en tanto que creacin suya, sino como sucesor del Profeta. Ello nos devuelve a la idea de que el Califato como institucin no detenta entonces, en sentido formal y estricto, un poder soberano, puesto que no tiene potestad para emitir leyes, ya que esa es una atribucin exclusiva de la divnidad, sino slo para interpretarlas y aplicarlas.

La historia del Califato es entonces complicada, puesto que son los sucesores del Profeta los que crean y mantienen la institucin califal, cuya funcin y poder no son las mismas a lo largo del tiempo ni se adaptan de la misma manera a un marco jurdico-teolgico que permanece relativamente inalterado. Grosso modo podemos distinguir cuatro fases en la historia de la institucin califal, y, por ende, cuatro sentidos principales en los que es posible hablar de califato. Cada una de ellas viene marcada por profundas transformaciones que alteran aspectos sustanciales de la institucin califal5:

(1) Califato ortodoxo. Se trata, de hecho, del perodo en que la institucin califal emerge y se establece. Tambin el Islam adquiere verdadera entidad como religin en la medida en que se unifican criterios en cuanto a los contenidos del Corn y el orden de los suras. Los cuatro Califas ortodoxos, ms o menos cercanos al Profeta, van sucedindose con relativa inercia dada la necesidad de que alguien siga cumpliendo funciones de coordinacin en el marco del desarrollo y crecimiento de la unin comercial que Muhamed puso en marcha. Son elegidos por aclamacin y no tienen capacidad ni pretensin de ejercer un poder centralizado, a pesar de que ste se presenta como necesario para resolver los desequilibrios constantes que amenazan a esa unin comercial que parece estar convirtindose en un imperio.

(2) Califato Omeya. Tras la muerte, en circunstancias extraas, del Califa Utmn, se produce el conocido cisma en el seno del Islam entre los partidarios de Al y los partidarios de Muawiya. Shaban propone interpretar este conflicto en trminos poltico-econmicos relacionados con los desequilibrios demogrficos entre Siria e Irak, de manera que la interpretacin tradicional, de clave religiosa, sera ms bien un pretexto. La derrota de Al en la batalla de Sifn significa el ascenso de Muawiya al poder y el comienzo del Califato Omeya.

El problema del Califato, antes y despus del ascenso omeya, fue siempre el mismo: encontrar la forma de mantener la unidad territorial necesaria para la supervivencia del Imperio. ste se haba armado sobre una estructura relativamente descentralizada en la que, originalmente, el Califa ejerca funciones ms de coordinacin que de mando entre diferentes entidades menores que, a su vez, ejercan su poder sobre los territorios conquistados (en los cuales habitaban poblaciones no rabes y no musulmanas) con la colaboracin de las elites locales. Esas relaciones, que no pueden ser consideradas ni totalmente jerrquicas ni tampoco horizontales, se basaban en lo que podemos llamar polticas de reconocimiento asociadas fundamentalmente a dos tipos de relaciones econmicas: el reparto de beneficios y la recaudacin de impuestos.

El problema apareca cuando, debido a desequilibrios internos o externos, determinados colectivos no se vean reconocidos y se alzaban contra la autoridad competente (fuera la califal u otra). Entonces la funcin del Califa era la de solucionar el problema para recuperar la estabilidad necesaria que permitiera el normal funcionamiento del conjunto del Imperio. Ahora bien: cmo alcanzar dicha estabilidad? Tan importante objetivo pasaba siempre, sin duda alguna, por reforzar de alguna forma la autoridad califal frente a la de otros (bien los rebeldes, bien los causantes del problema), pero semejante cosa no poda ser realizada sin entrar en contradiccin con las potestades atribuidas a la institucin misma y, por tanto, sin suscitar el recelo de otros.

Como la dinasta omeya no pudo permanecer ajena a semejante problemtica, ya en su seno mismo se abri el debate acerca de qu medios y eran los apropiados para alcanzar ese objetivo indiscutible que era reforzar la autoridad califal para hacer posible la supervivencia del Imperio. As, encontramos dos modelos de gobierno que comparten una misma finalidad, la de reforzar el poder del Califa, pero pretenden hacerlo sobre bases distintas. El modelo de los Qays (propio de prcticamente toda la dinasta Omeya) estaba basado en el ejercicio de un poder militar vertical en los territorios ocupados, de manera que los ocupantes rabes, en connivencia con las elites locales, sometan a las poblaciones de dichos territorios. El modelo de los Yaman, por su parte, consideraba mucho ms productivo terminar con la segregacin tnica, asumir y fomentar la asimilacin entre la nueva poblacin rabe y la autctona, y establecer como nico criterio de distincin el religioso, de manera que todos los musulmanes, independientemente de su origen tnico, estuviesen en una situacin similar. Este segundo modelo fue seguido por los Omeyas durante un corto perodo de tiempo, pero de forma tmida y sin mucho xito.

(3) Califato Abbasida. Ser la revolucin Abbasida la que aplique el criterio de la asimilacin hasta sus ltimas consecuencias, pero esta estrategia tambin ser un arma de doble filo. En el contexto del desarrollo de las ciudades, se intensificar el conflicto entre las masas campesinas y las oligarquas comerciales. El estatus de la poblacin campesina, sin embargo, se transforma significativamente con el tiempo, ya que si antes la dominacin de la oligarqua comercial era justificada a travs del derecho de conquista y la diferencia tnico-cultural, ahora el Islam establece un principio de igualdad formal que no se cumple en la prctica. Dicho de otra forma, lo que sucede es que se pone en manos de una vasta masa de creyentes una herramienta poltica, la de la ley islmica, que puede ser empleada para poner en jaque el gobierno, crecientemente centralizado y poderoso, de las oligarquas comerciales y del mismsimo Califa. A pesar de los intentos de los Abbasidas para satisfacer las demandas de todos y mantener la integridad del Imperio, el uso de la fuerza ser constante pero insuficiente; el desenlace ser la desintegracin del Imperio.

(4) Califato en Egipto. El fin del Imperio islmico, que supone tambin el fin de la poca clsica del Islam, dar lugar a la aparicin de mltiples autoridades polticas regionales (emires, sultanes, reyes...) para los que la combinacin de ley islmica y ley humana ser ya algo natural y necesario. La autoridad del Califa pasar a ser simblica, con una capacidad poltica desigual segn el territorio y el momento histrico, y las jerarquas religiosas locales pasarn a convertirse en una fuerza poltico-social con la que el poder secular prefiere por lo general no enemistarse. Por otra parte, los conflictos entre las zonas campesinas y los ncleos urbanos comerciales seguirn marcando una parte importante de la vida poltica de las distintas entidades poltico-territoriales en que se descompondr el Imperio, y en el seno de esos conflictos la poblacin rural seguir utilizando la ley islmica como herramienta poltica de reivindicacin y la poblacin urbana y las elites optarn por el desarrollo de leyes propias que permitan hacer frente a los desafos internos y externos (porque, no lo olvidemos, todo ello sucede mientras existe una relacin oscilante con las grandes potencias cristianas).

La invasin otomana de Egipto, y por tanto el hecho de que el Califato caiga bajo la influencia del Sultn, dotar de una mayor fuerza simblica a la institucin califal como elemento de cohesin de la poblacin musulmana, pero desde luego no es ms que un poder simblico, geogrficamente limitado, y que depende en ltima instancia del poder poltico secular del Imperio Otomano. De hecho, en muy pocas ocasiones harn uso directo los sultanes de la autoridad que puedan tener como Califas.

Cmo interpretamos entonces la abolicin del Califato decidida por Atatrk? Posiblemente en trminos de una decisin estratgica. El movimiento de liberacin nacional liderado por Mustaf Kemal se enfrentaba no slo a las potencias vencedoras de la I Guerra Mundial sino tambin al gobierno del Sultn. En ese enfrentamiento, no slo se hizo uso de la identidad nacional turca incipiente y del discurso antiimperialista que tena su fuente en la Revolucin Bolchevique, sino tambin del sustrato identitario que emanaba de la adscripcin religiosa compartida. La propia construccin de la nacin turca depende de la turquizacin de las poblaciones musulmanas no turcas de Anatolia y de la asuncin de que no es posible asimilar a las poblaciones anatolias no-musulmanas.

Pero el sustrato religioso no poda ser manejado slo por Atatrk, sino que tena que enfrentarse tambin a la jerarqua religiosa turca, que llevaba dos siglos oponindose sistemticamente a los proyectos de reforma y modernizacin impulsados por la lite poltica otomana, y, an ms peligroso, a la autoridad califal. Con los primeros se poda tal vez negociar, pero dejar abierta la posibilidad de que un pronunciamiento pblico del Califa pudiera poner en peligro su proyecto era sin duda demasiado arriesgado.

La abolicin del Califato, que de hecho no fue fcil ni inmediata, sino que se produjo en 19246, se present entonces como una medida democrtica, modernizadora, y que garantizaba la soberana del pueblo turco y su independencia de cualquier injerencia exterior.

Hecha esta panormica, y espero que se me disculpe su extensin, pero creo que era necesaria, cabe preguntarse a qu se refiere Santiago Alba cuando habla de la restauracin del Califato. Se trata acaso de restaurar un poder califal instituido por aclamacin popular y con funciones de coordinacin?O tal vez de un retorno al Califato como institucin de gobierno rabe basado en el uso de la fuerza?O quizs, y ello resulta ms plausible, de restaurar la figura de una autoridad con poderes simblicos poltico-religiosos que articule a los pueblos musulmanes como bloque contrahegemnico? Si se trata de esta opcin, por qu no abogar por una democratizacin radical de la Organizacin para la Cooperacin Islmica?Qu distingue la situacin actual de la de 1924, cuando abolir el Califato era sin duda una medida de seguridad para garantizar el desarrollo autnomo y soberano de los pueblos musulmanes?

Habr quienes no ducen que Erdoğan suea con pasar de Primer Ministro a Presidente de la Repblica (ello despus de dotar a la figura de ms atribuciones de las que tiene actualmente), y de Presidente de la Repblica a Califa, pero ello no sera en ningn modo garanta de que emergiera un bloque geopoltico soberano, independiente y contrahegemnico, sino ms bien la subsuncin de la infinita multiplicidad del Islam (a la que sin duda no hemos hecho justicia en ese texto) bajo la autoridad poltico-religiosa de un Califa del que, por otra parte, no se dice ni cules sern sus funciones ni cmo ser elegido, sino slo que supondr el medio idneo para alcanzar el socialismo.

 

III - En qu se traduce nuestro compromiso con el socialismo?

Santiago Alba hace hincapi, y es sin duda acertado e importante, en la necesidad de olvidar las actitudes paternalistas que se encuentran en el ncleo de nuestros intentos por recomendar a otros lo que tienen que hacer. Es ciertamente importante desprendernos de la idea de que las luchas antiimperialistas las libran otros pero siguiendo nuestros programas.

Ello sin embargo no puede defenderse a costa de olvidar que nuestro cambio de actitud no cambia el pasado ni supone empezar de cero, sino que las opciones entre las que los pueblos subyugados pueden elegir libremente son, a no ser que tengan el tiempo y la posibilidad de crear otras, aquellas que el imperialismo les ha dado. Ignorar este hecho es tambin una forma de ser cmplice.

En el caso de Oriente Medio (y en general de las regiones perifricas) es evidente la estrategia de derribo diseada y aplicada, al menos desde despus de la Segunda Guerra Mundial, por las potencias occidentales. sta consista en buscar la erradicacin de todo movimiento socialista, soberanista o laico (baazismo, panarabismo, ciertos sectores del kemalismo...) a costa de financiar y apoyar (directa o indirectamente) el desarrollo de movimientos de corte religioso.

Por supuesto la victoria de estos ltimos (Hams en Palestina, el AKP en Turqua, los islamistas en Tnez y Libia...) no se debe exclusivamente al apoyo que hayan podido recibir directa o indirectamente de Occidente, sino tambin a la crisis endgena de modelos socio-polticos supuestamente alternativos que han sido incapaces de dar respuesta a los problemas que pretendan resolver.

La posicin socialista supone argumentar que toda opcin permitida por el sistema es parte del sistema y, por tanto, no es una solucin sino un factor ms que contribuye al problema mismo. El problema se llama capitalismo en tanto que proceso social global de acumulacin, dominacin y control, y su manifestacin en los pases de la periferia es el imperialismo. El fin del socialismo es entonces crear las condiciones de posibilidad del desarrollo libre y autnomo de los pueblos, y ello parece difcilmente posible bajo la hegemona del actual gobierno turco y mucho menos sobre la base de la creacin de un nuevo Califato.

Resulta llamativo que sea Santiago Alba Rico, que ha formulado con brillantez y dureza la idea de la pedagoga del milln de muertos7, quien parezca olvidarse ahora de esa misma idea para plantear que el socialismo pase por la eleccin estratgica de una opcin propiciada por el sistema de acuerdo sobre la base de esa misma pedagoga8.

Es adems contradictorio que lo haga l, que creo que ha defendido, con enorme sensatez, que la opcin socialista en el caso de Libia no puede significar tomar partido ni por Gadafi ni por la OTAN. Si esto es as, si tomar partido estratgicamente es un error porque secorre el riesgo de confundir fines y medios, hacindonos perder de vista nuestros objetivos polticos a largo plazo, en virtud de qu principio se puede defender ahora la toma de partido estratgica por Turqua frente a Arabia Saud?

Elegir de dos opciones desagradables la que parece menos mala es un planteamiento estratgico que la izquierda viene practicando desde hace demasiado tiempo con resultados ms que dudosos. An as creemos que puede ser defendible su pertinencia tctica en el marco de una estrategia poltica ms amplia, pero sta desde luego no puede pasar por enunciar, sin mayor argumentacin, que la hegemona regional turca, apoyada por la creacin de un nuevo Califato, sea la va al socialismo.

No se trata de negar a los tunecinos o a los turcos su derecho a decidir, se trata de hacer ver que nuestro compromiso con el socialismo nos obliga a no negar a los socialistas de estos pases la posibilidad de romper los esquemas que nuestras lites gobernantes (y nosotros, cmplices pasivos) llevan aos construyendo.

Miguel Len es Estudiante de Ciencias Polticas en la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad del Bsforo.

NOTAS

1. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=138607

2. Cf. Andrs Bilbao, Las races teolgicas de la lgica econmica, UNAM, 1999.

3. Dos obras especialmente relevantes, y al mismo tiempo geogrficamente separadas, son Nasihat al-Muluk (Consejo para Reyes) de Algazel y Kutadgu Bilig (Sabidura de la Gloria Real) de Yusuf Khass Hajjib. Ambas obras incorporan la reflexin de que, si el gobernante se ve forzado a elegir entre seguir los preceptos religiosos o mantener el orden a travs de la produccin de leyes humanas, entonces ha de preferirse la injusticia religiosa al desorden en el mundo.

Es importante hacer notar que estas ideas son incorporadas por el Islam slo a partir del momento en que la autoridad califal no se opone a la asimilacin cultural, y que al mismo tiempo estas obras intentan encontrar una solucin al problema prctico de controlar el conflicto social que est poniendo en peligro la unidad del Imperio (ver infra).

Tambin se puede establecer un vnculo entre el desarrollo de estas ideas y la importancia que la Mu'tazila adquiere en el perodo. Esta escuela teolgica, que es la que impulsa de forma ms intensa el desarrollo de las ciencias y las artes en el mundo islmico clsico y al mismo tiempo la que paradjicamente pretende imponerse si hace falta por la fuerza, ofrece una base teolgica fundamental para el desarrollo de ordenamientos legales humanos:

Uno de sus elementos centrales de discusin y estudio es el de la unidad absoluta e incuestionable de Allah, lo cual lleva a pensar cul es la naturaleza del Corn, en tanto que palabra de Dios hecha libro. Si el Corn es eterno, entonces se corre el riesgo de concebirlo como una hipostasis de Allah, que tiene que ser nico e indivisible; ello lleva necesariamente a considerar que el Corn es una creacin de Dios, una emanacin de la divinidad (menos perfecta que sta), y su contenido ya no puede ser considerado como una verdad eterna y por tanto su validez jurdica tambin puede ser puesta en cuestin.

4. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=135744

5. Las consideraciones histricas que aqu condensamos parten especialmente de la obra del historiador M.A. Shaban. Sus dos obras principales, The abbasid revolution (1970) e Islamic history: a new interpretation (volumes 1 and 2) (1971, 1976), ambas publicadas por Cambridge University Press, suponen una revisin a conciencia de la historiografa acadmicamente dominante y un interesantsimo ejercicio de interpretacin histrica.

6. Cf. Bernard Lewis, The emergence of modern Turkey, Oxford University Press, 2002, pp.262 y ss.

7. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=32765

8. Y no se trata slo de los efectos del gobierno de Ben Al en Tnez. El actual sistema poltico turco, que no est siendo reformado en su esencia por el AKP, es fruto del golpe de Estado militar de 1980, que supuso un ejercicio de represin brutal contra todos sus opositores, pero no especialmente contra los partidos islamistas, sino contra la oposicin comunista y los sectores kemalistas que simpatizaban con propuestas de gestin econmica estatalizada y de independencia poltica. Los primeros sufrieron censura, marginalizacin, prisin... los segundos fueron simplemente ejecutados, torturados hasta la muerte o desaparecidos... (cf. Hamid Bozarslan, Histoire de la Turquie contemporaine, La Dcouverte, 2007, pp. 62-67).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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