Portada :: Palestina y Oriente Prximo :: Temticos. Para entender lo bsico
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-11-2011

De Balfour a Obama: el pensamiento colonial sobre Palestina

Roger Sheety
Palestinian Chronicle

Traduccin para Rebelin de Loles Olivn


Las naciones que han surgido de la desposesin, del encarcelamiento y de la masacre de poblacin indgena tienen dos problemas con la Historia: uno, que su indignidad hace difcil que puedan ser ensalzadas, y dos, que su violencia expone la debilidad de cualquier reclamacin acerca de que esa sea su tierra.

 

Paul Woodward, El excepcionalismo estadounidense e israel (WarInContext.org)

La expresin Mandato britnico de Palestina es tan comn en los estudios occidentales y sionistas sobre Palestina como inofensiva, por lo que apenas plantea una segunda reflexin. De hecho, una bsqueda rpida de esta expresin aparentemente inocua en internet deja ver unos dos millones de resultados de muy variada calidad y utilidad.

Sin embargo, el Mandato britnico de Palestina no existi como tal; fue y sigue siendo una construccin colonial puramente europea y occidental, una abstraccin de consecuencias reales y desastrosas. En realidad, el pueblo palestino nunca consinti en ser ocupado por los colonos britnicos, nunca acept que su tierra ancestral se dividiera y se entregara a otros europeos, y nunca pidi que un gobierno imperial que lo ignoraba todo sobre su lengua, su cultura y su historia le civilizara. Lo mismo podra decirse del Mandato francs de Siria y Lbano o del Mandato britnico de Iraq.

La expresin Mandato britnico result til, no obstante. Permiti que los historiadores coloniales y los apologistas se creyeran que Palestina estaba destinada de algn modo a la particin, lo que la converta en legal y por lo tanto, la consagraba. Miren, hubo un mandato a Gran Bretaa otorgado por la Sociedad de Naciones en 1922 y Gran Bretaa, la nacin ms grande de la tierra, el modelo de la ilustracin occidental y del pensamiento progresista, se vio obligada a llevar a cabo su misin; ese fue ms o menos el argumento. Y respecto a los pueblos indgenas de Palestina, qu? Segn lo resumido por Lord Balfour en 1917, sus aspiraciones, sus derechos y hasta su propia existencia tenan poca o ninguna importancia:

No import que los palestinos siguieran siendo la poblacin mayoritaria en 1948, a pesar de dcadas de inmigracin juda procedente de Europa y Rusia y sostenida por los britnicos. Y tampoco import que los palestinos siguieran siendo los propietarios mayoritarios de las tierras de Palestina a pesar de que el Fondo Nacional Judo, fundado en 1901 en Basilea, Suiza, pasara medio siglo tratando desesperadamente (y por lo general sin conseguirlo) de comprar tierras en Palestina para colonias exclusivamente judas. En el pensamiento colonialista, en general, y en la ideologa sionista, en particular, la evidente por s misma y mitolgica antiqusima tradicin, y las florituras grandilocuentes y retricas siempre superan a los hechos histricos y a la realidad.

El mismo pensamiento colonial y racista sigue prevaleciendo en gran parte del actual discurso occidental dominante sobre Palestina. Se supone, por ejemplo, que de alguna manera slo Estados Unidos puede resolver el problema palestino. Resulta en s mismo evidente que la nica superpotencia que queda en el mundo es la que puede actuar como rbitro imparcial y mediador entre las dos partes (supuestamente) intransigentes. Por qu? Debido a la excepcionalidad estadounidense, por supuesto, porque Estados Unidos es algo nico, la ciudad que brilla sobre la colina, el abanderado de la democracia; ese es ms o menos el argumento. No importa que el gobierno de Estados Unidos proporcione a Israel miles de millones de dlares cada ao, que le arme con los ms avanzados equipos militares que el dinero pueda comprar ni que excuse sus continuos crmenes contra la humanidad mediante una ilimitada cobertura diplomtica y un respaldo incondicional. Al igual que con las palabras de Balfour en 1917, los hechos se vuelven irrelevantes a travs de un lenguaje mgico y de encantamiento.

Sin embargo, al igual que ocurre con el denominado Mandato britnico y el excepcionalismo estadounidense, el lenguaje y el discurso colonialistas estn profundamente vinculados a acciones, por ms que sean injustas, inmorales y violentas. Tomemos por ejemplo los recientes planes de Israel de limpieza tnica de treinta mil beduinos palestinos de sus tierras ancestrales en el Naqab (Negev). As es como un nico titular en la edicin de 2 de junio de Haaretz, un diario israel de gran difusin y representativo de los medios de comunicacin dominantes lo expresa: La oficina de Netanyahu promueve un plan para reubicar a 30.000 beduinos. El subttulo reza: El plan tiene como objetivo mejorar las condiciones de vida de los beduinos que viven actualmente en aldeas no reconocidas que carecen de la infraestructura necesaria, lo que da lugar a graves problemas ambientales y de otros tipos.

Un plan de desposesin y limpieza tnica se convierte as en una promocin para reubicar en mejores condiciones de vida y en preocupacin por el medio ambiente. Se ha enterrado en la historia que los beduinos son los verdaderos propietarios de la tierra en la que viven, una propiedad que se antedata al Estado de Israel pero incluso este hecho se convierte en un mero reclamo. En ninguna parte del artculo se dice una palabra acerca de quines son los beduinos en realidad: una parte del pueblo indgena de la Palestina histrica.

Dado que los beduinos no son nunca palestinos en Haaretz ni en ningn otro medio de comunicacin israel, sino simplemente rabes, pueden pues ser reubicados (es decir, tnicamente limpiados) a donde quiera que el Estado de Israel desee; en otras palabras, no tienen historia, ni conexin con la tierra, ni guardan relacin con los otros palestinos de toda la Palestina histrica y de la Dispora. Con esta palabra rabes se hace desaparecer todas esas realidades.

Esta constante negacin de la identidad y de la historia de los beduinos palestinos es en realidad un eco de la afirmacin racista de Golda Meir de que no existe eso de pueblo palestino y de la caracterizacin igualmente odiosa que Balfour hizo de los palestinos en 1917 simplemente como los actuales habitantes del pas. De esa forma se arranca a los beduinos del Naqab de su contexto histrico y se les separa de los otros palestinos. En qu se diferencia la expulsin y la desposesin planificadas de los beduinos palestinos de la de la mayora de los palestinos expulsados ​​de Haifa, Acre, Yaffa, Safed, Jerusaln o Bir al-Saba? (por citar slo algunos ejemplos) en 1948? La respuesta es simple: no se diferencian en absoluto.

De hecho, la sombra de al-Nakba, la expulsin original de 1947-1948, todava ocupa un lugar preponderante. Vase, por ejemplo, a Yosef Weitz, uno de los arquitectos del Plan Dalet, reflexionando en 1941 sobre cmo eliminar al pueblo originario de Palestina as como hacerse cargo de una parte significativa de Siria y Lbano:

Ntese cmo, al igual que con Balfour, los pueblos de Palestina, Lbano y Siria, no cuentan para nada en la repugnante visin de Weitz; no existen, son objetos que a los que se desplaza de aqu para all de acuerdo a los caprichos de los dirigentes sionistas. Obsrvese asimismo la forma arrogante en que Weitz se pregunta dnde trazar las fronteras de su futuro Estado con total desprecio por los pueblos de la regin, como los nios dibujan lneas al azar en una hoja de papel.

Y ahora vase a Tzipi Livni (una de las fuerzas que impuls la Operacin Plomo Fundido), una voz supuestamente moderada y progresista de la actual poltica israel, en un conferencia ante un grupo de estudiantes de secundaria en el ao 2008 sobre lo que podra pasar a los ciudadanos palestinos del Estado en el caso de que se produjera una solucin de dos Estados:

Despus de ms de setenta aos el pensamiento colonial sionista no ha variado los palestinos son percibidos como meras piezas en un tablero de juego a las que se puede mover de un lado a otro con el fin de mantener el Estado de Israel judo y democrtico. Naturalmente a Livni no se le ocurre pensar jams que la limpieza tnica tenga algo de democrtica o juda, tan interiorizada tiene su propia propaganda. Tal vez ella sea ms sutil que Weitz o Balfour en la eleccin de las palabras pero el racismo sigue siendo el mismo.

De hecho, toda la narrativa histrica de Israel se fundamenta en tales fabricaciones coloniales del mito, en la supresin de los hechos histricos, en eufemismos, evasiones y en la negacin absoluta de la realidad: Palestina era una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra, los israeles hicieron florecer el desierto , Israel es la nica democracia de Oriente Prximo, el ejrcito israel es el ms moral del mundo, Israel es la luz de las naciones, estamos rodeados de unos vecinos fuertes, no tenemos ningn socio para la paz, los rabes slo entienden el lenguaje de la fuerza, y as sucesivamente.

Los ataques casi diarios contra los palestinos, tanto en los Territorios Ocupados como en Israel, y el robo continuado de la tierra y la cultura palestinas se explican por lo general utilizando tales evasiones lingsticas y falsedades flagrantes, como lo han hecho todas las guerras de Israel desde la creacin del Estado. Trae a la mente la famosa mxima de Tcito: Saquean, masacran y roban: a eso lo llaman engaosamente Imperio, y cuando arrasan todo, lo llaman paz.

En manos de colonizadores y conquistadores, el lenguaje es siempre un arma utilizada contra el colonizado y el ocupado. En la mentalidad imperial/colonial, el poder usa el lenguaje por lo general para fabricar, confundir, deshumanizar y dominar. Es una herramienta que se utiliza para justificar los crmenes del pasado y para justificar los que vendrn. Con el colonialismo de asentamiento, en particular, el lenguaje se utiliza para denigrar o incluso para borrar la historia y la cultura de la poblacin indgena a las que se les usurpa.

Como el profesor israel de Lengua y Educacin Nurit Peled Elhanan escribi recientemente:

Si los judos israeles desean realmente una paz justa y duradera haran bien en primer lugar en deshacerse de una vez por todas de esa omnipresente y perniciosa mentalidad colonial y del lenguaje supremacista e ilusorio que le acompaa, y aprender a ver a los palestinos como sus plenamente iguales, nada ms y nada menos. Por otro lado, que no esperen que los palestinos vayan a aceptar como una realidad definitiva su desposesin, su limpieza tnica ni su actual estatuto de ocupados o de [ciudadanos] de segunda clase estando en su propia tierra como estn, pues no slo sera inmoral e injusto sino que, dado que una aceptacin as equivaldra a rendirse, es tambin algo que nunca ocurrir.

*Roger Sheety es escritor e investigador.

Fuente: http://www.palestinechronicle.com/view_article_details.php?id=17228 a travs de Uruknet.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter