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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-12-2011

Elogio de la duda

Eduardo Montes de Oca
Rebelin


Por supuesto que quisiramos injustificado nuestro escepticismo al calibrar las variantes de salvacin del mundo que ciertos taumaturgos suelen espetarnos en el formato de salmodias arrulladoras, inacabables. Si al menos nos sirvieran de somnferos

Escritas las lneas anteriores, confieso mi aprensin ante la posibilidad de un malentendido. A priori juro que no desconfo de las buenas intenciones de personalidades como el brasileo Jos Graziano da Silva, nuevo director de la Organizacin de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentacin (FAO), que ha declarado su empeo en contribuir a la erradicacin del hambre y la mejora de los niveles de nutricin en el planeta, y en propiciar una institucin renovada y abierta, capaz de movilizar la cooperacin internacional.

Por el contrario, consideramos inapreciables su experiencia como defensor de la colaboracin tercermundista y su estela de 25 libros sobre asuntos agrarios y rurales, entre otros temas. S, dado su prestigio, podra congregar una significativa cantidad de factores en aras de revertir el reciente crecimiento del total de seres que sufren subnutricin, y quizs hasta avanzar en su manifiesta misin de aglutinar gobiernos, sociedad civil e iniciativa privada para enfrentar las diversas crisis -climtica, energtica, econmica, financiera, ALIMENTARIA- que copan el planeta cual impenitentes jinetes del Apocalipsis.

Y estampamos las maysculas por obvia razn. Se trata de sugerir la ciclpea dimensin de tareas tales la erradicacin del hambre, la produccin y consumo sostenible de alimentos, un mayor equilibrio en la gestin de los sistemas alimentarios, la conclusin de la reforma de la FAO, y la ampliacin de las alianzas y la cooperacin Sur-Sur, segn el propio Da Silva.

Confiemos en que la institucin se avenga tambin a atenuar el nfasis puesto en una aseveracin -un malpensado la supondra parcializada-, porque acaso el hecho de que ms de diez millones de personas en el Cuerno de frica lleven el estmago in albis se debe exclusivamente a la peor sequa desde hace treinta aos? No hay que ser zahor para coincidir con diversos analistas, entre ellos Mara Jos Esteso Poves (Diagonal), en que la venta de suelos a multinacionales constituye uno de los fenmenos ms graves que impiden a la poblacin de estos pases, pletricos de recursos naturales, el acceso al yantar consuetudinario, el que conjura el viaje a la nada.

Concordemos asimismo en que a una histrica explotacin de hombres y mujeres arrancados de sus predios con destino a plantaciones levantadas en funcin del mercado capitalista mundial, y del oro, petrleo, coltn, caucho, diamantes, se suma hoy con fuerza impar la del agua, las semillas, las tierras.

Ah, las tierras se arraciman en la lista de lo birlado. Sobre todo desde el 2008, cuando deton la conocida debacle, extendida a los cuatro puntos cardinales, las transnacionales y las naciones ricas se han lanzado a la bsqueda de campos feraces, con que paliar los efectos de la subida del precio del petrleo, que encareci el de los alimentos. Desafortunadamente, muchos de los gobiernos africanos no comprendieron -o si lo comprendieron se ciscaron en ello- el quid de la fiebre de compra de alrededor de 56 millones de hectreas a escala global, la mayor parte de las cuales se ubican en el llamado Continente Negro, donde resultan ms baratas, y donde la propiedad comunal las torna ms vulnerables.

No en balde diversos observadores arremeten contra los Principios para una Inversin Agrcola Responsable, promovidos por el Banco Mundial junto con la FAO, la Agencia para el Comercio y el Desarrollo de Naciones Unidas (UNCTAD), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrcola (FIDA). Conforme a los objetores, esas entidades han legitimado la apropiacin por inversores forneos, mediante programas para la eliminacin de barreras administrativas, el cambio de leyes y regmenes fiscales en territorios bendecidos con la fertilidad, el agua, mano de obra como ganga, y donde incluso no faltan las subvenciones de los Estados perjudicados!

Ms que de cuestiones tecnolgicas, o de otra ndole apoltica, aqu se trata de un nuevo colonialismo que, lgicamente sustentado por la sacrosanta iniciativa privada, est dirigido en primer trmino contra la agricultura familiar, garante de la subsistencia del 80 por ciento de los africanos, y genera otros problemas sociales, al desplazar a quienes viven del monocultivo hacia las ciudades-miseria. Detrs quedan las enormes planicies consagradas a los biocombustibles, o a proveer de soberana alimentaria a los flamantes dueos, que se curan en salud con un brazo militar como el US. Africa Command (AFRICOM). Ahora les resta colocarlo en Libia, con toda comodidad e impunidad. Suavemente.

Ya ve? Por eso uno no puede sacarse de encima complemente el escepticismo frente a salmodias arrulladoras, inacabables, aunque salgan de las ms crebles gargantas. Bueno, mientras la duda sea para bien


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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