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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-01-2012

El cambio de rgimen en Siria es de ms importancia estratgica que Libia El rol de Arabia Saud y Occidente
Siria e Irn: el gran juego

Alastair Crooke
The Guardian/ICH

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Este verano un alto funcionario saud dijo a John Hannah, ex jefe de gabinete de Dick Cheney, que desde el comienzo de la agitacin en Siria el rey ha opinado que el cambio de rgimen sera favorable a los intereses saudes El rey sabe que nada, fuera del propio colapso de la Repblica Islmica, debilitara ms a Irn que la prdida de Siria.

Es el gran juego actual la prdida de Siria. Y se juega como sigue: establecer apresuradamente un consejo de transicin como nico representante del pueblo sirio, sin consideracin a si tiene verdadero apoyo dentro de Siria; introducir insurgentes armados desde Estados vecinos; imponer sanciones que afecten a las clases medias; montar una campaa en los medios para denigrar cualquier esfuerzo sirio de reforma; tratar de instigar divisiones dentro del ejrcito y de la elite; y el presidente Assad terminar por caer insisten sus iniciadores.

Es posible que europeos, estadounidenses y ciertos Estados del Golfo vean el juego sirio como el sucesor del supuestamente exitoso juego libio en el ajuste del despertar rabe hacia un paradigma cultural occidental. En trminos de poltica regional, sin embargo, Siria es estratgicamente ms valiosa, e Irn lo sabe. Irn ha dicho que reaccionar ante cualquier intervencin extranjera en Siria.

Ya no es ningn juego, como lo prueban los numerosos muertos de ambas partes. Los elementos radicales armados que son utilizados en Siria como auxiliares para deponer a Assad se oponen a la perspectiva de cualquier resultado que surja del paradigma occidental. Es posible que esos grupos tengan una agenda propia muy sangrienta y antidemocrtica. Advert de este peligro en conexin con Afganistn en los aos ochenta: algunos de los muyahidn afganos tenan verdaderas races en la comunidad, suger, pero otros planteaban un grave peligro para la gente. Un simptico poltico estadounidense de la poca, coloc su brazo sobre mi hombro y me dijo que no me preocupara: que eran los que estaban dando una paliza a los soviticos. Preferimos mirar hacia otro lado porque el que dieran una paliza a los soviticos corresponda perfectamente a las necesidades interiores de EE.UU. Hoy Europa mira hacia otro lado y se niega a considerar quines son verdaderamente los insurgentes con experiencia en combates que causan una cantidad semejante de vctimas a las fuerzas de seguridad sirias, porque la prdida de Assad y el enfrentamiento con Irn surten tanto efecto, especialmente durante un perodo de dificultades internas.

Afortunadamente, las tcticas en Siria, a pesar de la inmensa inversin, parecen estar fracasando. La mayor parte de la gente en la regin piensa que si Siria es impulsada an ms hacia un conflicto civil el resultado ser violencia sectaria en el Lbano, en Iraq, y tambin ms all. La nocin de que un conflicto semejante produzca una democracia estable, ni hablar de al estilo occidental, es fantasiosa en el mejor de los casos, un acto de suprema crueldad en el peor.

Los orgenes de la operacin prdida de Assad precedieron al despertar rabe: provienen del fracaso de Israel en su guerra de 2006 al no daar seriamente a Hizbul, y de la evaluacin posterior al conflicto en EE.UU. de que Siria era el taln de Aquiles de Hizbul como conducto vulnerable que vinculaba a Hizbul con Irn. Funcionarios estadounidenses especularon sobre lo que podra ser hecho para bloquear ese corredor vital, pero fue el prncipe Bandar de Arabia Saud el que los sorprendi al decir que la solucin era integrar a fuerzas islmicas. Los estadounidenses se mostraron interesados, pero no podan tratar con gente semejante. Dejad que lo haga, respondi Bandar. Hannah seal que el que Bandar trabaje sin referencia a los intereses de EE.UU. es obviamente motivo de preocupacin. Pero Bandar trabajando como socio contra un enemigo comn iran es un importante recurso estratgico. Bandar obtuvo la tarea.

La planificacin hipottica, sin embargo, solo se convirti en accin concreta en este ao, con el derrocamiento del presidente Mubarak de Egipto. Repentinamente Israel pareci vulnerable, y una Siria debilitada, sumida en problemas, haba ganado en importancia estratgica. Al mismo tiempo, Qatar se haba puesto manos a la obra... Azmi Bishara, un pan-arabista quien renunci a la Knset [parlamento] israel y se autoexili a Doha, se involucr segn algunos informes locales en una trama en la cual al Jazeera no solo informara sobre la revolucin, sino la ejemplificara para la regin o por lo menos es lo que se crea en Doha despus de los levantamientos tunecino y egipcio. Qatar, sin embargo, no solo trataba de hacer uso del sufrimiento humano para una intervencin internacional, sino tambin como en Libia estaba directamente involucrado como un patrono operacional clave de la oposicin.

Las siguientes etapas fueron atraer al equipo al presidente de Francia, Sarkozy el archi-promotor del modelo del consejo de transicin de Bengasi que convirti a la OTAN en un instrumento de cambio de rgimen. Barack Obama fue el siguiente cuando ayud a persuadir al primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan quien ya estaba irritado por Assad a jugar la parte del consejo de transicin en la frontera siria, y prestar su legitimidad a la resistencia. Estoy dos ltimos componentes, sin embargo, no dejaron de ser cuestionados por sus propios aparatos de seguridad, escpticos sobre la eficacia del modelo del consejo de transicin, y opuestos a la intervencin militar. Incluso Bandar no deja de ser cuestionado: no cuenta con la proteccin poltica del rey, y otros en la familia juegan otras cartas islamistas con otros objetivos. Irn, Iraq y Argelia y ocasionalmente Egipto cooperan para frustrar maniobras del Golfo contra Siria en la Liga rabe. El modelo de consejo de transicin, que en Libia ha demostrado la debilidad de utilizar solo una faccin como futuro gobierno, es an ms defectuoso en Siria. El consejo de oposicin de Siria, reunido por Turqua, Francia y Qatar, es cogido por sorpresa por el hecho de que las estructuras de seguridad sirias han permanecido casi slidas como una roca despus de siete meses las deserciones han sido carentes de importancia y la base de apoyo popular a Assad est intacta. Solo una intervencin extranjera podra cambiar esa ecuacin, pero sera un suicidio poltico si la oposicin la solicitara, y lo sabe.

La oposicin interna reunida en Estambul pidi una declaracin rechazando la intervencin extranjera y la accin armada, pero el consejo nacional sirio fue anunciado incluso antes de que las conversaciones entre la oposicin hubieran llegado a algn acuerdo tal fue el apuro por parte de partes externas.

La oposicin externa sigue soslayando su posicin sobre la intervencin extranjera, y con buen motivo: la oposicin interna la rechaza. Es el defecto del modelo porque la mayora en Siria se opone enrgicamente a la intervencin extranjera, por temor a un conflicto civil. Por lo tanto los sirios enfrentan un prolongado perodo de insurgencia montada en el extranjero, sitio y desgaste internacionales. Ambas partes pagarn con sangre.

El verdadero peligro, como lo seal el propio Hannah, es que los saudes puedan instigar nuevamente la antigua red yihadista sun y apuntarla en la direccin general de Irn chi, lo que pone a Siria en la primera lnea. De hecho, es exactamente lo que est ocurriendo, pero Occidente, como antes en Afganistn, prefiere hacer caso omiso mientras el drama se presente bien ante audiencias occidentales.

Como inform Foreign Affairs el mes pasado, Arabia Saud y sus aliados del Golfo, estn incitando a los salafistas radicales (sunes fundamentalistas), no solo para debilitar Irn, sino para hacer lo que consideren necesario para sobrevivir, debilitar y desvirtuar los despertares que amenazan a las monarquas absolutas. Es lo que sucede en Siria, Libia, Egipto, el Lbano, Yemen e Iraq.

Esta orientacin de afirmacin islmica, literalista, del Islam, puede ser vista generalmente como impoltica y flexible, pero la historia est lejos de ser reconfortante. Si se dice a la gente con suficiente frecuencia que puede hacer y deshacer reyes y se le arrojan cubos de dinero, no hay que sorprenderse si se vuelve a metamorfosear una vez ms hacia algo muy poltico. Podr tardar algunos meses, pero los frutos de este nuevo intento de utilizar fuerzas radicales con fines occidentales pueden volver a constituir un tiro por la culata. Michel Scheuer, ex jefe de la unidad Bin Laden de la CIA, advirti recientemente que la reaccin imaginada por Hillary Clinton ante el despertar rabe, de implantar paradigmas occidentales, por la fuerza si fuera necesario, en el vaco de regmenes cados, ser vista como una guerra cultural contra el Islam, y sembrar las semillas de una nueva vuelta de radicalizacin.

Una de las tristes paradojas es el debilitamiento de los sunes moderados, que ahora se ven trabados entre la roca de ser vistos como un instrumento occidental, y la parte dura de salafistas sunes radicales que esperan la oportunidad de desplazarlos y desmantelar el Estado. Qu mundo tan extrao: Europa y EE.UU. piensan que es apropiado utilizar precisamente a esos islamistas (incluido al Qaida) que no creen para nada en la democracia al estilo occidental a fin de lograrla. Pero entonces, por qu no mirar hacia otro lado y conseguir el beneficio del goce del pblico ante los ataques contra Assad?

Fuente: http://www.informationclearinghouse.info/article30248.htm

Alastair Crooke es codirector de Conflicts Forum. Fue anteriormente mediador de la UE con Hamas y otros movimientos islamistas y es autor de Resistance: The Essence of the Islamist Revolution.



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