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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-01-2012

El mundo, en llamas y al revs

Eduardo Montes de Oca
Bohemia


Todava situados en la convencional demarcacin de ao viejo-ao nuevo, legiones de analistas se entregan al enraizado vicio del balance y los vaticinios. Y uno, que se solaza escrutando sin tregua la realidad, leyendo sin respiro miradas de exmenes de sus colegas, habr de reconocer con la mayora de ellos que algo indito, o relativamente indito, se est delimitando en un mundo que conserva la condicin de ancho y ajeno para los de abajo, y de holgado y entraable para los de arriba.

No en vano vox populi- el fantasma de Marx se corporiza en decenas, si no centenares, miles de centros de estudio, debate, en los cuatro puntos cardinales. Se precisa entender la crisis actual del sistema con las mejores armas tericas posibles. Armas de tradicional manejo para quienes, aunque evitemos suscribir la previsin del inminente fin del capitalismo, que suele ejercitarse en la cclica destruccin de las fuerzas productivas como premisa para su recomposicin, a costa de una humanidad escaldada hasta la osamenta, justipreciamos la debacle explayada desde Europa hasta Japn y los Estados Unidos. Debacle vvida a pesar de las voces empeadas en convencer de la recuperacin, perorando sobre una mayor lentitud en el ritmo de descenso del PIB gringo.

Pequemos de reiterativos, si es menester. Preguntmonos dnde quedaran, entonces, el despegue del desempleo, a ms del nueve por ciento, y la quiebra en cadena de casi 50 bancos. No cejemos en el emplazamiento. Acaso deviene lgicamente correcto soslayar el ciclpeo dficit comercial, un dficit presupuestal que se pronosticaba alcanzara 1,38 billones de dlares durante 2011, y el que las exportaciones hayan dejado de constituir una especie de seguro anticrisis?

Eso, en lo tocante al imperialismo rector. Pero buscando el tutano del problema, quin, si justo, pasara por alto datos como que entre 1988 y 2000 el 25 por ciento de los menos favorecidos vio reducirse su participacin en el ingreso universal desde el 1,6 por ciento al 0,92, en tanto el 10 por ciento ms prspero acrecent sus fortunas, pasando a detentar del 64,7 al 71,1 por ciento de la riqueza.

Recordemos que hace muy poco el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, se avino a prevenir acerca de que la economa planetaria iba a entrar en una nueva fase peligrosa este otoo (boreal). Y que Christine Lagarde, directora gerente del FMI, coincidi en que la capacidad de actuacin resulta menor que hace dos aos. Ms que atinada apreciacin la ltima, pues al comunicarla el crecimiento de la Unin Europea pasaba de 0,8 por ciento en el primer trimestre de 2011 a 0,2 en el segundo; el de Estados Unidos, de 0,5 a 0,3; y en Japn la actividad econmica se restringa 0,3 por ciento en el segundo trimestre, tras caer 0,9 en el primero. En total, el ritmo de aumento en las 24 naciones ms desarrolladas disminua de 0,3 a 0,2 por ciento.

O sea, que la crisis es un hecho incontestable. Y, segn observadores como David Rey (luchadeclases.org), tiene entre las causas el que las potencias imperialistas retrasaron artificialmente la recesin durante aos, por miedo a sus efectos sociales, utilizando durante el boom mtodos que solo deben emplearse en una recesin: el dbito pblico y la contraccin de los tipos de inters. De modo que hoy pasan de insolventes, situacin agravada por el rescate de sus bancos y otras entidades privadas con fondos pblicos. Ahora estn obligadas? a introducir rspidos programas de ajuste en el gasto pblico. Y han entrado en un laberinto: la mengua de las erogaciones estatales y de la demanda empeora la crisis, como sucede en Grecia, palpable ilustracin del desastre.

Y si, a pesar de todo, las economas seeras han crecido, investigadores de prestigio como el brasileo Theotonio dos Santos vaticinan que este ciclo positivo deber agotarse en aproximadamente 10 aos, cuando deberemos sustituir el actual modelo tecnolgico mundial por un nuevo paradigma, cuya introduccin exigir una destruccin masiva de gran parte de la estructura econmica mundial y varias estructuras nacionales. En ese momento, la crisis actual parecer un juego y la idea del caos [] se aproximar bastante a la realidad de este nuevo perodo.

Como si no bastaran los mencionados truenos agoreros, y no obstante las llamadas tranquilizadoras, las Naciones Unidas acaban de divulgar unas perspectivas nada halageas. Las economas de los pases enriquecidos -el entrecomillado es de Sergio Ferrari, uno de cuyos comentarios en Rebelin.org utilizamos prolijamente, por conciso y certero- estn al borde de un nuevo freno, en razn de la crisis de la deuda, de un sector bancario fragilizado y de una dbil demanda de productos asociada a tasas altas de desempleo, as como del impacto de una cierta parlisis poltica y deficiencias en el orden institucional.

De acuerdo con el informe Situacin y perspectivas para la economa mundial 2012, todas esas flaquezas estn ya presentes, mas, si uno de los factores empeorara, podra desencadenarse un crculo vicioso que conduzca a grandes problemas financieros y econmicos. Asimismo, el despegue mundial no ser mayor que 2,6 por ciento, lo que significa un debilitamiento con respecto al 2011 (2,8 por ciento). Y un retroceso significativo con respecto al cuatro por ciento de crecimiento constatado en 2010. Estados Unidos se acercara a 1,5 por ciento, Europa apenas a 0,7 y Japn a dos por ciento. Magras, muy magras cifras para quienes son conscientes de peligros como que USA vea hoy amenazada su competitividad econmica por el papel planetario de China, que se mantendr robusta, con 9 por ciento, algo menor que el 9,3 de 2011.

Por qu unos -EE.UU., Japn, la Unin Europea- decididamente no, en tanto otros -Brasil, Rusia, China, Sudfrica: los Brics- evidentemente s? Sera otra recurrente interrogacin. Ah, porque mientras los primeros recortan los gastos del Gobierno; aumentan los impuestos; reducen el crdito, los subsidios, las inversiones que no sean necesarias; y abjuran de instrumentos como el keynesianismo, conjurador de la hecatombe all por los aos 30 del siglo pasado, en contraposicin asistimos al florecimiento de los mercados emergentes, en gran medida gracias a la demanda de China y la India, y a una dinmica Sur-Sur generadora de relativa independencia.

Botn de muestra? Las evidencias ofrecidas por el entendido Ral Zibechi. Con 700 mil millones de dlares de reservas monetarias, 400 millones de habitantes, grandes reservas de hidrocarburos, autonoma energtica, importantes yacimientos mineros, la ms rica biodiversidad del orbe, Sudamrica no tiene motivo para no despegarse de la crisis y no elaborar su propia agenda.

Y la regin parece decidida. Evoquemos medidas como la creacin de la Unin de Naciones Sudamericanas (Unasur), el Consejo de Defensa Sudamericano y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeos (Celac), sin contar que la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra Amrica (ALBA) ensaya con xito formas de integracin e intercambio fuera del hegemnico libre comercio. Claro, no todo resulta color de rosa. En el criterio de expertos, resumido por Zibechi, la expansin de los monocultivos, de la minera a cielo abierto y de la ganadera ha convertido al subcontinente en gran exportador de commodities, lo que supone la profundizacin del extractivismo, con desindustrializacin y exclusin de una porcin importante de la poblacin. Todo lo cual implica una ingente tarea.

Las lites no duermen

Tarea ms engorrosa an dada la evidente conciencia del imperialismo, sus tanques pensantes, sus conductores, del crujir de toda la arboladura, de la porosidad del casco de una nave que algunos creyeron inamovible, eterna: el capitalismo.

Quin entre ellos no se habr percatado de una situacin reseada por el socilogo norteamericano William T. Robinson en ALAI AMLATINA? Los poderes fcticos del sistema mundial se encuentran cada vez ms a la deriva, a medida que la crisis global se les escurre de las manos. Desde la masacre de decenas de jvenes manifestantes por el ejrcito en Egipto hasta la brutal represin del movimiento Ocupa en EE.UU. o los caones de agua lanzada por la polica militarizada de Chile contra estudiantes y trabajadores, los Estados y las clases dominantes se muestran incapaces de contener la marea de rebelin popular a nivel mundial y deben recurrir a una represin cada vez ms generalizada. En pocas palabras, las inmensas desigualdades estructurales de la economa poltica mundial ya no pueden ser sostenidas a travs de mecanismos consensuales de control social. Las clases dominantes han perdido legitimidad y estamos asistiendo a una ruptura de la hegemona de la clase dominante a escala mundial.

Si las lites esperaban que la depresin iniciada con la crisis de las hipotecas y el colapso del sistema financiero del orbe en 2008 resultara una recesin cclica, solucionable mediante rescates patrocinados por los Estados y los paquetes de estmulos, ahora se dan de narices con que representa una crisis ms profunda, estructural. Ergo: requiere una restructuracin a fondo del sistema. No olvidemos que la etapa de la globalizacin que vivimos se desarroll a partir de la respuesta a la crisis de los 70 de la socialdemocracia, del fordismo-keynesianismo, del capitalismo redistributivo. Y supone una fase de liberacin de restricciones a la acumulacin que imponan los Estados-nacin en s, compromisos de clase arrancados al capital por dcadas de lucha de masas-; de los modelos neoliberales, que en un principio destaparon enormes oportunidades para la acumulacin transnacional (aos 80 y 90), asistidos por la revolucin en la computacin y la informtica y otros avances tecnolgicos derivados en ms productividad y ms trabajadores excedentes. Ello, que facilit una gran transferencia de ingresos al capital y a los sectores de alto consumo, lo cual signific nuevos segmentos de mercado, estimulando el crecimiento, se tradujo tambin en una enorme polarizacin social. En una ruptura entre la lgica de la acumulacin y la reproduccin social que ha repercutido en una explosin sin precedente de la desigualdad y ha intensificado las crisis de supervivencia de miles de millones de personas, como explica Robinson.

En contexto de pauperizacin universal, los conflictos sociales y las crisis polticas devienen frreas trabas para el capitalismo. La polarizacin social global agudiza el problema crnico de sobreacumulacin. Esto se refiere a la concentracin de la riqueza en cada vez menos manos, hasta que el mercado mundial sea incapaz de absorber la produccin mundial y el sistema se estanque.

A los capitalistas transnacionales les resulta cada vez ms difcil desembarazarse de la masa ya abultada y an creciente de excedentes: no pueden encontrar salidas donde invertir su dinero con el fin de generar nuevas ganancias, por lo que el sistema entra en una recesin o algo peor. En los ltimos aos, la clase capitalista transnacional ha recurrido a la acumulacin militarizada, a la especulacin financiera salvaje y al allanamiento o saqueo de las finanzas pblicas, a fin de sostener su lucro frente a la sobreacumulacin.

Se justifica, entonces, que muchos se desasosieguen frente al dilema terico de si el modelo neoliberal entra en fase terminal o si es posible que la formacin socioeconmica responda a la crisis y a la rebelin con una restructuracin que le insufle aire. Un keynesianismo que involucre la redistribucin transnacional y la regulacin dem del capital financiero? O ser que nos dirigimos ms bien hacia una crisis sistmica, es decir a aquella cuya solucin implica el fin del sistema en s mismo, ya sea a travs de su superacin y la creacin de un sistema completamente nuevo, o el colapso del sistema?.

Puntualicemos con nuestra fuente de ALAI AMLATINA. El que una crisis estructural se convierta o no en sistmica depende de cmo reaccionen las distintas fuerzas sociales y de clase: desde los proyectos polticos que proponen hasta los factores contingentes y las condiciones objetivas. Si en estos instantes es imposible predecir el desenlace del entuerto, algunas cosas s refulgen meridianamente: la formacin de marras est llegando a los lmites ecolgicos de su reproduccin, la magnitud de los medios de violencia y control social no hallan precedentes -guerras informticas, aviones teledirigidos, bombas antibnker, guerra de las galaxias-, estamos arribando a las fronteras de la expansin en el sentido de que no hay nuevos territorios de importancia para integrar, emerge un gran excedente de poblacin que habita un planeta de ciudades-miseria y est excluida de la economa productiva, se afronta una disyuntiva entre una economa globalizante y una autoridad poltica basada en el Estado-nacin. En segundo lugar, las lites son incapaces de plantear soluciones; las disputas proliferan en el G-8, en el G-20, incapaces o renuentes a cuestionar el poder del capital financiero. Robinson asigna el tercer peldao de su lista al hecho de que no habr una salida rpida del caos mundial in crescendo, y que podra coronarse incluso con una reaccin neofascista para contener la crisis. (El capital contra todos). Finalmente, las fuerzas populares han pasado de la defensiva a la ofensiva, ms rpido de lo que nadie imagin.

Por ende, la nica solucin viable a la crisis del capitalismo global es una masiva redistribucin de la riqueza y del poder hacia abajo, hacia la mayora pobre de la humanidad, siguiendo las lneas de un socialismo del siglo XXI, democrtico, en el que la humanidad ya no est en guerra consigo misma y la naturaleza.

Por supuesto que esto lo conocen los poderosos. Esos que, cual miuras embravecidos, huyen hacia delante, tirados por los intereses de ms corto plazo, por la miope lgica de valorizacin del capital. Y se entregan a un aquelarre que incluye: la cada de las instituciones multilaterales, trasmutadas en rganos de trmites para legalizar el formato neocolonial de la ONU -entidad de cerviz doblada ante el Consejo de Seguridad-; el cumplimiento por la OTAN de su proverbial papel de fuerza invasora de choque; la Unin Europea en el intento de salvar la zona euro con reservas africanas; una Liga rabe dominada por la Confederacin del Golfo (club de monarquas comprometidas a proveer de petrleo barato a la UE); la Unin Africana golpeada en su momento ms significativo, y los crteles de regulacin de precios energticos minimizados por la nueva composicin poltica.

Salvar el capitalismo cueste lo que cueste constituye la divisa suprema, como apunta lapidariamente Reinaldo Bolvar (aporrea, org). El colega sostiene que 2011 puede considerarse el ao ms terrible en lo que va de siglo. Las guerras promovidas desde los centros de poder, EE.UU. y Europa responden al modelo de superacin de la crisis que sufriera Occidente en las dcadas de los 20 y los 30: el conflicto blico como propulsor de la industria militar y garante de materias primas y de energa para esos centros.

Guerra Fra rediviva

Con posibilidad real de una candente. Sealemos, con el articulista Gustavo Herrera (Argenpress.info), que Libia fue apenas la siguiente escala en la hoja de ruta del imperialismo occidental despus de Afganistn e Irak. La retirada estadounidense de este ltimo acelera los tiempos sobre sus prximos dos pasos: el derrocamiento del rgimen en Siria para dar la estocada final a Irn. El camino hacia China y Rusia por el oeste pasa por Irn y Asia Central. Por el este el control de Eurasia requiere afianzarse en el mar de China, Filipinas y Australia. La lucha entre Estados Unidos y China es ms que intercapitalista, est comenzando a ser una lucha entre imperios.

Obviando el absolutismo implcito en la postrera afirmacin, lo cierto es que aqu se trata de geopoltica, para utilizar un trmino en boga. Geopoltica monda y lironda. Un afianzamiento de USA en el Oriente Medio consolidara el avance con rumbo a Asia Central, donde alcanza mayor mpetu la influencia de Rusia y China. Con la artimaa del escudo antimisilstico apuntando hacia la nacin persa, el Pentgono utiliza a Europa como broquel intermedio para inmolar en el altar del To Sam en el hipottico caso de un conflicto con el Oso Misha, al cual no le perdonan el pasado comunista, y del que recelan por mculas tales la comunidad econmica decretada con Belars y Kazajistn. Igualmente, el que est en condiciones de participar en la reconfiguracin de la multipolaridad. La cada de la Jamahiriya Libia, potencial aliado de Tehern, y el giro hacia un rgimen catar adaptado componen el siguiente espacio de la hoja imperial, tras lo de Irak.

Pero resulta que el plan pergeado con delectacin de esteta no va surtiendo el efecto esperado, porque en Siria no ha fructificado la tcnica de guerra de masas similar a la puesta en prctica en Libia -el atizar la rivalidad entre sunitas y chiitas y la divisin del Ejrcito-. Y lo principal: Rusia se ha desperezado. Advertida por lo de Libia, donde quizs pudo haber hecho ms, y sabindose oscuro objeto del deseo occidental, junto con China, est ripostando de manera no precisamente diplomtica

No es secreto que la base naval de la nacin euroasitica en Siria (Tartus) acaba de ser rearmada, con misiles Yajont (ninguno de los buques de guerra de la actualidad son capaces de repelerlos). Pero Mosc, al parecer negado a creer en lgrimas, como asevera el ttulo de una clebre pelcula, se prodig enviando a aquellas aguas seis naves con misiles S-300 y asesores, lo que dificultara el establecimiento de la socorrida zona de exclusin area. Ms an. Instal avanzados sistemas de radar en objetivos militares e industriales sirios. Segn una nota aparecida en la digital Rebelin, a Occidente no lo queda otro remedio que el ingreso de fuerza castrense desde el exterior, y armar y arrastrar a la oposicin a la violencia interna, financiada por Washington desde 2005.

Dos eventos se unen en este panorama. El uno, la demonizacin de un Irn acusado de pretender la bomba atmica, y que, con el auxilio de la ciberntica, acaba de bajar un dron (avin espa no tripulado) norteamericano sobre su territorio. Satanizacin en la que los grandes medios de (des)informacin aportan la voz prima. Un Irn acusado de complot para segar la vida del embajador saudita en Washington y del que Londres retir sus diplomticos, luego de un asalto popular a la misin en Tehern de su graciosa majestad. Un Irn puesto en picota por la Organizacin Internacional de la Energa Atmica (OIEA), que ha alegado el uso de informaciones procedentes de servicios secretos de pases enemistados con los persas! El otro hecho, insistamos, es la rplica de un Kremlin que se estima ha concluido, al fin, que el cerco yanqui le atae directamente. Algo ntido, habida cuenta los comentarios peyorativos de la Casa Blanca sobre la legitimidad de los comicios en Rusia, antes de que los cmputos finales estuvieran disponibles, e incluso asuntillos como la amenaza de que, a pesar de su aceptacin en la Organizacin Mundial del Comercio, Washington se reserva el derecho de excluirla de la clusula de ms favorecida, por una norma jurdica sacada de la chistera de un mago.

Seguro que no por amor al arte la Federacin ha tomado medidas como un contacto permanente con Irn y la puesta en servicio de radares de alerta temprana y misiles tcticos Iskander en Kaliningrado. Tampoco gratuitamente Beijing prepara ejercicios navales en el ocano Pacfico, y se constata un sustancial avance en el acuerdo estratgico ruso-chino, tras un ir y venir oficial recproco que no pasa inadvertido para nadie.

Si hay un despertar de ambas potencias -la una militar; econmica, la otra- es porque han comprendido que la realidad puede ms que los anhelos de apacible coexistencia. Cuando las ventajosas posiciones estratgicas de EE.UU. se erosionan a marcha forzada, la Oficina Oval, como la Roma en declive, intenta e intentar reforzar sus posiciones militares. De ah la anunciada decisin de desempear un papel ms amplio en la regin del Pacfico; la inocultable disposicin a sustraerle los puntos de apoyo energtico y geopoltico a los aliados estratgicos que son China y Rusia; las aagazas contra el Brics, entre ellas la bsqueda de confrontacin entre dos vecinos armados hasta los molares: Pakistn, cansado de caprichos norteamericanos como los bombardeos en suelo patrio y refugiado en brazos de Beijing, y la India, que podra convertirse en proverbial rival de los chinos.

Qu depara el futuro? A la altura de la convencional demarcacin de ao ido y ao naciente una cosa s parece segura: ante el mundo se despliega una dicotoma. O bien la redistribucin justa de la riqueza, o bien la multiplicacin de la barbarie de hoy (la guerra nuclear?). Ojal esta ltima se convierta en la alternativa tab.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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