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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-01-2012

La deflacin salarial

Juan Francisco Martn Seco
Rebelin


Un razonamiento va tomando fuerza. Los ms audaces se atreven ahora a plantearlo abiertamente, y los dems, aunque no lo hagan de forma explcita, lo tienen muy en cuenta a la hora de implementar la poltica econmica. Hasta el mismo Paul Krugman ha utilizado ese argumento a menudo. En la Unin Monetaria, a los pases en dificultades como Espaa, al no poder devaluar, la nica va que les queda para recobrar la competitividad perdida es la deflacin interior.

Desde el stablishment financiero y econmico -tambin desde el poltico-, el planteamiento se realiza de una manera ms brutal y desnuda. Ante una situacin como la de Espaa, con elevado dficit y endeudamiento exteriores, solo caben tres alternativas: primera, devaluar la moneda, lo que resulta imposible mientras se forme parte de la Eurozona; segunda, salir de la Unin Monetaria; nadie sabe el camino y su coste, adems, se prev elevadsimo, y tercera, la deflacin interior de precios y salarios, que tendra en el fondo un efecto similar a la devaluacin.

Las fuerzas econmicas se llenan de razn y concluyen, como si de un silogismo se tratase, que no cabe ms solucin que la planteada por la tercera va, que en la prctica, dado que nos movemos en una economa de mercado -en la que, por supuesto, los precios no pueden ser intervenidos ni limitados los beneficios de los empresarios-, todo se reduce a disminuir salarios. De ah que el Gobierno haya aprobado la congelacin del salario mnimo interprofesional. De ah tambin la presin que se ejerce sobre los sindicatos para que acepten en los convenios la congelacin salarial, lo que representa una reduccin del salario real; y de ah por ltimo la defensa de reformas laborales que depriman los derechos de los trabajadores y abaraten en consecuencia el coste de la mano de obra.

Desde el punto de vista de la teora econmica, el razonamiento parece bastante coherente. Fue uno de los motivos por los que algunos estuvimos en contra de la Unin Monetaria desde sus inicios. Preveamos que en cuanto comenzasen las dificultades, que sin duda iban a surgir, el ajuste recaera sobre los trabajadores, y que la imposibilidad de devaluar la divisa, unida a la libre circulacin de capitales, constituira un arma letal en contra del Estado social y de los derechos laborales.

Pero pasemos de la teora a la prctica. Lo primero a sealar, aunque sea nicamente por un prurito de exactitud y de rigor, es que existe una cuarta opcin, consistente en crear en la Unin Monetaria una verdadera unin fiscal, al modo que se da en cualquier Estado moderno, una hacienda pblica potente que al mismo tiempo que corrige las desigualdades entre los ciudadanos, minimiza los desequilibrios regionales que el mercado y la moneda nica producen. Esta alternativa es, ciertamente, desechable por utpica, ya que los pases ricos como Alemania nunca permitirn un flujo de recursos tan importante hacia los otros Estados. Pero no menos inviable resulta la tercera opcin propuesta, que en realidad no representa ninguna solucin, porque para que un pas como Espaa recuperase la competitividad perdida a lo largo de estos 10 aos frente a Alemania y lograse equilibrar as su balanza de pagos sera necesario depreciar su moneda cerca del 20%. Cunto deberan reducirse los salarios para tener un efecto similar a esa hipottica devaluacin que no puede realizarse al estar en la Eurozona? Es evidente que ni poltica ni social ni econmicamente resulta factible tamao dislate.

Por otra parte, parece que todo el mundo est empeado en ignorar que son los precios y no los salarios los que determinan la competitividad exterior, y que el incremento de estos tan solo es relevante en cuanto influye en aquellos. Muy bien puede ocurrir que la evolucin de los precios no siga a la de los salarios. As ha sucedido en la ltima dcada en la que la retribucin de los trabajadores ha perdido poder adquisitivo. En los momentos actuales, en plena crisis, casi en recesin, el ajuste de los salarios en Espaa no est impidiendo que los precios continen sufriendo incrementos superiores a la media de la Eurozona.

La deflacin de los salarios, esa tercera opcin fijada como la nica posible en el discurso oficial, est muy lejos de constituir una verdadera solucin. Lo nico que se consigue con ella es castigar an ms a los trabajadores modificando la distribucin funcional de la renta a favor del excedente empresarial y en contra de las remuneraciones salariales, al tiempo que se deprime an ms la economa y se genera paro. En realidad, las nicas alternativas reales consisten en que o bien se cree en la Eurozona una autntica integracin fiscal con una robusta hacienda pblica comn y un sistema de seguridad social integrado -lo que no parece muy viable- o que cada pas retorne a su moneda, con los costes que tal situacin puede comportar.

www.telefonica.net/web2/martin-seco




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