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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-03-2012

Reaccionarios, catlicos y conservadores

Mara Toledano
Rebelin


La aceptacin de la opresin por parte del oprimido acaba por ser complicidad; la cobarda es una forma de consentimiento; existe solidaridad y participacin vergonzosa entre el gobierno que hace el mal y el pueblo que lo permite. Vctor Hugo


Lola, mi nieta, ya saben, me recrimina que, usando un viejo lenguaje, llame fascistas o fascistillas, por mejor decir, a la derecha del PP. A mi edad, qu importa ya, uso las palabras -las que me dejan, donde me dejan- como quiero. En realidad, sigo fumando (no escucho al mdico) y me permito pocos ms actos de rebelda. Asisto a manifestaciones sin alma, protesto contra la reforma laboral del PSOE y ahora del PP y me acuesto pensando en todos aquellos que, a lo largo de la Historia, hemos dejado con vida: muchos, demasiados. Ellos, sin embargo, no tienen escrpulos. Aprenderemos alguna vez? Creo que no. La izquierda transformadora, antes llamada revolucionaria, est condenada a las mil formas del humanismo, a los derechos y libertades, a las trampas que, quiz nosotros mismos, siempre tan pulcros y exquisitos, nos hemos impuesto. Recuerdo, le conoc hace aos en Pars, al seductor Jacques Vergs. Le su Estrategia judicial en los procesos polticos, reeditada aqu hace poco. Su argumento era sencillo. No reconozco este tribunal ni sus instituciones. Quiero recordar, no viene cuento, me da igual, que desde Carrillo y su abdicacin monrquico-constitucional, venimos tragando quina. Eso nos pasa por haber perdido la guerra en el Ebro. El general Rojo lo deca: con material de combate seramos invencibles. El resto, democracia de mercado o derechos individuales, son pelos de gorrino: concesiones del capital con aspecto de conquista social.

Pero nuestro movimiento no estara del todo entendido si se creyera que es una manera de pensar tan slo; no es una manera de pensar: es una manera de ser dijo Jos Antonio Primo de Rivera, aquel joven tan espaol, en el Teatro de la Comedia de Madrid, un 29 de octubre. Corra el ao 1933. Han pasado muchos inviernos, inviernos y soledades. Los curas ya no llevan pistola. Lanzados a la modernidad, han sustituido el gallardo correaje y la sotana por un cleryman con abanico (style Rouco Varela). Los jerarcas eclesisticos, pese a la arrolladora victoria del PP, caminan con paso firme y negro, entre marcial, cuervo e hipcrita, rodeados por familias catlicas, nacional-catlicas, social-catlicas (reniegan en privado de la monarqua juancarlista -mxime ahora con el affaire Urdangarn- a la que siempre han considerado traidora con el legado moral y poltico del invicto caudillo) y expresan su malestar (indignacin) ante cualquier ataque a los principios fundamentales de su identidad: aborto o educacin, o lo que proceda. Los catlicos espaoles, en permanente campaa (castrense) andan agitados despus los excesos sociales de Rodrguez Zapatero. La derecha espaola es insaciable. Est visto que, reaccionaria como es, no se conforma con dominar (si pueden, si se deja) la economa. Como si hubiera algo ms. Ingenuos.

A la derecha ultramontana espaola, cuya base social es profundamente reaccionaria, no le gusta estar fuera del poder poltico. No saben. El despacho es su lugar natural. En su delirio histrico buscan antecedentes (Pelayo o por el Imperio hacia Dios) que justifiquen su proceder. El caos actual de Espaa les parece una recreacin de la algaraba roja contra la que se alzaron -sus llorados parientes, caballeros mutilados, viudas con estanco- en Santa Cruzada. Lanzados a la calle desde que su jefe polaco emprendi el camino del santo sepulcro, la derecha tradicional, heredera espiritual de Falange y la CEDA, del franquismo, fogueada hoy en las escuelas de los neocons y las corbatas naranjas, le ha cogido el aire al poder (vencern en Andaluca y ser peor) en tiempos de recesin. Gobiernan como si fueran de montera, bien desayunados en Embassy, antes de hacerse unos hoyos en Sotogrande o donde sea. Mitad monjes, mitad soldados, tan pulcros, tan bien peinados, tan espaolazos, andan dispuestos a cualquier sacrificio por salvar(nos): una manera de ser. Algunos, con su habitual ignorancia, son todava falangistas -de la Falange fagocitada por el franquismo, la otra, la llamada social, es un espejismo, una mezquina ilusin- sin saberlo.

Ante la falta de camisas azules, camisas viejas, han llenado el vaco con dirigentes nacionales (clnicos), Intereconoma y La Gaceta (tambin El Mundo, La Razn y ABC, COPE, Onda Cero, etc.), algunos obispos desmadejados con sus secretarios de edulcorados modales, Legionarios de Cristo (rey), varios defensores de la fe catlica, Comunin y Liberacin, las huestes Opus Dei y algunas damas postulantes (hace aos abortaban en la calle Serrano de Madrid, por ejemplo) con mantilla. Las buenas y abnegadas familias (numerosas) de Espaa sonren viendo la falta de bro de los desarmados sindicatos (de clase). Borja, Jaime, Juan Luis, Jos Ignacio, Macarena, Roco, Alejandra, Mara Eugenia. Este verano pasado estaban todos con sus guitarras: la juventud del Papa: un filonazi. No dir una palabra a favor del PSOE. La Espaa de siempre, la portadora del mensaje incorrupto de la patria y de los valores (los suyos, los que sean), una forma de entender tradicin y familia, est -desde el pasado noviembre 2012- agitada y en formacin de combate. La neoeterna derecha, alimentada por sus voceros del odio, quisiera -emulando a sus hroes- volver a otros tiempos. Han empezado por la reforma laboral, una exigencia europea, y seguirn con otras batallas. Menos mal que, aos atrs, Felipe Gonzlez, el apuesto diseador de joyas, compr la lealtad y la sumisin del ejrcito victorioso con juguetes mecnicos y buenos salarios. Menos mal.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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