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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-04-2012

Notas sobre el fin del anti-colonialismo histrico
El invierno rabe

Manuel Navarrete
Rebelin


La izquierda toda, en lneas generales, est mostrando poca madurez frente a los acontecimientos en Libia y Siria. Quienes apoyan a los rebeldes no dudan en simplificar el asunto acusando a sus crticos de ser fans de Gadafi y Bashar. Tambin una porcin de quienes se oponen a dichos rebeldes denuncia, por su parte, a sus crticos por estar al servicio de la CIA o similares especies. El problema no es que desde ambos lugares se digan cosas absurdas y ridculas, sino que al final nadie habla de lo que se tiene que hablar, que es del carcter de clase de los rebeldes.

Ser ese carcter el que, en buena medida, determinar qu postura toman, de un lado, los poderes imperiales que dominan el mundo y, del otro, los contrapoderes que resisten al imperialismo. Hasta que me presenten una tesis mejor, sigo pensando que el mundo no es un caos y los acontecimientos que se desarrollan en l responden a causas y efectos que, aunque no sean unvocos, pueden analizarse y desentraarse.

Si la direccin poltica de los rebeldes libios y sirios hubiera perseguido fines revolucionarios o, al menos, emancipadores, habramos sido los primeros en apoyar ambos procesos polticos; pero no es el caso. En Libia, en un primer momento, se produjeron manifestaciones pro-occidentales, sin la menor reivindicacin de izquierdas, aunque en parte se exigieran algunos derechos civiles de lo ms legtimo, lo cual es reivindicable. Pero luego se produjo un golpe de Estado, con armamento pesado y mercenarios de la OTAN, liderado por la burguesa del Consejo Nacional de Transicin. Desde la izquierda, este segundo hecho no tiene ya absolutamente nada de defendible. Y ahora en Siria, salvando las distancias pero sin despreciar el frtil paralelismo, sucede algo similar. Los actores que dirigen el proceso poltico sirio son el Consejo Nacional Sirio y el Ejrcito Libre Sirio, es decir, dos fuerzas organizadas por el imperialismo.

Una parte de la izquierda acomplejada dio excesivo crdito a determinada propaganda de guerra, segn la cual el gobierno libio se dedicaba a bombardear civiles desarmados, por puro sadismo. El verdadero problema, no obstante, es el pensamiento desiderativo, que nos lleva a ver revoluciones donde no las hay, por el mero hecho de que desearamos que las hubiera. Ni el Consejo Nacional Sirio ni el Ejrcito Libre Sirio son fuerzas revolucionarias. Tampoco las fuerzas islamistas reaccionarias que han reinstaurado la Sharia el Libia y que pretenden hacer lo propio en Siria.

Se nos habla de bases revolucionarias traicionadas por sus direcciones polticas. Dnde estn? Alguien puede documentar alguna crtica de dichas bases frente a la invasin de la OTAN que devast su pas? Tambin se nos habla de grupos marxistas sirios que apoyan a los rebeldes. Cules? El nico que conocemos, el Partido Comunista, ha hecho pblico su rechazo a las fuerzas rebeldes, reaccionarias a su entender. Existen realmente estos grupos marxistas, o han sido inventados por mentes calenturientas, eurocntricas y occidentales?

En nuestra opinin, el proceso libio vivi dos fases sucesivas; pero, en ambas, la izquierda debi buscar una solucin negociada, como proponan Cuba y Venezuela. En las primeras semanas, estbamos ante el caso de una guerra civil, en la que, al menos con la informacin de la que disponamos entonces, no deba apoyarse a ninguno de los dos bandos. Posteriormente, la situacin cambi porque se produjo una invasin imperial extranjera, de la que uno de esos bandos pas a ser colaboracionista. De esto, aqu, en la metrpoli, tuvimos conciencia entonces, aunque no es descartable que las rebeliones tuvieran este carcter desde el principio.

Ahora que disponemos de ms datos, y de una visin de conjunto, es el momento de que cada cual, con humildad y respetando la verdad histrica, rectifique lo que deba ser rectificado. No debe olvidarse que, en esta segunda etapa (la de invasin otnica en apoyo de los rebeldes), resurgi un clsico de la izquierda acomplejada: el ni-nismo. El problema no era tanto lo que la frmula ni-ni deca en s misma, sino lo que esa frmula deca a travs de sus silencios. Porque faltaba un tercer ni: el referido a los rebeldes y, por tanto, la expresin se asociaba polticamente a la justificacin poltica de dichos rebeldes. Es decir, a la justificacin poltica de un bando de la guerra civil que estaba apoyado por el imperialismo, el cual acab interviniendo de manera directa. La frmula ni-ni, pues, se mostraba claramente insuficiente, no por su sentido literal, sino por su incapacidad como eslogan, ya que no jerarquizaba debidamente las contradicciones del complejo proceso poltico que estbamos viviendo.

Si se enfrentan una potencia imperialista (apoyada por mercenarios locales) a una colonia, desde una perspectiva antiimperialista hay que defender la victoria de la colonia; y esto no significa dar culto a la persona de sus tiranos. No haca falta idolatrar a Atahualpa para desear la derrota de los espaoles, ni apoyar a la dictadura militar argentina para desear la derrota de los ingleses en las Malvinas. Tampoco era preciso ser fan de Saddam Hussein para desear la derrota del imperialismo norteamericano y europeo en Iraq. Sin embargo (a pesar de la existencia, en los tres casos, de colaboracionistas al servicio del imperio), todas esas derrotas deban desearse, hecho del cual el fallido eslogan ni-ni no daba buena cuenta en lo literario (aunque, en lo literal, fuera asumible, al no ser, efectivamente, nosotros partidarios polticos ni de la OTAN, ni de Gadafi).

No hay que ser demasiado perspicaz para intuir el olor a petrleo de la amenaza imperialista sobre Libia, Siria e Irn. Sabemos que Gadafi, anteriormente sometido al imperialismo, planteaba desde 2009 medidas como la re-nacionalizacin del crudo (y para quienes sean ms desmemoriados o, en el fondo, ms crdulos con los medios de propaganda capitalista que con los medios alternativos, incluyo el siguiente enlace: http://youtu.be/ZG8QvEoFKwg). En cualquier caso, si se produce una intervencin extranjera de carcter imperial, el antiimperialismo no se basa en la calidad democrtica del invadido (y ni siquiera en su calidad socialista), sino en la calidad saqueadora del invasor. En este sentido, los ni-ni no han salido a la calle como hicieron cuando la guerra de Iraq. Es decir, con ellos la propaganda de guerra de los medios capitalistas ha funcionado, y esto ha supuesto el fin del anti-colonialismo histrico.

Lo ms que hemos obtenido de ellos es una afectada condena de los medios brutales empleados por los rebeldes, seguida de una condena de toda violencia, as, en general. Ni siquiera en eso podremos ponernos de acuerdo. Una revolucin es violenta por definicin. El problema no es que los rebeldes sirios y libios empleen la violencia, sino para qu la emplean. La OTAN no apoya a las FARC, ni a los Naxalitas. La OTAN no apoya a autnticos revolucionarios, ni la prensa capitalista tampoco. La OTAN no defiende a pueblos masacrados (que se lo digan a Palestina). El imperialismo no ayuda a los pueblos contra sus tiranos (que nos lo digan a nosotros, nietos de los que perdieron la Guerra contra el Fascismo).

Quin sabe si el siguiente peldao de la escalada imperial, de la pugna por el control geopoltico y energtico del planeta, no ser Irn? Y, por desgracia, en el caso de que un conflicto de esas dimensiones estalle, con nuestras tareas antiimperialistas todava sin cumplir (aqu, en la arrogante metrpoli), sin una sola manifestacin contra la guerra convocada y sacada adelante, una vez ms cabr preguntarse cunto tardarn algunos en inventarse una revolucin popular en Irn.



Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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