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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-04-2012

Rojos pensantes
Siete preguntas a Joaqun Miras

Miguel Angel Domenech
La Cabaa de Babeuf


Imagnate un local de baile (popular, aunque ya no se dan). En el local hay una serie de parejas bailando. Unas lo hacen sueltas y otras enlazadas, otras son enamorados, otras, parejas circunstanciales, etc,... puedes hacer el comentario sobre las parejas siguientes que se forman en la pista ?:.- Repblica/ Estado.- Democracia/ Republica.-Partidos polticos/ hegemona

Burla burlando el habitante de La cabaa de Babeuf plantea en esta encuesta los grandes problemas del debate filosfico poltico. Trato de responder brevemente y con claridad en la medida de mis posibilidades. Y acepto la propuesta de entrevista por escrito, lo que obliga no solo a responder al hilo de preguntas previas, elaboradas con agudeza por nuestro babuvista, sino a aceptar por regla el ser ms expresionista, como lo sera espontneamente una conversacin, una carta, o una entrevista oral.

En relacin con esta primera pregunta: Repblica res publica, politeia en griego, son palabras antiguas con un sentido denso, muy cargado, que no permite usarlas sin tener en cuenta la tradicin intelectual dentro de la que adquieren su sentido. Son, por cierto, palabras imprescindibles para pensar la poltica como instrumento real de liberacin. Estado, por el contrario, es palabra moderna. Probablemente surge en un primer uso poltico para referirse a algo con cierta semejanza a lo que expresa la palabra politeia o res publica: Me refiero a la expresin: estados generales; vale decir los representantes de los cuerpos sociales que organizan la sociedad al dirigir la produccin y reproduccin del ethos, la cultura material de vida que es lo que caracteriza a cada sociedad, a cada comunidad social ordenada: nobleza, clero, y gremios o, en general, estado llanoporque polis, civitas, politeia o res publica es ante todo una comunidad, una comunidad. Y una comunidad social es una comunidad de cultura material de vida, o sea, de ethos, de espritu objetivo as lo llama Hegel; y tambin: ethos, eticidad y sustancia humana; estado tico-. Por eso Aristteles, el gran clsico, el que segn Hegel es el mayor filsofo de todos los tiempos, reflexiona una y otra vez sobre el ethos; las ticas las tres ticas aristotlicas--, que no son manualitos para no pecar sexto mandamiento, dime hijo mo-, sino saber segundo o reflexin filosfica sobre la cultura material humana que organiza la vida social de la polis, y sobre sus axiologas y sobre las facultades del sujeto que la generan. Una politeia, una res publica es una comunidad social de ethos y vida comn, deliberadas y ordenadas polticamente, en la que la creacin del ethos, en consecuencia, es fruto de la deliberacin y la praxis de todos sus ciudadanos en igual libertad; en la que el ethos adems crea seres humanos libres y sin ellos tampoco existe el ethos es causa y efecto a la vez-. Que la cultura material que ordena la polis es producto de la actividad poltica voluntaria de cada individuo, que aplica los saberes culturales posedos para su produccin y reproduccin, es una percepcin tan clara en el pensamiento que elabora el concepto de ethos, que la cultura es reflexionada desde las facultades del sujeto que participan en la creacin del mundo ordenado: facultades o virtudes ticas y facultades o virtudes dianoticas, etc. Pero en la modernidad a pesar de que la palabra Estado fue debatida y se quiso resemantizarla de diversas formas tambin en torno a esta palabra hubo lucha de clases-, gana la que todos sabemos, gana el sentido convencional de la palabra y, lo que es peor an, se pierde consciencia del sentido opuesto, el de la tradicin milenaria mediterrnea. Vale decir que pierde la lnea que trata de sostener para la palabra Estado, surgida como tal palabra en la modernidad, el significado res publicano e incluso y, para ser ms precisos, el griego. Pierde, por ejemplo, el esfuerzo de Hegel, el gran filsofo que trata de recoger el sentido tradicional definido por la palabra polis y actualizarlo con las nuevas realidades emergentes en las sociedades contemporneas. Este sentido es solo recogido por los hegelo marxistas pe Gramsci, que lo es, o Bloch, o Korsch o Lukacsaunque algunos lo hagan de forma crptica por precaucin. Por cierto, tambin Benjamin, cuyo oscuro lenguaje adquiere luz al ser cotejado con las teoras del telogo filsofo Hegel, sin necesidad de recurrir a la Cbala; incluida la nocin de dbil fuerza mesinica de los explotados-.
Cul es ese sentido: pues para resumirlo -pero ya queda claro que es otra cosa y de otra matriz y que el baile de la pareja repblica estado, en el sentido convencional de este ltimo trmino, es contra natura-, es el significado acuado por el liberalismo, el cual nace como pensamiento reaccionario en las postrimeras de la Revolucin Francesa y durante el periodo postnapolenico, con Benjamn Constant, y Guizot, y Tocqueville. El estado se entiende en el liberalismo como el conjunto de aparatos administrativos compuestos por funcionarios y sedes locales que siguiendo la legislacin vigente recogida en la constitucin y en los cdigos y decretos actan sobre la sociedad civil. Recaudacin de impuestos, uso de los mismos para la creacin y sostenimiento de diferentes servicios etc. Aparatos y servicios ms o menos numerosos segn etapas sociales y correlaciones de fuerzas. Queda por tanto al margen y enfrente la sociedad civil. La comunidad social, su ethos o cultura, que es lo que la fundamenta, el saber a partir del cual se dirige la praxis que produce la sociedad material. En consecuencia, la cultura material de vida existente, los valores antropolgicos de la misma, etc quedan al margen de la actividad del estado y funcionan como en caja de niebla, a espaldas de la poltica, esto es a saber en qu manos queda su produccin es una pregunta retrica, sabemos todos su respuesta-. Por el contrario, para Hegel, que recoge la tradicin res publicana, comunitaria, clsica, la comn en la antigedad, y que se puede encontrar en la obra de Aristteles, y en el pensamiento poltico iusnaturalista medieval y de la Edad Moderna, entre otros: el estado es el ethos cultural sin el cual no hay comunidad, el ideal de vida llevado a concrecin. Para Hegel, por debajo de la constitucin escrita hay otra, la verdadera constitucin de la sociedad, que consiste en el entramado de relaciones sociales - culturales que organizan la comunidad social, la totalidad de costumbres y usos de vida o cultura en el sentido antropolgico del trmino, desde el trabajo hasta las relaciones sexuales y el asueto; los valores que fundamentan la misma. Y si una constitucin escrita choca con este espritu Espritu Objetivo o ethos: el verdadero estado o estado tico- pues salta hecha pedazos, queda vaca. El ejemplo que tena en mente Hegel era la constitucin espaola de 1809 o de Bayona. Estado como estado tico, como eticidad. Que tiene como contraparte el estado como colectivo de seres humanos individuales que recogen esos saberes, producen y reproducen segn esos saberes; los imponen, los actan en sus vidas: los agentes productores primordiales son los propios ciudadanos, no los funcionarios

En esta formulacin continuadora y actualizadora del legado clsico, es principio creador o productor de estos saberes que constituyen el estado, no una burocracia administrativa, sino todo individuo, cualquier individuo, que impulse activamente, conscientemente, la implantacin de esas o aquellas formas de vida, o que crea activamente otras nuevas, basadas en la misma antropologa y axiologa de valor, o por el contrario en otras nuevas. Como dice Gramsci en el Cuaderno 3 de los Cuadernos de la Crcel, (pag. 340. & 61. Lucha de generaciones) un padre de familia es un funcionario, es decir es un verdadero elemento creador de estado a travs o mediante su actividad, si se aplica a ello y hace eso en su mbito de influencia prctica: todo ciudadano es estado en potencia, porque ser estado es ser sujeto activo cuya praxis busca, en relacin deliberativa con los dems, o sometido a voluntad ajena de forma coactiva, crear la comunidad de cultura y vida; si lo hace voluntariamente y dentro de un movimiento comn que crea comunidad, su prctica comn es, en ciernes, una res publica. Me parece interesante sealar este cuaderno de Gramsci, uno de los de fecha ms temprana, para mostrar que estas ideas estaban ya desde el comienzo, en el pensamiento de este gran pensador. Que proceden en consecuencia de su formacin hegeliana y croceana.

Cuando no se parte de esa forma de entender el estado tenemos desde luego y en primer lugar un descontrol sobre la sociedad civil que queda en manos de otros poderes, no por privados menos colosales y existentes, los cuales aprovechan esto y crean esclavos a su servicio, quienes tienen que reproducir en sus vidas el orden social que los poderes privados exigen.

Pero adems, y para seguir sealando diferencias, en el estado tal como lo conocemos, esto es, en el estado liberal, los aparatos poltico administrativos de estado estn profesionalizados, esto es, quedan en manos de una clase poltica y de una burocracia. Los cargos y las tareas y deliberaciones que deberan ser pblicos son propiedad privada de esos polticos. La privatizacin de la poltica y su sometimiento a las burocracias es herencia feudal del periodo del absolutismo, tal como nos recuerda Rousseau. As mismo lo recoge y expresa Marx en La Guerra Civil en Francia, al hablar de la organizacin poltica estatal capitalista: forma ltima de aquel poder estatal que la sociedad burguesa del feudalismo y la sociedad burguesa adulta acab transformando en un medio para la esclavizacin del trabajo por el capital definicin de imperialismo, por cierto- (Ricardo Aguilera editor, M 1970, pag. 65). En este texto Marx reflexiona sobre cmo es posible en el presente, esto es en el mundo social complejo surgido del capitalismo, con sociedades de millones de ciudadanos, recobrar, contra la burocracia estatista privatizadora de la poltica en manos de una clase poltica, la vieja traditio res publicana, que devuelva la deliberacin y la ejecucin poltica a todos los asalariados y subalternos, y que haga que la poltica ejerza la soberana sobre la totalidad de la praxis social y no solo sobre una pequea porcin, que la poltica vuelva a ser una praxis intersubjetivamente deliberada y colectivamente ejercida capaz de generar y controlar un ethos. Una praxis que incluya a la mayora social, esto es, que parta del reconocimiento universal del otro como un yo subjetivo. Precisamente en esa obra recuerda Marx lo insatisfactoria que haba sido la consigna de repblica enarbolada por los obreros en la revolucin de febrero de 1848, un vago anhelo. En contrapartida en la actualidad de 1870 surga un verdadero proyecto res publicano, radicalmente poltico y por ello precisamente, anti estatista, anti burocrtico, a la antigua, que estableca instancias de deliberacin y decisin directas de diverso nivel. Por ello, escribe, aquella tupida red de comunas a extender por toda Francia daba respuesta a las exigencias abstractas necesarias para que el rgimen organizado no fuese una mera monarqua electiva como cspide de una burocracia, sino una res publica segn las normas de la tradicin: la Comuna era la forma positiva de esta repblica (pg. 64) para la actualidad (positiva, palabra del lxico hegeliano: el concepto deviene idea: o concepto ms sus condiciones concretas de realizacin concreta a la altura de la realidad histrica actual concreta. No es Lenin, es Hegel). Y por ello: los cargos pblicos dejaron de ser propiedad privada de los testaferros del gobierno central (pp. 65 y 66).

La vieja traditio del estado sive societas civilis ordenada por la participacin democrtica ciudadana, que se expresa en estas citas, no es la del Estado en su sentido liberal. Siempre hemos interpretado la teora poltica de Marx y su teora del estado como teora liberal. En consecuencia, este texto, aunque pobremente y mal comprendido por nosotros, nos suscitaba sorpresa a pesar de ello, porque no encajaba con nuestras tradicionales interpretaciones al hilo del liberalismo, y le atribuamos a Marx nuestra perplejidad ante su texto: era l el que vea, sorprendido, el alborear de una nueva forma poltica sin races algunas con el pasado y la saludaba. Sin embargo, Marx era por formacin un filsofo conocedor de la tradicin poltica comunitaria clsica y un discpulo de Hegel. A lo largo de su obra Marx siempre preserv el doble legado clsico y hegeliano Ideologa Alemana. Crtica de la filosofa del derecho de Hegel, etc., donde vuelve contra Hegel la idea compartida con l de que el estado es un ethos y deben por tanto estar en relacin la sociedad civil y la poltica institucional, etc.

Evidentemente, tambin el gran Robespierre se haba expresado a la antigua antiguo es para el liberalismo todo lo anterior a l-: Cuando el gran revolucionario incorruptible se dirige a la convencin y les dice, no queris gobernarlo todo; dejad a las comunas, dejad a las familias sobreviene la interpretacin habitual, segn el cdigo ideolgico liberal: Debe de ser que Robespierre reclama la restriccin del mbito de la poltica, dejar la sociedad en la penumbra de la privacidad. Pues no es eso lo que dice la frase: sino que las comunas y las familias puedan intervenir en la deliberacin y en la construccin pblica de la repblica de la virtud, dado que la virtud es inherente al pueblo virtudes ticas y dianoticas.:suena?-. No es la renuncia a la poltica ni su restriccin a los aparatos administrativos y su actividad, es la poltica como orden social a crear entre todos, orden que se expresa en primer lugar en la forma del vivir, en el ethos. Robespierre, Marx, eran antiguos. Ni ellos ni Hegel, a pesar de los equilibrios que realiza para que sus ideas fueran aceptables para la monarqua prusiana, estuvieron contaminados por las actuales teoras liberales sobre el estado que lo reducen a los aparatos funcionariales y a sus funciones inmediatas.

En esta lnea siguieron solo los marxistas neohegelianos, que consiguieron aprender la lnea intelectual que une el legado comunitarista clsico al marxismo. El enriquecimiento de Hegel que dota a cada ciudadano de una profunda subjetividad autoconsciente que anhela la libertad y busca crear un orden comunitario, siempre bajo el control de las subjetividades, que se reconocen mutuamente y crean un nosotros en deliberacin que posibilite el expresarse y autodesarrollarse plenamente.

Quedan ya a la vista los dos problemas de la utilizacin de eso que el liberalismo denomina estado, para hacer poltica. Deja fuera de la deliberacin y de la actividad poltica a la mayor parte de la realidad social comunitaria, que se convierte en mbito privado, y, adems y por otra parte, el instrumento poltico efectivo, queda privatizado o puesto en manos de una clase poltica que genera sus intereses corporativos. Por tanto, el primer par se excluyen. No casan bien, no bailan bien estado en su sentido normativo actual, el liberal, y democracia, porque esta queda restringida a elegir cada x aos al grupo de la clase poltica que se apropiar de la administracin burocrtica, y adems la administracin burocrtica tiene poca capacidad de incidir en la sociedad, cada vez menos, como vemos. El poder de un presidente de repblica es el de un monarca; es un monarca electivo, pero monarca ante el ciudadano, y una caricatura de poder ante el banquero de la sociedad civil

S bailan bien los trminos res publica y democracia. Res publica, politeia, polis, civitas, sociedad cuya ordenacin, comunidad cuyas formas materiales de vida, se ordenan como consecuencia de la praxis colectiva dirigida mediante la deliberacin y la iniciativa constante de los ciudadanos. Y democracia: conversin en ciudadanos soberanos de la res publica, de la totalidad de sujetos, es decir de los pobres, de los subalternos, con el fin de que ordenen su comunidad, la hagan a la medida de su voluntad y necesidades. Un orden democrtico, un ordo, un mundo, un todo ordenado; ordenado, por ejemplo, mediante un Ordine Nuovo. Tambin la tercera pareja de bailarines tiene mucha miga. Porque el agarrrao necesario para implantar una hegemona, el meneo que hay que imprimirle al partenaire en el baile, no lo practica cualquier organismo de esos que es convencional denominan partidos. No esas instituciones que se especializan en la representacin o mediacin de los electores en las instituciones administrativo gubernativas de gobierno. Porque hegemona no es, como tratan de hacerle decir a Gramsci, propaganda, discurso simblico. Es hegemona crear ya, y antes de acceder al poder poltico en su sentido restringido, una nueva forma de vida material, una nueva cultura de vida, un ethos nuevo. Y si recordamos lo que hemos dicho antes, eso implica estar creando ya en los intersticios del ethos existente, esto es, en los intersticios del estado existente, en lucha contra el mismo, el nuevo estado, el nuevo orden civil, la nueva forma de vida. Ese tipo actual de partido ligero por usar la peyorativa palabra que emplea Lucio Magri en su ltimo y memorable libro: El sastre de Ulm. El comunismo del siglo XX. Hechos y reflexiones, Ed. El Viejo topo, B. 2010- no sirve. Se necesita pues reconsiderar lo que debe ser debe ser porque es necesario- la nueva forma partido. Ha de ser, para ir a Gramsci y a Hegel, del que el primero toma la inspiracin, como la Reforma luterana. Una visin del mundo que sea difundida entre los subalternos y les ayude a saber qu axiologas deben inspirarlo en su praxis autoprotagonizada, qu tareas emprender, a qu recursos intelectuales recurrir, porque la creatividad capaz de crear una nueva cultura no surge de un ncleo de sabios. Ni es un programa. Ha de ser una religin como la Reforma en la que todos son sacerdotes y todos interpretan el legado intelectual recibido en patrimonio, deliberan sobre el hacer utilizando el legado y el saber en general a la luz de su experiencia de poder, deciden qu hacer. No como el catolicismo en el que solo los sacerdotes deliberan y an ni esos, sino, slo el Comit Ejecutivo- y lo que se decide se impone por fuerza a las bases. Esta otra forma de pensar la poltica, la catlica, pura teora de elites sacras- puro partido destacamento de vanguardia, es criticada por Gramsci. Riforma luterana- s, catolicismo, y humanismo renacentista cultsimo pero encastillado al margen de las masas, Erasmo, no. Religio sin dogma, religio con dogma. Un partido pues distinto para generar ethos cultural sin esperar a los sacerdotes. Vuelvo ahora de nuevo a Magri: para l, como para Gramsci, en quien se inspira, como para el Lukacs que estudia la penetracin del capitalismo del consumo en la vida cotidiana, el partido es necesario. Magri reflexiona sobre los movimientos del 68, sobre lo que en definitiva fue su derrota final, la nuestra que vivimos ahora. Y fueron derrotados porque no tenan consciencia de la necesidad de crear un nuevo ethos, sentan como neutral el existente, dentro del cual planteaban la solucin de sus reivindicaciones concretas; pero era el del capitalismo. Se necesita una fuerza intelectual que proponga el objetivo a la conciencia de los subalternos, que les dote de recursos intelectuales para autoprotagonizarse en sus vidas y elaborar cambios moleculares hacia el nuevo ethos o estado.

Se necesita elaborar eso pero con un partido nuevo que sepa ser educador de las facultades que las gentes debern protagonizar. El pneuma creador es inmanente a la especie humana, pero hay que sealarle que lo tiene, y que debe usarlo: no lo saben pero lo hacen, pues deben saberlo para hacerlo con toda consciencia, para ser espritu creador con plena consciencia.

Con un intelectual colectivo que sea instrumento instrumentum: siervo, es palabra fuerte- al servicio de la formacin para la praxis de los subalternos, una praxis que debern crear ellos y dirigir autotlicamente ellos, los subalternos. Tenemos, entonces s, el partido que baila bien con la hegemona.

Los otros son un nene de tres aos metido en el traje de su padre y que quiere bailar con una seora de la que no sabe nada y encima pretende ensearle cosas de la vida. Pero este intelectual colectivo partido subordinado al soberano y doa hegemona, s se acoplan en el baile, se conjugan, ms que con swing, con erotismo frvido.

Y hasta aqu mi primera respuesta; me disculpars, amigo babuvista, el que hasta aqu la respuesta a la entrevista me est saliendo bastante ladrillo.


En el marco de lo que haya detrs de frases solo aparentemente inocuas tales como somos gente corriente, no nos ocupamos de poltica, o yo paso de poltica o yo no entiendo de poltica, o incluso poltica= kk, puedes explicar la relacin entre estas tres nociones:.-Filosofa- actividad poltica- vida cotidiana

Creo, querido Babeuf, que me sugieres un hilo argumental muy interesante, que voy a seguir.

En primer lugar el apoliticismo existente. Y luego las posibles alternativas de lucha, de propuesta de praxis. Comenzando por el apoliticismo, creo que podemos pensar en tres grandes causas. La primera estos ltimos 25 aos de delirio y delito econmico. Podemos fijar su estallido flagrante perceptible entonces ya desde el sentido comn, en los fastos del 92 por denominarlo con la frase de Manuel Vzquez Montalbn, uno de los nuestros. Era una frase, recuerdo, que encolerizaba a honestos militantes socialistas de base: era una frase que revelaba el antisocialismo de esos comunistas, ahora que todo era prosperidad, que todo era ya radiante porvenirtodava Espaa no era el segundo pas en Aves, ni en aeropuertos vacos. Esta sociedad del despilfarro cre una cultura de derroche de gasto sin sentido, entre las masas populares, que iba acompaada de una presin ideolgica fortsima contra todo lo que fuera cultura, contra todo lo que fuese, esto es cultura poltica democrtica: en el 86, por ejemplo, la movida cantaba cosas como ay qu pesado, ay qu pesado/ siempre pensando en el pasado/ no te lo pienses demasiado/ que la vida est esperando Como se echa de ver, fue la extraordinaria calidad de letra y msica la que oblig a los dirigentes artsticos espaoles de entonces, socialistas, a tener que propulsar, contra sus propios sentimientos encontrados, a gentes y letras como sta aqu, Mecano: arte del geno-.

Tambin hay que sealar como segundo elemento, el rgimen poltico en que vivimos, rgimen esto es poltico social cultural. No me refiero ahora tan solo a la inenarrable corrupcin econmica de las fuerzas polticas. No pienso ahora slo en el unto, puro y duro, colosal en sus cifras, desde luego: a Camps, los Pepios, al ladrillo de IUMadrid, a los casos Palau de la msica, inspectores de hacienda pillados en la corrupcin. Sino a la colusin directa entre polticos y banca, de Guindos, Salgado, Trillo, Solves, a la unin Slim Gonzlezque han despolitizado a mucha gente por desconfianza ante la flagrante des moralizacin de la poltica. Tambin a la renuncia a ejercer como partido denso para volver a citar a Magri- por parte de las fuerzas de la izquierda: a la aceptacin del partido ligero o de profesionales dedicados s la representacin de los ciudadanos en las instituciones, partidos mediacin en vez de partidos instrumento o percha organizativa de la praxis protagonista de las masas, que permitiese a las clases subalternas protagonizar directamente la praxis poltica y poder experimentar y desarrollar una cultura diversa, y dentro de ella una relacin diversa con la poltica, no basada en la experiencia de impotencia y ajenidad. Esto tiene fecha: el nuevo modelo organizativo del PCE y del PSUC en Catalua: de las clulas desde luego pensadas para la clandestinidad y a revisar- a la agrupaciones cuya nica posibilidad de intervencin era la de mano de obra para distribucin de propaganda durante los periodos electorales. Una variatio de la que no se puede culpar solo a una hombre, pues nadie luego quiso rectificarla nunca.

Como ltimo, de enorme importancia, debemos citar la herencia social cultural del franquismo. Unas clases medias, uno de cuyos trazos fundamentales era el apoliticismo bien aprendido, creadas desde comienzos de los sesenta. Precisamente, y vuelvo a Magri, este pensador someta este asunto a consideracin del pblico que acuda a la presentacin en Barcelona de su ltimo libro. El texto de su conferencia no pude asistir al acto de presentacin y no s si se atuvo al guin de su texto- est colgado en Rebelin. Si un Estado es un ethos, si un estado es una cultura material de vida, podemos ver hasta qu punto el franquismo, el estado franquista sigui vivo y operante. Esta cultura de clases medias consumidoras, de formas de vida y principios acuadas por el franquismo, la cultura cimentadora del estado franquista, bien consolidada desde la estabilizacin del 59, cuyos elaboradores, por cierto, fueron los economistas Juan Sard i Dexeus, y Enrique Fuentes Quintana demcratas de toda la vida posteriormente-, hasta la muerte del dictador, explica el por qu de de todo eso. No solo porque Juan Carlos sea la creacin poltica del rgimen anterior. Ni porque en el partido ms importante desde 1982 el PSOE -22 de los 30 aos posteriores al tejerazo- hayan anidado personas como los Bono y su constitucionalismo como el vino de jerez y el vino de rioja, los Rosa Dez, los Ibarra, los Fernndez Vara hoy en el PSOE, ayer importante dirigente del PP durante aos-. Ni porque los hijos de la burguesa catalana hayan podido dirigir el PSC: los Maragall, etctera gent de tota la vida gent de casa bona, com cal; no traduzco, porque se entiende; lamentablemente, este tipo de frases es un universal lingstico en la lengua poltica y cultural espaola-, que muestran la amalgama social que se produjo, vale decir, Va Julia de Barcelona y los pueblos de la serrana andaluza con los barrios de Sant Gervasi de Barcelona y de los Remedios de Sevilla. Sino porque si un estado es un ethos, una cultura material de vida, hemos vivido hasta un extremo asombroso en la continuidad de un estado. Las clases medias franquistas, el bloque social creado por el franquismo, sus formas, modernas ya, y consumistas, de entender la vida y vivirla, el espritu objetivo o cultura cotidiana del franquismo, han seguido siendo el cemento del nuevo Estado, aunque nuestra forma de interpretar las cosas de la poltica, basada en las gafas del liberalismo, segn las cuales, el estado es una maquinaria institucional poltico administrativa, nos imposibilitaba ver eso ms all del rastreo biogrfico: tal o cual nacionalista de tota la vida que rascas y te sale con sahariana blanca y adhesin inquebrantableEl xito del franquismo se fundamenta en que el desarrollo econmico fue acompaado de ese desarrollo histricamente sin precedentes de una produccin capitalista de bienes de consumo para la vida cotidiana, que, sin contrapartidas polticas que la frenaran, y, an ms, con una izquierda que la identificaba con el progreso, destruy las culturas materiales de vida, campesinas y urbanas, sobre las que se generaba y regeneraba la izquierda. Lukacs, Pasolini, lo detectaron en su tiempo, sin que sus voces tuvieran mucho eco. Probablemente tambin los ms agudos entre los polticos de Il manifesto Y antes que todos ellos, la tajante revisin en profundidad de Gramsci, que propona la creacin de una cultura material de vida nueva como medio para instaurar un orden nuevo: las nuevas trincheras y casamatas, la hegemona. El viejo Lukacs deca que Gramsci haba sido el ms agudo de todos ellos nosotros-. quines eran nosotros? Los marxistas positivistas desarrollistas?. No, los neohegelianos. De hecho, lo que quedaba ya claro a finales de los aos veinte, para quien lo mirara de frente, era que el modelo articulado como recambio poltico frente al fracasado y agotado modelo previo de la socialdemocracia se quedaba corto, haba sido derrotado en Europa occidental. La URSS era un pas arrinconado poltica y econmicamente, no la gran potencia vencedora de una guerra mundial. Y que se deba abrir los ojos, y repensarlo todo al resplandor de las colosales llamaradas de una derrota sin paliativos, estado, partido, cultura, luchatal como lo asuma esta minora. Pero perdname tanta digresin y la poquilla cursilera.

En Espaa el gran salto sin red se produjo en poco ms de quince aos. Todo esto explica el transformismo feroz padecido por las fuerzas polticas de izquierdas, tanto a nivel molecular, o sea de biografa individual de sus bases sociales, de sus votantes, de sus militantes y cuadros, cuyas formas de vida, cuyas expectativas de vida y aspiraciones eran cambiadas por las nuevas culturas materiales de vida que asuman en sus vidas cotidianas y en sus pensamientos cotidianos, como, tambin, a nivel institucional, de conformidad y encuadramiento dentro de esa cultura forjada bajo el franquismo, que ha sido la verdadera constitucin espaola, aceptando su existencia como base social sobre y desde la cual trazar la nueva hoja de ruta: no hay ms cera que la que arde, todo el pescado est vendido. Sobre este bloque cultural previo franquista se levant, en continuidad, la cultura psoesta del pelotazo y el despilfarro, la cultura del endeudamiento, del derroche de los pobres.

Por cierto que si lo que hemos denominado marxismo y hemos practicado era en muy, muy buena medida una variante del pensamiento liberal, sociologismo economicista, debemos decir que tampoco ha habido, tampoco hay ya, otras escuelas que elaboraran interpretaciones ms agudas. Pienso en la inexistencia en Espaa de anlisis comunitaristas neoaristotlicos que, de existir, hubiesen concebido el estado, a la manera de Aristteles, -o Toms de Aquino- como un ethos, como la cultura que organiza la polis, y cuyos anlisis hubiesen sido dignos de orse y leerse... Es decir, la iglesia catlica a la que le hubiese correspondido sostener este anlisis, carece de corpus intelectual orgnico; se ha entregado al liberalismo para hacerse con el oro y la gloria, ha firmado un contrato con sangre, y carece de pensamiento propio. En Espaa. Esto es mucho ms importante que toda la pederastia que haya en el clero, que, seguro, es mucha, mucha. Porque sin pensamiento propio no se llega nunca muy lejos, menos an en tiempos de tribulacin. A nosotros nos lo van a contar. Nadie se fija en nuestras barbas para poner las suyas a remojo.

Pero esta situacin social que produce el apoliticismo se encuentra en franca disgregacin como consecuencia de la nueva situacin histrica que vivimos. La feroz transformacin social que el capitalismo est imponiendo en nuestra sociedad, el abandono de sus tradicionales, desde principios de los sesenta y hasta ahora, lneas rojas, que le garantizaban a las diversas fracciones de la burguesa espaola un consenso y una hegemona social. La situacin de pobreza y explotacin, de desregulacin econmica y social que han impuesto. No se trata de que otro mundo sea posible, sino de que este mundo ya no es posible. Un bloque social histrico, una cultura material de vida, la que hemos conocido durante los ltimos 50 aos quienes ramos nios y estbamos en alguno de los puntos en los que comenz a prender, por ejemplo Barcelona, entra en disolucin como consecuencia de las polticas voluntariamente queridas de la burguesa, del capitalismo. Y esto pone en crisis los equilibrios polticos de las fuerzas asentadas en el mismo. No solo el PP, que ha perdido 400.000 votos en menos de un ao en Andaluca, por ejemplo. Podemos ver, por ahora la crisis del BNG, y cosas semejantes, ya que no necesariamente iguales, pueden darse en el PSOE y en IU etc. En estas circunstancias no es verosmil creer que no van a producirse en todos los mbitos, grandes cambios: el trueno ser gordo, pero que muy gordo que deca el maestro Bretn.

Es momento particularmente oportuno. La vuelta de la lucha de clases seguro que va acompaada de la vuelta de la poltica, como ya estamos viendo. Una poltica que debe ser ante todo un medio que posibilite la autoorganizacin de la gente para incorporarse a la lucha. Que es precisamente lo que no se promueve desde las fuerzas oficiales de la izquierda. Pues como dice un amigo poltico y poeta, en un artculo publicado en El Pas de Galicia, David Rodrguez, el quince M, del que todos nos alegramos, es con todo una seal de la incapacidad de organizacin de la izquierda.

Volver a recuperar la prctica poltica desde la izquierda exige recoger como gua esa triada de elementos que t me sealas, amigo babuvista: filosofa, actividad poltica, vida cotidiana, que casi parece un resumen de algn texto de Gramsci, por ejemplo, de los del cuaderno 10 sobre la filosofa de Benedetto Croce, tan inspiradamente hegeliano. Se necesita aprovechar la situacin para comenzar a crear una nueva cultura de vida, esto es, un nuevo ethos, una nueva hegemona cultural o un nuevo estado, desde ya, desde los intersticios de lo que hay. La poltica debe interpelar a la experiencia de cada persona, la que surge de su vida cotidiana, debe interpelarla a la accin, esto es a incorporarse a la lucha organizada, y debe ser capaz de proponer tareas, que deben ser asumidas directamente por cada persona: esto es que exijan la creatividad de cada individuo, no que el individuo obedezca las directrices en una nueva versin de fordismo poltico, de cadena de produccin poltica cuyo puesto de mando est fuera de sus operarios. Crear una nueva cultura es el elemento fundamental, luchar contra las agresiones feroces de la clase capitalista es el asunto inmediato. La poltica es aqu el nombre que recibe la filosofa, una filosofa que sabe que la historia es el resultado no previsible en tanto que dialctica, que proceso real en el que constantemente surgen nuevas y no pronosticables capacidades subjetivas y situaciones objetivas como consecuencia de la propia actividad organizada- de la praxis humana, que el nombre de la praxis humana que se plantea la transformacin del ethos histrico es poltica, que por antonomasia la filosofa que pugna por cambiar el modo de vivir es el filosofar praxeolgico que se denomina poltica. Porque una filosofa solo es tal, solo permanece en la humanidad, aunque en lo inmediato o aparente desaparezca como cuerpo de ideas, en la medida en que pasa a objetivarse en el mundo e imprime su huella en l y lo transforma, y la praxis que ejecuta esa tarea y modifica la sociedad y al ser humano, -y hace que la historia cambie- es la poltica. Una filosofa esto es, que tiene como fin crear un nuevo vivir, y que en la medida en que inspira a que cada individuo hace que este se incorpore a la praxis creativa, ya est generando nuevo vivir, ya est generando nueva antropologa. Una poltica filosfica, en tanto que no es un proyecto creado por un estado mayor, no es un programa para ser ejecutado desde las instituciones politico administrativas.

Este filosofar, ha de ser adems capaz de proporcionar a los sujetos activos el legado intelectual del pasado, el acerbo de la tradicin, sus conocimientos positivos, los saberes de las causas de las derrotas anteriores, y todo el saber posible que analice y explique su realidad presente concreta aportado por las ciencias. Todo un cuerpo intelectual de pensamiento que se trata de poner a disposicin de quienes se organizan para hacer, de forma que, en la medida en que ellos se vayan pudiendo apropiar de ese legado y de esa inspiracin y la vayan pudiendo reflexionar a la luz de su experiencia, de la capacidad de hacer y de imaginar que la praxis organizada les vaya generando, les inspire a ellos en sus deliberaciones concretas, alimente su nueva imaginacin creativa, hija de la razn prctica deliberante. Una filosofa y una bagaje intelectual, una traditio filosfica esto es, que sirva al protagonista, el conjunto de individualidades de las clase subalternas en su proceso por constituirse, formativamente, autoconstructivamente, en sujeto social, en bloque social dotado de ethos, y en estado. Formacin que ha de ser autoformacin, autocreacin; formacin como bildung, que es la palabra que usa, no E. P. Thompson, no Gramsci, sino el propio Marx en el sptimo punto y aparte del captulo proletarios y comunistas de El Manifiesto, como puede consultarse, an sin saber alemn, en el texto en alemn que lleva, como apndice, la edicin del 150 aniversario de la publicacin de El Manifiesto, publicada por Ed. Crtica. Aedificatio antropolgica que el cristianismo medieval, el catolicismo, acepta, pero restringe solo al alma en la que se crean virtudes piadosas nuevas. Un intelectual colectivo, que en paralelo, sea trasmisor de la misma, y que, en consecuencia, sea un servicio de informacin auxiliar del soberano, que no trate de sustituirlo. Como no sustituyen al soberano los instrumentos intelectuales al servicio de la clase dominante, sino que le suministran informacin y elementos de reflexin. Para decirlo con Gramsci, ahora s, crear un nuevo estado es una tarea que exige cambiar la forma de vida, el ethos que lo constituye y exige que los subalternos sepan que ellos son los fundadores de estados (Q. C., Cuaderno 3, pg. 330 &48) ellos, y no los semihroes, ni los grandes genios, ni una vanguardia. Esa es tarea para la creatividad de millones, desde su vida cotidiana, para su vida cotidiana. Una actividad que no puede planear una elite de sabios. Ni, permtaseme la insistencia, se ejecuta desde los aparatos poltico administrativos. El intelectual colectivo, alternativo al partido, alternativo tanto al partido de masas como al partido de cuadros, supeditado al soberano en ciernes que se autoconstruye mediante la praxis, es pensado una y otra vez por Gramsci, siguiendo a Hegel, segn el modelo religioso del protestantismo donde todos son sacerdotes, y todos leen e interpretan el bagaje intelectual, y en contra del modelo religioso catlico y el filosfico elitista del renacimiento. Una religin obviamente laica, atea, entendida como un filosofar que se universaliza como saber para millones y que, a la vez, orienta axiolgicamente la praxis y suministra saberes para ilustrar la praxis de millones, que es una filosofa concepcin del mundo, que adems posee una tica, esto es que tiene la exigencia de que quienes la comparten transformen con su praxis cotidiana la vida cotidiana y la cultura material total que de la praxis de vida surge. No es en absoluto cierto que Gramsci no haya dedicado pginas y pginas a replantearse cmo debe ser el nuevo intelectual colectivo...permteme las reiteraciones.


Pobres y ricos, o el equivalente que quieras ,...Sigue siendo la dinmica central de lo poltico?

Creo que la explotacin sigue siendo el motor de la lucha social y del cambio social, esto es, de la historia. El dolor, el sufrimiento humano provocado por el ser humano como consecuencia del orden social, de la cultura de vida existente, la injusticia, son el motor de la lucha poltica de masas, lo sern mientras exista. No creo que en estos momentos quepa la menor duda al respecto, ahora que de nuevo el capitalismo se lanza a la lucha de clases sin rebozo. Hombres y mujeres, nios y viejos, son esquilmados por una minora de capitalistas, hombres y mujeres tambin Otra cosa es que se haya confundido explotacin con slo obreros y obreras manuales. Porque la explotacin, la dominacin capitalista no se ejecuta tan solo desde la relacin salarial, ni tan siquiera solo desde la produccin, sino tambin succionando rentas de los trabajadores autnomos, de los trabajadores independientes, de los pequeos propietarios de locales, tierras, tiendas y comercios, talleres y pequeas empresas. Ni tan solo desde su control de la produccin de bienes y servicios de las clases subalternas. La succin de los bienes y recursos sociales se realiza tambin sobre el ahorro, sobre los impuestos, sobre las pensiones, sobre las propiedades muebles e inmuebles de las clases subalternas, desde el control sobre el signo monetario, desde el dominio sobre las transacciones mundiales etc., que permite hundir el valor de recursos, sobrevalorar otros, hacer imprescindibles otros ms poco antes no utilizados o despreciados, etc

Por eso no son de recibo las soluciones secundo internacionalistas basadas en resolver el problema de la explotacin salarial desde la socializacin de los medios de produccin, solucin ya histricamente en marcha segn mostraba pensaban- las propias sociedades annimas. Porque el capitalismo no es una realidad fabril o salarial simplemente: es un ethos, un orden social cultural, una civilizacin. Precisamente por esto son necesarias, para elaborar alternativas, ideas que inspiren praxis polticas totales, rdenes nuevos: res pblica, ethospero el inquilino de la cabaa de Babeuf me interroga ms adelante sobre todo esto. Es evidente que frente esta trivial bsqueda de soluciones en el interior de propio mundo del trabajo asalariado que se supone resolveran todos los problemas, y que no ven la cultura material de vida dominante como orgnica y condicin sine qua non del capitalismo, se levantaron muchas bobadas alternativas que perciban las antinomias que se abran en el seno de estas teoras, pero no eran capaces de zanjarlas saliendo del paradigma. Toda la literatura de adis al proletariado y sobre la sociedad ya no capitalista sino post industrial, una vez los trabajadores manuales eran numerados y contados y se descubra que eran minora, se levantaron sobre la anterior falsa forma de ver las cosas y su correspondiente falsa solucin

Estas teorizaciones antinmicas, que elaboraban sus soluciones mediante la reversin de una de las variantes sociales del mundo existente, respetando todo lo dems, que aceptaban como el progreso el mundo cultural dominante, los usos y costumbres de vida etc., el ethos elaborado por el capitalismo, a sangre y fuego, con hierros candentes y cadenas, mediante medidas terroristas, mediante la violencia partera de la historia, arrancando la propiedad a los propietarios productores directos captulos penltimo y ltimo del primer tomo de El Capital. La llamada acumulacin originaria y La teora moderna de la colonizacin-, y que han resultado ser callejones sin salida, se han dado en todas las tradiciones obreras europeas, tanto en la socialdemcrata como el la anarquista libertaria y la bolchevique para decirlo todo; por ejemplo la interesante divergencia entre campesinos anarquistas anarco sindicalistas, partidarios de la solucin industrial, salarial, y comunistas libertarios, comunitarios, que se movan tratando de articular respuestas de comunidad, en la obra de Marta Kaplan Orgenes sociales del anarquismo en Andaluca, ed Crtica, Barcelona-. La incapacidad de comprender qu reclamaba el campesinado ruso como tierra para el que la trabaja, que era interpretada como causa de un nuevo capitalismo, cuando en realidad el reparto negro reclamaba la propiedad para la familia extensa dentro de un orden de comunidad local agraria aldeana. Como el poder sovitico era tan occidental, elabor jurdicamente una ley de propiedad unipersonal, etc., tal como nos cuenta Teodor Shanin La clase incmoda, Alianza Ed. Madrid.; Campesinos y sociedades campesinas, FCE, Mxico; El Marx tardo y la va rusa , Ed Revolucin, Madrid- o Eric R. Wolf,- Las luchas campesinas del siglo XX, Siglo XXl Mxico- Todas estas salidas autocontraditorias que han fracasado han sido elaboradas a partir de la experiencia de un movimiento de base social muy estrecha, obreros fabriles, trabajadores agrarios, etc y de sus problemas inmediatos Existen tambin, e intuyo una pregunta al respecto en el enunciado de tu pregunta, amigo babuvista, otros movimientos sociales que han emergido. Como el de la mujer. Cuyas alternativas, elaboradas tambin al hilo de la reflexin sobre el problema inmediato, dan tambin, creo, en antinomias Ayer tarde escuchaba en TVE una entrevista con Jessica Lang, quien presenta una coleccin de fotos en una sala de Madrid, si mal no recuerdo. Al ser peguntada por su carrera de actriz El cartero etc.- explicaba que el cine trata de muy diversa forma al hombre y a la mujer. Que lleva a la mujer a la cspide de la fama sic- y a partir de los 45 aos la deja caer de golpe en el olvido. Bueno pues si esa es la cosa, si ese es el problema, la simtrica distribucin de famas, en el acceso a una cspide aristocrtica de poder y dinero, pues tanto gusto, pero yo me bajo, al igual que la inmensa mayora de las mujeres.

Tambin el otro movimiento que se organiza en torno al colosal problema que atenaza a la humanidad y que es la destruccin de los equilibrios naturales que posibilitan la existencia del ser humano en la tierra, el agotamiento de recursos finitos, a comenzar por la energa de hidrocarburos, suele tener unas elaboraciones de propuestas alternativas a partir del anlisis inmediato, que es desde luego, de carcter cientfico, sin duda, muy escalofriantes y no viables, antinmicas.

Todo esto pone por delante la necesidad de encontrar soluciones reordenando el orden civil, creando una nueva cultura de vida, esto es, como decan los clsicos, un ethos de vida nuevo, con nuevas costumbres que normen la totalidad de vida de la comunidad social; o sea, una polis nueva, un rgimen nuevo, un Ordine nuovo. No se trata simplemente de socializar la industria como pensaba la socialdemocracia de fines del XlX, continuada por el bolchevismo en muy buena parte- o de permitir el acceso a la cspide de la desigualdad, por igual a hombres y mujeres, o de democratizar este modo de consumo. Ah s est la gran diferencia con las respuestas del pasado que crean poder encontrar las alternativas dentro de la cultura civilizacin existente, aceptada como neutra, cuando no como progreso. Nos recuerda Magri que ese fue el mal del 68 y de los movimientos habidos durante la segunda mitad del siglo XX, el mal, esto es del movimentismo, el mal cuya solucin es la que exige la existencia de un intelectual colectivo, esto es de una fuerza filosfico moral que no intente la imposible sustitucin de la creatividad de los movimientos, o sea de la de millones de personas, pero que inspire y aclare la necesidad de que se encaminen a la creacin de una cultura nueva, esto es, de un ordine nuovo, de un Estado nuevo sive cultura civilizacin, de una nueva comunidad social de vida, desbordando su enfoque inmediato sobre el problema que les acucia. Precisamente la parte de las crticas al movimiento obrero que sealaban que no era en la cultura obrera existente donde se encontraran las alternativas, esa era buena. La parte que conclua el adieu au proletariat por ser este y la explotacin un problema en disolucin, esas son un disparate. No se puede confundir el nio y el agua sucia de la baera.


Muchos lo dicen, pero ni son todos lo que estn ni estn todos los que son, Que significa hoy, en tu opinin, ser republicano?


Desde luego y en primer lugar, repblica no es una monarqua electiva, en la que se elige un cargo y se delega en l durante un mandato todo el poder. Ya nos recordaba el gran Rousseau que la delegacin es un engendro inventado por el feudalismo. Res pblica exige la publicidad de la poltica, tal como su propio nombre indica. Publicidad es participacin directa permanente de la ciudadana en la deliberacin poltica. Tambin en la ejecucin de lo deliberado. Y aqu entro ahora con el otro elemento tan completamente olvidado por gran parte del republicanismo terico actual ni qu decir del prctico existente- sin duda por influencia del liberalismo. Y es que una res pblica, una polteia, es una comunidad de vida organizada por una cultura material de vida o ethos Por ejemplo, Aristteles-. Esta idea est recogida en toda la cannica de la tradicin: Omnia sunt communia: todas las cosas son comunes; son comunes las cosas aunque la propiedad inmediata de algunas sea eventualmente personal individual, pues es la polis, la repblica, la que garantiza ese uso; y no solo son comunes las cosas, sino las formas de vivir, las relaciones contradas.

Volviendo a Aristteles: el gran filsofo explica que la fylia entre ciudadanos, la virtud de la amistad, a la que dedica dos captulos en su tica Nicomquea, garantiza que los bienes de cada uno estn a disposicin de los dems. Y a ese orden comn, es al que se llama repblica -cuando sus ciudadanos son libres-, y es lo que debe ser deliberado para ser pblicamente decidido, y es lo que no se puede crear desde un gobierno. Es tan consustancial a la idea de repblica la nocin de comunidad, que en el diccionario Covarrubias, del XVll, en la voz repblica, como parte de la misma aparece la palabra repblico y se la define como hombre que trata del bien comn.

Porque los tratados actuales sobre republicanismo insisten mucho sobre los derechos del individuo, pero las causas que exigen que el individuo deba tener derechos son algo as como un noumeno ignoto que no puede ser conocido y por tanto sobre el que nada se dice: la comunidad. Y la contraparte, los deberes, que han sido siempre un clsico de la traditio Scrates y su deber ante las leyes en el Critn; De Officiis de Cicern, o sea De los deberes, Des droits et de devoirs du citoyen, de Mably- y que recogen las exigencias que plantea el ser miembro de una comunidad de vida, son inexistentes: borrados, al igual que la comunidad; como ciertos personajes en las fotos del estalinismo. Slo quien es animal social y necesita de la comunidad para poder existir, filosofema cuya hiptesis heurstica es la prioridad ontolgica de la comunidad sobre el individuo, tiene a la vez necesidad de poseer derechos. Quien no necesita de la comunidad, una bestia o un dios, segn Aristteles, tampoco necesita derechos, sino una isla desierta. Para qu necesita que se le reconozcan derechos de herencia, para poner un ejemplo de esos oo inanes, propios del republicanismo de cuo individualista metodolgico, un ser sin comunidad, sin necesidad de comunidad, creado y autosostenido al margen de la misma vale decir, en el papel-?
Hemos visto muchas reelaboraciones del republicanismo desde la axiologa heurstica liberal: el individualismo metodolgico. No me pareceran objetables, si al final del texto, en apndice, hicieran constar el nmero de piezas conceptuales del mecano que se les han quedado fuera al tratar de reconstruir esta venerable tradicin que es el res publicanismo, desde esa otra axiologa. Piezas, que, en esta otra elaboracin no tienen funcin operativa, pero que son cruciales en la tradicin res publicana. Pero una vez dicho esto no quiero dejar de aadir que, a mi juicio, no tiene sentido tratar de adscribirse a una tradicin intelectual y declararse en continuidad con la misma cuando el primer esfuerzo realizado se encamina a desmontarla en gran parte, prescindiendo de al menos la mitad de sus conceptos matriciales -comunidad, virtud, felicidad, demos, ethos-.

Y yendo an un poco ms all, si los conceptos matriciales sobre los que se fundamenta la traditio son considerados inaceptables, y hasta perversos; si Platn que es el fundador de la filosofa, y si los continuadores que en la contemporaneidad trataron de dar vigencia a esos mismos conceptos axiolgicos, adecundolos a la reflexin para el presente, Hegel, Marx, son considerados totalitarios, y a pesar de que se pueda reelaborar y rebajar la intensidad del juicio peyorativo negando que una teora pueda ser condenada por las acciones de quienes dicen seguirlas, no por eso dejamos de estar ante un rotundo non sequitur intelectual en relacin con la tradicin axiolgica de ese pensamiento que se denomina filosofa. Un non sequitur intelectual cuya rotundidad no se me ocurre que pueda ser mayor. Por ms que la elaboracin intelectual a la que se entregue el autor en cuestin Popper, por ejemplo- tenga valor intelectual sustantivo innegable, y por ms que a nivel muy abstracto, metodolgico, pueda ser reconocida como filosofa, al ser un trabajo intelectual de reflexin segunda sobre un quehacer humano, en este caso la ciencia; si esta elaboracin intelectual se enfrenta con una parte muy grande, fundamental, de las axiologas intelectuales que fundamentan desde su origen la tradicin de pensamiento que se denomina filosofa, tiene sentido, en aras de la claridad analtica, precisamente, seguir reclamando la denominacin de filosofa para referirse a un quehacer intelectual que no se reconoce en el pasado, que reniega de la traditio?. A mi juicio uno no se denomina cristiano cuando es ateo; pero puedo estar equivocado. Puede haber, hay, motivos de peso para la hipocresa. Podemos volver ahora a la ciudadana y a la libertad ciudadana. Pero teniendo en cuenta que la libertad y los derechos individuales del ciudadano son imprescindibles solo porque el ser humano es un ser comunitario, un animal social cvico poltico zoon politikon- cuya vida depende de forma inmediata y permanente de la comunidad social en la que habita. De lo contrario no necesitaramos derechos ni nos sera imprescindible poder intervenir en la deliberacin sobre cmo debe ser la comunidad en la que vivimos, tanto su nomos como su ethos, ley y cultura material de vida, que es ley no escrita. Libertad como no dominacin, libertad esto es creada, construida por la propia ley, tal como sostuvo siempre la traditio. Pero, y no lo olvidemos, tambin por el ethos. Nomos ms ethos, segn la antigedad. Pues si el ethos no est imbuido por la libertad, si la cultura material de vida no se organiza segn costumbres, relaciones, usos de vida inspirados en la libertad, que preserven la no existencia de un despots de un dominus, de un dominador, de un dueo, la ley no podr sostenerse en contradiccin con ese ethos. Y as lo seala el gran pensador que recobra, actualiza y trata de poner en circulacin para explicar el mundo, el concepto tradicional de estado: Hegel, que sigue los pasos de Aristteles. Libertad es adems, que la ley sea el resultado de la deliberacin sin delegacin por parte de cada individuo que se debe someter a la misma. La ley en cuya deliberacin no hemos intervenido no nos obliga, no es ley, es despotismo, tirana. Libertad es adems, a la hora de aplicar la ley, y en los casos en la que sta no es aplicada directamente por cada ciudadano, por cada comunidad local, mandar y obedecer por turnos. La libertad, como muy bien invita a responder la pregunta, no es posible sin un estado, sin una repblica, sin una comunidad. Pues la libertad frente a la naturaleza la obtiene el individuo gracias a la comunidad que metaboliza frente a la misma; por tanto, la libertad parte del dominio colectivo sobre la naturaleza y se realiza en una comunidad de vida ordenada por el principio libertad, donde el sujeto es reconocido por el sujeto como su igual y accede por igual a los recursos de la comunidad y delibera en igualdad sobre el qu hacer. Libertad la hay donde, en consecuencia, la finalidad que se decida, la que se considere adecuada, el fin comn propuesto, es la justa porque es el resultado de la libre deliberacin entre todos, sin exclusin, y respeta su derecho ciudadano de libertad subjetiva individual, nica manera de que la deliberacin entre iguales no vaya contra uno. Donde, reitero, repblica es una totalidad ordenada, un mundo un cosmos, que es como el pensamiento clsico piensa estas cosas del ethos y del orden civil o poltico: mundo, cosmos, es orden. Orden nuevo, el que pretendemos que garantiza la igual libertad, la igual disponibilidad de recursos la isegora en la plaza, la igualdad de obligaciones.

Vemos hasta qu punto Gramsci estaba al cabo de estas cosas, gracias a su conocimiento de Hegel, aunque, desde luego, no desconoca el pensamiento tomista que sigue tambin a Aristteles. Precisamente una de las ideas fundamentales sobre las que se construye el prodigioso trabajo intelectual de Gramsci es la idea heurstica de estado como totalidad ordenada fruto de la praxis humana molecular, que hereda de Hegel, junto a varias otras; la del ser humano como pneuma inmanente al ser humano, pensamiento creador de realidad, que se autoconstruye construyendo su mundo mediante la praxis, la de la poltica como filosofar o concepcin del mundo con exigencia moral de realizacin prctica, etc.Precisamente, y vuelvo a la nocin de estado, sin ella no se comprende la propuesta de creacin de un sujeto social o bloque social, ni la de hegemona, ni el papel que tiene entonces el nuevo partido, nisu obra pasa a ser un monumental tratado de mltiples cosas, un zibaldone, repleto de erudicin, de crtica aguda de la cultura, meramente. Pero es la idea de estado sive res publica, la idea de estado de Hegel, como ethos comn, la del ethos o cultura material como verdadera constitucin del estado, la que le da sentido. Por cierto y dado que esto es una entrevista, me permito aadir algo que una vez le o a un lector de Togliatti o quiz a una persona que me explicaba lo que le haba contado un lector de Togliatti-: Togliatti, que haba llegado a traducir ms de 150 pginas de la Fenomenologa del Espritu de Hegel del alemn al italiano con nimo de publicar la obra y que conoca perfectamente a ste y a Croce, y el pensamiento comunitario tomista catlico esto est fuera de discusin-; la frase que se pona en pluma de Togliatti, era ms o menos: esta sociedad no es todava una totalidad ordenada, no es todava un mundo Hasta qu punto poda llegar a entender, entenda perfectamente el calado de la obra de Gramsci, y de ah la importancia de su esfuerzo por protegerlahasta qu punto es imprescindible recuperar el ethos comunitario como fundamento de la res publica si queremos resituarnos dentro de nuestra traditio y fuera del liberalismo.

Para acabar, quiero recordar que esta idea es la que manejan los otros hegelo marxistas: el libro sobre la democracia del viejo Lukacs, inconcluso, propone la democratizacin de la vida cotidiana, que es la denominacin l usa para referirse al ethos o cultura material de vida, porque pretende reflexionarla desde la capilaridad del vivir individual, tal como ya haba hecho en su Esttica. Es un ethos comunitario puesto siempre en manos de la subjetividad consciente que se reconoce en las dems y busca deliberarlo y orientarlo en comunidad con los dems, construirlo y reconstruirlo siempre. Por cierto, la frase res publicana Omnia sunt communia procede del mundo de los campesinos revolucionarios del siglo XV y XVl, a travs del libro de Enrst Bloch Toms Mnzer telogo de la revolucin.


Pocos lo dicen, pero haberlos haylos,... Que significa, hoy, en tu opinin , ser comunista?

Comunista: pues soy yo. Pero, claro, hay otras personas que tambin se denominan como tales y que poseen una interpretacin de lo que sea ser comunista muy diversa a la ma. Por eso no te puedo responder simplemente: qu es comunista, me preguntas fijando tu pupila en la ma y t me lo preguntas?amigo babuvista, comunista eres t, comunista soy yo. Sino que, por el contrario, la pregunta est muy bien trada. La palabra comunista viene de comunidad, de comuna y communis, de vida en comn, antes que de expropiacin de bienes de produccin, aunque se echa fcilmente de ver que no hay incompatibilidad al respecto: los bienes de la comunidad, como lo dems, es res publica, cosa pblica; y deben ser un medio para garantizar la libertad y la vida de cada ciudadano. Adems, no hay ciudadano donde hay esclavitud, donde no hay libertad de dominacin; y hay dominus, amo, dominacin, all donde un ser humano obedece a arbitrio ajeno. El asalariado obedece a arbitrio ajeno, est sometido a voluntad ajena, porque enajena su fuerza de trabajo a las decisiones de otra voluntad. Enajena parte de s, aunque sea por horas. Por eso en el derecho romano se lo considera esclavo y en consecuencia no puede ser ciudadano. Esto se puede documentar fcilmente en Institutiones de Justiniano, libro Primero: ttulo Tercero, y tambin en el ttulo Octavo, y el ttulo Dos apartado 2 en el que aparece entre los diversos tipos de contratos posibles por derecho de gentes el de la locatio o alquiler de la conduccin locatio conductio- del trabajo. Sobre los dueos de s mismos o sui iuris y los alieni iuris apartado 4, cuando se refiere a los que se venden voluntariamente para participar en el precio de la venta. A estos los considera esclavos -La obra citada es un manual elemental escrito en la corte de Justiniano para introducir en el derecho a los escolares que aspiren a ser juristas, y por tanto es muy til por su sencillez y brevedad para los que no somos conocedores de derecho-.

Utilizar los bienes de la comunidad de ciudadanos no solo los bienes directamente comunitarios- para sostener la libertad del ciudadano pobre evitando que se convierta en esclavo del potentado, es un fin de la res publica , cuando sta es democrtica y no oligrquica. Exigir que la comunidad preserve los derechos de todo ciudadano sean ciudadanos todos o una minora de seres humanos de la sociedad-, con todos sus recursos, tanto privados como comunes, es siempre un fin de estirpe res publicana, incluso de la no democrtica. Porque la res publica, la polis, como he sealado, reconoce la prioridad ontolgica de la sociedad sobre el individuo, y la necesidad de abrir la deliberacin comn y la organizacin libre entre iguales dentro de la comunidad para que la vida comunitaria sea vida en comn y vida entre iguales, entre igualmente libres, que a su vez defienden en orden comn. Me repito, pero no quiero dejar de sealar que en la res pblica Omnia sunt communia sea cual sea la forma elegida para establecer esta relacin de medios y fines en cada momento histrico. Y es esta tradicin clsica de comunidad de libres la que recoge el comunismo.

Comunista es quien te alquila la cabaa, amigo Babuvista. Pero esto diciendo, digo poco. Por eso especifico un poco ms. Los comunistas no formamos un organismo a parte separado de las organizaciones de masas. Y casi ni somos seres existentes al margen de ellas y si ellas no existen; solo existimos como protrptico o admonestatio a su existencia. Las tesis tericas de los comunistas no se basan en modo alguno en ideas y principios inventados o descubiertos por tal o cual reformador. No son sino la expresin de conjunto de las condiciones reales de la lucha de un movimiento democrtico de masas, de un movimiento histrico, concreto, en su grado de existencia, de debilidad o fuerza, en su grado concreto de capacidad prctica, que est ah ante nuestros ojos. Este movimiento recibe un nombre: la democracia, esa es la democracia, el demos organizado para hacerse con el poder de la res publica y convertirla en res pblica democrtica. As nos lo recuerda Arthur Rosenberg. Los comunistas procuramos aportarle al movimiento todo el saber del pasado, rescatado por nosotros para convertirlo en saber comn para la lucha, para convertirlo en cultura compartida: toda la cultura poltica y toda la experiencia poltica, en la medida en que la poseemos. Tratamos esto es, de entregar al movimiento democrtico el legado cultural de una traditio milenaria de luchas por la emancipacin, para que cada miembro del movimiento se apropie de ella en la medida en que pueda, y la reinterprete, para inspirarse en ella creativamente, a la luz de su nueva experiencia de lucha y de las capacidades y facultades nuevas, del poder nuevo que su praxis organizada, que su lucha directa, otorga al bloque social en que se integra activamente y en cuya praxis global se origina su experiencia individual. Los comunistas tratamos de comprender qu es lo que est pasando en cada momento presente, para hacer partcipes de ello a todos los individuos de las clases subalternas y usamos para ello del saber de las ciencias. Los comunistas tratamos adems de favorecer la reflexin segunda sobre esa experiencia creada por la praxis, tratamos de favorecer, por lo tanto, el filosofar sobre esa experiencia; he dicho filosofar: saber de la experiencia de la consciencia; saber de la praxis, saber de la experiencia que genera en cada sujeto la praxis organizada, esto es, saber segundo genitivo subjetivo porque solo se puede elaborar desde la disposicin participante en el seno del movimiento, desde la empata que se genera cuando se est religado en el movimiento, desde el saber experiencial posedo por coparticipacin, que reflexiona sobre lo acaecido y lo devuelve al movimiento para enriquecer la experiencia generada por la lucha en cada sujeto participante. Y que enriquece el debate deliberativo pblico, pero jams lo sustituye; es saber democrtico, no saber especializado de unos pocos. El debate pblico desde la razn prctica jams debe ser sustituido.

Comunistas, en consecuencia, son solo los individuos que en todas las modernas revoluciones han formulado, como expresin del movimiento, las reivindicaciones del sujeto social subalterno organizado y en lucha, Babeuf, etc, ahora, amigo babuvista, y tras la frase referida a Babeuf, si no ya antes y desde el principio, te habrs percatado de que estas lneas no son sino una parfrasis comentada a la luz de Hegel, de Gramsci, de Korsch, de Arthur Rosenberg, desde luego, de las dos primeras pginas del captulo 2 de El Manifiesto Comunista, Proletarios y comunistas y de las tres primeras lneas del captulo El comunismo utpico en las que Marx y Engels precisamente advierten de que Babeuf no es comunista utpico, sino uno de los suyos

Los comunistas por tanto no deliberan al margen del movimiento un proyecto, un programa, conforme al cual intentan luego dirigir al movimiento. Esta elaboracin intelectual a parte, externa al hacer y experimentar desde la consciencia de la razn prctica de la subjetividad organizada, es por completo lo opuesto a lo que declaran esas lneas. La elaboracin ha de ser desde la consciencia pblica, alimentada por todos los recursos posibles, no un ingenio intelectual elucubrado ingenierilmente, como tcnicas de intervencin sobre la sociedad, desde la ciencia, pues no hablamos de ciencia de clase sino de consciencia de clase.

Ese otro tipo de pensamiento elaborado como consciencia exterior es, por el contrario, arbitrariedad, positividad, certeza, figura de consciencia quijotesca o virtuosa, reino animal del espritu estas dos ltimas, respectivamente, la cuarta y quinta figuras del espritu de la modernidad analizadas en el captulo 5 de la Fenomenologa del Espritu-, etc. Todas estas y otras ms son las palabras nefandas que Hegel y los hegelianos usan para maldecir de ese uso que pretende bloquear la razn prctica autoconsciente en su hacer y experimentar; para condenar a quienes intentan elaborar desde fuera de la razn prctica, de su praxis y su experiencia deliberativa, un proyecto con el objeto de tratar de imponerlo, en lugar de tratar de ser auxiliar intelectual de la razn prctica. Estas palabras son algo as como el: Omnia loci terribile dictu!!!, que escribe Virgilio para meternos el miedo en el cuerpo ante las puertas del Averno, pues es infierno liquidador, precisamente, la sustitucin de la razn prctica, servida de saberes intelectuales, los que pueda apropiarse y poner en uso creativamente, por la razn terica externa de una elite. Y para el Hegel joven este conjunto de palabras execratorias se completaba con la palabra cristianismo, como positividad por antonomasia, y opuesta a filosofa. Para el Hegel viejo, con la palabra catolicismo casta sacerdotal- , opuesta a reforma luterana.

Cmo se debe hacer en el caso de dejarse inspirar por Hegel, pues lo que hizo el viejo Lenin, que s que lo haba ledo, por fin, en sus ltimos aos anteriores a la revolucin del 17: meti el magnfico e intil programa bolchevique en el cajn -Tesis de Abril!!!- y adopt el modesto y movilizador programa surgido del movimiento de masas: paz ahora, tierra, soviets: expresin del movimiento. Y fue el nico dirigente que pudo hacerlo sin romperse por dentro y para escndalo de los dems, porque haba comprendido que el asunto no era elaborar un programa perfecto desde la racionalidad teortica del yo, sino la creacin, desde el nosotros colectivo formado por la deliberacin comunicativa y la praxis intersubjetiva, de una comunidad, de un ethos, esto es de un movimiento que es ya un estado en ciernes, un poder revolucionario que debe estabilizarse en rgimen sobre un pacto entre iguales que acoja sus expectativas y exigencias. Todo esto es un alegato acertadsimo contra la teora de lites, contra el partido de vanguardia, que no es sino una variante del elitismo hijo del positivismo. El mismo partido que Lenin haba teorizado en 1905.

As nos lo explica Lukacs en su libro sobre la democracia en castellano El hombre y la democracia-, escrito en su vejez e inacabado: cmo Lenin no pretende articular un programa que tenga como fin el desarrollo econmico que posibilite no se sabe qu estadio social nuevo, futuro, sino uno que forje en el presente una alianza masiva que afiance un rgimen nuevo, un ethos, un orden nuevo, un nuevo nosotros. Lstima que este gato viejo no explicitase cul haba sido la fuente de inspiracin de su admirado Lenin.

Lo que opinaba Gramsci al respecto, se expresa con claridad en los textos en que considera las razones para la existencia del intelectual orgnico; podemos ver ah criticada por su nombre clsico dentro de la socialdemocracia a la consciencia externa asociada al mecanicismo; por ejemplo: se puede ver cmo se est produciendo el paso de una concepcin mecanicista y puramente exterior a una activista, que se aproxima cada vez ms a una justa comprensin de la unidad de teora y prctica (pag 1387, Q. 11 de Quaderni del Carcere). Para Rosenberg, para terminar con los nombres de estos tres grandes citados, el proyecto surge de la historia de cada movimiento democrtico concreto.

Por mi parte, lo que pretendo aqu no es rechazar las interpretaciones de otras personas que se inspiran en Marx para sostener ideas distintas a las que yo sostengo. Ni tan siquiera trato de sugerir que el marxismo que yo defiendo es el marxismo, el comunismo de Marx. A lo mejor lo que hago es argumentar por qu el Marx viejo declar no ser marxista. Que la frase no era el sarcasmo paradjico, el exabrupto atrabiliario, arrojado a saber contra quin, de un viejo chocho, genialoide y avinagrado por la vida, un x, un y, de esos que conocemos, un don Jos Ido del Sagrario iluminado cualquiera. Sino que, sencillamente, estaba repitiendo una vez ms lo que haba escrito en su juventud en carta a Ruge; que la revolucin, que el movimiento no puede ser ahormado conforme a doctrinas elaboradas previamente desde la razn teortica, que acudan a la boca de los profetas como palomas asadas, que la razn terica deba dedicarse a la crtica sin contemplaciones en cuya misin la ciencia tiene mucho que decir- , tan solo y con el fin de ilustrar la consciencia prctica, protagonista, de las individualidades, y a plantear, por tanto la necesidad de organizarse para ponerse a luchar contra ese orden social concreto, sealando sus contradicciones, etc. Luego, la forma res publicana concreta, adecuada a la solucin de los problemas concretos contemporneos de, por ejemplo, 1870, recordemos, no la inventa Marx, sino el movimiento democrtico de los communards: debe ser al fin encontrada: la nocin de res publica?. No, evidentemente; sino la articulacin concreta que responde a las condiciones materiales histricas con las que se enfrenta el movimiento, y a sus propias capacidades prcticas. Pero, segn Marx, ni lo uno ni lo otro, nocin de comunidad republicana y organizacin concreta de la misma, lo pone el pensamiento de la elite, sino la razn prctica del movimiento: Una hegelianada cualquiera.

Y desde luego, reconozco que somos muy poquitos quienes nos reconocemos en el comunismo, en el marxismo, con ideas semejantes a estas. Por supuesto esta forma de pensar la praxis que transforma la historia se basa en ideas recias, no es la flojera intelectual de una teorizacin lo que aconseja retirarse de toda intentona de direccin externa al movimiento. Slo que son ideas que rechazan la sustitucin de la razn prctica por la terica y que recuerdan la historicidad humana: que en cada proceso de lucha, el movimiento, desde su experiencia y a la luz del patrimonio intelectual que le haya sido proporcionado como cultura y posea para sus deliberaciones, elabora en concreto, segn su experiencia de poder, el programa que le es razonable y est a la altura de sus capacidades y facultades prxicas. Que de la praxis nueva surgen facultades y capacidades nuevas antes imprevisibles, incluso para sus agentes portadores directos, que abren nuevas posibilidades an no definidas a nuevos proyectos imprevisibles: concepto de historicidad en todo su rigor. Como, por ejemplo, las a priori imprevisibles, histricas, capacidades del siervo del captulo 4 de la Fenomenologa, que se supedita al seor, y trabaja para l, pero como consecuencia insospechada de ese sometimiento al trabajo, llega a convertirse as en el dominador de la creacin de la cultura material, de la que es libre y seor, pues no la consume y no es para l una necesidad, y mediante la cual somete al seor que depende de l para sus necesidades; con lo cual pasa a ser seor real de su seor. O los obreros de Marx, en Miseria de la Filosofa que comienzan unindose entre s contra el explotador, para poder ganar un poco ms de salario, pero una vez descubren la organizacin, la praxis que posibilita, la expansin personal que desarrolla, son capaces incluso de dar dinero para que la organizacin exista. Una heteronoma de fines y medios por este orden: buscando un fin x mediante la praxis, surgen, como consecuencia de ella, nuevas capacidades que pueden ser medio para indefinidos fines nuevos- a priori incognoscible porque es imprevisible, no est determinada, dado que los recursos que los hacen posibles no existen, y la existencia de estos recursos no es algo irreversible ni mucho menos, y que es la clave de la historicidad humana y que hace que no podamos conocer ms que nuestro presente en desarrollo. Porque la teora de la enajenacin de Marx, de Hegel no es solo una teora del mal social humano. No es una teora existencialista que describe el mal metafsico en el mundo, la angustia en la existencia, por ms que el mal forme parte tambin de la historia, hasta el presente. Es una teora que explica la historicidad, esto es, la imprevisibilidad del desarrollo de la propia humanidad: no lo saben, pero lo hacen, tal como escribe Marx en El Capital; y trata all de los productores del mundo humano. No lo saben pero lo hacen es la frase que pone Lukacs en el exergo de su Esttica. Crea el ser humano estar haciendo objetos para el culto religiosoy emergi el arte, pensamiento antropomrfico liberador. La historia est abierta. Y as me autocomprendo yo como comunista.


Puedes glosar este prrafo del himno de la Internacional: Del pasado hagamos tabla rasa (...)/ El mundo va a cambiar de base/ Los NADA de hoy, TODO han de ser.

El himno nos propone la transformacin radical de la sociedad a comenzar por las relaciones que organizan la economa, la liberacin radical de la explotacin. Una liberacin para la que solo debemos contar con nosotros, no debemos delegar y confiar en nadie, ni en dios, ni en reyes, pero tampoco en tribunos de la plebe que hablan en nombre nuestro. Solo el movimiento organizado es la razn en marcha que debe atronar. Y debemos lograr construir, porque est en nuestra mano, un mundo de reciprocidad: no ms deberes sin derechos, ningn derecho sin deber. Los subalternos, los pobres, los explotados y los oprimidos, estamos llamados a ser los dueos del mundo,. Se trata de invertir radicalmente las relaciones sociales que organizan el mundo humano y hacer que nosotros, los plebeyos, los esclavos, los que somos considerados chusma, nos enseoreemos el mundo en igual libertad. Creo que la radicalidad de la primera estrofa puede resultar inquietante hoy da, despus de Pol Pot. Pero el resto del himno resulta suficientemente explcito. La tradicin milenaria de lucha por la emancipacin siempre ha protegido los bienes culturales que nos hominizan.


Parece como si la agona del Estado de Bienestar que experimentamos en nuestras democracias occidentales se acompaase, al mismo tiempo, con una agona de la izquierda Debe identificarse la izquierda forzosamente con el Estado de bienestar para continuar siendo izquierda, o dicho de otra manera, hay vida a la izquierda del Estado de Bienestar?, o bien Muerto el Estado de bienestar, muerta la izquierda?

Pues llegamos a la ltima pregunta, pero esto no quita que, hasta la ltima, el inquilino de la cabaa, nuestro entraable amigo babuvista, siga exigiendo compromiso en la respuesta.

El conjunto de condiciones histricas que denominamos estado de bienestar ha pasado a la historia y, como siempre en la historia, podrn suceder, tras una etapa, otras, mejores o peores, dependiendo de la lucha, pero jams las mismas. Las condiciones materiales, tanto econmicas como de relativa debilidad, en Europa, de la burguesa capitalista, tras la guerra mundial, las condiciones culturales culturas autnomas de las clases subalternas en origen, por ejemplo,- y las condiciones polticas y geopolticas, la URSS muy destacadamente- , que posibilitaron su existencia, son pasado. Por lo dems, y en la medida en que el estado de bienestar sea hijo de Keynes, quien no se quiso integrar en el partido laborista por razones de clase, y de Roosevelt, no es de izquierdas, sino consecuencia del pensamiento poltico de un ala progresista de la burguesa capitalista que era capaz de pensar en trminos de hegemona social y estabilidad poltica. Esto es una obviedad.

El estado de bienestar fue la forma de existencia de unas democracias liberales, poco movilizadas, poco vitales para usar el trmino que emplea Arthur Rosenberg, que ahora entran en crisis; no solo est en quiebra el estado de bienestar, tambin la democracia representativa: Bruselas troika comunitaria, Merkel, Mercados internacionales, deuda, Banco Europeo, Banco Mundial, etc: se esfuma la soberana estatal, sin que haya relevos reales pensables, y reales o realmente posibles, son cosas distintas-, y sin ella es imposible incluso la escasa poltica pblica que puede ser puesta bajo el control electoral representativo de la democracia: est en entredicho incluso la restricta democracia liberal representativa
Pero la izquierda debe separarse de esa identificacin con un proyecto econmico social ya inexistente. Si nunca debi perder autonoma, ahora es imprescindible que la recobre al menos. Y que comience para ello por decir la verdad. Una izquierda que predique el estado de bienestar, el keynesianismo, que enarbole el icono de Roosevelt es una izquierda objetivamente mendaz, porque sostiene ilusiones imposibles. La principal, el mundo del consumo.

No sabemos cmo va a ser el futuro. Pero s sabemos cmo hay que hacer para que sea favorable a las clases subalternas: ayudar a organizarlas en movimiento de lucha por sus intereses, explicando la verdad de la situacin, las causas de la situacin, su no reversibilidad hacia el pasado. En estos momentos, por primera vez en mi memoria, se abre en la calle el debate poltico sobre la economa: al nivel esperable, dada la falta de hbito, la desinformacin a que ha sido sometida la ciudadana, el desinters de la misma izquierda por abrir estos debates, y el apoliticismo arraigado de que ya hemos hablado.
Creo que en la opinin de las clases subalternas desorganizadas surge dibujado un primer proyecto de sentido comn: sanidad y enseanza pblicas, reparto del trabajo, pensiones dignas a cargo del estado, vivienda. Es un proyecto sensato, excesivo incluso a la luz de poder prxico real actual de las clases subalternas. Es el proyecto actual del soberano. Se trata de favorecer un movimiento organizado de masas que luche por estos objetivos, de ayudar a que se organice, de servirlo lealmente, de ayudar a preservarlo y eso incluye no tratar de instrumentalizarlo, ni tratar de ensaarle a las masas ignaras lo que sabemos nosotros de buena tinta que les conviene aunque ellas lo desconocen, o tratar de radicalizar el movimiento a la fuerza. Se trata de explicar qu dificultades surgen en contra de la realizacin de su proyecto, qu instrumentos deben ser dominados y creados, y qu contrapartidas habr que aceptar incluso en caso de triunfar. Decir la verdad para robustecer el movimiento, para hacerlo protagonista y dueo de s mismo y de la realidad social. Porque nuestro fin debe ser preservar la creacin de un soberano, un demos soberano, pero soberano es tan solo el que delibera y decide por s mismo a la luz de su experiencia, desde su consciencia, no un ttere al servicio de nuestras imaginaciones, un juguete que, eventualmente puede llegar a cabrear al nio que siente que el soldadito de plomo est cojo.

Por mi parte, creo inviable la Unin Europea como instrumento de mediacin que permita el control del signo monetario, del comercio exterior que impida que un dinero empleado en tratar de favorecer la creacin de puestos de trabajo se vaya, desreguladamente, en mercancas exteriores al poder estatal soberano etc-. Pero evidentemente me puedo equivocar, y esto forma parte del debate actual. Desde luego creo que cualquier salida que refuerce la soberana deber afrontar recortes drsticos en el consumo el trmino drstico tiene un significado drstico- para poder sostener las exigencias de masas en lo que hace a su proyecto. Esto en el caso de conseguir que un movimiento de masas triunfante lograse imponer este proyecto. Este es, ms o menos, en realidad, el debate Griego, que tanto pavor causa a la izquierda; al extremo de que Grecia es un apestado incluso para el horizonte intelectual aterrado de los polticos oficiales de la izquierda espaola: algo que no se quiere ver: Esto no me puede pasar a m, esto no me pasa, no me puede estar pasando a m: el sndrome psicolgico de negacin del enfermo de cncer.

Y creo que se debe introducir a la vez, el debate sobre el cambio de ethos ya es un inicio de cambio de ethos el paso a la movilizacin poltica directa- y sobre el otro gran elemento, la necesidad de un cambio de civilizacin que pasa por un recambio tecnolgico. Debates que el capitalismo bloquea, pero no solo el capitalismo, tambin la actual izquierda.
En resumidas cuentas, y por nuestra parte, se trata de apostar lealmente y sin dobleces por el desarrollo del movimiento de masas al que aceptamos como soberano, de apostar por la democratizacin capilar de la sociedad mediante la microorganizacin estable de millones de personas, su coordinacin centralizada. La lucha por sus objetivos, desarrolla un nuevo ethos, una nueva cultura. Y se trata de ayudar a abrir este frente de debate cuanto antes, y tambin el de la necesidad de un nuevo modelo de civilizacin que sea sobria en el consumo y busque alternativas a las tecnologas intensivas en recursos energticos, porque ese es otro problema que conocemos. Y todo en un proceso de masas que debe ser el que vaya encontrando las soluciones y en el que se vayan debatiendo las diversas cuestiones, desde la del programa inmediato a las relacionadas con la tecnologa, la distribucin de recursos, etc. Para variar, no a sus espaldas. No podemos saber qu nuevas capacidades, qu nuevo poder y en qu grado, qu nuevos proyectos, qu nuevo ethos y orden nuevo puede ir surgiendo de ese movimiento si se afianza. S sabemos que el ser humano en lo individual y en lo colectivo, primero se establece objetivos en funcin de las capacidades que posee; y, luego, durante el proceso de desarrollo de la praxis orientada a la consecucin de esos fines, surgen nuevas capacidades, nuevos grados de poder de control sobre la actividad, que posibilitan a su vez el proceso de desarrollo de su propio proyecto, que alimentan la imaginacin de la razn prctica colectiva y ensanchan su horizonte de exigencias y fines imaginacin dialctica le han denominado alguna vez-. Eso es precisamente la historicidad humana. De hecho y contra la teora vanguardista que diagnostica la radical parvedad y conformismo de la imaginacin humana comn, y que ha sido frecuentemente utilizada como justificacin para la manipulacin de los movimientos, las antropologas clsicas, por el contrario, siempre han sealado su desmesura hybris-, la cual se produce, precisamente, cuando la imaginacin est desvinculada de la experiencia prctica; sueos de la razn.

Y para terminar, quiero aadir algo que siempre nos recuerda un comn gran amigo: Joan Tafalla. Esto es: que las revoluciones ms colosales en la historia de la humanidad se han puesto en marcha en torno a proyectos, asumidos por la inmensa mayora social organizada, que en s no eran maximalistas, sino moderados, ajustados a las posibilidades de decisin de las masas, multitudinarios, movilizadores por tanto, siempre. Y en ese caso tampoco la cosa es predecible por adelantado. El nico objetivo a proponernos es que surja un movimiento de masas democrtico con vocacin de ser estable y de ejercer la soberana. Lo nico a impedir es que se frene el desarrollo de la organizacin de un movimiento de masas, de una deliberacin pblica, de un nosotros intersubjetivo, esto es, de un nuevo bloque social organizado. Que se impida que una vez alcanzados unos objetivos se intente que el movimiento democrtico se disuelva y delegue en una nueva clase de tribunos. Que se intente educarlo radicalizndolo a base de cualquiera de las ya sabidas y siempre disparatadas formas habituales accin y reaccin, provocacin violenta para que la violencia le ensee, etc- . Violencia habr, el enemigo trata siempre de usarla. Ya la usa. Pero todas esas disparatadas y habituales estrategias que rompen el movimiento son la ms negra reaccin. Vale que los plutcratas, vale que las clases medias imbuidas de ideologa liberal, aristocratizante hasta la mdula, nos consideren chusma ignorante, populacho al fin y animal a educar. Pero no es de recibo que esa ideologa aristocraticista, elitista, anide en quienes se dicen de los nuestros. En todo caso, sabemos qu resultados da. Sin movimiento no hay soberano posible, no hay posible ethos nuevo emergente, porque no existe quin lo cree, no hay orden nuevo en ciernes, esto es no hay publicidad que cree, que articule una comunidad social e instaure publicidad intersubjetiva, nosotros- una res publica. Por tanto ahora pongmonos a la tarea cumpliendo con nuestra obligacin de ayudar a crear un movimiento soberano y a combatir, para ello, toda distorsin mentirosa que evite este proyecto. Se trata de hacer como el Sal bblico, que sali al campo, obedeciendo el mandato de su padre, para ejecutar la humilde tarea de buscar las asnas que se haban escapado del corral durante la noche. Quin sabe si, al igual que Sal, nuestra obediencia ser recompensada y nosotros encontraremos tambin, como l, un reino: el de la Libertad.

Fuente: http://republicadelosiguales.blogspot.com.es/2012/04/rojos-pensantes-siete-preguntas-joaquin.html


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