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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-04-2012

El final de la violencia

Iker Casanova Alonso
Gara


Dicen que en cierta ocasin le preguntaron a Gandhi cul era su opinin sobre la civilizacin occidental, a lo que el lder indio respondi: creo que sera una buena idea. Hay veces en que determinadas expresiones entran en nuestro lenguaje con tanta fuerza que no nos paramos a analizar la profundidad de su significado, incluyendo lo que se afirma implcitamente, y las usamos con naturalidad sin reparar en su falta de neutralidad. En los ltimos tiempos se ha empezado a definir el nuevo ciclo poltico como un tiempo de paz y se ha atribuido el inicio de esta nueva etapa a la llegada del final de la violencia. Sin embargo en Euskal Herria el final de la violencia, ms que una realidad presente sera, sin lugar a dudas, una buena idea.

Es obvio que las cosas han cambiado mucho en los ltimos meses y que el mayor cambio ha venido propiciado por la nueva estrategia de la izquierda abertzale, cuya manifestacin ms evidente ha sido el final de la lucha armada anunciado por ETA. Pero esto no nos sita en un escenario de paz, ya que la situacin en Euskal Herria contina marcada por la imposicin poltica y la violencia. Un pas sujeto a unas leyes extranjeras que no han sido refrendadas por su poblacin, cuyo principal representante institucional usurpa su cargo merced a unas elecciones fraudulentas, en el que setecientas personas estn en prisin por causas polticas; un pas en el que fuerzas policiales y militares campan a sus anchas disparando pelotas de goma a la cabeza de la poblacin o conmemorando con alardes militares las victorias franquistas; un pas amordazado en el que expresarse con libertad imprudente puede llevarte a la crcel y en el que una de las principales opciones polticas est ilegalizada, entre otros muchos factores de anormalidad democrtica, no es un pas en el que la violencia ha finalizado, sino un pas violentado por aquellos que niegan su existencia y sus derechos e imponen por la fuerza su proyecto poltico.

Dejaremos aqu al margen el anlisis de la violencia socioeconmica que provoca el sistema capitalista, que es el mayor generador de violencia en Euskal Herria y en todo el mundo, y nos centraremos en las circunstancias especficas del llamado conflicto vasco. Este conflicto es, en su ltima etapa, una situacin de confrontacin poltica en la que se ha empleado la violencia a tres niveles. En primer lugar nos encontramos con la violencia estructural a la que se somete a Euskal Herria por parte de los estados espaol y francs al negarle su derecho a la existencia como nacin. Cuando se priva a los ciudadanos de un pas de los instrumentos para organizar su sociedad de forma acorde con su voluntad se est aplicando la violencia. Esta violencia es ms sutil que la violencia fsica, y tambin provoca de forma directa un sufrimiento menor, pero no deja por ello de ser un acto de agresin y una permanente recreacin de los momentos en los que esa dominacin se ha impuesto mediante la fuerza, la guerra y la conquista. Frente a esta imposicin surgi una reaccin violenta de la mano principalmente de ETA, destinada a conseguir el reconocimiento de la nacin vasca y de sus derechos. Finalmente, los estados han desplegado toda una serie de medidas represivas para combatir la accin armada de ETA y las bases sociales de las que consideraban se alimentaba esa repuesta.

La decisin unilateral de ETA de cesar en su actividad armada slo ha desactivado uno de estos niveles, sin que los estados hayan cejado en su accin represiva, ms all del descenso lgico de operaciones contra una organizacin que ya no est en activo, ni mucho menos hayan dado la menor muestra de intentar afrontar la desactivacin de la violencia originaria contra Euskal Herria. Por ello, el camino hacia el final de la violencia pasa inevitablemente por la puesta en marcha de forma multilateral de los mecanismos de desactivacin ordenada del ciclo de confrontacin armada y la implicacin colectiva en un programa resolutivo que pudiera abordar las siguientes cuestiones:

Identificacin de todas las vctimas del conflicto, reconocimiento del dao causado y reparacin material y moral de dicho dao. Liberacin paulatina de todos los presos polticos y vuelta de exiliados, comenzando por la repatriacin de todos los prisioneros y la puesta en libertad de aquellos que cumplen las condiciones legales. Legalizacin de todos los partidos polticos. Redefinicin del modelo policial, que incluya una adaptacin del nmero de cuerpos y efectivos y de sus tcticas a la nueva realidad social. Inicio de un dialogo poltico multipartito destinado a fijar democrticamente el estatus poltico de Euskal Herria.

A pesar de lo estrictamente democrtico de un planteamiento como este, o quizs precisamente por eso, en el Estado hay poderosas fuerzas, hoy por hoy dominantes, que se oponen a la activacin de un proceso de estas caractersticas. Ah es donde se ha establecido la nueva lnea de confrontacin entre las fuerzas democrticas vascas y el Estado espaol (y, en otro plano, el francs). La decisin unilateral de ETA de renunciar a la actividad armada ha dejado al Estado como el nico actor que emplea la violencia y lo hace adems a un doble nivel: por un lado contina aplicando la violencia estructural que es el origen del conflicto y por otro no ha desactivado sus mecanismos de violencia represiva. En este nuevo terreno, la posicin ideolgica de la parte vasca es mucho ms fuerte y, utilizando esta fortaleza como palanca para activar los resortes de la movilizacin social y la presin de la comunidad internacional, hemos de ser capaces de vencer el inmovilismo actual del Estado y de poner en marcha un programa para la paz y la democracia.

No es casualidad que el PP haya oficializado en la misma semana su aceptacin definitiva de que nos encontramos en un nuevo tiempo poltico (declaracin del Kursaal) y la decisin de dar pasos en el terreno penitenciario. Saben que su pasividad les est empezando a pasar factura y que en Euskal Herria caminan hacia la marginalidad poltica. En los sectores de la comunidad internacional conocedores de los entresijos de la poltica vasca, la actitud del Estado espaol est provocando sensaciones que van desde el asombro hasta una a duras penas disimulada indignacin. Esto no significa que las cosas estn resueltas. En el Estado no est interiorizada la necesidad de resolver democrticamente el conflicto. Aun tratan ms de aparentar que hacen que de hacer realmente, pero tendrn que moverse ms, la sociedad vasca se lo va a exigir con creciente firmeza.

En este camino habr avances y momentos de bloqueo, pero a diferencia de otros tiempos, el bloqueo poltico no va a ser un muro contra el que nos estrellemos una y otra vez, sino un escenario en el que podemos y sabemos trabajar. Si el Estado no da pasos hacia la resolucin del conflicto, la izquierda abertzale seguir acumulando fuerzas electoral y socialmente y fortalecindose como alternativa poltica al actual sistema de partidos. Si el Estado da esos pasos iremos conquistando logros democrticos que nos acercarn a la paz y la libertad que tanto anhelamos.

Se terminaron los disparos y las bombas. Ahora han de terminar los pelotazos y los controles, la represin, los presos y la Audiencia Nacional. Se han ido los escoltas y el miedo para una parte de la poblacin que puede defender sin ningn tipo de presin sus ideas. Ahora es necesario que todos podamos hacer lo mismo, que finalice el espionaje poltico y la ilegalizacin. ETA ha dejado las armas sin plantear ninguna exigencia; es ahora la sociedad vasca quien de forma mayoritaria reclama que se aborde el dilogo sobre su futuro y que se le permita construirlo en entera libertad. No hay ningn argumento racional ni democrtico para negarse a ello, salvo el intento de imponer por la fuerza de los hechos consumados un proyecto concreto, el unionista.

Cuando nos pregunten por nuestra opinin sobre el final de la violencia en Euskal Herria, respondamos como Ghandhi que sera una buena idea; no permitamos que se instale en nuestra sociedad la falsa sensacin de que una vez desaparecida la accin armada de ETA la paz ha llegado a nuestro pueblo. Cuando Euskal Herria, al margen de presin o amenaza alguna pueda determinar de manera democrtica su estatus poltico y definir libremente su organizacin interna y su modelo de relacin con los estados espaol y francs, as como con el resto de la comunidad internacional, nuestro pas habr dejado atrs definitivamente la etapa de la violencia y habremos llegado a un escenario de paz y libertad. Por eso, el final de la violencia sera una buena idea en cuya materializacin debemos implicarnos todos y todas.

Fuente: http://www.gara.net/paperezkoa/20120429/337633/es/El-final-violencia



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