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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-08-2012

Mozambique: la maldicin de la abundancia?

Boaventura de Sousa Santos
Carta Maior

Traducido por Antoni Jess Aguil y Jos Luis Exeni Rodrguez.


La maldicin de la abundancia es una expresin utilizada para caracterizar los riesgos que corren los pases pobres donde se descubren recursos naturales objeto de la codicia internacional. La promesa de la abundancia, derivada del inmenso valor comercial de los recursos y las inversiones necesarias a realizar, resulta tan convincente que pasa a condicionar el patrn de desarrollo econmico, social, poltico y cultural.

Los riesgos de este condicionamiento son, entre otros: crecimiento del PIB en lugar de desarrollo social; corrupcin generalizada de la clase poltica que, para defender sus intereses privados, se vuelve cada vez ms autoritaria con el fin de mantenerse en el poder, visto como una fuente de acumulacin primitiva de capital; aumento en vez de reduccin de la pobreza; polarizacin social creciente entre una pequea minora superrica y una inmensa mayora de indigentes; destruccin ambiental e imposicin de innumerables sacrificios a las poblaciones donde se encuentran los recursos en nombre de un progreso que nunca conocern; creacin de una cultura consumista practicada por una pequea minora urbana pero impuesta como ideologa a toda la sociedad; supresin del pensamiento y las prcticas disidentes de la sociedad civil bajo el pretexto de ser obstculos al desarrollo y profetas de la desgracia. En resumen, el riesgo es que, al final del ciclo de la orga de los recursos, el pas est ms empobrecido econmica, social, poltica y culturalmente que al principio. En esto consiste la maldicin de la abundancia.

Tras los trabajos de investigacin que llev a cabo en Mozambique entre 1997 y 2003 visit el pas en varias ocasiones. De la visita que acabo de hacer me llevo una doble impresin que mi solidaridad con el pueblo mozambiqueo transforma en una doble inquietud. La primera tiene que ver precisamente con la orga de los recursos naturales. Los sucesivos descubrimientos (algunos antiguos) de carbn (Mozambique es ya el sexto mayor productor de carbn a escala mundial), gas natural, hierro, nquel, tal vez petrleo, anuncian un El Dorado [1] de rentas procedentes del extractivismo que pueden tener un impacto en el pas semejante al que tuvo la independencia. Se habla de una segunda independencia. Estarn preparados los mozambiqueos para escapar a la maldicin de la abundancia? Lo dudo.

Las grandes multinacionales, algunas de sobra conocidas por los latinoamericanos, como Rio Tinto y la brasilea Vale do Rio Doce (Vale Mozambique), ejercen sus actividades con muy poca regulacin estatal, celebran contratos que les permiten apoderarse de las riquezas de Mozambique con contribuciones mnimas al presupuesto estatal (en 2010 la aportacin fue del 0,04%), violan impunemente los derechos humanos de las poblaciones donde hay recursos, procediendo a su reasentamiento (a veces ms de uno en pocos aos) en condiciones indignas, con falta de respeto por los lugares sagrados, los cementerios y los ecosistemas que desde hace decenas o centenares de aos han organizado sus vidas.

Siempre que la poblacin protesta es brutalmente reprimida por las fuerzas policiales y militares. Vale es hoy uno de los principales blancos de las organizaciones ecolgicas y de derechos humanos por su arrogancia neocolonial y sus complicidades con el Gobierno. Tales complicidades tienen que ver en algunos casos con peligrosos conflictos de intereses: entre los intereses del pas, gobernado por el presidente Guebuza, y los intereses de las empresas propiedad de Guebuza. De ello pueden resultar graves violaciones de los derechos humanos, como cuando al activista ambiental Jeremias Vunjane, que llevaba a la Conferencia de la ONU, Ro+20, denuncias sobre los atropellos de Vale, le fue arbitrariamente negada la entrada a Brasil y fue deportado (regresando despus de mucha presin internacional); o cuando a las organizaciones sociales se les pide autorizacin del Gobierno para visitar a las poblaciones reasentadas, como si vivieran bajo la jurisdiccin de un agente soberano extranjero.

Hay muchos indicios de que las promesas de los recursos empiezan a corromper a la clase poltica de arriba abajo y que los conflictos en su seno son entre los que ya comieron y los que tambin quieren comer. No es de esperar que en estas condiciones los mozambiqueos en su conjunto se beneficien de los recursos. Al contrario, puede estar en curso la angolanizacin de Mozambique. No ser un proceso lineal, ciertamente, porque Mozambique es muy diferente de Angola: la libertad de prensa es incomparablemente superior; la sociedad civil est ms organizada; los nuevos ricos tienen miedo de la ostentacin, atacada semanalmente en la prensa y tambin por miedo a los secuestros; el sistema judicial, pese a todo, es ms independiente para actuar; y hay una masa crtica de acadmicos mozambiqueos con credibilidad internacional capaces de hacer anlisis serios que muestran que el rey va desnudo.

La segunda impresin/inquietud, relacionada con la anterior, consiste en verificar que el impulso hacia la transicin democrtica que observ en anteriores visitas parece interrumpido o estancado. La legitimidad revolucionaria del Frente de Liberacin de Mozambique (Frelimo) se sobrepone cada vez ms a su legitimidad democrtica (que viene disminuyendo en recientes actos electorales), con el agravante de que hoy est siendo usada para fines poco revolucionarios; la partidizacin del aparato de Estado aumenta en lugar de disminuir; la vigilancia sobre la sociedad civil se intensifica si hay sospecha de disidencia; la clula del partido contina interfiriendo en la libertad acadmica de la enseanza y la investigacin universitarias; incluso dentro del Frelimo y, por tanto, en un ambiente controlado, la discusin poltica es vista como distraccin u obstculo ante los beneficios no discutidos e indiscutibles del desarrollo. Un autoritarismo insidioso disfrazado de iniciativa privada y de aversin a la poltica (no te metas en problemas) germina en la sociedad como yerba daina.

Al partir de Mozambique, una frase del gran escritor mozambiqueo Eduardo White vino a mi memoria y qued all grabada: Nosotros que no cambiamos de miedo por tener miedo a cambiar (Savana, 20-7-2012). Una frase quizs tan vlida para la sociedad mozambiquea como para la portuguesa y para tantas otras sometidas a las reglas de un capitalismo global sin reglas.

Notas

[1] En el imaginario de la conquista de Amrica, lugar mtico poblado de fabulosas riquezas, grandes recursos minerales y cuantiosos tesoros que haba que descubrir y poseer. (N. T.)

 

Boaventura de Sousa Santos es socilogo y profesor catedrtico de la Facultad de Economa de la Universidad de Combra (Portugal).

Fuente: http://www.cartamaior.com.br/templates/colunaMostrar.cfm?coluna_id=5699



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